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Sharon y Bush, contra Árabes y Americanos

07/04/2001 - Autor: Said Alami
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Todo el mundo en Oriente Próximo sabe quien es Sharon, un militar que sigue albergando el enfermizo sueño sionista del Gran Israel, hecho este que él mismo no ha ocultado nunca. Sharon es conocido por sus numerosas declaraciones a lo largo de los últimos treinta años llamando a la expulsión del pueblo palestino de los territorios ocupados. Es este energúmeno el autor de la famosa declaración en la que venía a decir que "Judea, Samaria (Cisjordania) y Gaza serán tierra de Israel por toda la eternidad".

Durante su campaña electoral, tanto él como sus secuaces no paraban de lanzar veladas amenazas contra Jordania, Siria y Egipto, llegando incluso a amenazar con destruir la presa de Asuan en Egipto, lo que provocó en su día ( a finales del pasado mes de enero) encendidas declaraciones por parte del presidente Husni Mubarak en las que se preguntaba reiteradamente, con rabia contenida, a que venían tantas amenazas bélicas contra su país, y en las que aseguraba que Egipto y su Ejército estarán prestos a defenderse eficazmente de cualquier ataque israelí.

Según los principales medios de comunicación árabes, en todas y cada una de las múltiples reuniones que los jefes de Estado y de Gobierno árabes han ido celebrando en distintas capitales árabes para preparar el temario de la cumbre árabe que se iniciará dentro de 4 días (día 27 de marzo) en Amman, se ha discutido exhaustivamente el tema de la hipotética guerra que Israel parece decidida a hacer estallar en la región. De allí el interés de los gobiernos árabes en rehabilitar a Irak, cuanto antes, poniendo fin a las diferencias existentes entre Bagdad y los países del Consejo de Cooperación del Golfo. El propio Kuwait ha anunciado que sólo pide de Bagdad que pida perdón por la invasión del territorio kuwaití en 1990 y que libere a los más de 600 prisioneros kuwaitíes que aun permanecen en poder de Irak. Kuwait también dejó claro que no se opondrá al acercamiento árabe hacia Bagdad.

La visita de Sharon a Estados Unidos vino a disparar los temores árabes y a confirmar sus sospechas de que la próxima guerra regional está más cerca que nunca. El presidente Bush, su secretario de Estado, Powell, y la Administración estadounidense en general se han mostrado en absoluta concordancia con las intenciones criminales de Sharon.

El primer ministro israelí, tanto durante su campaña electoral como en los días que siguieron a su triunfo electoral, no se cansaba de hacer declaraciones en las que invitaba a a la Administración del presidente Bush a abandonar a su suerte el proceso de paz en Oriente Próximo. O sea, de dar carta blanca al Ejército israelí para que siga perpetrando sus crímenes impunemente contra el pueblo palestino. A su vez, Bush, nada más hacer suya la Casa Blanca, se apresuró a hacer declaraciones en las que dejaba claro que su presidencia no se iba a implicar en el proceso de paz árabe-israelí como lo hizo a lo largo de sus dos mandatos el presidente Clinton.

Las cosas quedaron así, hasta que Sharon llegó a Estados Unidos y se encontró con Bush deseoso de demostrarle que es el más fiel servidor de los intereses de Israel, haciendo un doble anuncio, que sorprendió, según la Agencia France Press (20 de marzo) al propio Sharon. Bush anunciaba por un lado el traslado de la embajada de su país de Tel Aviv a Jerusalén, y por otro lado dejaba claro que su Administración no forzará la paz entre israelíes y palestinos, dejando definitivamente de jugar el papel de principal mediador entre las dos partes.

Ambos anuncios fueron recibidos con sorpresa en el los países árabes, especialmente por haberse producido a pocos días de la cumbre de Amman, con lo que eso podría de significar de desafío a esa cumbre y al mundo árabe.

Bush comunicaba a Sharon su decisión de trasladar la embajada de Estados Unidos a Jerusalén con una sonrisa de oreja a oreja, diciéndole que él (Bush) sabe cumplir sus promesas electorales, y una de ellas es el traslado de la embajada, a lo que Sharon respondía con repetidas "gracias" sin salir de su asombro, pues ni él mismo creía que semejante decisión sería posible algún día, por la gran dosis de neciedad que se requiere en el presidente estadounidense que osa tomarla. El propio Sharon y los gobernantes israelíes que le precedieron en el cargo, siempre creyeron que es imposible que toda esa neciedad llegue algún día a ocupar el despacho oval de la Casa Blanca.

Pero, miren por donde, con el primer presidente estadounidense del siglo XXI, ha sido posible lo que parecía imposible, lo mismo que sucedió en Israel, donde el primer mandatario del siglo XXI ha roto moldes en su calidad de criminal de guerra, genocida y sanguinario. Por lo tanto, ambas Administraciones, que han unido tan íntimamente estupidez y criminalidad, se entenderán a las mil maravillas. Eso ha hecho que la mayoría de los gobernantes árabes se instalen en un lamentable estado de ansiedad y temor, tan entregados como están desde hace décadas a la buena vida, a las guerras intestinas, a la servidumbre de los intereses de Estados Unidos y al abandono de los intereses de sus propios pueblos, incluidos sus intereses estratégicos, nacionales, históricos y religiosos, que son, desde la firma de los acuerdos de paz de Camp David, en 1978, sistemáticamente pisoteados por Israel.

Si Bush lleva a cabo finalmente su decisión de trasladar su embajada
a Jerusalén, los gobernantes árabes quedarán tan en evidencia ante sus pueblos que tendrán, seguramente, que enfrentarse a tiempos difíciles dentro de sus respectivos países, pues quedarse con las manos cruzadas, (como vienen haciéndolo a pesar del gigantesco incendio que en Palestina se extiende ante sus propias ventanas) será muy difícil de justificar ante sus pueblos, casi imposible.

El traslado de la embajada a Jerusalén, precisamente a la parte árabe de la ciudad, ocupada por Israel desde 1967 y reconocida por la legalidad internacional, las resoluciones de la ONU, y por Estados Unidos como territorio ocupado, había sido anunciado previamente por el secretario de Estado Colin Powell, y había sido decidido por el Congreso de Estados Unidos, lo que quiere decir que los poderes ejecutivo y legislativo de Estados Unidos están tan fuertemente amarrados por Israel, por el lobby judío estadounidense y por las fuerzas sionistas, que Washington sólo puede aspirar, una vez llevado a cabo el traslado, a ver destruidos, tarde o temprano, sus agentes y sus intereses en la mayor parte del mundo árabe.

¿Que beneficios podría cosechar el pueblo americano del traslado de su embajada de Tel Aviv a Jerusalén?. Ninguno. ¿perjuicios?. Enormes. Por lo tanto, el traslado de la embajada sería la prueba definitiva y última (no se requererían más pruebas) de que la Administración y el Congreso de Estados Unidos trabajan intensamente contra los intereses de su propio país, sirviendo ciegamente a los intereses de Israel.

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