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En el desierto de la modernidad

19/12/2000 - Autor: Saleh Paladini - Fuente: WebIslam
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Dunas

Y Jordi Pujol en el transcurso de un viaje oficial a la China dijo:

- "¡Oiga! ¡Que nosotros somos seis millones! ¿Eh?" - Y alguien le preguntó:

- "¡Ah!  ¿Sí? ¿Y en que hotel se hospedan?"

Y siguiendo con nuestra amiga la hormiga, resulta que un día fue al cine con un grupo de compañeras y ya empezada la sesión, apareció un elefante que se les sentó nada más y nada menos que… delante. ¡Por fortuna no encima, que bien pudiera haberlo hecho!

- "¡Oiga! ¡Oiga! ¡Señor elefante! ¡Mire usted que nosotras estábamos aquí ya de antes y que ahora no nos deja ver!"

- "Brrrrr" - respondió el paquidermo -

- "¡Oiga¡ ¡Oiga! Al menos póngase detrás."

- "Brrrrr" - otra vez -

Y entonces, como si fuera el rugir de la marabunta se arrojaron sobre él y cuando notó el cosquilleo, se levantó y sacudió bruscamente, quedando solitario un insecto ceniciento sujeto con sus pinzas a uno de los pelos de la espalda del mastodonte.

¡Ahógalo! ¡Ahógalo! ¡Ahógalo!… Le gritaron sus amigas desde abajo.

Y así puede que los lectores me vean, como un verdadero insensato.

Un auténtico desastre, tal cual me califica - ¡habitualmente!- mi propio padre.

Y la hormiga plateada sigue caminando por la alfombra y a veces no ve más que el color negro. ¡Sarcasmos de la vida! … Puesto que me encuentro en Africa, el Continente Oscuro, muy bien rodeado de esa piel con irisaciones donde reina la púrpura cual pirita. Piel quemada como el índigo en la noche.

Y por qué será que siempre el color negro se asocia con nefasto, funesto, infortunado, aciago, desventurado, desgraciado, desdichado, infeliz, triste, desafortunado, azaroso, duro, sombrío, adverso… Y por blanco, níveo, inmaculado, claro, positivo, cierto, seguro…

Y por el desierto de la modernidad me vi paseando.  Y pensé que yo debiera vivir siempre en una ciudad costera. Y en Mauritania, en el idioma oficial que hablan sus gentes - el hassaniya -, no existe más que una palabra para definir dos colores diferentes: el azul y el verde.

Esa palabra es "Ajdar".

¡Ah! ¡Habitantes del mar de arena! ¡Nómadas que extienden sus jaimas en el mar de los sargazos ocres! Ajdar: ¡Verde y azul! ¡Os comprendo muy bien! Pues desde Ceuta, en la columna que divisa el Mediterráneo y el Atlántico, uno se ve azul y otro verde, pero son un solo mar salino como las lágrimas de mis ojos cuando lloro o río.

- ¡Mejor los dos a la par!

- ¿Acaso te irías a vivir a Sevilla, a Granada o a Madrid?

- ¡Pues claro que sí!

- Allí hay dos mares, que son los ojos de un Ángel a quien conocí mirándome en su espejo.

- Y en su casa no fui un intruso.

- No me siento despechado en lugar alguno, pues mi hermano es el Sol y mi hermana la Luna.

- ¡Y sólo nunca!

Y me muerdo los labios para no pronunciar palabras que no salgan del corazón. Esas palabras que fluyen de la amargura del hígado no las quiero en el hueco de mi paladar, en la comunicación de la gente que amo.

Un viernes fui a visitar a un gran hombre que vive apartado. Lejos de todos. Me dijo:

"No salgo a la calle, no leo periódicos, no escucho la radio ni veo televisión por temor a enfadarme. Me Inquietan las consecuencias que puede traer consigo mi enojo ¿Acaso no sabes que Dios tiene bombas más potentes que la atómica, dispuesta para su gente cuando ésta se la pida? Hay hombres que podrían alzar el mar levantándolo sobre ciudades enteras en cualquier instante de una noche."

- Quien no ama en la distancia no ama en la presencia.

- No te pierdas, pero tampoco te halles mucho, que eso tiene mucho, pero que mucho, mucho peligro.

Y estoy en una tierra donde la gente no deja trazas. Almas que llevan en la memoria la inspiración de los poetas mientras viven en la vida de los hombres encarnando leyendas.

Y me siento sin familia pero dentro de la estirpe de los seres humanos.

Y entre ellos elijo a mis amigos. Almas al aire con corazones que se vigilan en los ojos del Tiempo que late en los pechos.

Y cada uno hace su propia elección de las palabras que guarda el diccionario. Y hay quien ha elegido la palabra "incertidumbre" como eje de su discurso. ¡Yo no!

- ¡Que mal llevo eso del destino!

- Un intruso en el aire que te invita al paseo de los tristes cuando se ríen.

- Colores y risas como mis fobias y mis filias. - ¡Pues toma, entonces, el Camino de Ronda! ¡So tonto!

Y me dijeron:

- ¡Sí! ¡Pero no aquí!

-  Y yo dije - ¡Sí! ¡Aquí también!

Y es que quieren que me quede - sólo (de solamente) - con la memoria de la historia, pero yo prefiero la Gloria, esta Gloria de estar vivo y de vivir, aunque me cueste la misma vida. Pues la vida es un discurso en el que impera el contenido y no su extensión.

Y detrás de cada casa hay un hogar pero de puertas afuera están los mercados y las Mezquitas, con sus gobiernos y fundaciones.

- La solución a la tristeza y la depresión está en la alegría de lo que se posee y se está viviendo.

- Y cuando no aguante más, podría ser que tenga la suerte de morirme.

- Y si no, a superar el cansancio una vez más y tirar adelante con las sandalias puestas o sin ellas.

- El caso es pasar sin darme cuenta de lo amargo, aunque sea por despiste.

- ¡Echándole azuquitar al café!

- Y es que en la fiesta de la carne, mientras más carne, mejor.

- Que mira que la vida no es nada divertida.

- ¡Bueno y qué!

- ¡Es que yo me he venido a Mauritania porque no encontré otra cosa mejor!

- ¿Y la guasona grandísima?

- ¿Miedo? ¿Quién dijo miedo?

- Eso es empezar a llorar sin saber por qué.

- Un canto a la vida que más que cantarlo habría que vociferarlo. Pero en todo momento.

¡Mauritania! ¡Ah! Saber vivir diciendo sandeces y haciendo tonterías.

Leyendo el pensamiento a quien ni siquiera piensa.

Porque escribir es abrir el corazón a un espejo donde se mira el Universo.  Y en la persecución de un milenio nuevo, como un ave de paso, patriarca de la vida en una primaria costumbre que se llama libertad y con muchas ganas de reír, libre como el aire y el viento, acaricié las alas de uno de esos seres etéreos y me pareció tan suave como la piel del desierto.

Y me sumé a la caravana de la vida con el mundo en las manos, desnudo y con los pies descalzos, para vivir donde los niños abren los ojos y descansan los ancianos.

Sé que hay un lugar donde se decidirá el futuro de mi universo. Y es el corazón. Ahí están mis raíces.

Me voy convirtiendo en un fruto del desierto, tenaz e implacable, donde la sequía no es precisamente el cultivo de la creatividad, sino su milagro.

Y hay un viento que sólo conocen los que se han montado en un camello porque subirse a la montura es prepararse para un largo viaje y sólo los que han viajado conocen este viento.

Vivir sabiendo que puedes morir en este momento preciso en el que estás leyendo esto. Eso te da la insolencia plena de no aferrarte a nada y estar por encima de todo suceso.

Y vivir sabiendo que puedes quedarte para un siempre-siempre en este planeta, es tener la posibilidad de estar enormemente satisfecho ante quien te otorga ese regalo, que es Allah. ¡Pase lo que pase! Que en pasando, se le saludará.

¡Esto es estar enamorado! ¡Esto es Vivir un enamoramiento!

- ¿A que merecemos una noche romántica?

- ¡Claro que sí!

- ¡Y tan larga como la noche ártica!


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