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La religión como factor geopolítico en el espacio mediterráneo *

03/03/2001 - Autor: Bichara Khader
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Bichara Khader
Bichara Khader

El poderoso ascenso de los chiitas en Irán desde 1979, la crisis en Argelia desde1992, el avance de los judíos ortodoxos en el paisaje político de Israel (como lo muestran los resultados del último escrutinio del 17 de mayo de 1999) y la crisis de Kósovo (marzo-mayo 1999) son factores que han puesto en primer plano "lo religioso" como factor geopolítico. En el Islam sunita aparecen dos grandes corrientes: una corriente integrista, minoritaria, que tiene en mira la toma del poder mediante la violencia (Argelia) y una corriente fundamentalista que adopta una estrategia de "volver a islamizar el conjunto de la sociedad a partir de abajo", en los usos y costumbres, la cultura y los comportamientos.

El chiismo del Irán, que en los años 80 se presentaba como una poderosa fuerza de oposición ahora, con el nuevo presidente iraní, aparece más fundamentalista y moderno (1) que revolucionario, inclusive si la "cintura chiita del golfo arabe-persa" continúa suscitando múltiples inquietudes en los países árabes petroleros y en las cancillerías occidentales (importantes minorías chiitas viven en los emiratos del Golfo Pérsico y en la costa oriental de Arabia Saudita).

A pesar del trabajo ecuménico, iniciado por el Papa Juan XXIII, para superar las divisiones históricas, la religión cristiana experimenta también turbulencias en sus puntos de conflicto tradicionales: entre católicos y protestantes (Irlanda), entre latinos y ortodoxos (en ex-Yugoslavia).

El Judaísmo se encuentra, asimismo, escindido en múltiples tendencias. En Israel, el debate sobre la definición del carácter judío, la "judeidad", continúa haciendo furor. Aún no existe el matrimonio civil y los judíos ortodoxos ocupan un lugar importante en la escena israelí.

Ya se puede, a partir de estas observaciones, proponer una tesis:

Las tres religiones monoteístas experimentan una mutación importante que las impulsa a organizar en la sociedad "espacios re-cristianizados" "re-islamizados" (2) o "re-judaizados" así como a conseguir el reconocimiento de estos espacios por sus respectivos Estados. En el caso del cristianismo romano, el único que disponede un jefe espiritual y de una jerarquía, se trata ante todo de defender los valores cristianos amenazados por el avance de los progresos científicos y de las ideas materialistas en las sociedades, especialmente las occidentales.

El retorno de lo religioso no quiere decir, sin embargo, guerra de religión entre las tres religiones monoteístas, sino simplemente la utilización de la religión para la realización de un "hombre nuevo" (born-again, moslem, jew or christian) o comofactor de movilización, de oposición, de legitimación, inclusive de "reconstrucción"de identidades nacionales heridas, agredidas o debilitadas.

Tal instrumentalización funciona tanto mejor cuando se sustenta en una historia mediterránea plagada de conflictos de todo tipo, en los que frecuentemente la religión ha sido el estandarte de los combatientes.

Con el objetivo de ilustrar esta tesis, les propongo realizar un viajecito en el tiempo y el espacio mediterráneos desde las cruzadas (1099) hasta la creación del Estadode Israel, "el Estado de los judíos", en 1948 y el resurgimiento del islamismo militante con la revolución de 1979 en Irán.

Primera parte: la historia: el acontecimiento y el mito.

1/ Una sorprendente coincidencia histórica: los cruzados en Jerusalén el 15 de julio de 1099.

Hace 900 años, el 15 de julio de 1099, los cruzados cristianos tomaron por asaltoJerusalén. La Guerra Santa desencadenada por instigación del Papa Urbano II en la prédica de Clermont, el 27 de noviembre de 1095, culminaba con una horrible matanza en la ciudad tres veces santa. Tres cronistas cristianos que participaron efectivamente en el asalto (3) hablan de "la carnicería imposible de describir" puesto que "la sangre de los innumerables muertos subía casi arriba de los zapatos". Incluso si la cifra de 100.000 muertos indicada por un cronista musulmán, Sibt AI-Jawzi(1186-1256) (4), es evidentemente exagerada, lo cierto es que los "soldados deDios" actuaron despiadadamente: los musulmanes, los judíos y los cristianos "heréticos" (porque no eran latinos fueron ejecutados al filo de la espada).

La continuación es conocida: un reino latino se instauró en Palestina. Ocho cruzadas oficiales se sucedieron. Participaron señores, reyes y emperadores. El reino latino fue destruido la primera vez por Saladino, tras el fracaso de Hittin el 4 de julio de 1187, y la segunda y última vez por los Mamelucos de Egipto, en 1290-1291. Así terminó la epopeya trágica de las cruzadas que duró 192 años. Pero apenas había sido desmantelado el reino franco, los Estados musulmanes de Oriente se encontraron amenazados por invasores venidos del este: los mongoles,que tomaron Bagdad, destruyeron la dinastía abasida en 1258 y entraron en Damasco en 1299.

Tras este breve recuerdo histórico, es conveniente destacar algunos elementos de reflexión:

1) Las Cruzadas fueron, sobre todo, iniciativas de la Iglesia. Fueron los Papas quienes llamaron a las Cruzadas, bien durante un concilio, bien con la promulgación de una bula de cruzada. Es evidente que hubo desbordamientos (cruzadas populares) o excesos de celo en algunos monarcas europeos (incluso excomulgados, como fue el caso de Federico II), pero, en general, la conquista de Oriente fue llevada a cabo oficialmente "por la causa de la Iglesia". Al llamara la cruzada, los papas buscaban reafirmar su autoridad frente a los emperadores germánicos y quizá hasta hacer reconocer la primacía romana al conjunto de los cristianos orientales.

2) Muchos reyes europeos tomaron parte en las cruzadas. Aunque esto no autoriza a afirmar que las cruzadas cimentaran la unidad de Occidente. Al contrario, el desarrollo de las cruzadas, la elección de los itinerarios y las rivalidades surgidas en Oriente entre los señores de Occidente demuestran hasta la saciedad que la liberación de la tumba de Cristo no era más que una cuestión menor y que lo que contaba para muchos cruzados era independizarse económicamente y asegurarse una hegemonía comercial. Las luchas intestinas entre los príncipes de Antioquía, Trípoli y Acre atestiguan perfectamente la falta de unidad y de cohesión. Así, escribe Máxime Rodinson: "Las Cruzadas son un buen ejemplo de actos políticos con motivación ideológica en el ámbito social y colectivo, aunque no individual la iniciativa de las expediciones se toma en fechas determinadas y enfunción de proyectos, planes y cálculos que obedecen a factores extrarreligiosos" (5).

3) Los intercambios comerciales entre las dos orillas del Mediterráneo no datan de las cruzadas. Pero no cabe ninguna duda de que las ciudades marítimas de Italia obtuvieron un gran provecho del transporte de cruzados, peregrinos y productos alimenticios. Los genoveses, venecianos y pisanos, en particular, constituyeron establecimientos autónomos en las ciudades conquistadas e incluso llegaron a obtener concesión de hasta un tercio sobre dichas ciudades (6). Barrios italianos se establecieron así en las ciudades de Oriente, beneficiándose muchas veces de un estatuto de extraterritorialidad.

4) Jerusalén fue un objetivo sustitutorio de Constantinopla, ya que era más movilizador. Los cristianos de Oriente no pedían a Europa que viniera en su ayuda. De hecho, tuvieron que sufrir abundantes matanzas y saqueos cometidos por los cruzados. Esto vale tanto para los cristianos de Bizancio, considerados como "cismáticos" por la Iglesia latina, como para los cristianos orientales, considerados como heréticos. Todos los historiadores de las cruzadas han, relatado con detalle los abusos cometidos por los cruzados para con los cristianos autóctonos.

5) Las "cruzadas" prueban la manipulación, con fines políticos, de las nociones de guerra santa y justa. Las atrocidades cometidas por los cruzados con judíos,griegos, jacobitas y, más aún, musulmanes, ya suscitaron en su tiempo la oposición de religiosos, poetas y teóricos políticos que cuestionaban el poder temporal de la Iglesia.

6) Iniciadas para defender al emperador bizantino amenazado por los selyúcidas, las cruzadas fueron en conjunto contrarias a los intereses del Imperio Bizantino.Constantinopla no sólo fue a menudo saqueada, sino que allí se instaló un reino latino en 1204. "Políticamente, las cruzadas del Siglo XII -escribe C. Morrison- no son más que la manifestación de la hostilidad de los latinos hacia el Imperio, y su objetivo religioso, una fachada" (7). Por otro lado, durante mucho tiempo las cruzadas han crispado las relaciones entre católicos y ortodoxos.

7) El fervor religioso de los cruzados abocó en intolerancia hacia todo lo ajeno al ideal de cristiandad. Así, los cristianos impusieron la apostasía o la muerte a las comunidades judías de Europa Central y Alemania.

8) Los fines de la cruzada, tal como aparecen tanto en las obras literarias como en las crónicas, son muy claras: la liberación del Santo Sepulcro y la conquista de la tierra a los infieles. Pero las causas de la salida en cruzada son de otra índole. En principio, la expansión demográfica que provocó la agitación social y el movimiento de las poblaciones; "la clase caballeresca apenas puede contener aquienes pretenden derechos sobre las tierras" (8). George Duby añade: "En los linajes nobles no se casa más que a un solo hijo y el resto son lanzados a la aventura. Se convierten en desarraigados, proclives a las aventuras militares. Hay toda una masa de jóvenes solteros en busca de fortuna que constituye el potencial de agresión occidental en esos momentos. Las cruzadas dirigirán hacia Tierra Santa los entusiasmos saqueadores y las ansias de salvación eterna" (9). El Papa Urbano II, en su discurso de Clermont, utiliza ese mismo argumento: "Esta tierra apenas puede alimentar a sus habitantes, por eso cuando agotáis vuestros recursos os lanzáis a continuas guerras" (10).

Además, los años que precedieron al llamado a las cruzadas habían sido muy difíciles. Las inundaciones y las epidemias de peste de 1094 habían sido seguidas por la sequía y el hambre de 1095 y las invasiones bárbaras y las incursiones de los vikingos habían hecho la vida del campesinado dura y poco segura.

Se aprecia pues que, más que la devoción cristiana o el ideal de sacrificio, fue el interés de los jóvenes señores de hacerse de un feudo, o la preocupación del pueblo por escapar de la miseria, lo que los puso camino a Jerusalén.

9) Las cruzadas descubrieron una sociedad musulmana medieval mucho más tolerante de lo que se pensaba en Occidente. No sólo esta sociedad no imponía la conversión a "las gentes del Libro", sino que judíos y cristianos podían practicar su culto con toda libertad siempre que reconocieran la autoridad establecida. Las cruzadas vinieron a perturbar este "hecho consumado" haciendo sospechar que las comunidades cristianas estaban en connivencia con sus correligionarios venidos de Ultramar (11). Así es como se puede decir que las cruzadas empeoraron la situación de los cristianos de Oriente y perjudicaron, en el Oriente latino y durante los siglos posteriores, las relaciones entre griegos y latinos, entre melkitas y latinos.

10) Paradójicamente, las cruzadas no permitieron, contrariamente a una idea muy extendida pero falsa, cimentar la unidad de la Umma musulmana. Si es exagerado afirmar, como hace Bernard Lewis que "el mundo musulmán mostró una notable indiferencia respecto a la llegada y conquistas de los cruzados e incluso a la pérdida de Jerusalén" (12), no deja de ser cierto que sus rivalidades internas (como en el caso de los ayubíes de Damasco y El Cairo) y sus luchas fratricidas facilitaron la tarea de los invasores, que establecieron una serie de principados feudales en Edesa, Antioquía, Trípoli y, finalmente, Jerusalén. Si seconsidera la actitud del Islam durante todo este período, hay que constatar que se manifestó "ni masivamente unido en la respuesta, ni siquiera perfectamente unánime en la hostilidad" (13). El peso de la guerra cayó enteramente sobre Egipto y, sobre todo, Siria (14), que, a su vez, no cesaban de hacerse la guerra, lo que facilitó las victorias francas y la implantación del reino latino. No fue hasta que el mameluco Bailares consiguió unificar los dos países que la reconquista se encontró al alcance de la mano.

11) Dos siglos en tierras del Islam hubieran podido llevar a los cruzados a conocer mejor este mundo y su religión. Bastante paradójicamente, de entre todos los monarcas, fue Federico II, el emperador germánico, quien mejor conocía la cultura islámica y la lengua árabe; pero este conocimiento lo había adquirido en Sicilia, y no en Palestina. Respecto a los "caballeros francos" hay que decir que nunca ocuparon ninguno de los grandes centros culturales de Oriente (como Bagdad, Damasco, Alejandría o El Cairo) y cuando ocupaban una localidad con una cierta tradición cultural, destruían las bibliotecas y obligaban a los sabios a la emigración (15).

12)Las cruzadas demostraron hasta qué punto Palestina era el "territorio sagrado de la conciencia europea". Tierra mítica, "santuario de Dios", galvanizaba a las muchedumbres y movilizaba a los príncipes. Situada en el corazón de Oriente,se convirtió en objeto de codicia. Rara vez en la historia, una geografía tan exigua ha visto desfilar tantos peregrinos, caballeros y testas coronadas. Durante dos siglos, Palestina estuvo íntimamente implicada en la historia de Europa, pero siempre consiguió escapar a una dependencia exclusiva de los franj. Y así, la presencia franca en Oriente, nacida de una victoria militar no pudo sobrevivir a una derrota militar.

13)Las cruzadas sobreviven hasta nuestros días en el imaginario colectivo de unos y otros. Cuando se desencadenó, la cruzada era "el estandarte ideológico bajo el que los hombres morían y bajo el que se podía contar que siempre los hombres morirían" (16). Hoy, sobrevive como mito político.

14)En efecto, las cruzadas han causado un inmenso traumatismo a los árabes y a los musulmanes, trauma cuyos efectos devastadores en el imaginario colectivopermanecen hasta hoy. Este recuerdo es tan vivo que todo acto hostil de parte de Occidente es visto a través del prisma deformante de las "invasiones francas". Es así como después de haber herido al Papa, el 13 de mayo de 1981,el turco Mehemet Ali Agca explica en una carta: "He decidido matar a JuanPablo II, comandante supremo de los cruzados". Inclusive la creación del Estado de Israel en tierra palestina en 1948 es frecuentemente asociada con el establecimiento del reino de los cruzados. Asimismo, la guerra desencadenada contra Irak en 1991 por una coalición de 28 Estados encabezada por losEstados Unidos ha sido frecuentemente descrita por los iraquíes como una nueva cruzada (17).

Más cerca de nosotros, en Argelia, los Padres Blancos asesinados en 1994 probablemente por el G.I.A., son calificados de "cruzados".

 

Evidentemente las cruzadas continúan ejerciendo una influencia tan insidiosa--sobre los árabes y musulmanes que se puede temer, como señala Amin Maalouf, que "la ruptura entre estos dos mundos (Occidente y Oriente) parte de las cruzadas, sentidas por los árabes como una violación, aún el día de hoy" (18).

2/ El Islam en España (desde 711) y la caída de Granada 1492

1992 ha sido el año de España: de las Olimpiadas de Barcelona y de la Exposición Universal. Cinco siglos después de la conquista de América y de la reconquista del último emirato musulmán de Granada (1492), España deseaba conmemorar, a su manera, el doble acontecimiento. Si el vínculo entre la conquista y la reconquista no puede ser establecido de manera categórica, no cabe duda de que la caída de Granada ha marcado un viraje histórico en las relaciones Occidente -Mundo musulmán. Se trató esta vez de la revancha del Occidente católico contra los musulmanes: Europa mediterránea dejó de ser musulmana, excepto en Bosnia, Kósovo, Albania.

 

Los Reyes Católicos Fernando e Isabel pusieron fin a una experiencia de cohabitación religiosa inédita en la que los árabes llamaron "Djazirat AI-Andalus". Es cierto que la conquista musulmana en España en 711 no se realizó sin derramar sangre pero, globalmente, los "Omeyas de Occidente" supieron construir un reino fundado en la tolerancia. El Islam andaluz admitía la existencia de las otras dos religiones monoteístas, cristianismo y judaísmo, garantizando la coexistencia bajo la condición del respeto a la religión hegemónica. He ahí el sentido de la tolerancia en tierras del Islam.

 

Maxime Rodinson da dos razones: una teórica y otra práctica (19). La primera se basa en las condiciones históricas de la formación del Islam. Cuando nació el Islam, el siglo VII en Arabia, no existía un Estado sino tribus en competencia, de modo que cuando el profeta inició su "comunidad religiosa" constituyó al mismo tiempo e embrión de un Estado con sus adeptos, soldados y jueces. Desde el principio el Islam se confundió con el poder, con el Estado. En esta comunidad religiosa-Estado, judíos y cristianos no eran considerados como "competidores" sino como representantes de las religiones reveladas de las que el profeta Mahoma había extraído lo esencial de su enseñanza. De allí deriva ese estatus relativamente privilegiado de "protegidos". Se trataba de una "tolerancia de principio".

Hay igualmente una justificación práctica de la "tolerancia musulmana". En efecto, cuando en el año 632 comenzaron sus conquistas, los musulmanes eran con frecuencia minoritarios en los territorios conquistados; no pudiendo convertir n iasimilar a todos, necesitaban tanto a cristianos como judíos. Se trataba de una tolerancia de oportunidad.

 

Las condiciones de formación histórica del cristianismo son totalmente diferentes y permiten comprender la relación del cristianismo a la alteridad y, en consecuencia, la relación del cristianismo primero con la alteridad musulmana y luego con las disidencias ortodoxas y protestantes.

 

En efecto, el advenimiento del cristianismo se produjo en el marco del imperio romano ya constituido. Los primeros cristianos debieron adoptar una estrategia de supervivencia para escapar de la persecución. No debían provocar a los poderes constituidos "garantizándoles que no iban a competir contra ellos" siguiendo el principio de dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios. De este modo los cristianos, tolerados, aumentaron en número. Pero desde el principio,como dice el tunecino Mohamed Charfi, "la Iglesia se constituyó paralelamente al Estado y sin vínculo con él" (20). La religión se convierte en la ideología del "imperio cristiano" recién en el año 312, luego de la conversión del emperador Constantino, quien tomó el título de "Emperador por la gracia de Dios". Hasta el Siglo de las Luces y prácticamente hasta la revolución francesa de 1789, la monarquía constituía un Estado de derecho divino. La democracia no ha podido echar raíces durables y verdaderas en Europa sino mediante la afirmación y la aplicación de la neutralidad del Estado en materia religiosa.

 

Pero antes de que esta transformación se produzca se han sucedido el cisma (1054) entre la parte occidental de la cristiandad, dirigida por Roma, y la parte oriental, dirigida por Constantinopla; la inquisición española y la salida definitiva de los moriscos (1610) y la guerra de los cien años entre católicos y protestantes.

3/ 1453 : Constantinopla- Estambul

 

En el mismo momento en que, al oeste, los reyes católicos retomaban la ventaja sobre los emiratos musulmanes de España con la caída de Córdoba (1236),Valencia (1238) y Sevilla (1248), al este, en Asia Menor, el imperio de Bizancio era agredido por nuevos conquistadores de origen turco-mongol: los Seljoukides. Esta dinastía, cuyo nombre deriva del de su fundador Seldjouk, venía de Asia Central. Suprimer soberano, Toghrul Beg, después de haber conquistado el Irán, se convirtió al Islam Sunita, se instaló en Bagdad donde el califa abasida Kaïem le otorga el título de sultán. A partir de su base "iraquí" los Seljoukides conquistaron Armenia, Siria y Palestina (donde entraron en 1077) y casi toda Anatolia estableciendo un nuevo sultanato: el de Rourn, que significaba romano. Por lo demás, fue para contener esta amenaza que el emperador de Bizancio, Alexis Commene, pidió ayuda al Papa Urbano II. Pero en vez de enviar un ejército "cristiano" para salvar Bizancio "la hereje" (desde 1054), el Papa organizó una cruzada para liberar "Jerusalén". Mientras que los Señores fraccionaban en feudos el Oriente, los Seldjoukids consolidaban su control en Asia Menor. En mayo de 1453 (39 años antes de la caída del emirato musulmán de Granada), Mehemet II entró en Constantinopla. Tras la victoria de los turcos sobre los serbios en las batallas de Kósovo (Junio de 1389 y octubre de 1448) quedó despejado el camino para el avance de los turcos hasta Viena.

 

De modo que cuando Granada era "reconquistada" por los Reyes Católicos, los turcos, recientemente convertidos al Islam, ya se habían instalado en Estambul. La historia nos presenta detalles impresionantes: la mezquita de Córdoba transformada en catedral desde la toma de la ciudad mientras que la iglesia Hagia Sophia, o Santa Sofía, fue transformada en mezquita mientras Mehemet II concedía "Iaman" (la seguridad) a los fugitivos e invitaba a los griegos a elegir un patriarca como jefe de su comunidad, impidiendo de esta manera el despoblamiento de su metrópoli.

 

A partir de la caída de Constantinopla el imperio otomano domina el espacio mediterráneo. Desde 1517 es un hecho la dominación del Islam turco sobre el Islam árabe. En adelante es en Estambul y no en Damasco, Bagdad o El Cairo (ciudades de califas) que se decide la suerte del Oriente y del mediterráneo. Pero ya en 1535 Solimán el Magnífico se encuentra casi obligado a firmar con Francisco I un tratado de capitulación que concede privilegios particulares a los comerciantes franceses y posteriormente a los europeos. Las relaciones económicas y militares pasan progresivamente a favorecer a las potencias europeas. En 1798 Napoleón organiza una gran expedición a Egipto y luego a Palestina, donde será derrotado por una coalición anglo-turca. La integridad del imperio otomano se preserva pero no por mucho tiempo. Las revueltas que agitan los Balcanes (fin del siglo XVIII) y la gran rebelión griega de 1821 constituyen las primeras grietas del edificio imperial otomano. Cuando los egipcios acuden en ayuda de Estambul para reprimir la rebelión griega (1824), la Rusia de Nicolás I declara la guerra al imperio otomano (28 de abril del mismo año) mientras que las armadas inglesa y francesa destruyen la flota turco-egipcia en Navarin el 20 de octubre de 1827. Empero, los rusos no declararon la guerra a Turquía por solidaridad ortodoxa sino por preservar los intereses geo-estratégicos de su país en el anunciado reparto de los restos del imperio otomano.

 

Para oponerse al expansionismo europeo y para contener el derrumbe del imperio, los otomanos van a recurrir a los sentimientos religiosos de los musulmanes de modo de, por una parte, movilizar el apoyo de los musulmanes árabes y, por la otra, legitimar su presencia en los territorios árabes.

 

Esfuerzo inútil, ya que en 1832 el virrey de Egipto, Mohammad Ali, súbdito del Sultán, se rebela contra su amo y envía a su hijo Ibrahim Pacha a conquistar Palestina y Siria. Esta vez las potencias europeas se ponen de lado del imperio para impedir la emancipación de los árabes conminando a Egipto, según la Convención de Londres del 15 de julio de 1840, a restituir Palestina y Siria al imperio otomano. Es así como Europa, que había apoyado la independencia de Grecia y de los Estados balcánicos, decide salvaguardar al imperio otomano en el Oriente árabe e impedir su desmembramiento.

 

En realidad, Europa tenía otra intención: la repartición del Oriente árabe y del Magreb en ventaja suya. Este es el período colonial iniciado por Ia ocupación de Argelia por Francia a partir de 1830 y de Aden por Inglaterra desde 1839. A partir de ese momento el mundo árabe es "balcanizado" y dividido por la potencias en colonias, protectorados y mandatos. Esta vez, empero, los amos extranjeros ya no son musulmanes, como eran los turcos, sino potencias cristianas. Por lo tanto, la colonización es percibida por los pueblos árabes como una doble agresión: a su territorio y al Islam. Es entonces que, en un primer momento, árabes y musulmanes recurren al Islam para resistir y oponerse al colonialismo.

El retorno al Islam preconizado por el iraní AI-Afghani (nacido en 1837), el egipcio Mohammad Abdou (1849-1905), Rachid Rida (1865-1935) y el sirio AI-Kawakibi (1854-1902) se propone el objetivo de movilizar a los pueblos conquistados contra las potencias europeas y de impulsar un movimiento de resistencia nacional conciliando Islam y modernidad.

 

A la pregunta: ¿Por qué la decadencia árabe?, los primeros reformistas árabes responden: porque el Islam ha sido traicionado por el despotismo turco. A la pregunta: ¿cómo lograr el despertar del Oriente? responden: por la vía de un retorno al Islam auténtico, a las fuentes, a los fundamentos, pero a un Islam reconciliado con la ciencia.

 

Es así como, en los tiempos modernos, el Islam árabe se encuentra con el Occidente conquistador (la expedición de Napoleón a Egipto y Palestina en 1798-1799) y con la expansión colonial (Argelia). El mundo musulmán, sobre todo árabe, descubre bruscamente su debilidad: Europa lo ha superado en potencia, economía, ciencia y organización socio-política. Trata entonces de descubrir el secreto de "su propia debilidad" y no las razones de la superioridad europea, pues Europa es percibida ante todo como un adversario, en tanto que "potencia dominante", y no como "un modelo de modernidad". Esta visión va a sesgar las perspectivas, ya que desde el principio los musulmanes van a pensar el fenómeno de modernidad no en términos de ruptura sino de reencuentro con su pasado, no en términos de progreso sino de renacimiento, en términos pues finalmente míticos (21).

En el crepúsculo del siglo XX, la problemática de la relación del mundo árabe con su pasado permanece actual. Las interrogantes formuladas a fines del siglo XIX se plantean hoy en día: ¿cómo renacer? ¿qué rol corresponde a la religión? ¿cuál modernidad? ¿cómo resistir a la aplanadora de la globalización sin anquilosarse y, consiguientemente, perecer?

 

4/ El año próximo en Jerusalén: del sionismo (1897) al Estado de Israel(1948)

Mediante las referencias históricas precedentes, he procurado demostrar que las dos grandes religiones monoteístas nacidas en el espacio mediterráneo han experimentado, por razones históricas diferentes, episodios de violencia y de guerras "santas" y "justas". Cruzadas y Djihad han marcado la historia mediterránea por siglos.

 

El judaísmo no ha escapado a esta glorificación de la guerra justa. Cuántas guerras crueles no han ocurrido en nombre de Yahvé. Citemos el libro de Josué: "Cuando Israel terminó de matar a todos los habitantes de Hay en los campos y desiertos donde los habían perseguido y que todos, hasta el último, cayeron al filo de la espada, todo Israel volvió a Hay y ejecutó a toda la población. El total de muertos ese día fue de doce mil, pobladores todos de Hay".

Con la expansión del imperio romano, el exilio de los judíos y su dispersión por todo el perímetro mediterráneo y la oposición de la Iglesia contra ellos manifestada durante siglos, el antijudaísmo y, luego, el antisemitismo se constituyeron prácticamente en la regla. Perseguidos y expulsados, los judíos encontraron refugio en tierras del Islam. Cécile Morrison relata que los cruzados prohibieron a los judíos instalarse en Jerusalén donde "solamente Saladino, al recuperar la ciudad en 1187, les permitirá retornar" (22). Asimismo, frente a la inquisición los judíos se refugiaron a menudo en el espacio musulmán.

 

La relación de la cristiandad y del Occidente con el judaísmo es bastante conocida. Basta mencionar la inquisición (siglos XV y XVI), los pogroms de Polonia (1881-1882), el caso Dreyfus (1896) o la indescriptible tragedia del Holocausto (segunda guerra mundial) para demostrar cuán problemática ha sido frecuentemente la presencia judía en la Europa cristiana.

De allí se deduce que:

1) En el mismo momento en que el Occidente ostentaba su herencia, judeocristiana", cometía o dejaba cometer las peores atrocidades contra los judíos.

2) Los judíos mismos, en particular los dirigentes sionistas, toman como pretexto la persecución para fundar el movimiento sionista bajo la orientación de Théodore Herzl (23), buscar apoyos occidentales (Declaración Balfour, 1917; mandato británico, 1922-1948; resolución de división de Palestina, 1947) y utilizar el sentimiento de culpa del Occidente después de la Shoah a fin de establecer el Estado de Israel en la "tierra de los ancestros" provocando una gran tragedia: elexilio de las dos terceras partes de la población palestina.

La manipulación de la religión y de la historia es manifiesta en la creación del Estado de Israel. Hoy la mayoría de Ios gobiernos árabes lo reconocen, algunos han firmado acuerdos de paz con Israel, otros se disponen a hacerlo. Pero a nivel popular el resentimiento continúa siendo muy fuerte, ya que muchos árabes y musulmanes perciben el Estado de Israel como una "nueva cruzada" y no pueden comprender la fascinación de los occidentales por Israel y la relación singular existente entre éste y aquéllos, que permite frecuentemente a Israel beneficiarse de un status excepcional, de una presunción de inocencia que lo pone por encima de las normas del derecho internacional.

 

5/ 1979: El islamismo: el segundo retorno a los mitos fundamentales.

No se puede fijar la fecha del resurgimiento islamista contemporáneo. No cabe duda, sin embargo, que desde hace 25 años el islamismo ha tomado un nuevo vigor debido a los siguientes elementos: la derrota árabe de 1967, la desaparición de Nasser en 1970 y el eclipse de Egipto como "core state", la petrodolarización del sistema árabe y el desplazamiento de su centro de gravedad política hacia los países conservadores del golfo, los acuerdos de Camp David (1979), la revolución iraní (1979), la invasión soviética de Afganistán (1979), la guerra Irán-Irak (1980-88), la invasión israelí del sur del Líbano (1982) y la agravación de la situación económica en todos los países árabes no petroleros a partir del contragolpe petrolero de 1985-86, la descomposición del sistema soviético a partir de 1989, la segunda guerra del golfo (1991) y, de manera general, la explosión de las tecnologías de la información y de la globalización económica.

 

De esta manera, el islamismo se ha desarrollado en un contexto que puede calificarse de las esperanzas defraudadas; pues no solamente han sido reducidos a polvo los sueños de la unidad árabe y de la liberación de Palestina (con la derrota árabe de 1967 y la ocupación israelí desde entonces), sino inclusive han estallado en pedazos los sueños de una victoria sobre los regímenes autoritarios y sobre la pobreza y la explotación.

 

El retorno al Islam se convierte entonces en una forma obsesiva de la identidad traicionada, desgarrada, agredida, una especie de tendencia a referir toda acción presente o futura a un antecedente histórico, autóctono, mitificado, engalanado. Además, esta ansia de arraigamiento se encuentra amplificada por el cuestionamiento de las grandes ideologías universalistas (marxistas, sobre todo) y la erosión de la ideología pan árabe.

 

Segunda parte: enseñanzas

Tras este largo viaje a través del tiempo y del espacio mediterráneos, es necesario extraer algunas enseñanzas:

1/ Historia Pendular

Hace 14 siglos que la historia del mediterráneo sigue un movimiento pendular: todos los imperios han pasado por las mismas etapas: expansión, apogeo y decadencia. Durante cerca de siete siglos esta historia ha estado marcada por la expansión del Islam árabe (636-1492). Eso no impidió a los cruzados establecer principados en Oriente e inclusive un reino latino en Palestina (1100-1290). Durante este prolongado período, más allá de los hechos bélicos, se han desarrollado mestizaje humano e hibridación recíproca.

El imperio otomano surge sobre los escombros del imperio árabe, inicialmente con la ocupación del espacio bizantino en Asia Menor y posteriormente con la derrota de los Serbios en Kósovo (1389), la toma de Constantinopla (1453) y la de Jerusalén (1515).

Las potencias occidentales toman la posta del imperio otomano, primero mediante la penetración económica (período de las capitulaciones) y enseguida por la intervención militar (la colonización). En 1917 desaparece dicho imperio. El espacio mediterráneo, árabe sobre todo, va a ser fragmentado en zonas de influencia entre las potencias europeas dominantes. Por la Declaración Balfour (noviembre de 1917), Inglaterra impulsa el establecimiento de un núcleo judío en Palestina que en 1948 se convertirá en el Estado de Israel.

El Occidente se mantiene hoy política, económica y militarmente hegemónico en el espacio mediterráneo, suscitando en el mundo árabe-musulmán una doble representación: fascinación y rechazo. Tomado a la vez como blanco de Ios ataques y como modelo a seguir, Occidente repugna y atrae. Repudiado porque se presenta "seguro de sí mismo y dominante" pero atractivo debido a la magnitud de sus triunfos y de sus proezas. Esta dualidad de rechazo/atracción produce una extraña patología: una tendencia a imitar al Occidente, sin moderación, ya tomarlo como el modelo (de desarrollo de referencia, a pesar de las frecuentes críticas de que es objeto.

2) La función instrumental de la historia y de la religión

Jean Cocteau acostumbraba decir: "el mito es superior a la historia". En efecto, la lectura que todos los pueblos realizan de su historia es frecuentemente instrumental en el sentido de que, a partir de una representación embellecida de sí, se trata de poner por delante el genio nacional, las imágenes movilizadoras,los héroes conquistadores, no solamente para dar un sentido a los eventos contemporáneos sino también, lamentablemente, para oponerse al Otro.

En el movimiento pendular de la historia mediterránea, la religión ha servido con frecuencia de estandarte para galvanizar las energías (nociones de guerra santa y de guerra justa), movilizar a los hombres y legitimar la expansión (nociones de la propagación de la fe y de la civilización). Es el caso tanto del cristianismo (conquista de las Américas y extensión de la colonización) como del Islam (expansión islámica de los primeros siglos) y del judaísmo ( "restablecimiento"del Estado de Israel y colonización actual, llamada "retorno de Judea y Samaria" ).

Así la religión, tanto como la historia, tiene una función instrumental de movilización y de legitimación apoyándose en oposiciones destructivas: Pueblo Elegido/Goyim, fieles/infieles y "fuera de la Iglesia no hay salvación". Pero en realidad la "violencia religiosa" ha sido desencadenada más por las divisiones internas de cada gran religión monoteísta que por las existentes entrelas religiones. En su estudio empírico sobre las causas de las guerras entre1820-1949, L.F. Richardson (24) llega a las siguientes conclusiones:

a) Las diferencias religiosas aparecen como causas de guerra en un conflicto de cada seis y se encuentran en el trasfondo de uno de cada tres.

b) Los países cristianos han combatido entre ellos más que los musulmanes o los de culturas confuciana o budista, y las dos guerras mundiales de este siglo se han desencadenado en el seno del espacio "cristiano".

c) Ha habido más guerras entre cristianos y musulmanes que entre cristianos y adeptos de otras religiones.

d) La cohabitación religiosa ha sido pacífica cada vez que una religión ha sido dominante y que las religiones minoritarias se han adaptado a tal hecho.

3) La religión en tanto que factor geopolítico

 

Largo tiempo eclipsadas por "mesianismos sin Mesías", especialmente la ideología marxista, las religiones retornan recientemente un rol de actores de las relaciones internacionales. El catolicismo romano (particularmente con el actual Papa Juan Pablo II), el chiismo iraní (desde Komeini), el judaísmo israelí (sobretodo a partir del ingreso a la escena de los partidos religiosos como el Shass), han desarrollado durante el último cuarto de siglo aspiraciones innegables que van en el sentido de una recristianización, de una reislamización y de una rejudaización, en síntesis: un retorno a una religión purificada.Esta búsqueda de retorno a los fundamentos es un factor geopolítico en la medida en que se trata de la visión que tiene una religión de su lugar en la escena internacional. Pero hay un verdadero encuentro de lo religioso y de lo geopolítico en otros dos niveles:

a) en las referencias constantes a las identidades religiosas por parte de los actores geopolíticos;

b) en la fusión de la identidad religiosa con la identidad nacional (25).

Examinemos el primer aspecto que remite al tema de la instrumentalización de la religión y del sentimiento religioso por los Estados, no solamente en su política interior sino en la exterior. La historia mediterránea presenta abundantes ejemplos de este tipo de instrumentalización: la ortodoxia utilizada por los zares en su expansión hacia los Balcanes y el Oriente, la defensa de los "maronitas libaneses" y de los cristianos de Oriente por Francia, largo tiempo llamada "la hija mayor de la Iglesia", la explotación de la solidaridad judía para motivar a la diáspora judía a apoyar a Israel, considerado hogar de la renovación hebrea, la utilización del sentimiento religioso musulmán para movilizar a las opiniones públicas en favor del sostén de las minorías musulmanas en todo el mundo.

El segundo aspecto me parece ejercer un impacto geopolítico más importante puesto que se trata de la fusión de la identidad religiosa y de la identidad nacional. François Thual lo ha ilustrado brillantemente en su libro titulado"Géopolitique du chiisme" (26) en el que demuestra el encuentro entre esta forma particular del Islam, la de los chiitas, y la conciencia nacional iraní, así como la importancia de esta conexión -connivencia, diría yo- en el comportamiento internacional de Irán.

En las crisis balcánicas actuales, la referencia permanente a la ortodoxia (Grecia, Serbia, Bulgaria, Rumania, URSS) proporciona igualmente una clave. Basta observar las reacciones de Grecia frente a la reciente guerra de Kósovo para comprender la importancia de la referencia religiosa. Según el helenista Jacques Lacarriere, ser griego hoy día es ser ortodoxo ya que la ortodoxia, en tiempos de crisis sobre todo, se convierte en "el punto de convergencia absoluto" y agrega "algunos griegos que conozco no se han repuesto jamás de la caída de Constantinopla" (27). Los serbios, por su parte, consideran que la cristiandad está en deuda con ellos puesto que anteriormente la han defendido contra los otomanos. Christine de Montelos subraya que "ellos sufren... como sus hermanos rusos, el traumatismo de la debacle comunista y a fortiori de guerra, las tradiciones religiosas reaparecen, marcan los juicios y las mentalidades" (28). Al mismo tiempo aparecen los fantasmas respecto al retorno de Turquía en los Balcanes a través de lo que los serbios llaman la "Transversal verde" que se estaría instaurando en esa región partiendo de Turquía para alcanzar las minorías turcas de Tracia griega y búlgara, luego las minorías albanesa y turca de la República de Macedonia, los albaneses de Albania y de Kósovo, los musulmanes serbios de Sandjak, para finalmente culminar en Bosnia. Y para contrarrestar esta fantasmagórica "media luna islámica", los ambientes serbios han tratado de construir otro mito: la pan-ortodoxia (29).

Hoy los Balcanes nos presentan el caso más ejemplar, no son nuevas guerras de religión entre católicos, ortodoxos y musulmanes, sino más bien, como afirman Lorot y Thual, "conflictos en que nacionalismos irredentistas chocan entre sí en nombre de referencias culturales y religiosas" (30). El Papa Juan Pablo II no ha dicho otra cosa durante su viaje a Zagreb, en setiembre de 1994: no es posible, según él, atribuir a la religión los fenómenos de las intolerancias nacionalistas. Por lo demás, es importante observar que durante toda la última crisis de Kósovo las dos Iglesias, católica y ortodoxa, así como las autoridades religiosas musulmanas han adoptado posiciones bastante cercanas.

La utilización de la religión está presente en el marco del conflicto árabe-israelí que no se trata de ninguna manera, como creen algunos ingenuos, de una guerra de religión, sino de dos nacionalismos que se disputan el mismo territorio en nombre de la "Tierra prometida".

Sobrevalorar el rol geopolítico del factor religioso resulta pues erróneo, pero tampoco se lo puede subvalorar, especialmente cuando minorías religiosas se encuentran concentradas en regiones sensibles desde un punto de vista geopolítico. Los kurdos iraquíes y los chiitas árabes del Golfo están sobre todo presentes en las regiones petroleras, los chiitas libaneses en la frontera de Israel. Este azar de la implantación geográfica de las minorías religiosas acrecienta su impacto geopolítico.

La geopolítica no debe pues considerar las religiones monolíticamente ya que a menudo nos encontramos frente a múltiples cismas, escisiones, ritos y escuelasen el seno de una misma religión. A este respecto, un análisis que se dedicara, por ejemplo, a hacer la "geopolítica del Islam" a mi modo de ver carece absolutamente de sentido, puesto que los contextos islámicos son variados.

4) Los imaginarios recíprocos

Catorce siglos de "rozamiento" permanente entre Europa y el espacio árabe-musulmano podían dejar de suscitar representaciones de sí y del otro en el imaginario colectivo, fundadas -a nivel popular- en torno a "la idea consciente o inconsciente de que el extranjero es el enemigo" (31).

Comencemos con el ejemplo de Europa. Es evidente que después de 14 siglos el árabe y el musulmán atormentan la mirada de los europeos y que con frecuencia Europa se ha identificado por oposición al mundo árabe-musulmán. ¿Cómo explicar tal condensación de hostilidad? Claude Liauzu sugiere una respuesta: el Oriente es "la diferencia más cercana" (32) al Occidente europeo y desde hace 14 siglos europeos y musulmanes son "adversarios íntimos" ya que no se odia a quienes nos son totalmente extranjeros (33). El francés Pierre Chaunu Io subraya con claridad: "Si tenemos conflictos con los árabes es porque nos encontramos dentro del mismo sistema de valores. Finalmente, las relaciones son más fáciles con los budistas ya que se encuentran en otro planeta y, seguramente, la verdadera frontera se ubica donde ellos están" (34).

Diferencia cercana, el Oriente árabe-musulmán aparece como "el extranjero más íntimo". "El otro que es uno mismo" como dicen los españoles. Tanto por sus intercambios cuanto por sus fantasmas y sus temores recíprocos, Europa y el espacio árabe-musulmán están indisolublemente ligados. Pero después del fin del "Imperio del Mal", el Oriente surge como un espectro: da miedo por su número (tienen demasiados hijos), por la inmigración (el retorno de los moros escriben ciertos periódicos españoles), por el peligro "de islamización de Europa" (predican los partidos de extrema derecha), por la violencia que se vive en los países del sud-este mediterráneo. Europa dominante y satisfecha se complace en estimular el temor.

Si el Oriente árabe-musulmán interpela, inquieta, obsesiona, da miedo enEuropa y en general en Occidente, éste a su vez es objeto de representaciones deformantes y estereotipadas en el espacio árabe-musulmán. Los momentos simbólicos de la construcción del imaginario árabe-musulmán respecto a Europa son conocidos: las cruzadas, la expedición de Napoleón a Egipto y Palestina, la "balcanización" del mundo árabe, Palestina y la creación del Estado de Israel, la guerra de Suez (1956), la de Argelia (1956-1962), la segunda guerra delGolfo (1991), la inmigración magrebí a Europa.

Todos estos hechos y acontecimientos han contribuido en el pasado y todavía en la actualidad a dar forma a la representación colectiva que tiene el mundo árabe-musulmán de Occidente y ante todo de Europa. Para completar el cuadro habría que añadir los efectos devastadores del tratamiento de la situación de Bosnia por parte de Europa en el imaginario árabe-musulmán, las prácticas económicas y financieras occidentales y sin duda el temor que suscita entre algunos musulmanes una globalización de la economía y de la información que aparece ante ellos como una "aplanadora" que aplasta su identidad y amenaza una cierta concepción de "su religión".

De lo anterior se deduce claramente que la relación cultural entre las dos riberas del Mediterráneo está marcada por innumerables representaciones negativas tenaces y peligrosas. Cada parte desentierra en los "recintos de la memoria" los hechos que demonizan al Otro y autoglorifican el Sí. Lo que es pernicioso en toda representación colectiva es el fantasma de la conspiración, la teoría del complot. Ya que además de que oculta el juego de los actores y de los Estados locales, podría conducir a un endurecimiento doctrinal, una crispación irreversible de las posiciones, inclusive a una Cruzada y un Djihad perpetuos, lo que no favorece a nadie en momentos en que se trata de instaurar un partenariado euro-mediterráneo

5) Choque de culturas

Lo que me parece más pernicioso en las representaciones colectivas, alimentadas por la escuela, los medios de comunicación y las ideologías dominantes es que proceden mediante una división arbitraria del espacio mediterráneo con una línea de demarcación que partiría del estrecho de Gibraltar, rodearía Sicilia, pasaría bajo Malta y Chipre, el Mar Egeo y Grecia, luego rodearía Albania y Kósovo por abajo antes de remontar hacia Trieste.

Tal "línea fronteriza" constituye un insulto a Fernand Braudel y a todos quienes sostienen que el espacio euro-mediterráneo es un solo espacio, matriz de hibridación y de intercambios.

El peligro que entrañan las representaciones colectivas y las teorías falsamente eruditas sobre el "choque de civilizaciones" no radica solamente en que contribuyen a reforzar esas ficciones que son "Oriente-Occidente" y las escisiones traumáticas como "lslam-Occidente" sino también en que postulan que son "espacios monolíticos" e irreconciliables (35).

Esto es históricamente falso y cultural y políticamente peligroso. Es verdad que geográficamente existen un Occidente y un Oriente. Pero uno es siempre el Occidente o el Oriente de alguien: todo depende de hacia dónde se vuelve la mirada y de dónde es que uno mira. Por lo demás, dentro del mundo árabe existe un Machrek (Oriente: allí donde el sol se levanta) y un Magreb(Occidente: allí donde el sol se oculta). Pero, desde el punto de vista cultural, estas nociones carecen prácticamente de sentido puesto que "las culturas se encuentran sumamente imbricadas, sus trayectorias son demasiado híbridas e interdependientes como para que se las pueda separar de manera radical en dos bloques cuya oposición es de naturaleza esencialmente ideológica" (36).

No existe pues un Occidente ni un Oriente, cada uno de los cuales constituiría un bloque monolítico detentando una mirada unívoca sobre sí mismo y sobre los otros. Pensar el Occidente o el mundo árabe-musulmán como una unidad significa abrir la puerta a las "retóricas acusadoras" o de "autojustificación", que son sumamente peligrosas, y postular que las diferencias que se observan aquí y allá constituirían fronteras infranqueables enclaustrando espacios cerrados condenados a la incomunicación. Nada en la historia del Mediterráneo permite corroborar tal postulado.

La oposición entre "Ellos y Nosotros" forma parte del mantenimiento de una identidad nacional. Cuando en cierta prensa de los países occidentales se leen titulares como "el Islam está en marcha", "lslam-Occidente: la confrontación", "la islamización de Europa" es imposible no recordar las viejas expresiones alarmistas: "los rusos están ante nuestras puertas" o "la invasión económica del Sudeste asiático". Decir eso, subraya Edward Saïd en su notable libro "Desintellectuels et du Pouvoir" (37), "no es solamente dar cuenta de la experiencia de un estado de alarma colectivo, sino es también consolidar nuestra identidad como agredidos en situación de peligro". Esta es la razón por la que el artículo de Samuel Huntington sobre "el choque de civilizaciones" ha disfrutado de una inmensa circulación (38) en los diferentes ambientes intelectuales periodísticos, intelectuales y militares. Es verdad que, en general, las tesis de Samuel Huntington han sido refutadas debido a sus simplificaciones, a su demarcación sumamente grosera de las fronteras culturales y al llamado, apenas disimulado, que hace el autor a una reacción del Occidente para resistir al Islam, particularmente, y a su aliado natural: el confucianismo (39). Esta refutación no ha impedido que las tesis de S. Huntington hayan sido enormemente utilizadas para definir las nuevas concepciones estratégicas para enfrentar al Islam en particular y al Sur en general (40).

De esta manera el Islam reemplazaría al comunismo en el rol de espantapájaros, probando así por oposición la excelencia del modelo occidental. El resultado es la intolerancia y el temor en lugar del conocimiento y de la coexistencia. Es reductor, y política y moralmente peligroso, describir mediante unos cuantos clichés el mundo del Islam constituido por mil millones de personas, decenas de países de trayectorias históricas diferenciadas y una docena de lenguas. Presentado a menudo cual "un arco de crisis" que va de Marruecos a Indonesia, "el mundo del Islam" aparece como un aguafiestas, un mundo a vigilar, a domar, a domesticar. Pero en esta situación es reconfortante comprobar que acontecimientos recientes han infligido un desmentido categórico a las tesis de S. Huntington.

En efecto, si se sigue el razonamiento de S. Huntington en un conflicto como el de la ex-Yugoslavia, los occidentales (católicos y protestantes) habrían debido ponerse del lado de los croatas, los rusos ortodoxos del de los serbios y el mundo islámico y sus aliados confucianistas del de los bosnios o kosovares. Ahora bien, no solamente las potencias occidentales han intervenido en favor de un pueblo mayoritariamente musulmán contra un país mayoritariamente cristiano, sino sobre todo, en el último conflicto del Kósovo, las opiniones musulmanas de los países árabes han hecho prevalecer netamente su desconfianza hacia los Estados Unidos y la OTAN sobre la solidaridad religiosa, mientras que la posición de Rusia ha estado ante todo "determinada por sus frustraciones de ex-superpotencia y por la lógica del equilibrio diplomático más que por la solidaridad eslava u ortodoxa" (41).

6) El islamismo: retomo a la religión o manipulación de lo religioso

El choque brutal con la Europa potente y conquistadora desde el siglo XIX ha trastocado el pensamiento y las sociedades árabe-musulmanas. Ello ha producido dos dinámicas contradictorias (42):

Una occidentalización de los sistemas político-administrativos, la endogenización del modelo estatal-nacional occidental y una vasta secularización de las sociedades.

Una religión profundamente anclada en el imaginario popular.

Ahora bien, en un contexto marcado por la crisis económica, por el autoritarismo de los Estados y por la ausencia o la debilidad de los canales normales de oposición (partidos políticos, sindicatos, movimiento asociativo autónomo), ineluctablemente y demasiado a menudo la oposición social y política se apropia del lenguaje religioso para legitimarse frente a las masas y provocar una dinámica de movilización. Así se llega a reproducir la confusión entre lo político y lo religioso en sociedades que han sido, sin embargo, ampliamente penetradas por la secularización.

Desde este punto de vista, el integrismo no constituye un "retorno a la religión" sino una manipulación de lo religioso. Para comprenderlo es conveniente haceruna precisión metodológica. Como todas las religiones, el Islam se encuentra sometido a condicionamientos históricos y sociológicos; por ello es científicamente aberrante separarlo de tales condicionamientos y divorciarlo de las sociedades que lo producen o reproducen. Mohammad Arkoun tiene absolutamente razón cuando se yergue vigorosamente contra tal separación arbitraria del Islam en tanto que religión, pensamiento y cultura aislado de las sociedades en tanto que estructuras complejas. Asimismo toda la literatura acerca del predominio de lo religioso sobre lo político corresponde a un discurso más ideológico que científico. En realidad, históricamente, lo político ha dominado lo religioso y no al revés (43). Todos los Estados han manipulado o manipulan, en diversos grados, la religión tras objetivos que no tienen nada que ver con las creencias. Los papas y los reyes cristianos han manipulado la religión cristiana para justificar a veces las cruzadas, a veces la expansión colonial. Hoy en día Israel manipula la religión para justificar su implantación en el corazón del mundo árabe y la colonización judía en Cisjordania, Gaza y sobre la meseta de Golán. Ayer los Estados Unidos utilizaban a los "voluntarios musulmanes" para enfrentar a los soviéticos en Afganistán. Los Estados árabes no constituyen la excepción: utilizan el Islam en su estrategia de controlo de supervivencia. Los islamistas, por su parte, se sirven del discurso religioso para cambiar el poder constituido o acceder a él.

De hecho, los islamistas y los anti-islamistas están de acuerdo en asignar al Islam funciones nuevas, no religiosas:

1) Refugio de la identidad de sociedades desestructuradas por una modernidad sin control, pervertida y traicionada que B. Ghalioun califica como "Iumpen modernité" (44).

2) Instrumento de movilización y palanca de oposición para fuerzas sociales que solamente pueden expresarse en los espacios protegidos de las mezquitas.

3) Trampolín para todos quienes quieren tomar el poder.

Es evidente que tales funciones no tienen nada de religioso. Ellas son de orden político y religioso. Por consiguiente, debe recurrirse a las ciencias sociales para comprender lo que acontece en Argelia o en otros lugares y no a un pretendido "esencialismo islámico", es decir a una religión supuesta inmutable y desconectada de su contexto histórico (45). Por ello Bernard Botiveau y Jocelyne Césari tienen razón al intitular su libro "Géopolitique des islams", en plural, para destacar que las políticas de los Estados-actores musulmanes se inscriben en el tiempo y el espacio y corresponden a lógicas políticas diversas, que no tienen nada que ver con una visión esencialista de las culturas que definiría belicosas y violentas a unas (Islam: ¿religión de la espada?) y pacíficas a otras (Cristianismo: ¿religión de la paz?) (46).

El temor en Europa constituye un prisma peligroso para aprehender las realidades del mundo árabe-musulmán, puesto que "deforma la mirada" (47) dirigida hacia los musulmanes exteriores (Ios países musulmanes) y los musulmanes interiores (los inmigrados) bajo el pretexto de que detentan cuatro diferencias: son musulmanes; son árabes, beréberes o turcos; son subdesarrollados y son numerosos. Y, además, son vecinos. Ello no solamente desvirtúa la mirada sino también deforma la concepción que tiene Europa de la seguridad, en la que las nociones de "administración policíaca" y de cordón sanitario frecuentemente se imponen sobre el enfoque colectivo, global, no militar de la seguridad.

Conclusión

De 1945 a 1989 el status estratégico del espacio mediterráneo se definió globalmente en el marco de un orden militar internacional bipolar, el que se concretizó por una presencia militar permanente de las dos superpotencias mediante armadas o bases instaladas en los países ribereños. Durante este período el mundo bipolar llegó más o menos a estabilizarse por medio de Ia disuasión nuclear recíproca y el pensamiento geoestratégico dominante asimiló completamente la seguridad al poder militar.

Desde 1989 todo se ha trastocado: el orden bipolar desaparece y con él sus ex-enemigos característicos. Pero el fin del equilibrio bipolar abre un imprevisible período de incertidumbre caracterizado por el estallido de conflictos interétnicos (particularmente en ex-Yugoslavia), el recrudecimiento de integrismos religiosos (enArgelia e Israel), a la vez que se agudizan los problemas económicos y sociales en el espacio mediterráneo. Este, anteriormente atravesado por la oposición Este-Oeste lo está en adelante por la contradicción Norte-Sur. El eclipse de la primera oposición hace aparecer la segunda con mucha fuerza. En el norte se empieza a hablar de la "amenaza del Sur" poniendo en pie de igualdad verdaderas amenazas, riesgos reales y simples problemas: inmigración, tráfico de droga, islamismo, armas de destrucción masiva.

En esta nueva percepción de las "amenazas" el extremismo religioso, musulmán sobre todo, ocupa un lugar central, suscitando en el Norte un clima cultural cargado de desconfianza y de temor. En este clima la cuestión de las migraciones intra-mediterráneas reviste un carácter eminentemente geopolítico. Pero por más que el integrismo islámico suscite mayores titulares que la China en la prensa occidental, no detenta similar peso político, geoestratégico o económico. Al contrario, lo que expresa es más bien un fracaso.

Ahora bien, lo que he tratado de demostrar en este texto es que el extremismo religioso, sea cristiano, judío o musulmán, traduce más la manipulación de la religión que un retorno a lo religioso y que es producto de un contexto histórico particular. Así el partido ortodoxo sefardita israelí, el Shass, ha nacido a comienzosde los años 80 reclutando sus adeptos en los ambientes judíos orientales, tradicionalistas, socialmente marginalizados, en un universo en el que la fuerza tradicional (el partido laborista) se confundía con el establishment ashknaze y favorecido. En el caso de los países árabes y musulmanes, el islamismo es vástago de una época marcada por la crisis económica y el autoritarismo de los regímenes. Es pues sobre estos dos aspectos que se deberían centrar todos los esfuerzos si se quiere garantizar la seguridad de todos los que habitan los bordes del Mediterráneo. Más desarrollo, más democracia, estos son los principales componentes de una seguridad mediterránea fundada en las convergencias culturales y no en el choquede culturas.

Desde este punto de vista, el Mediterráneo, podrá constituir un vínculo y no un límite: es decir, podrá ser la prolongación de Europa hacia el Sur y el Este y, a la vez, la prolongación de los mundos árabe y turco hacia el Norte (48). El prejuicio que define Europa por la tradición judeocristiana conduce a la exclusión de los albaneses, kosovares, bosnios y turcos. Prejuicio que se basa, por lo demás, en tres negaciones u ocultamientos:

1) En primer lugar, desconoce la misma historia de Europa, ya que la filosofía y la ciencia musulmanas han cumplido un rol capital en el desarrollo de dicha historia.

2) En segundo lugar, este prejuicio ignora inclusive la naturaleza de la herenciaespiritual occidental: la herencia bíblica no ha engendrado dos sino tres tradiciones religiosas: la judía, la cristiana y la islámica.

3) Finalmente, tal prejuicio está sustentado en un desconocimiento del Islam en sus variantes árabe, turca, iraní, mas también asiática y africana.

Para garantizar una seguridad integral y no militarizada del Mediterráneo, la acción decisiva debe ejercerse en el incremento de las oportunidades de intercambio cultural, el progreso económico y la calidad de las instituciones. El diálogo interreligioso no puede aportar una contribución si no va acompañado por una enseñanza de la historia comparada de las religiones de una auténtica hermenéutica que es "el arte del cuestionamiento" (49) y de una superación de los dogmatismos para aprehender al Otro, no como un adversario religioso, sino como un colaborador en la construcción de la paz.

Notas
1 Si la política ha sido acaparada por lo religioso, la dinámica inversa es aún más cierta: el Islam iraní no ha salido indemne de la experiencia de una extrema politización. y si ha servido para elaborar teorías de la revolución, hoy el Islam es utilizado por teólogos y filósofos para pensar la salida de la revolución y el proceso hacia la democracia. Esta tesis es sustentada en la obra de Farhad Khorsrokhavar y Olivier Roy: Iran : comment sortir dune révolution religieuse, Seuil, París, 1999.
2 Respecto al Islam, ver el artículo de Olivier Roy : "De Islam révolutionnaire au néo-fondamentalisme., in Esprit", julio-agosto 1990, pp.5-14.
3 Un cronista anónimo: L Histoire anonyme Pierre Tudeborde : L Histoire de Hieroslymitano itinereRaymond dAguiJers : Historia Francorum qui ceperunt Jherusalem Citados por Jacques Heers : Le siege de Jérusalem , in Historia, n° 630, junio 1999, p.45.
4 Sibt AI-Jawzi : Mirat al zamá.n fi tarikh al-ayá.n, 1er vol., ed. Universidad Umm al-Qura, 1987,pp.323-325. traducido por Mohsen Isma.il : Historia. op.cit., p.51.
5 Máxime Rodinson : Islam et Capitalisme, Seuil, París, 1966, p.216.
6 Jean Richard : Histoire des Croisades, Fayard, París, 1996, p.109.
7 C. Morrison : op.cit., p.118.
8 Introducción de Danielle Régnier-Bohler in Croisades et pélerinages, op.cit., p.XVIII.
9 Citado por Jean-Marie Ronart : arl. cit.
10 Según Robert le Moine, citado por Steven Runeiman, Histoire des Croisades : la premiere Croisade et la fondation du royaume de Jérusalem, ed. Dagorno, París, ed. francesa 1998,p.146.
11 Marc Bergé : Les Arabes, Ediciones Lidis, París, 1978, p.158.
12 Bernard Lewis : Les Arabes dans IHistoire, Aubier, París, 1993, p.184.
13 André Miquel : L Islam et sa civilisation, Vlle -XXe siecle, Armand Colin, París, 1977, p.194.
14 Los musulmanes de Irán, Irak e India han permanecido en su conjunto extranjeros al conflicto, mientras que los "Emires" musulmanes de España debían ante todo hacer frente a la "reconquista".
15 Claude Cahen : op. cit., p.216.
16 John L. La Monte: "Crusade and Jihad", in N.A. Faris (ed.) : the Arab Heritage, reimpresión N.Y, Russell and Russell, 1963, p.197.
17 Ahmad Bagíg : lrakand the Crusaders, Magnus bookst Kuala Lumpur, 1991, 312p.
18 Amín Maalouf : Les Croisades vues par les Arabes, Lattes, Paríst 1983, p.304.
19 Maxime Rodinson : La tolérance en Islam ., Panoramiques, n° 29, 1997, p.219.
20 Mohamed Charfi : Islam et liberté: le malentendu historique, Albin Michel, París, 1998, p.188.
21 Cf. Bichara Khader : L Europe et le monde arabe, cousins, voisins, Publisud, París, 1992.
22 Cécile Morrison: " Lheure des bilans ", in Les collections de IHistoire: Le temps desCroisades, n° 4, febrero 1999.
23 Sobre el informe Europe-Sionisme-Palestine, cf. Bichara Khader: L Europe et la Palestine, des croisades a nosjours, lHarmattan, Fides et labor, París, 1999 (en prensa).
24 L.F. Richardson : Arms and insecurity: a mathematical study of the causes and origins of war, Pittsburgh, Boxwood/Chicago, 1960.
25 Esto ha sido brevemente esbozado por Pascal Lorot et Franyois Thual : Géopolitique,Montchrestien, París, 1997, pp.68-71.
26 Franyois Thual : Géopolitique du chiisme, Arléa, París, 1995.
27 Interview enLe Vif-Express, Bruxelles, 2.7. 1999, p.32.
28 Cf. Christine de Montelos : Le Vatican et léclatement de la Yougoslavie, P.U.F., París, 1999,pp.188-189.
29 Cf .el artículo de Christophe Chiclet : La Turquie et les Balkans, in obra colectiva: Regardssur les ambitions turques, ed. Syllepse, París, 1999, pp. 110-118.
30 op.cit., p.70. Recordemos que el nacionalismo serbio ha escogido como mito fundador una derrota, la de Kósovo en 1389. Kósovo, se repite en Belgrado, es "nuestra Jerusalén: la cuna de la nación". Mas los serbios no son los únicos expertos en el arte de manipular las memorias colectivas y el sentimiento religioso.
31 Primo Levi : Se questo é un uomo, Einaudi, Turin, 1958 (traducción francesa : Laffont, París,1996, p.9)
32 Claude Liauzu : L Islam et lOccident. Arcantiere, París, 1989, p. 17.cf
33 Hicham Djalt : L Europe et llslam, Seuil. París, 1978, p.21.
34 Pierre Chaunu : " Les Arabes font aussi partie de IOccident ", in Hérodote, enero-junio 1991,pp.41-46.
35 Cf. el número de la revista francesa Commentaire sobre "el choque de civilizaciones", n° 66,verano 1994.
36 Edward Sa.jd : Des intellectuels et du pouvoir, Seuil, París, 1996, p.11.
37 Seuil, París, 1996, p.48.
38 S. Huntington : "the clash of civilisations ?" in Foreign Affairs, vol.72, n° 3, 1993.
39 Fouad Ajami : in Foreign Affairs, vol.72, n° 4, 1993
40 Mariano Aguirre : "guerres de civilisation". in Monde Diplomatique, dic. 1994.
41 Pierre Hassner : " fin des certitudes ", in Ramses 2000, Ifri, Dunod, París, p.43.
42 Abderrahim Lamchichi : L islamisme en question(s), LHarmattan, París, 1998.
43 Mohammad Arkoun: "Entretien avec Mohammad Arkoun", Revue Tiers-Monde, julio-setiembre1990, p.501. también Mohammad Arkoun : Islam, morale et politique, Desclée deBrouwer, París, 1996.
44 Bourhan Ghalioun : Islam et Politique : la modemité trahie ; La Découverte, París, 1998.
45 Bichara Khader : La résurgence islamiste dans le monde arabe ", in La Revue Générale, n°3, Bruselas, 1993.
46 Bernard Botiveau y Jocelyne Césari : Géopolitique des islams, Economica, París, 1997.
47 Jocelyne Césari : Faut-il avoir peur de lIslam ?, Presses des Sciences Politiques, París,1997, p.33.
48 Bichara Khader: L Europe te la Méditerranée: géopolitique de la proximité J LHarmattan,París, 1995.
49 Mohammad Arkoun : " Du djalogue inter-religieux a la reconnaissance du fait religieux .,Diogene, n° 182, abril-junio 1998, p.113.
* conferencia al centre associat de la uned de terrassa dins el marc de la universitat destiu 12.7.00.
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