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La solución Shaytánica

20/07/2001 - Autor: Ahmed Lahori
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Mecanicismo
Mecanicismo

La sociedad kafir está tan empapada de mecanicismo, utilitarismo y competencia económica que dichas ideas han reemplazado a Dios como realidad suprema.

El sistema Shaytánico occidental es increíble porque se basa en tergiversaciones constantes. Cuando se denuncia una mentira ya ha sido cubierta y desplazada por otra mentira que garantiza la supervivencia del mal que se denuncia. Se basa en la manipulación, en la publicidad y en el poder del dinero para arruinar conciencias.

Realmente el kafir muestra una ceguera abrumadora. Eso se muestra claramente si consideramos que todavía hay gente que cree vivir en una sociedad en la cual tiene libertad para escoger quien y como debe gobernarle. Lo curioso es que la experiencia no les desalienta, siguen yendo a votar aunque acepten la corrupción como la norma.

La evidencia es que hoy un partido político es una empresa. Para obtener algún margen de poder y por tanto una justificación para seguir cobrando cuotas y, sobretodo, la posibilidad de prevaricación, necesita de un amplio apoyo de los medios de comunicación y grandes inversores para financiar una campaña electoral potente. Los pervertidores del lenguaje asumen la tarea de convencer al pueblo mediante una retórica que ya no tiene nada que ver con el mundo. Se trata de la vieja artimaña de la izquierda y la derecha, y todos los tópicos que la acompaña. Un partido político es una empresa camuflada en manos de los medios de comunicación y de la banca.

Los partidos proclaman intenciones altruistas que satisfacen la conciencia de la masa, mientras las empresas que los gobiernan realizan impunemente su política de expoliación y de exterminio en amplias masas del planeta. Aquí la palabra coránica kufur (cuyo significado es cubrir) revela ampliamente su sentido. Se trata de la existencia de una ficción colectiva que se superpone sobre la verdadera maquinaria del poder. Cuanto más se exhibe la primera tanto más a cubierto queda la segunda. La democracia actual actúa como tapadera. El circo electoral garantiza el éxito de la estrategia. Provoca catarsis, odios, adhesiones. No deja espacio al cuestionamiento, tan solo a la euforia o al desaliento. Los medios de comunicación tienen tal poder sobre la gente que por decir algo tan evidente como lo anterior se nos tachará de chalados o fanáticos. Esto en el caso de que alguien se fije en este escrito.

Sin embargo, todo ello es tan evidente que cualquiera que se fije un poco estará de acuerdo, y sin embargo el kafir sigue confiando en el capitalismo democrático, sin darse cuenta de que ambos términos son contradictorios. ¿Cómo explicar el éxito colectivo de una ficción tan descarada?

Uno de los mitos fundamentales del universo kafir es el de su concepción de la historia. Ellos han dividido a esta en tres edades: antigua, media y moderna. Se trata de un esquema psíquico, según el cual la edad moderna corresponde a la madurez del hombre como valor supremo. El poder de esta concepción es tan fuerte que a pesar de las múltiples protestas de los historiadores sigue enseñándose en la escuela. El absurdo de aplicar un esquema humano totalmente desprovisto de sentido (pues ¿es la edad madura una superación de la juventud, etc?) a todas las naciones y pueblos es algo totalmente metido en la mente del kafir, una costumbre de la que a penas se da cuenta. Se trata de algo así como la "filosofía inconsciente" del hombre moderno. La edad moderna es identificada con la democracia y ésta con el capitalismo, y a pesar de la evidencia de nuestro mundo y de la historia de la Europa contemporánea, a pasar del testimonio elocuente de las guerras y el cataclismo ecológico, de la terrible desigualdad material que asola continentes enteros, etc, el kafir sigue creyendo que la sociedad en que vive es una superación de cualquier modelo social anterior a la revolución francesa. El kafir, verdaderamente, está ciego y se miente a si mismo.

Realmente el kafir es una criatura dócil y contenta, el producto ideal para cualquier tirano, logrado en el laboratorio de la historia.

Los shaytanes ya no tienen necesidad de esconderse. Proclaman sus intenciones, hacen congresos para debatir sus estrategias, cursos de tortura gratuita. Instauran el terror del mercado en un país lejano, se lo quitan todo, dan un poco a su pueblo y este se ríe de la última comedia. Lo Shaytánico se ha hecho evidente en el universo kafir, pero este no se da cuenta, no ve lo evidente.

Utilizan las estrategias más retorcidas, son expertos en crear tapaderas y en engañar a la opinión pública. Hoy en día los shaytanes tienen un aparato propagandístico tan inmenso y sofisticado que son capaces de inculcar en la masa cualquier idea, por terrible que sea. Eso lo vemos en las guerras actuales, retransmisión convenientemente fragmentada de un horror incalculable de modo que llegue a parecer atractivo y moralmente justificado el asesinato masivo de civiles, etc. No puedo seguir porque la sangre duele. Solo Allâh sabe el motivo.

El kafir es el esclavo voluntario de un sistema degradante que busca la dominación del mundo por una minoría que no se detiene a la hora de aplicar los métodos más retorcidos y crueles ni de aniquilar pueblos enteros para conseguir sus objetivos. Se trata del esclavo de un mundo que ha convertido el canibalismo en política de estado.

Lo que al Shaytán da miedo es el concepto islámico de comunidad. El Islam como comunidad que excluye la explotación y la usura, la concepción del hombre como "capaz de Allâh", y por tanto tendente al Absoluto y no a la idolatría, verdadera base del mercantilismo despiadado. El musulmán es aquel que solo se postra ante Allâh, es aquel que desconfía de los "poderes de este mundo".

Al Shaytán le repugna la Vía, la obligación de todo musulmán de entrar en el camino del conocimiento. Lo que les da miedo es el hombre completo, que da la espalda a lo superfluo, y por tanto al mercado. Les da miedo ese hombre como ejemplo, pues la simple presencia del ‘arif muestra lo inconsistente de su vida. Les da miedo la gnosis, lo incontrolable del espíritu que solo obedece al Creador de los mundos.

Ellos necesitan un mundo fragmentado, donde el peor enemigo del hombre sea su vecino. Fomentan la avaricia y la competencia y destruyen el corporativismo. Ellos definen el ser como cerrado en si ante el otro. Se trata del ser separado, se trata de un estado de guerra. Solo en ese estado de cosas el Shaytán se siente poderoso, con un poder palpable que se vuelca una y otra vez contra el creyente.

El Shaytán es aquel que, siendo incapaz de crear nada por si mismo, recurre a artimañas y a la creación de mecanismos de control del otro. Se trata de un poder ficticio que sustituye el pacto entre la humanidad y su Creador. Ellos dependen de la manipulación y el robo para sostener la imagen que tienen de sí mismos como controladores, hacedores del destino. No se dan cuenta de que Allâh está á detrás de ellos y los mece en el fuego.

No se dan cuenta de que su ilusión de poder los esclaviza. No se dan cuenta de que están en el infierno porque niegan todo poder que no sea el suyo propio, pues ellos necesitan doblegar las voluntades para sentir la vida. Están insertos en una trama que ya los domina, no pueden salirse de ella porque toda su ficción se desmoronaría, y poco a poco van asumiendo posiciones más extremas dentro de dicha trayectoria.

Se empieza por admitir que la razón de estado debe prevalecer por encima de todo, pues dicha "razón" representa al bien común. Se sigue por admitir que la defensa de la ficción "Francia" o "Mercado Común" justifica una pequeña masacre aquí y allí, y que no hay porque molestar a los ciudadanos con los detalles escabrosos. Se acaba por participar en un proyecto global y monstruoso de genocidio y desarraigo de todos los pueblos de la tierra, incluido el propio. Se acaba por ser Shaytán cuando se cree poder decidir sobre la masa, por pensar en nombre de la masa, por saber manipular y desfigurar la identidad de millones de personas en el anonimato de la estadística y el tanto por ciento. Se acaba por sustituir definitivamente la ficción de lo humano por lo humano, el lazo con la tierra por el control de las fuentes de producción y manipulación de imágenes, el azul del cielo por el sabor del poder personal y la gloria mundana.

Todo esto suena a discurso y a panfleto, pero no me importa: se trata de mostrar claramente la posición frontal que un musulmán hoy en día debe realizar ante la política moderna, ante toda forma de manipulación, de masificación e idolatría. Se trata, además, de lo siguiente:

Hoy en día occidente está obligado a integrar el Islam de algún modo. El fanatismo es la solución Shaytánica. Se trata de atraer a aquellos ulemas a sueldo del estado y entregarles mezquitas. Se trata de controlar al emigrante a través suyo.

Unos y otros quieren un Islam fanatizado. Al Shaytán le gusta el sacerdote, sea del credo que sea. Hoy trabajan para crear un credo musulmán dentro de Europa, para evitar la integración como musulmán del emigrante y el subsiguiente contagio de un modo de vida acorde a la Palabra revelada.

La instauración de un clero musulmán en Europa obligará al emigrante a escoger entre la apostasía y un Islam controlado y sin esencia. El Islam pasará a ser en Occidente una religión tolerada mientras no discuta la supremacía del estado.

El Islam amenaza el sistema del Shaytán, los alfaquíes no. El oriente de las luces queda lejos de su alcance. El fundamentalismo es la bomba de relojería que la colonización ha puesto en el seno del Islam, es el hijo bastardo de una educación racionalista y laica aplicada a los principios de la revelación coránica, un monstruoso absurdo que ahora muestra su objetivo: el control del Islam desde su fuente misma.

Al musulmán español le resulta increíble ver como un Mensaje que ha recibido como capaz de hacer salir a Europa del pantano en que se halla, romper el círculo vicioso de poderes al que ha conducido un sistema basado en la omnipotencia del estado, resulta aberrante, digo, ver como dicho Mensaje es reducido a algo estático para ser conciliado con los más bajos intereses de la banca y del mercado. Y eso es realizado por gentes que se llaman a si mismos musulmanes. Dichos musulmanes están curiosamente de acuerdo con la imagen del Islam que el poder político occidental quiere mostrar.

Asistimos asombrados al entendimiento entre alfaquíes a sueldo y las autoridades democráticas. Se conceden mezquitas y espacios desde los cuales mantener controlado al emigrante. Y, al mismo tiempo, se desautoriza a los musulmanes españoles, a esos hombres y mujeres que han llegado al Islam no se sabe bien de que manera misteriosa, sin dogmas ni doctrina, tan solo aceptación de lo proteico del Mensaje, iluminación acaso.

Unos y otros quieren un Islam fanatizado, de barba larga y mano cortada, un Islam de ulema. Pero ni los musulmanes de Europa ni la mayoría de los emigrantes pueden ser tan dóciles como el kafir europeo a la hora de aceptar el sistema sahytánico. Aunque se vean desbordados por las circunstancias no dejaran de reclamar y crear un espacio para el creyente sincero.

Por eso hoy el Islam está á rodeado. Por un lado los siervos del Shaytán, verdaderos creadores de un sistema basado en la separación entre el hombre y Allâh. Ellos conocen y reniegan del Poderoso. Por otro lado los hipócritas, hombres de mucha barba y poco seso. Y entre ellos multitud de creyentes de "buena fé" se ven abocados al dilema de escoger entre unos y otros.

 

Verdaderamente el Islam está rodeado.

Pero el creyente se postra, es humilde y entrega el zakat. Disfruta del espacio que le queda y eleva su plegaria. Busca el conocimiento en todo, combate, trata de respirar acompasado. Verdaderamente el creyente aprende cada día, se entrega con una inocencia de niño.

El creyente medita en el Corán su destino, se postra para ser desvelado, lucha por una comunidad acaso invisible y, si Allâh lo permite, revive en Su seno. Pero ellos están en el infierno. Allí se trama la destrucción, se cierra el cielo. Ellos no escuchan porque el fuego los arrastra. Se dejan llevar por sus pasiones y reniegan de su vínculo en Allâh. No quieren seguir un Mandato que les obliga a despojarse de su dignidad terrestre.

Los shaytanes no dan lástima: dan miedo. Pues ellos conocen los medios mas retorcidos, las torturas más sutiles. Ellos conocen la debilidad del hombre, pues son una suma cerrada de terror y pesadilla. Los shaytanes hacen temblar al creyente, pero ese temblor no es nada al lado del absoluto terror del creyente a traicionar el pacto. La prudencia está á justificada, pero no la renuncia a la lucha. Para aquel que se reconoce como siervo de Allâh no hay retorno: todo lo que pretende separarse de Allâh vive en su infierno. El Shaytán, entonces, no da miedo.

Cuando la palabra de amor es aplastada se levanta como palabra de guerra. Entonces Allâh nos disuelve cual á átomos tristes sobre un mundo triste. Su misericordia nos envuelve y queremos compartir el aliento con el mundo, pues nada está á separado de nada, tan solo el miedo del kafir pone murallas al ego, murallas que el Shaytán recorre.

La tarea del creyente es reconducir la palabra de guerra, dotarla de sentido. Cuando la palabra de guerra es contenida y se eleva retorna como palabra de amor, aunque con un destino que la envuelve. Así responde el hombre a las maquinaciones del Shaytán. Se combate por la comunidad, por la unidad del todo. La luz indestructible del creyente desespera al Shaytán, lo hace gemir en su lecho de fuego, pues su poder, alhamdullillah no nos alcanza. El Shaytán es únicamente dueño de la escoria.

Tras la batalla de Uhud fue horriblemente mutilado el rostro de Hamzah, uno de los queridos compañeros de Profeta. Cuando éste lo supo dijo: "Jamás he sentido una ira mayor que la que ahora siento, y cuando la próxima vez Allâh me dé una victoria sobre el Quraysh mutilaré a treinta de sus muertos." Pero poco después Allâh depositó en él estas palabras, para gloria del Islam: "Si castigáis, hacedlo en la misma medida en que se os afligió. Pero si tenéis paciencia es mejor para el paciente." En consecuencia, el Profeta no solamente no cumplió su amenaza sino que se prohibió explícitamente la mutilación de los cuerpos después de la batalla. También les dijo a los creyentes que tratasen de respetar el rostro del enemigo en el combate, "porque Allâh creó a Adán a su imagen".

Paz y bendiciones al Profeta. Allâhu akbar.

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