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A Propósito de ‘Halfawin’ y ‘La Goulette’

Entrevista a Farid Boughedir

15/12/2000 - Autor: Jordi Esteva - Fuente: Verde Islam 15
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¿Usted procede de Halfawin, el barrio popular que da título a su película más conocida?
F.B. Es el barrio de mi familia. Una zona de la medina de Túnez alejada de los zocos, de lo bazares para turistas y los monumentos. Es un barrio que ha permanecido intacto y en el que se sigue viviendo a la manera tradicional, también es el lugar más pobre de la medina y sus habitantes tienen fama de emplear un lenguaje vulgar y de no tener pelos en la lengua.
Su película desmentía la imagen de la sociedad árabe como rigurosa e intolerante, sin el mínimo intersticio para el placer o la transgresión.
F.B. Una de las cosas que quise mostrar en Halfawin es esta sociedad que funciona a dos velocidades. En apariencia tienen un aire muy puritano, con un dogma muy severo; en Europa, por otra parte, sólo hablan de eso desde hace unos años, pero en realidad la sociedad es más fuerte que el dogma. Tiene una forma muy profunda de tolerancia, a condición de que la persona que transgrede las normas muestre respeto a los otros, al cuerpo social. Si se cumple este requisito puedes hacer lo que quieras.
Esto aparece en una escena de mi película donde un zapatero que va a cantar en una fiesta necesita beber un trago para poder entonarse y, como el alcohol está prohibido por la religión, le pide a un amigo que le dé jarabe para la tos. Su amigo le sirve un vaso de un frasco que en realidad contienen buja, (aguardiente de higos), pero camuflado por la etiqueta que reza claramente: Vicks. El zapatero muestra el frasco al público y exclama: “Antes de cantar debo tomarme el jarabe, es una orden del doctor, ¡que Dios le perdone!”. Esta escena es importante porque el público tunecino sabía de sobra que se trataba de alcohol. No se trata de hipocresía, es una forma de elegancia por parte del zapatero. Es algo que yo he conocido muy bien: la tolerancia interna de la sociedad, a condición de no provocar. Quería mostrar el funcionamiento de una sociedad severa en apariencia pero que de hecho es muy sensual, está llena de humor y encuentra los medios para eludir las reglas.
La película está planteada como un juego y muestra que en la vida se puede jugar con los tabúes y los dogmas y seguir siendo aceptado; se puede vivir la vida de una manera lúdica. Por eso mi película es una comedia, a pesar de los momentos difíciles que atraviesa el niño protagonista. Halfawin narra la formación de la personalidad de un ser humano: de un momento muy delicado, el paso de la infancia a la adolescencia, y cómo en nuestra sociedad, ese tránsito lo marca el abandono del universo de las mujeres para entrar en otro mundo que es el de los hombres, separado por un foso cultural.
Para el niño, la expulsión de los baños, del hamâm de las mujeres, supone la expulsión del paraíso, la pérdida de la inocencia.
La imagen del hamâm es importante porque el hamâm es como el vientre materno. Ahí eres como un feto. Es un lugar húmedo, caliente y sombrío, donde estás a cargo de un ejército de mujeres que te lavan, te frotan y te hacen masajes. Es una experiencia muy sensual. Las mujeres tienen un sentido comunitario muy desarrollado y a veces te toma a su cuidado una total desconocida porque tu madre no da abasto con tanto crío.
El día en que te expulsan del universo de las mujeres es como un segundo nacimiento, más difícil, porque ahora se trata de afrontar el mundo de los hombres, que es mucho más rudo. Lo que he intentado fijar es ese momento de transición, ese no man’s land espiritual. El del niño expulsado por las mujeres, cuyo reino está en las casas, y aún no es admitido en el mundo de los hombres, que se centra en la calle. Está perdido, no sabe cuál es su sitio. Decide por tanto subir a las azoteas, y cobijarse bajo una cúpula blanca, que es como un seno materno o un gran vientre.
Su película ‘Halfawin’ llevaba por subtítulo “El pájaro de las azoteas”. En la sociedad tradicional árabe, las azoteas son un lugar por el que no es correcto aventurarse.
F.B. Son también un no man’s land, un lugar en el que no se debe permanecer demasiado tiempo, para salvaguardar la privacidad de los patios. Incluso cuando los pintores subían a las azoteas se anunciaban a pleno pulmón, para que las mujeres tuvieran tiempo de refugiarse en sus habitaciones y no las viera un extraño. Las mujeres suben a tender la ropa a las azoteas, donde salen de la sujeción de la casa y están a su aire. En la estructura de la ciudad árabe las azoteas están pegadas unas a otras. La medina árabe es un mundo puritano donde no está bien visto que las mujeres deambulen por las calles y, al mismo tiempo, es un mundo en el que se puede acceder a cualquier, sitio, de azotea en azotea, sin necesidad de ser visto. Se puede dar la vuelta al barrio entero sin necesidad de bajar a la calle. La sociedad ha inventado cuentos o fábulas que sirven para limitar esa libre circulación a lo desconocido.
Como por casualidad, las historias de ogros que se cuentan pasan a menudo en las azoteas, con la intención de evitar que las jovencitas deambulen por ellas. Por esta razón quise contar en mi película el cuento de ‘Aisha y el ogro.
La joven ‘Aisha se ha quedado sin lumbre y está sola en casa, ya que su padre ha partido a La Meca. Sube, pues, a la azotea a buscar fuego. Es algo muy simbólico, explicado por Abdelwahab Boudhiba en su estudio sobre el imaginario magrebí y los cuentos tradicionales. De hecho va a buscar el fuego que le falta: el amor. Deambula de azotea en azotea, hasta que a lo lejos divisa el resplandor de las llamas. Al acercarse, se asusta porque ve un ogro horroroso, vestido con piel de burro, que está guisando en una marmita un estofado de asno, que remueve con la pata del animal. ‘Aisha le pide fuego de sus brasas y el otro accede a condición de que se deje pinchar un dedo. Acepta y el ogro pincha a la joven con una aguja de oro. A continuación ‘Aisha coloca la brasa en su brasero (todo ello tiene evidentemente una segunda lectura erótica) y se va.
Azorada, no se da cuenta de que su dedo gotea y de que va dejando su rastro por las azoteas hasta llegar a la casa. Al día siguiente el ogro sigue el rastro, se presenta en la casa y pregunta a ‘Aisha: “Mi niña, qué es lo que tu tío el ogro estaba haciendo ayer?” y ella, como es inteligente, intuye que no debe decir la verdad: “¡Ah!, conocí a un caballero, era muy guapo, vestía una rica túnica de seda y cocinaba un estofado de una carne finísima que removía con una cuchara de oro”. ‘Aisha transforma la realidad y eso basta para detener al ogro, que regresa todos los días pero no oye más que frases parecidas. A la vuelta del padre, ‘Aisha le cuenta su imprudencia y éste cava una gran trampa en el patio, en cuyo interior coloca brasas disimuladas con ramas. Cuando el ogro llega aquella noche y repite la cantinela, ella cambia su discurso y exclama: “Era un monstruo horroroso, cocinaba carne de burro, iba cubierto con piel de burro y removía la sopa con una pata de burro”. El ogro se enfurece: “¡Con que te atreves a provocarme!¡Voy a comerte!”. Salta al patio pero cae en la trampa y arde en llamas.
Es un cuento sobre la preservación de la virginidad. Simbólicamente dice a las niñas: “Si os vais de casa en busca de aventuras y del amor, el primer hombre que encontraréis será un ogro y por tanto la relación será bestial. Os punzará y hará sangre y esa sangre será una mancha que os perseguirá toda la vida porque se podrá seguir su rastro y daros caza”.
¿Cómo fue acogida ‘Halfawin’ en Europa?
F.B. En París se entrenó el día de la declaración de la guerra del Golfo, y las personas que vieron la película pudieron acceder a un mundo árabe distinto al que les vendían los medios de comunicación. Mientras la CNN y demás satanizaban al mundo árabe por entero, tachándonos de fanático y comparándonos poco menos que con los nazis, los espectadores de Halfawin se sorprendían: “¡Oh, si esos árabes son seres humanos como nosotros, con sus risas, sus alegrías, sus penas!¡No son diablos!”.
Lo que ocurrió con el tratamiento informativo de esa guerra fue una de las grandes sorpresas de mi vida, porque yo creía ingenuamente que la televisión mostraba enseguida todo lo que ocurría y que era un instrumento de democratización . De golpe descubrí que podía ser todo lo contrario: un instrumento de manipulación terrorífica. Me hace pensar en George Orwell y su 1984: Big Brother is watching you.
Fue una gran decepción, porque pensaba que la humanidad y el mundo avanzaban en el camino del progreso, la democracia y la igualdad. De repente ves que cuanto más se avanza en la ciencia más se regresa a la barbarie. Me entristece ver cómo esos impulsos salvajes no sólo no han desaparecido, sino que son más fuertes que nunca para liquidar a aquel que no se nos parece. Ver que renace, como en la Prehistoria, el sentimiento de territorio y de tribu.
Los malentendidos vienen de lejos. Del tiempo de las Cruzadas. El islam además es considerado como una religión peligrosa, porque está cercana a la cristiana y se anuncia como su prolongación, cosa que no debe saberse. Ningún europeo piensa que el islam sea vivido como una prolongación del cristianismo. Cuando explico a un francés, a un español o a un italiano que cuando era pequeño me enseñaban que Jesús era un profeta del islam, no lo entienden. Sâidna Musa (Nuestro Señor Moisés) y Sâidna Aissa (Nuestro Señor Jesús) son profetas que Dios envió para aportar su palabra, la verdad y la justicia a los hombres. Y Muhámmad es un profeta que no apareció porque sí, sino que venía de toda una tradición común.
La visión que tiene Europa del mundo árabe, agravada además por el fenómeno integrista, es la de un mundo cruel y terrible, que en el caso de Túnez, mi país, e imagino que en el de otros países árabes, no se corresponde en absoluto con la realidad. Hice mi película Halfawin en cierto modo para tratar de desmentir esos tópicos.
Usted tuvo problemas para estrenar la película en Túnez.
F.B. Sí, hubo cinco días de debate en la Asamblea Nacional tunecina para saber si había que prohibirla o no. Se suscitó una gran pugna entre los conservadores y los liberales. Los primeros se indignaban por la escena de las mujeres desnudas en el hamâm, mientras que los liberales la defendían, diciendo que todos habíamos pasado por estas experiencias y que por tanto eran importantes. Porque, atención, los debates se produjeron en el seno del partido único; en aquella época sólo estaba autorizado el partido que permanece aún en el poder.
Tuve suerte porque al final ganaron los partidarios de la película y el presidente de la Asamblea Nacional, al cabo de cinco días de discusiones, se hartó y exclamó:
“¡Señores, les recuerdo que esto no es un cineclub, es la cámara de los representantes del pueblo!”. Y, refiriéndose al título de la película en árabe, ‘Usfur al-tajt —que no significa “El niño de las azoteas”, como se ha subtitulado en Europa, sino “El pájaro de las azoteas”— continuó: “Esta película es un pajarillo que quiere volar, ¿por qué le disparan con un fusil?”. Así acabó el debate y el filme se pasó sin ningún corte.
¿Fue difícil reunir a todas esas mujeres para la escena del hamâm? ¿Cómo explica que unas musulmanas se prestaran a ser filmadas totalmente desnudas?
F.B. Sorprendió a todo el mundo, incluso en Túnez. En aquella época había un periódico integrista, Al-Fadjr, que está ahora prohibido, el cual publicó tres páginas enteras advirtiendo que era una película que no debía verse bajo ningún concepto. Hay mucha gente que aún está en contra. De algún modo se convirtió en una prueba para la sociedad, para saber hasta qué punto se había vuelto conservadora o era aún liberal
De hecho, resultó fácil rodar esa escena. Les hice saber a las mujeres que no quería filmar nada morboso, tan sólo la historia de un niño que va al hamâm con su madre, y todas llevaron a sus niños a los baños, sin ningún problema. Las que quisieron se desnudaron y las que no, se quedaron en combinación, pero lo curioso es que, como se trataba de su barrio y de su hamâm y estaban en mayoría, porque nosotros éramos un equipo muy reducido, al cabo de un rato se olvidaron completamente de nosotros, y comenzaron a lavarse como suelen hacer.
Estaban en su casa. Además el hamâm es un lugar donde las mujeres están entre ellas muy relajadas y, por corpulentas u obesas que puedan ser, caminan como reinas. Porque los hombres, cuando les toca su turno en el hamâm, están tensos y esconden siempre su sexo. Por suerte esas mujeres del barrio se comportaron como siempre, de una manera absolutamente natural; imagino que el calor también hace olvidar.
¿Cuál es el tema de ‘La Goulette’, su nueva película?
F.B. Es la historia de tres familias que viven en una ûkâla, un tipo de vivienda modesta, muy popular, característica del barrio de La Goulette. La ûkâla consiste en una serie de apartamentos dispuesto alrededor de un patio, donde los vecinos pueden interpelarse de una ventana a otra. Alrededor de ese patio, y tal como solía suceder en ese barrio, he colocado a tres familias de tres religiones distintas: una católica siciliana, una judía tunecina y otra tunecina musulmana. Viven puerta con puerta, son muy amigas, y esa amistad les ayuda a superar todas las pruebas.
La historia que he tramado se centra en la amistad entre las hijas de esas familias, y especialmente entre tres chicas, una por familia, muy jóvenes y guapas, que trabajan en un taller de costura. Da igual que el padre sea musulmán, católico o judío; son mediterráneos y por tanto hay que salvaguardar la virtud de la hijas y su dignidad. Eso es lo más importante. Pero las hijas están hartas del orden establecido, de ver cómo a sus hermanas las han casado en contra de su voluntad, y hacen una promesa a la virgen (porque en aquel barrio las tres comunidades participan a menudo en las festividades populares de cualquiera de las religiones). Las chicas juran por su amistad que el día de la Madonna, que es el 15 de agosto, cuando salga en procesión, ellas habrán ya amado al hombre de su vida y habrán perdido su virginidad. Un desafío audaz que pondrá a toda la comunidad patas arriba.
¿Lograrán su propósito?
F.B. No; aunque están a punto. Con ocasión de la boda de una de las hermanas mayores, montan una fiesta y las chicas bailan al principio cada una con uno de su comunidad, pero pronto se aburren. Están hartas de las convenciones, quieren mezclarse y bailan y flirtean con chicos de otras religiones: lo que la sociedad no tolera. Es como la historia del frasco del jarabe Vicks para la tos en Halfawin; hay reglas implícitas en las sociedad: somos amigos, nos queremos, etc., pero no nos mezclamos, y nada de matrimonios fuera de la comunidad. Una judía puede ser íntima de una musulmana pero deberá casarse con un judío.
De repente llegan los padres y descubren el pastel. Se produce un escándalo. La amistad entre las familias estalla y se transforma prácticamente en odio porque las chicas han sacudido, con su libertad y osadía, una sociedad que posee una coherencia y que para proteger la convivencia ha encontrado reglas implícitas que no se ven. Quería describir el barrio de La Goulette con sus personajes marginales y pintorescos, y su alegría de vivir. Es un lugar al que se va a pasear, a bañarse y a comer pescado. Para el tunecino común, La Goulette es un lugar de vacaciones al lado del mar. En la calle principal sólo hay restaurantes; se vive fuera, en la calle. Es un lugar muy mediterráneo; el puerto de Túnez.
Unos metros más allá de La Goulette está al-Kram, un barrio predominantemente musulmán. Las chicas en La Goulette van solas po la calle tranquilamente hasta las dos de la mañana, visten provocativas, con sus faldas cortas... pero nunca se atreverían a entrar en al-Kram vestidas de ese modo. La Goulette es vivida desde siempre como un espacio de libertad. Parece como si nuestra sociedad, que tiene textos y dogmas muy severos y puritanos, permitiera unos espacios de tolerancia y libertad siempre que se respeten las leyes tácitas. Recuerdo a mi abuela, ya fallecida, que decía siempre: “¡Llévame al Café Sâf-Sâf, que es el único lugar donde las mujeres pueden sentarse solas sin que nadie las moleste ni piense mal de ellas!”. Me interesa fijar los momentos en los que la vida es mucho más fuerte que el dogma, cuando la vida estalla y no se la puede contener.
Esos espacios de libertad, ¿avanzan o retroceden?
 En general, la sociedad tunecina se ha vuelto más puritana. Aunque la sociedad no es integrista, sí existe un conservadurismo que no se puede negar. Hay un repliegue, quizá porque se sabe que el integrismo avanza y hay que protegerse un poco. En todo caso no creo que forme parte del espíritu del tunecino el ser cerrado. Hemos pasado por un periodo de arabización en que se intentó arabizar todo de una forma rápida, mecánica y mal hecha, un periodo en el que se suprimió la filosofía del bachillerato porque se decía que creaba marxistas y opositores. Incluso los manuales escolares, bajo el pretexto de arabización, introdujeron ideas integristas. De modo que hemos tenido una generación, o quizá incluso dos, que ha gozado de un grado menor de apertura al mundo que las precedentes.
Sin embargo seguimos siendo el país árabe más avanzado en muchos sentidos, como en el de la liberación de la mujer. Hemos asistido a una evolución increíble de la mujer desde que éramos pequeños y a la transformación completa de la sociedad. El avance de la mujer arrebata al hombre muchos de sus privilegios, de modo que el hombre no tiene hoy una postura dinámica sino de repliegue. Si la mujer tunecina está en actitud dinámica es porque lo tiene todo por ganar: por eso en mis películas es la mujer la que hace que las cosas se muevan.
Barrio portuario de Túnez, en el que convivían sin problemas las comunidades musulmana, hebrea y católica. Tras la independencia, La Goulette perdió su aire cosmopolita, pero sigue siendo un barrio muy alegre y frecuentado, sobre todo los días de fiesta, por su ambiente muy mediterráneo y sus excelentes restaurantes de pescado.
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