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Cartas desde la montaña de Käf (V-VIII)

15/12/2000 - Autor: Qamar bint Sufan - Fuente: Verde Islam 15
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Carta Quinta

Nos pedís consejo. Solo os comunicamos nuestras experiencias. Nos pedís guía. Solo os narramos dos episodios de la vida de los hombres. Es más de lo que muchos obtuvieron.

Tened cuidado con vuestras palabras y con vuestras acciones. Cuidad dónde habláis, qué decís y delante de quien lo decís, porque os aseguro, que seréis responsables de las inquietudes que despertéis. No digáis “yo nada tengo que ver, actúo según mi criterio y ellos son unos necios que me toman como guía. Si se dañan es culpa de ellos”. No lo digáis. Vosotros sois responsables de vosotros mismos y de los vuestros, pues vuestros son como si fueran hijos de vuestra misma sangre.

Valorad vuestra acción según su consecuencia. Sembrad respeto y nobleza y estaréis entre los que aman la rectitud y la sabiduría.

Sed sabios y no seréis soberbios, porque el soberbio no hay duda de que es un necio, él sigue trabajosamente la escarpadura de su perdición, aupándose sobre su ignorancia. Duerme un sueño profundo del que no quiere despertar. Si veis que persiste en su error y no tiene intención de cambiar ni deseo de ello, alejaos de él porque es un puñado de tierra para vuestros ojos y un clavo en vuestras sandalias.

El camino es largo y el tiempo corto. Recordáos a vosotros mismos instante por instante, y recordad también que la soberbia es ruidosa y no nos deja descansar. Eres joven, apenas tres mil años, y ya quieres cerrar el círculo de tu existencia. Ya crees que sabes lo que has de saber y sin embargo ni siquiera puedes encontrar las fuentes del agua para calmar tu sed.

Desgraciado el que no ve la simplicidad de las cosas, sobre la hoja de hierba escribe incontables tratados y la fracciona hasta el absurdo. El necio fracciona lo entero, el sabio ve la unidad de lo aparentemente múltiple.
Había una vez un hombre absolutamente mentiroso. Cuando comía hasta hartarse, lloraba ante sus vecinos simulando estar hambriento. Cuando tenía frío, arrojaba su manto diciendo que el calor lo ahogaba y así actuaba en todo. Sus vecinos que conocían ésta peculiaridad suya se burlaban de él y nunca creían nada de cuanto decía, sin embargo, un gran sabio decía de él, que era el hombre más veraz de su época, porque siempre sabía que estaba mintiendo.

Un amigo dijo un día a otro:
“Durante el tiempo que nos conocemos, he comprobado el grado de nuestra amistad y hemos compartido momentos piadosos y excelentes. Cuando te he necesitado, me has socorrido sin reservas y nunca me has recordado tu socorro, pero cuando te pregunto de dónde viene tu socorro me contestas con evasivas. En nombre de nuestra amistad, dime el origen de tus gracias”
Ni la amistad fraternal lo protegió de la ignorancia.
Si expones tus mercancías en el mercado, alguien te importunará sobre el origen de ellas y el cómo y el cuando y el porqué. Si tu mercancía es selecta ofrécela en secreto y cuídate de palabrería inútil, pues su calidad hablará por sí misma.

De las manos del buen orfebre no saldrán piezas defectuosas, ni en torno al iluminado dominarán las sombras.

Carta sexta

¿Sabéis lo que hace el hombre feliz que emprende un camino?. Observa y calcula los vientos favorables, las posibles lluvias y las horas donde el sol implacable caerá sobre el camino.

El buen viajero, silencioso, entrará en íntimo contacto con toda la ruta que desee seguir. Para ello le servirá de guía la razón de su viaje.
Podrá ser viento, y lluvia, y sol, antes incluso de que estos se muestren, porque en su intimidad el camino y él son ya una misma cosa.
Si buscáis la ciencia, debéis saber que no hay solo una y así, conocer sus calidades y cual de ellas buscáis.

La ciencia del que intuye nadie puede tenerla. El conocimiento interno es inaprensible, como un perfume o como un sabor.

¿Cómo explicar lo inexplicable? Si me lo pedís, es porque no lo habéis tenido. Si no lo habéis tenido, no os bastarán millones de palabras.

No es el merecimiento un mérito o un desmérito. No es un premio o un castigo. Simplemente no está en todas las naturalezas saborear lo que es pero no se tiene. ¿Cómo explicaros el estado del amante al que el Amado ha dirigido su mirada? ¿Cómo puedo acallar el alborozo de mi corazón para buscarle explicación a lo inexplicable?

Me pedís que traduzca en palabras la esencia de la vida o que intelectualice el puro sentir. Me pedís un imposible, pues no me es admisible pararme en el cómo o el por qué de ésta maravilla.

Queréis tomar desde el experimento y el examen lo que solo se puede tomar desde la sinceridad.

Guardad siempre el decoro en vuestra aproximación. Porque hemos venido a ser desconocidos en nuestra casa y extraños en nuestra asamblea.
Como la luz, que vaga por todos los lugares y en todos permanece incógnita, así, entre nosotros nos reconocemos, porque lo igual atrae a lo igual.

Mostradme dónde tenéis vuestro espíritu y os mostraré el estado del mío.

Si quieres saber, pregunta a los sabios y a los eruditos, pero si quieres conocer recuérdate en tu Señor.

Carta Séptima

Ayer, mientras estábamos reunidos, la tarde llegó calladamente. Se fueron oscureciendo las montañas, las sombras fueron cubriendo las partes más altas y deslizándose como un velo, llegaron hasta el valle donde estábamos. Quedó durante unos segundos el aire en suspenso, los pájaros enmudecieron y un leve perfume a algas y a yodo llegó hasta nosotros. En el camino, a lo lejos, una figura se acercaba. Sus pies no levantaban polvo. El camino permanecía mudo y silencioso. Llegó, compartió con nosotros unos sorbos de té, nos saludó ¡Ishk Bashad!, y se marchó siguiendo el camino, hacia el horizonte. Le seguimos con la vista hasta que su figura se confundió con el gris azulado de la montaña.

Después de aquel día, muchas veces lo hemos creído ver. Lo hemos visto en los rostros de las gentes más diversas. Algunas veces lo adivinamos entre el gentío de cualquier lugar: en la cola de un cine, en una conferencia, en la inauguración de una galería de arte o entre el tumulto de gente en un supermercado. Adivinamos su presencia por un sentimiento íntimo de alegría y confianza. Él está allí, siempre está allí. Nosotros lo sabemos porque lo hemos visto, vosotros lo sabéis porque nosotros os lo decimos. Ojalá algún día entre los días que os han sido concedidos os encontréis en una de las estaciones en las que para este viajero.

¿Acaso habéis olvidado a los silenciosos? Algunos de aquellos que creéis ver parlotear como necios, son personas silenciosas.
Si solo miráis con los ojos, solo veréis con los ojos. ¿Acaso habéis olvidado lo que aprendisteis?

Porque sois queridos para nosotros, es por lo que os trazamos mapas fidedignos por los que orientarse en el laberinto de las sombras. Porque hemos tropezado y nos hemos levantado muchas veces, es por lo que sabemos dónde están los obstáculos más grandes y porque hemos contado con la Piedad y la Misericordia como ayuda, nos ha sido ofrecido un gran regalo, sin merecimiento para ello. Por esto, queremos ofreceros las buenas guías.

Lo que hay en vuestros corazones, es conocido. Lo que vuestra alma ansía, se sabe.

Si os ocupáis en astucias y maquináis maldades ¿Os atreveréis a clamar por el mal que os venga de ello? Así hacen los necios, cavan fosas para los demás y para sí mismos. Así hacen los malvados, a nada se acercan con corazón puro y el polvo de sus sandalias los sigue por todas partes. 
Mirad el horizonte, siempre sereno en nuestros corazones. Navegad por vuestro mar interior. En medio de terribles tempestades, mantened sereno vuestro horizonte. Allí donde queréis llegar, está en calma.

Cada instante que pasa, el hombre renace totalmente, todo él debe quedar transformado. Debemos reunir sus luces y sus sombras, equilibrar la balanza de su existencia y buscar aquello por lo que sentimos, que nuestro ser está dividido en dos. Mirar hacia atrás, totalmente hacia atrás, para poder avanzar con seguridad.

El punto de partida de nuestra inteligencia es la duda. El punto de partida de nuestro corazón, es la certeza. El hombre que aspira a la perfección, unirá estas dos magnitudes; porque la duda, aislada sin la esperanza de la certeza, es un sufrimiento estéril y la certeza, por sí misma, no le es dada sino a muy pocas personas excelentes.

¿Habéis sentido la calma que precede a la tormenta? Así, a la purificación le antecede el silencio interior.

No busquéis las multitudes, porque éstas terminan siendo como un individuo sin entendimiento, siempre inclinado al mal. Si estás en la soledad de un desierto o en la de una caverna, tú eres responsable de ti. Si estás solo o mezclado en una multitud, tú eres responsable de ti. Si eres responsable de ti, también lo eres de lo que haces y de lo que no haces. 

Venid, que los caminos están despejados y la tarde está calma. Si la montaña se desmorona por sus laderas, no han de faltar manos que la afiancen. Si por sus cumbres los necios golpean con sus pies, henchidos de sí mismos, no nos importe, porque la montaña es fuerte y sus sandalias débiles.

¡Que hermosa es la tarde! El azahar y la canela perfuman las manos de los invitados. ¡Que agradable es la fiesta!

La luna se descubre, mientras el vino corre de copa en copa, hasta cubrir completamente el círculo de los amigos. 

Venid, que la danza está a punto de comenzar y está el jardín encendido.

Por todas partes las antorchas derraman su fuego, un fuego sin humo que amenaza con incendiar nuestros corazones. En la tarde, no tropezarán vuestros pies, porque vuestro guía sabe cómo sortear las sombras.

Carta Octava

Algunos siguen las huellas de los que pasaron antes, no es nuestro caso. Nosotros andamos por caminos que se renuevan a cada pisada, y en cada amanecer, la tierra se ha renovado enteramente.

¡Hombre alborotador!, como troncos huecos de palmera que el viento arrastra, son tus palabras. Como calabazas vacías que golpean unas contra otras, ruidosas y sin sentido. Todo el que te escucha, es movido a enfado y llevas la pesadumbre y el dolor allí por donde pasas.

¡Cuánto mejor será la mansedumbre y el buen juicio!, a él se apega el creyente como su orgullo y su insignia.

¡Hombre alborotador!, que llamas a la rebelión y al desorden con voz de trueno, pero la Gran Batalla la tienes perdida.

Se les dijo “Id hacía Faraón que es impío. Habladle un lenguaje dulce; tal vez reflexionará o temerá”. Ellos respondieron: “Señor, tememos que use violencias con nosotros o que cometa impiedades”.

“No temáis nada; yo estoy con vosotros, y yo oigo y veo”.

“Habladle un lenguaje dulce”. Eso es bueno y signo del creyente. Pero el hombre extraviado no respeta nada que no sea su soberbia, y sólo por soberbia, el hombre levanta la cabeza y la voz más allá de lo permitido.

La humildad es un corcel seguro, que atiende a tus riendas y te conduce a salvo por los caminos difíciles.

Si hubieras leído el Libro, no te destacarías en las asambleas de irreverentes, y si después de haberlo leído, sigues actuando de manera tan detestable, estás irremediablemente perdido.

El mentiroso dice que sus actos son piadosos, cuando él sabe que son abominaciones. El mentiroso y el manipulador, trabajan para su propia perdición. Se afanan en su extravío. Sus días serán largos en la tribulación y no tendrá descanso su espíritu. Cuando obra, para su mal obra.

Pero nosotros seguimos las rutas del Amor, que son rutas seguras y llenas de bendición. Si cada uno lucha contra sí mismo, conseguirá la auténtica victoria.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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