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Los derechos del hombre y el Islam

08/11/2000 - Autor: M. Amadou-Mahtar M’Bow
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Conferencia leída en la Mezquita de París con ocasión del Año Internacional de la Paz por el Excmo. Sr. M. Amadou-Mahtar M’Bow, ex-director general de la UNESCO.

Excelencias, señor rector, señor vice-rector, señoras y señores. Me hace muy feliz tomar hoy ante ustedes la palabra, en el cuadro de las actividades organizadas por el Instituto musulmán de la Mezquita de París con la ocasión del cuarenta aniversario de la fundación de la Organización de las Naciones Unidas y de la celebración del Año Internacional de la Paz. Querría, en primer lugar, agradecer a S. Exc. Shayj Abbas Benshayj El Husín por la amable invitación que me ha dirigido para inaugurar con la breve exposición que va a seguir, las actividades culturales de la Mezquita de París.

Hace más de cuarenta años que sobre las ruinas de ciudades devastadas, las naciones salidas victoriosamente de la segunda guerra mundial decidieron crear el sistema de las Naciones Unidas, con el fin de contribuir a impedir una conflagración planetaria, para ayudar a reducir o apagar los focos de tensión de poner las bases para una cooperación, ofreciendo a todos los pueblos medios para progresar y prosperar juntos.

En ese cuadro, la Unesco recibió por misión específica contribuir a la paz y la prosperidad común de la humanidad a través de “la cooperación de las naciones del mundo en los dominios de la educación, de la ciencia y de la cultura” - en otros términos, la cooperación intelectual internacional.

Y la Acta constitutiva de la Organización definía sus metas, siendo las de “asegurar el respeto universal de la justicia, de la ley, de los derechos del hombre y de las libertades fundamentales para todos, sin distinción de raza, de sexo, de lengua o de religión, que la Carta de las Naciones Unidas reconocía para todos los pueblos”.

En 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptaba solemnemente la Declaración Universal de los Derechos del Hombre que, dando a esos derechos una formulación poco a poco asumida por el conjunto de la comunidad internacional, coronaba el largo proceso por el que todas las grandes religiones, todos los ímpetus humanistas de la historia, han tejido poco a poco los ideales de dignidad, de libertad y de fraternidad universales.

Desde entonces la Unesco no ha cesado de profundizar y ampliar el concepto de los derechos del hombre, al mismo tiempo que obraba para hacer prevalecer su principio. Se ha mantenido constantemente a la escucha de los esfuerzos seguidos por todos, para promoverlos en el plano práctico como en el plano teórico.

La reflexión sobre los derechos humanos en el Islam hoy adquiere una importancia particular. Me parece doblemente oportuna: por una parte, interviene en un periodo de la historia del mundo donde los derechos elementales de la persona son frecuentemente burlados o ignorados; por otra parte, hace intervenir la aportación propia del Islam en materia de los derechos del hombre y permite así rectificar ciertas ideas falsas propagadas sobre el respecto.

En efecto, la imagen del Islam ha sido a menudo deformada a los ojos de la opinión de numerosos países no musulmanes. El momento ha llegado de analizar esas deformaciones y oponerles serenamente el desmentido de la verdad.

Entre la confusiones más abundantemente expandidas hoy, se encuentra aquella que se opera, en ciertos espíritus, entre los principios del Islam y la política de tal o cual gobierno que lo reclama. Más, la política es un recurso de los hombres, que aplican según su entendimiento, conforme a las violencias que sufren y a las prioridades que escogen. Esa práctica no puede comprometer el conjunto de significaciones de un mensaje fundado sobre la indisociable unión entre lo espiritual y lo temporal.

El Islam es a la vez religión, moral, filosofía, código de organización comunitaria y regla de vida personal. Es aprehensión unitaria de la diversidad de los horizontes culturales y sociales, como de la infinidad de los casos individuales. Es así como ha unificado a numerosos pueblos de identidades culturales diferentes, conduciéndolos a ordenar sus proyectos y a normalizar sus conductas según las enseñanzas del mensaje coránico.

Me propongo tratar sobre ello, evocando sucesivamente los aspectos siguientes:

1.- Derechos del hombre y derechos de la comunidad.

2.- Igualdad de los individuos ante Dios.

3.- Derecho a la vida.

4.- Derechos relativos al estatuto personal.

5.- Derechos relativos al estatuto social y económico.

6.- Derecho a la justicia. 


1. Derechos del hombre y derechos de la comunidad

Desde el punto de vista del Islam, las prorrogativas del individuo son indisociables de las exigencias de la vida en sociedad. Derechos del hombre y derechos de la comunidad se presentan como dos aspectos complementarios de una misma y sola verdad.

En efecto, la libertad de la comunidad aparece como entretejida con todas las libertades individuales, que no se desvanecen más que en la medida en que se desvanece la comunidad entera. Cuando la Umma es amenazada o rota, es cada persona en su seno quien ha sido herido o agoniza. En revancha, cuando a sus miembros se les impide vivir plenamente su existencia participando libremente de la ciudad, la vida no puede más que empobrecerse y la ciudad deja de ser ella misma.

2. Igualdad de los individuos ante Dios

En el cuadro de esta visión, los derechos del hombre se fundan sobre la igualdad absoluta de todos los individuos ante Dios. “Sois todos iguales, como los dientes del peine”, dijo el Profeta. Y esta igualdad fundamental implica una responsabilidad jurídica y moral igual para todos. Cada uno responde desde entonces ante Allah y ante los hombres de su propio comportamiento como de la conducta de los asuntos de la comunidad.

La tradición abunda en ejemplos ilustrando este principio. Y el profeta mismo representó, en situaciones a veces dramáticas, este espíritu. Mientras exponía a algunos de sus compañeros el plan de batalla de al-Jandaq, uno de ellos le preguntó si el plan participaba de la Revelación o emanaba de su propio entendimiento. El Profeta respondió que el plan era el fruto de su reflexión personal. Entonces su compañero expuso sus puntos de vista sobre ese plan y acabó por convencer al Profeta para cambiarlo.

Aquí, el derecho de cada hombre para expresar libremente su pensamiento aparece como siendo indisociable de la responsabilidad que asume vis a vis de su comunidad, en el cuadro de una solidaridad que es la condición misma de la democracia para todos.

El principio de la igualdad entre los hombres me parece ser uno de los pilares esenciales de la ciudad islámica para todos los lugares y siempre, la piedra angular del edificio religioso y social para todos los países que se reconocen en el mensaje del Profeta, cualesquiera que sean las características nacionales, culturales o jurídicas por las que unas se distingan de las otras.

El carácter universal de este principio se manifiesta, en primer lugar, por el hecho de que se aplica al Profeta mismo, en el mismo sentido que a cualquier otro hombre. “Di: yo sólo soy un mortal como vosotros”, así como Allah se dirige a su mensajero (Al-Kahf, XVIII-V, 110).

El principio de igualdad se extiende en todos los sentidos. El Corán subraya: “A cada una de vosotras, naciones, hemos dado una ley y una vía, asignado una vía que le es propia. Habríais formado un solo pueblo, si Allah lo hubiese querido. Por los dones que os hace, Allah os pone a prueba. Así, rivalizad entre vosotras en virtud, corred hacia las buenas obras...”. (Al-Máida, V.48).

El Corán es muy claro, en particular sobre el reconocimiento a los miembros de las comunidades no musulmanas de sus derechos colectivos e individuales. “Decid. Creemos en Allah y en lo que nos ha enviado, en Abraham, Ismael, Isaac, Jacob y las tribus. Creemos en la enseñanza de Moisés, de Jesús y de los profetas. Nosotros no establecemos diferencias entre ellos” (Al-Báqarah, V. 126). Observamos, a un mismo tiempo, protección de todas las especialidades y llamada a la tolerancia universal.

Así, el Islam se opone a todo prejuicio de raza o color. Como está dicho en el Corán: “Os hemos creado a partir de un macho y una hembra; de vosotros hemos hecho pueblos y tribus, para que os reconozcáis entre vosotros” (Al-Huÿrat, XLIX-V.13). Y el Hadiz precisa: “El árabe no tiene ningún mérito sobre el no árabe, ni el blanco sobre el negro, si no es por la conciencia”.

Sabemos que numerosos compañeros del Profeta fueron negros -comenzando por Bilal ibn Rabah-, nacido esclavo y elevado a la dignidad de almuédano de la Mezquita de Medina. Por otro lado, algunas de las figuras más ilustres del Islam parecen haber tenido antepasados etíopes -tales como el califa Omar ibn al-Jattab y Amr ibn al-As-, quieres abrieron Egipto para el Islam.

3. Derecho a la vida

Del derecho a la igualdad deriva toda una serie de derechos -el primero de los cuales es el derecho absoluto a la vida- que hace el objeto de una prescripción particularmente neta del Corán: “Quien matara a un ser humano- no siendo como castigo por asesinato o por sembrar la corrupción en la tierra- sería como si hubiera matado a toda la humanidad; y, quien salvara una vida, sería como si hubiera salvado las vidas de toda la humanidad”. (Al-Máida, V. 32).

En el Islam, efectivamente, el individuo porta en sí la humanidad entera y el valor propio de su vida no depende ni de su estatuto social, ni de su gloria personal, ni tan siquiera de la calidad de sus actos -es un atributo inalterable que Allah le ha conferido y que, como tal, es sagrado-.

De ahí derivan, no ciertos derechos, sino un sistema coherente de derechos -relacionados al estatuto personal de cada uno, tanto como los aspectos políticos, sociales y económicos de su vida en la ciudad-.

4. Derechos relativos al estatuto personal

Así, los derechos del hombre cubren, por ejemplo, la libertad de conciencia y la prohibición de toda imposición en materia religiosa. “No hay imposición en el Islam” (Al-Báqrah, V. 256). Y Allah se dirige en estos términos a su Profeta: “¿Puedes tú obligar a las gentes a ser creyentes?” (Yúnus, V. 99).

El atentado contra los bienes del otro es condenado en el mismo sentido que un atentado contra la vida humana. “Los bienes, como la sangre de los otros, son sagrados” dijo el Profeta. Y la inviolabilidad del domicilio de cada individuo aparece como un componente necesario de su libertad: “No entréis en otras casas que las vuestras -ordena el Corán- a menos que se os hagan familiares”. (An-Nur, XXIV, V. 27).

Pero los derechos del hombre se extienden, más allá del sector de la vida privada, a diferentes dominios de la vida colectiva -para constituir lo que podría ser llamado actualmente un “derecho de la solidaridad”.

5. Derechos relativos al estatuto social y económico.

Así, la obligación dirigida a la comunidad de hacerse cargo de las necesidades vitales mínimas de aquellos que no puedan por sí mismos hacerse cargo -como resultado- de alguna incapacidad. “Y sobre los bienes (de quienes los posean), -dice el Corán- el mendigo y el desheredado tienen un derecho reconocido” (As-Sariyat, LI, V. 19). Necesidades que, en los límites de lo posible, deben ir hasta asegurar a cada uno un alojamiento, una educación conveniente, la capacidad de fundar una familia.

La satisfacción del conjunto de esas necesidades tiene por finalidad permitir a cada uno particular, en toda la medida de sus medios, en la conducción de los asuntos de la ciudad.

6 - Derecho a la justicia

Finalmente, importa subrayar que los derechos del hombre no solamente se reconocen en su principio; se acompañan de un sistema de reglas jurídicas y administrativas destinadas a garantizarlos -sistema que constituye, a su vez, un derecho fundamental, en cuya ausencia todos los demás estarían en el riesgo de ser letra muerta-.

La puesta en obra de un derecho supone, en efecto, que toda violación de ese derecho sea sometido a jueces cuya competencia e integridad sean ciertas. El Corán prevee claramente estos términos: “Juzga entre ellos, según lo que Allah te ha revelado; no te conformes a sus deseos; mantiene en guardia para que no te aparten de lo que Allah te ha revelado” (Al-Máida, V. 49).

Y según el Hadiz, “:....quien conoce la verdad pero la viola en sus juicios, su destino es el Fuego. Quien juzga ignorando la verdad, su destino es el Fuego. Sólo quien conoce la verdad y juzga conforme a ella, su destino es el Jardín”.

En el proceso que lleva a un juicio equitativo, la prueba testimonial posee una plaza esencial. Es por ello por lo que el Corán exige con fuerza la seguridad y honestidad del testimonio: “Vosotros, que creéis: sed firmes como testigos, ante Allah, cuando practiquéis justicia. Que el odio hacia gentes no os incite a cometer injusticias. Sed justos. La justicia está cerca de la piedad. Temed a Allah. Allah está bien informado de cuanto hacéis”. (Al-Máida, V.8).

Y el Corán estipula, finalmente, el principio fundamental de la individualización de la pena -que constituye la piedra angular de toda concepción de los derechos del hombre- en estos términos definitivos: “Cada hombre no comete el mal sino en su propio detrimento. Ninguno ha de portar el fardo de otro” (Al-An’am, VI, V. 164). Con esto el derecho musulmán se encuentra varios siglos por delante, en materia de responsabilidad penal, de todas las legislaciones europeas.

Permítame añadir que seguiré, con la más grande atención, los debates que se van a desarrollar aquí y que, lo espero, aportarán una contribución nueva al reforzamiento de los derechos del hombre en el mundo -y especialmente a la puesta en obra de la Carta internacional de los derechos del hombre proclamada por las Naciones Unidas.

Quisiera, por tanto, invitar a todos los aquí presentes a seguir una reflexión exigente y generosa, al tiempo que un debate sereno, sobre todas las cuestiones relativas a los derechos del hombre en el Islam. No se trata solamente de la libertad, la creatividad y el dinamismo de los países islámicos, sino que atañe a un mundo donde esas ideas fundamentalmente son siempre indivisibles del devenir común de la humanidad
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