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La Navaja en el Vientre

07/04/2001 - Autor: Ali Nuñez
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Cuando Nuestro Señor el Huichilobos cuajó dentro del vientre, se desperezó, bostezó, abrió los legañosos ojos, y con la mano izquierda palpó la pared caliente, mielosa y esponjosa, y con la derecha, asiendo fuertemente la macana de obsidiana,asestó un terrible y espantoso tajo, el primer tajo.

No quiso nacer como todos. Quiso nacer a la mitad del sueño de la vieja Calaca, su madre. Alueguito se le murió la madre. No pudo amamantarlo. No pudo pegarle cachete a sus pechos, largos y flacos de perra. Se quedó bien muerta como para darle toda la libertad a su hijo el Huichilobos. Antesde nacer éste, fue a visitarla la Virgen de Guadalupe. Le dice:

- ¿Cómo se siente, comadrita?

Le responde la vieja Calaca:

- Traigo una navaja en el vientre, Lupita. Le voy a dar la vida, me va a dar la muerte. Pero para lo que me importa. Este hijo será el sol. Será el gran desjarretador, el gran degollador de los cielos.

Así fue lo que hablaron. Era una gran madre.

Nacido que hubo el niño, al momento camina de un ladopara otro blandiendo la filosa macana de obsidiana. Alueguito caminó por los senderos secos de la alta meseta, por los bordes de la meseta, dando tajos a diestro y siniestro.

Se le acercaron los de Taxco, gente bien comida y bien dormida. Lo llevan en andas hasta el Cu de Taxco. En Taxco, cada cosa tiene su voz, cada voz su dibujo y cada dibujo su lugar, un lugar aereado y aseado. En Taxco las escaleras llevan a las casas y las casas tienen puertas medianas, humanas. ¡Gran cultura y civilización de los de Taxco!

Adelantados, satisfechos, perfectos , arrogantes, pundonorosos y bellos escarabajos estercoleros.

Sólo un dios nuevo les hacía falta y por eso fueron a venerar al Huichilobos.

Desde un principio cayeron en la cuenta los ladinos que, trepado en un altar, ahuyentarían su amenaza. Todo en vano. Los colores se revolcaron.

Pasó así; El Huichilobos creció. Su mano izquierda, bronce fundido, palpó el techo de plata ahumado del Cu, bostezó, abrió los brazos en cruz y dando un alarido de mil cuchillos asestó un terrible y espantoso tajo sobre el Cu de los de Taxco. El segundo tajo.

Partió en dos el Cu. Agarró el terremoto y se los aventó a los bien comidos y a los bien dormidos. Se quebraron las sonajas, las canteras y las minas. Se desgarró el jugador de pelota.

 

- ¡Esto veníame chico! Me estaba apretando y ahogando.

Así fue la rotura del segundo blanquecino, seno cueva, matriz casa cultura, placenta caliente. Los santos se asustaron cuando vieron la quebradura en la cultura de Taxco porque no la dejó crecer sino que a la mitad de su siesta la había asaltado.

 

 

 

Fueron por el Huichilobos. Ya en el dedo del niño chiquito de la que echaba las tortillas en Taxco había brotado una gota de pus. Pero la libertad de la obsidiana corta de tajo la más tierna lágrima de una madre. Lo intronizaron y lo canonizaron: San Huichilobos. Le reconvienen en el cielo, unos con cardo, otros con mastranzo.

En el corazón de madera de los santos gira el comején del pavor. Al mediodía todas las cosas del universo están a la mitad, tibias tranquilas, con las manos sobre las rodillas.

Santa Catalina teje una chambrita para el niño Simón y a veces descansa su mirada contemplando las grandes estrellas amarillas. San Felipe de Jesús escribe una poesía al gran océano que está más allá de las Californias. Y de pronto:

 

¡Zas! ¡Zas! y ¡Zas! ¡Zas! ¡Zas! y ¡Zas!

- ¡Quiero más luz!

Su mano izquierda palpando la seda, la frialdad, el silencio de los cielos, del techo abovedado del cielo más cielo. Su mano derecha asestando el temible, pavoroso, cataclismo tajo. El tercer tajo.

 

Los santos se ponen de pie gritando:

 

 

 

- ¡Ha partido en dos el Universo! ¡Se desmoronan las mitades, las perfectas mitades! ¡Ay de nosotros si la luz nos traspasa! ¡La luz! ¡La navaja!

En un rincón Judas abre los ojos y se le queman los párpados y la soga. ¡Qué gran belleza la del señor Iscariote! El mismo Padre suspira. Así fue la rasgadura y la grieta del tercer seno cosmos, universo mediodía, o como se llame.

 

- Si quieres la luz serás el sol.

Y este fue el modo como el guerrero suriano Huitzilopochtli llegó a sol. Su madre, la Calaca dice:

- Para lo que me importa esta muerte, Lupita.

Ya llegó. Ya alumbra. Ya es. El es.

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