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Wahabismo versus Islam (3)

¿Por qué, entonces, los Wahabis destruyen esos lugares?

05/01/2001 - Autor: Ayub Sabri Pasha - Fuente: Webislam
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Cartel de líderes wahabies (Foto alsunna.org)
Cartel de líderes wahabies (Foto alsunna.org)

Tercera parte

¿Por qué, entonces, los Wahabis destruyen esos lugares?

Cuando leemos el Sagrado Corán de manera atenta e imparcial, es fácil observar que muchas aleyas expresan (ta’zim) respeto por el Mensajero (s.). En la Surat al-Huyurat (49) se declara:

"¡Oh aquellos que creéis! ¡No os adelantéis a Allah y a Su enviado y temed a Allah! ¡Allah todo lo oye, todo lo sabe! ¡Creyentes! ¡No elevéis vuestra voz por encima de la voz del Profeta! ¡No le habléis en voz alta, como hacéis entre vosotros! Os expondríais a hacer vanas vuestras obras, sin daros cuenta.

Quienes bajan la voz en presencia del Enviado y de Allah, son aquellos cuyos corazones Allah ha probado con Su taqwa. Él olvidará sus pecados y les otorgará una grandísima recompensa.

La mayoría de los que te llaman desde fuera de tus habitaciones privadas, son gentes sin conocimiento. Más les valdría esperar a que tú salieras donde ellos se encuentran. Allah es Indulgentísimo, Misericordioso".

(aleyas 1 a 5)

Es evidente, para aquel que lee y reflexiona sobre estas cinco aleyas, lo mucho que Allah Altísimo pide que se respete (ta’zim) a Su amado Profeta (s.) y la importancia de Su orden a la Ummah, para que seamos respetuosos y modestos ante él. La importancia de ello puede medirse por la recompensa que obtiene quien se dirige al Mensajero (s.) en un tono bajo y respetuoso. Estas aleyas descienden como una reprimenda para los setenta miembros de la tribu de Banu Tamim, quienes habían interpelado al Profeta (s.) en Medina, gritándole irrespetuosamente, desde el exterior de su casa.

Los Wahabis dicen hoy que ellos pertenecen a la tribu de Banu Tamim. Quizás fue por esa razón que el Mensajero de Allah (s.) dijo señalando a la región del Nayd:

"La gente violenta y tortuosa está en el Este y desde allí comenzará el Satán su labor de desunión."

Otro de los nombres que se utiliza para designar a los Wahabis es "Naydis", ya que provienen del país de Nayd, en el Este de la península arábiga.

La desunión anunciada en el hadiz mencionado, llegó doce siglos después, cuando los Wahabis procedentes del Este, llegaron al Hiyaz arrebatando las posesiones a los musulmanes, matando a los hombres y esclavizando a las mujeres y a los niños, cometiendo peores actos que los cometidos jamás por los incrédulos. En las aleyas anteriores, la reiteración de la frase: "¡Oh aquellos que creéis!" muestra que todos los musulmanes, a lo largo de los siglos, hasta el Último Día, están obligados a ser respetuosos con el Mensajero (s.). Si la orden hubiera sido dirigida a los compañeros únicamente, habría dicho: "¡Oh compañeros del Profeta!", de la misma forma que el Corán especifica: "¡Oh esposas del Profeta!" y "¡Oh gentes de Medina!". Esta misma frase: "¡Oh aquellos que creéis!" viene en las aleyas que establecen la oración obligatoria, el ayuno, la peregrinación, el zakat (impuesto) y otros actos de adoración (‘ibadat) obligatorios (fard) para todos los musulmanes hasta el Día del Juicio. Así pues, la idea Wahabi de que "El Profeta debía ser respetado mientras estaba vivo, pero no se debe manifestar ningún acto de respeto o petición de ayuda tras su muerte", no tiene fundamento a la vista de estas aleyas.

Las aleyas anteriores indican que también es necesario mostrar respeto (ta’zim) hacia otras personas cercanas a Allah.

La aleya 104 de la sura Al-Baqara dice: ¡Oh aquellos que creéis! No digáis "Râ’inâ" (¡Venos!) (al Profeta), decid "Undurnâ" (¡Mira por nosotros) y escuchad ! (las órdenes de Allah).

Los creyentes solían decirle al Profeta (s.) "Râ’inâ" (Mira por nosotros) pero "Râ’inâ" también significa "arruinar", "estropear" en hebreo y los judíos usaban esta palabra para dirigírsela al Profeta (s.) en este sentido. Al tener este doble significado, Allah Altísimo prohibió a los creyentes su uso, protegiendo así al Profeta (s.) de que se le faltase el respeto. Para que esta orden abarcase a todos los musulmanes hasta el fin de los tiempos, utilizó la frase: ¡Oh aquellos que creéis!.

En la aleya 33 de la Surat ul-Anfal (8), Dios Altísimo declara: "Dios no les castigará mientras tú estés con ellos." Y promete no castigarles hasta el fin del mundo. Está aleya contradice la afirmación Wahabi de que el Profeta murió y se transformo en polvo.

Ellos destruyen los lugares benditos heredados del Mensajero de Allah (s.) Dicen que estos lugares hacen a la gente caer en el politeísmo. Si fuera politeísmo rezar a Allah Altísimo en los lugares sagrados, Él no habría ordenado acudir al Hayy (peregrinación a la Meca); el Mensajero de Allah (s.) no habría besado la Piedra Negra (Al-Hayyar al-Aswad) mientras realizaba el tawaf (las circunvalaciones rituales a la Kaaba, La Casa de Allah); nadie debería rezar en ‘Arafat y en Muzdálifa, lanzar piedras en Mina y caminar entre Safa y Marwa y estos lugares santos no deberían haber sido respetados.

Cuando Sa’ad ibn Ma’az, el cabecilla de los Ansar, llegó donde los musulmanes estaban reunidos con el Profeta (s.), éste dijo: "Poneos en pie ante vuestro líder."

Esta orden pretendía hacer los honores a Sa’ad. Es un error decir que venía motivada por que Sa’ad estaba enfermo y necesitaba que se le ayudase a bajar de su montura. Si así hubiese sido, el Mensajero (s.) habría dirigido su orden a uno o dos de ellos y le habría llamado Sa’ad y no "vuestro líder".

Cada vez que ‘Abdullah ibn ‘Umar iba de Median a la Meca para realizar el Hayy, paraba y rezaba y suplicaba en los santos lugares en los que el Mensajero se había sentado, esperando obtener bendiciones por ello. Solía poner sus manos en el mimbar (púlpito) del Mensajero de Dios (s.) y después las pasaba por su rostro.

También Imam Ahmad ibn Hambal solía besar el mimbar, para obtener bendiciones (tabarruk)

Los Wahabis dicen, por un lado, que son Hambalis, pero por otro, califfican de politeísmo lo que hacía el Imam del madhab que dicen seguir. Luego su pretensión de ser Hambalis es falsa.

El Imam Ahmad Ibn Hambal puso la camisa de Imam As-Shafi’i en agua y luego bebió de esa agua, para obtener bendiciones. Hadrat Jalid ibn Zaid Abu Ayub Al-Ansari restregó su rostro contra la bendita tumba del Mensajero de Dios y, cuando alguien le pidió que se levantase, dijo: "¡Déjame! No he venido hasta aquí pos el suelo o las piedras de este lugar, sino para obtener audiencia del Mensajero de Allah."

"Los compañeros solían buscar bendiciones en las cosas que habían pertenecido al Mensajero (s.): el agua que él usaba para hacer la ablución, su bendita camisa, sus zapatos, su anillo, en resumen, por acariciar cualquiera de las cosas por él utilizadas".

Hadrat Umm Salama, la Madre de los Creyentes, tomó un pelo de su bendito cabello (s.). Cuando llegaba a ella alguien enfermo, ponía este pelo en agua y daba de beber esta agua al enfermo. La gente solía beber en su bendito vaso (s.) para obtener salud. La tumba de Al-Bujari olía a almizcle y las gentes solían coger tierra de allí para obtener bendiciones.

“Los ‘ulama’ del hadiz y del fiqh toleran estos actos y los consideran legítimos, pero los Wahabis los prohiben y califican de politeísmo e incredulidad." (Al-Usul al-arba’a, parte I)

En tiempo de los Sahaba y de los Tabi’un (la segunda generación de seguidores del Profeta) y hasta el final del primer milenio, hubo muchos awliiah y sulahâ (plural de Sâlih: recto, pío). La gente solía visitarlos y obtener bendiciones de ellos y también os ruegos que pedían a Allah a través de ellos. No era necesario pedir tawassul (intercesión) de los muertos o conseguir bendiciones (tabarruk) de cosas sin vida. Que esas acciones fuesen raras en esos días, no quiere decir que estuviesen prohibidas. Si hubiesen estado prohibidas, habría surgido gente previniendo contra ellas, pero ningún ‘alim (sabio) lo hizo.

Con el comienzo de los Últimos Tiempos, se han incrementado las innovaciones (bid’a) en el Din y el descreimiento. Los jóvenes han sido defraudados por los enemigos del Islam disfrazados de autoridades científicas y religiosas y, debido al éxito obtenido por la irreligiosidad y la apostasía, los dictadores y los tiranos, esclavos de su ego, han dado gran apoyo a estas corrientes. El número de ‘ulama’ y de awliia’ ha decrecido considerablemente y se ha convertido en algo obligatorio acudir a las tumbas y a los objetos heredados de los awliia’ para obtener bendiciones.

Los ‘ulama islámicos son unánimes al considerar que estas prácticas son legales y no deben ser dificultadas por los gobernantes. Los escritos de los ‘ulama sobre este asunto están recogidos en Ad-Durar as–Saniiah fir raddi ‘alal Wahabiiah de Ahmad ibn Zaini Dahlau, Egipto 1319 y 1347. Reproducción fotográfica de Isik Kitabevi. Estambul 1395 (1975).

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