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Fiesta de moros y cristianos

18/03/2001 - Autor: Omar Ribelles
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moros y cristianos en Elche
moros y cristianos en Elche

Es la fiesta de Moros y cristianos, moros y cristianos, exponente desenfadado de las dos Españas. Se celebra en el Levante español y tuvo su origen, exacta y paradójicamente, en la zona donde más moriscos se expulsaron en 1609. La Comunidad valenciana perdió ese año al 36% de su población, cifras oficiales incontestables, de cada tres uno fue expulsado de España. Amargo destierro. Es fiesta normalizada a conocer en sus entresijos. Al igual que la mezquita de Córdoba, construida por y para españoles, es la fiesta de Moros y cristianos documento autentico y fidedigno que ayudará al pueblo español a recuperar su memoria histórica. Son expansivos los vectores de esta fiesta y sus semillas germinan y prenden en el corazón del pueblo al que se le trepanó la Historia para ponerla en el secreto de Estado como si fuera el arca perdida de Stephen Spilberg. Hace 25 años, uno cualquiera de Alcoy, en el paseo marítimo, puso a ensayar la marcha mora a los de Castellón, provincia llena de moros sin fiesta, y en el 2000, veinte pueblos castellonenses tienen su fiesta de Moros y cristianos y los de Peñiscola con el 50% de moras dominantas arman una fiesta que os dejará atónitos el día, no lejano, en que os metáis en ella. En Purchena, un maestro de escuela, alcalde tipo Móstoles, desentierra los juegos moriscos de Aben Omeya, el líder de los moriscos alpujarreños que replicaron al hijo del alemán Carlos V, y, hasta el olímpico Samaranch les declara eslabón pérdido de los juegos olímpicos griegos.

Entiendo el alboroto que causan mis palabras, lo siento y pido disculpas por ello. Mi intención no es otra que la de causar alboroto, tanto como pueda y sepa. Me acojo para ello, puedo acojerme y me acojo, a la poca o mucha Democracia que el pueblo español se dio con la Constitución de 1978 y al régimen de libertades contenidas en ella y afirmo como musulmán español, amigo de protestantes y judíos, dos obviedades:

Primera obviedad.- En España se ha hecho la transición política de los tres años de guerra civil y cuarenta de franquismo. Ser sociata o comunista no está mal visto en el 2001. A ningún español, otro español, le llama “rojo”.

Segunda obviedad.- En España no se ha hecho la transición religiosa de los mil años de guerra civil, es mentira, no hubo invasión ni de árabes ni de marroquetas. A los mil años de guerra civil siguieron trescientos cincuenta escalofriantes años de Inquisición y ciento cincuenta añitos de Estado confesional católico. Ser musulmán español implica y no es poco, llevar colgado el mote despectivo y extranjereizante de “moro”.

Es asombroso comprobar el perfecto lavado de cerebro colectivo de los quinientos años de Descubrimiento. Hasta los moros de la fiesta en expansión, en trance con los sones de la música ancestral que marca la cadencia mágica de su paso en el desfile, Victoria, se asustan cuando simplemente les dices que la agricultura española no la trajeron los nómadas árabes en caballos sin herraduras y sin estribos. De nada me vale contar el primer Concilio de Jerusalén, y explicar como San Pablo les robó la sexualidad a los cristianos cuando se llevó como primera victoria la supresión de la circuncisión que necesita el cincuenta por ciento de los hominidos machos. Poco después, el mismo santo, con el sacramento de la confesión, dejaría a las mujeres cristianas sin orgasmo durante dos mil años. En eso que llaman Reconquista y fue guerra civil, los del norte les cerraron, mil años de olor a santidad, los baños a los del sur. Vale, nadie sabe del Concilio de Nicea, pero cada vez hay mas chamanes entre nosotros, en nuestra página de internet cuelgan los libros de Olagüe y de la Duquesa de Medinasidonia, los científicos rusos dicen a una que los hombres somos la respiración de Dios y estoy a punto de publicar mi primer libro: “Islam para ateos”.

No me preocupa, Allâh es grande, y, pase lo que pase, todo y todos estamos en sus manos. Volvió Carrillo con la peluca y los moriscos españoles aflorarán en España y volverán de muchos sitios, Marruecos, Turquía, América, etc. Hay millones de pruebas que avalan mis palabras, ya aparecerán una por una y entrarán en la memoria colectiva, al fin y al cabo el hijito de Bush va a continuar aumentando las emisiones de CO2 y eso hasta los pieles rojas saben que tiene fin. De momento me permito pasarles un texto en el que se ven, no lo podéis negar, las dos Españas que aun hoy día existen: la de los moriscos y la del Presbítero que diligentemente les observa. Dice así Don Pascual Boronat y Barrachina en su libro “Los moriscos españoles y su expulsión”, publicado en Valencia en 1901:

“Una de las mayores dificultades que se ofrecen al historiador de la raza morisca en España, es fijar el verdadero carácter de la misma ...” “... hemos de convenir en que la gente morisca, avezada a las faenas agrícolas, cuidaba más de vivir para comer y acrecentar su capital, que de la instrucción propia de un pueblo civilizado; era tan uraña para con los cristianos viejos, como expansiva para con los suyos; tan adicta a sus señores como esquiva al poder real; tan supersticiosa como vengativa; tan fanática como tenaz”. “Aun hoy, puede el critico formar concepto aproximado del carácter de aquella raza estudiando las costumbres de varios pueblos enclavados en la costa del reino valenciano y singularmente en los del valle de Gandía hasta Alicante, en los que se divisan desde la cima del Mongó (el monte de Denia) y en la mayor parte de los guarecidos por Aitana, la Zafor, Benicadell y Puigcampana. Tan honda huella dejaron los moriscos en aquellas comarcas, y singularmente en muchos campesinos, que en el traje, en las costumbres, en los cantares y diversiones, en el cultivo de las tierras, en las industrias relacionadas con la agricultura, en el apego a las prácticas supersticiosas, en el abandono de las religiosas cuando no las promueve o inspira un lujo oriental, en los festejos públicos donde con tanta frecuencia se corre la pólvora, en el uso de cabalgaduras y manera de montarlas, en los aperos de labranza y en otros mil detalles que puede apreciar el diligente observador, parécenos que fue ayer la fecha memorable en que se decretó la expulsión de aquella raza. Hasta mediados del siglo XIX hallábase muy viva la práctica de las costumbres moriscas en los pueblos que fueron habitados por aquella gente. Aún existen las barracas y los trajes de los huertanos de Valencia, el cultivo, si bien escaso, de la seda, del cáñamo y del azúcar, amén de otras industrias, huellas fehacientes después de tres siglos, del empleo de aquella gente, heredera bastarda de la raza muslímica”.

No hay que ser de Altea para darse cuenta que este cura romano, diligente observador de la geografía inicial de la fiesta de Moros y cristianos cuando Franco tan sólo era niño en su Ferrol natal, llama, un cura negro que renunció a su sexualidad por seguir a un dios menor clavado en un palo, hijos de puta a los que se aferran a su ADN español de origen. “Bendita sea la rama que al árbol salé morena saladá” cantamos todos en el himno español. Y encima, ahora que vivimos en un Estado que la Constitución de 1978 declara laico y no confesional, ese estado laico y no confesional le da cada año a la Iglesia católica romana 175.000.000.000 pesetas (un gordo de ciento setenta y cinco mil millones de pesetas) según sumo yo de los últimos presupuestos del Estado español. Sí, hay dos Españas, porque ni a musulmanes, judíos, protestantes o ateos (¿cuantos millones de españoles, incluso votantes del p.p., no creen ni jota de los dogmas católicos?) les suelta ese Estado laico ni un duro de pedrea. Colegas enterados, profesora Consols, Capitán Jorge, ¿para cuando la transición religiosa pendiente en España?.

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