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Jerusalén, la delgada línea roja

Arafat sabía que no podía ceder nada en el tema de los derechos palestinos

02/02/2001 - Autor: Agencia Islámica de Noticias - Fuente: Webislam
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Arafat sabía que no podía ceder (Foto english.people.com.)
Arafat sabía que no podía ceder (Foto english.people.com.)

Tenía que ocurrir. El así llamado proceso de paz tenía por lógica que llegar a su fin cuando finalmente se abordara la cuestión de Jerusalén. Jerusalén nunca ha sido un asunto negociable. A pesar de su debilidad y de las presiones norteamericanas e israelíes, Arafat sabía que no podía ceder nada en el tema de los derechos palestinos en este asunto. No importa aquí tampoco cuál sea la actitud de los regímenes árabes. Sus pueblos nunca admitirán ninguna cesión de los derechos históricos legales que tienen sobre Jerusalén.

Yaser Arafat fue lo bastante honesto como para confesar a Clinton que si le presionaba para ceder derechos sobre Jerusalén, en realidad estaría obteniendo una invitación para su propio funeral. Nadie mejor que Arafat podía conocer los sentimientos de su pueblo. La violación, por parte de Ariel Sharon, de los límites de la Explanada de las Mezquitas fue un acto de provocación que dio origen a la que se ha venido en llamar la intifada de Al Aqsa. Los gobernantes árabes, que se han mantenido alejados durante largo tiempo del sentir de sus propios pueblos, fueron tomados por sorpresa. Quizás el mejor ejemplo del aislamiento de los regímenes musulmanes con respecto a sus propios pueblos fue su intento de celebrar una cumbre para discutir lo que hacer en el tema de Jerusalén. Ellos anunciaron el encuentro para dar la impresión de que estaban coordinando su posición sobre el tema, pero lo retrasaron dos semanas con la esperanza de que el problema desaparecería por sí solo en ese tiempo. Eso hubiera hecho las cosas más fáciles para ellos por cuanto sólo habrían necesitado el tipo de retórica habitual en orden a apaciguar los sentimientos de su población, que inevitablemente acabarían enfriándose. Sin embargo, los hechos que han tenido lugar son muy significativos por cuanto muestran que, a pesar de lo mucho que el espíritu de resistencia entre los árabes y los musulmanes pueda haber sido debilitado por los reveses anteriores y la labor de las dictaduras que les oprimen, éste siempre resurge con fuerza para defender los derechos inalienables sobre Jerusalén y Palestina.

La nueva intifada ha sorprendido también a los israelíes que creían que, con la ayuda de la Administración Clinton, Arafat o los palestinos podrían ser presionados de tal modo que renunciaran a tales derechos. Para ello contaban también con la soledad de los palestinos. Egipto y Jordania ya han dejado claro que no desean una confrontación, ni siquiera por Jerusalén. Siria está todavía intentando llenar el vacío dejado por el fallecimiento de Hafez el Asad. No existe ningún movimiento que cuente con un liderazgo fuerte, aparte de Hezbollah en el Líbano. Gracias a la ayuda norteamericana, el balance de poder militar en la región es netamente favorable a Israel. Así pues, todo invitaba a pensar que los palestinos podían acabar cediendo ante Israel. O eso deben haber pensado los sionistas y los que les apoyan.

Los sionistas han codiciado siempre Jerusalén. Bajo la resolución de la ONU que decidió unilateralmente la partición de Palestina en 1947, la totalidad de la ciudad de Jerusalén o Al Quds, así como las áreas que la rodeaban, iban a constituir un sector internacional, bajo una administración también internacional. Los sionistas aceptaron verbalmente tal resolución, pero no mostraron ninguna señal de querer aplicarla en la práctica. Por el contrario, en la guerra de 1948 los israelíes intentaron ocupar las zonas de Jerusalén que la citada resolución había asignado a los árabes y palestinos. Sin embargo, la guerra terminó en un armisticio antes de que ellos hubieran logrado alcanzar este objetivo. A pesar de todo, los sionistas lograron el control de lo que hoy ha venido en llamarse Jerusalén Occidental. La Ciudad Vieja, o sea Jerusalén Oriental, permaneció en manos árabes hasta 1967, fecha en que fue invadida por los israelíes.

Cuando el presidente egipcio Anuar el-Sadat firmó el tratado de Camp David con los israelíes en 1979, el asunto de Jerusalén quedó postergado hasta unas posteriores discusiones entre palestinos e israelíes. Asimismo, cuando Arafat firmó los acuerdos de Oslo, el tema de Jerusalén fue de nuevo dejado para más adelante. Sin embargo, al cabo de un tiempo las negociaciones sobre el estatuto final de los territorios ocupados se hicieron perentorias y la cuestión acabó por aparecer. Con una fecha límite siguiendo a otra y con la negativa de los israelíes a restituir a los palestinos los derechos sobre la ciudad que tanto la historia como el Derecho Internacional (especialmente las resoluciones 242 y 338) les confiere, la explosión era inevitable. Era necesaria sólo una chispa (la provocación de Ariel Sharon) para el estallido. La ciudad de Jerusalén está dividida hoy en tres partes: la Jerusalén Occidental, la Jerusalén Oriental y la Ciudad Vieja. Esta última representa poco más de un kilómetro cuadrado en el corazón de la vieja municipalidad jordana, que se extiende sobre un área de unos 6 kilómetros cuadrados. Es en esta zona donde se encuentra la Explanada de las Mezquitas y donde los palestinos desean instalar su capital definitiva. Ninguna parte de ella ha pertenecido nunca a los israelíes o a los judíos, ni siquiera el así llamado Muro de las Lamentaciones, uno de los lugares más sagrados para los judíos. En 1937, una comisión establecida por la Sociedad de Naciones, la antecesora de las actuales Naciones Unidas, determinó que el área del Muro de las Lamentaciones pertenecía a los musulmanes. En la cumbre de Camp David II se sugirió que la soberanía sobre la Explanada de las Mezquitas podría ser otorgada a los palestinos. Pero los israelíes no aceptaron este punto. En un determinado momento se sugirió que la soberanía podría ser dividida en dos: la soberanía sobre la superficie, que sería para los palestinos, y la soberanía del terreno que se encuentra debajo de la superficie, que correspondería a los israelíes.

Naturalmente, esta sugerencia muestra los extremos absurdos a que pueden llegar aquéllos que desean cualquier tipo de acuerdo que legitime la ocupación israelí de Jerusalén. Para los palestinos, esto sería como si se les intentara vender el tejado de una casa, sin adquirir ningún tipo de propiedad sobre su estructura, suelo o el aire que existe entre las paredes.

Por su parte, ni Arafat ni la Autoridad Nacional Palestina han sacado a colación el tema de la parte occidental de Jerusalén, ocupada por los sionistas en 1948. Sin embargo, la mayoría de la tierra de esta área perteneció a los árabes. Muchos de sus lugares sagrados, tanto cristianos como islámicos, fueron destruidos con el fin de judaizar la ciudad. Un ejemplo claro de esto es el sitio que ha sido escogido por los norteamericanos para levantar su Embajada, cuando ésta acabe por trasladarse a Jerusalén. Este solar, de unos 31.000 metros cuadrados de extensión, está situado a unos dos kilómetros de la Ciudad Vieja. EEUU ha obtenido esta tierra a través de un contrato de cesión, firmado con el Estado de Israel. Cabría preguntarse, sin embargo, si Israel tiene derecho a ceder una tierra que nunca le ha pertenecido. Los registros muestran que durante el mandato británico sobre Palestina, esta tierra fue arrendada al gobierno británico con el fin de que éste construyera en ella barracones militares para sus tropas. El gobierno británico pagó durante años la renta a sus legítimos propietarios. La parte menor de ella era propiedad de 19 familias árabes, mientras que la parte mayor era una donación hecha en 1724 por Muhammad ibn Muhammad al-Jalili. En 1948 los beneficiarios de esta donación eran 76 personas físicas palestinas, que junto con las 19 mencionadas familias, eran quienes recibían en ese tiempo la renta de las autoridades británicas. En la actualidad, el número de herederos de aquellas personas ronda la cifra de 1.000.

¿Cuál es el actual estatuto jurídico de esta tierra sobre la que se levantará la nueva Embajada de EEUU en Israel? Hay que señalar a este respecto que ella es simplemente tierra robada por Israel y cedida posteriormente al gobierno de EEUU. Esto coloca a éste último en la posición de recibir tierra robada. Ni Israel tiene derecho a ceder esa tierra, ni EEUU lo tiene a aceptarla.

No se entiende en este punto por que la Autoridad Nacional Palestina no actúa en los tribunales norteamericanos para anular dicho acuerdo. Esto colocaría, sin duda, al gobierno norteamericano en una posición sumamente incómoda.

En lo que se refiere a Jerusalén Oriental, ésta es una zona que ha crecido sustancialmente durante los años de la ocupación, hasta alcanzar en la actualidad unos 73 kilómetros cuadrados. Israel ha creado asentamientos judíos en toda esta área con el fin de apoderarse de ella definitivamente. Por otro lado, ha llevado a cabo políticas para mantener a la población árabe bajo control. Se trata, en suma, de una política de hechos consumados que equivale a una verdadera limpieza étnica. Los israelíes sostienen que los palestinos no pueden esperar el retorno a las fronteras que existían en 1967, a pesar de lo que establecen las resoluciones de la ONU. En lo que se refiere a los árabes, ellos deberían recordar que cuando se han comprometido realmente a luchar por sus derechos han obtenido éxitos. Así sucedió en la Guerra de Octubre de 1973, cuando la ofensiva egipcia y siria tomó por sorpresa a los israelíes y destruyó el mito de su invencibilidad. Otro tanto cabe decir de Hezbollah, cuya larga lucha de resistencia con el invasor acabó proporcionándole una clara victoria el año pasado, al obligar a las tropas israelíes a retirarse del Líbano.

La intifada de finales de los años ochenta convenció a los israelíes de acudir a la mesa de negociaciones y sentarse con los que en otro tiempo calificaba de “terroristas”, a sabienda de que un movimiento popular de este tipo es imposible de controlar.

En el día de hoy lo que más preocupa a Israel es el amplio movimiento de protestas que tiene lugar en el mundo musulmán. Si estas protestas e indignación son canalizadas de una forma que dañe directamente los intereses israelíes, o los de sus patrocinadores norteamericanos, ello obligaría a Israel a adoptar un enfoque más realista.

Sin embargo, la mayoría de los regímenes árabes continúa dependiendo de EEUU para su propia existencia. Ellos son sumamente vulnerables a la presión norteamericana. Al estar aislados de sus pueblos, estos regímenes sienten que no pueden sobrevivir sin el apoyo estadounidense. Por lo tanto, su posición no puede ser más débil. ¿Cabe ver una imagen más denigrante y patética que la de la policía egipcia impidiendo a los estudiantes manifestarse en las calles de El Cairo y otras ciudades egipcias en favor de los palestinos? Cuando los manifestantes irrumpen en las calles son reprimidos por la policía, como si el hecho de manifestarse a favor de Palestina o en contra de Israel fuera un delito. Muchos se preguntan a quién está realmente protegiendo la policía egipcia.

Otro tanto podría decirse de lo que ocurre en Jordania. Es mucho lo que los árabes, los palestinos y los que simpatizan con ellos pueden hacer. EEUU habla a menudo del Derecho Internacional en los lugares donde le interesa. ¿Por qué no recordarle que existen otros, como Jerusalén, donde esas mismas normas internacionales son violadas de continuo? Cabría recordar también a EEUU que posee muchos intereses económicos en el mundo árabe y musulmán que podrían resultar dañados, a través por ejemplo de un boicot, si continúa actuando como el protector de Israel.

El aspecto más importante a destacar es que la reacción de los pueblos árabes y musulmanes ha demostrado que los derechos de los palestinos no van a ser abandonados. El mantenimiento de esta postura requerirá, sin duda un notable esfuerzo y también sacrificios. Sin embargo, no cabe duda de que, al final, la liberación de las tierras palestinas será conseguida, con independencia del tiempo que sea necesario.

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1 Comentarios

Daniel Rodriguez dijo el 12/10/2015 a las 20:34h:

hasta donde tengo entendido jerusalem no aparece en el coran entonces no se porque pelean tanto, y porque muchos palestinos viven en la zona israeli? el problema en medio oriente nunca acabara porque los judios quieren el pais y los arabes tambien, y esa lucha contra el poder terminara por acabar todo, no es lindo qu los ninos de ambos crezcan con odio hacia el otro, porque no pueden estar en paz en el mismo territorio y ya? pero es imposible con ciertos arabes ellos se les nota el odio en los ojos, y muchas veces son personas que no tienen corazon. como puede alguien matar y sacarle el corazon a otro ser humano semejante a el y exhibirlo al mundo entero??, creo que el odio que sienten por algo que nadie sabe si es real o no, esta apoderado de ellos, muchas veces es mejor dejar atras todo y comenzar de nuevo, paises arabes hay muchos porque no puede ceder 1 solo a los judios ? dios nos enseno a compartir ....


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