webislam

Miercoles 29 Enero 2020 | Al-Arbia 03 Jumada al-Zani 1441
878 usuarios en linea | Español · English · عربي

WebIslam.com

» Artículos

?idt=2778

Cartas de un maestro sufi

23/10/2000 - Autor: Sheikh Al-arabi ad-Darqâwi (m. 1823)
  • 1me gusta o estoy de acuerdo
  • Compartir en meneame
  • Compartir en facebook
  • Descargar PDF
  • Imprimir
  • Envia a un amigo
  • Estadisticas de la publicación


Todos y cada uno de la gente del mundo participan de Allah como las olas forman parte del océano

Todos y cada uno de la gente del mundo participan de Allah como las olas forman parte del océano.

Si tú eres de Allah, Allah es tuyo. Y ¡bendito el que es de Allah de modo que Allah sea suyo!

"Acordaos de mí, y yo me acordaré de vosotros" (Corán, II, 147).

Mi maestro me decía: "Me gusta lo que oigo decir contra tí".

Uno de nuestros hermanos me dijo: "Yo no soy nada", y le contesté: "No digas no soy nada, ni digas tampoco: soy algo. No digas me falta una cosa, ni no me falta nada. Sino dí "¡Allah!", y verás maravillas. 

Lo único que nos lo vela es el hecho de ocuparnos, no de la existencia como tal, sino de nuestros deseos.

Dejad, pues, todo aquello en lo que descansábais, sea lo que fuere, y no os fiéis de ello.

Como dijo el Profeta (a.s.) "Carece de gratitud hacia Allah quien carece de gratitud hacia los hombres" (...) Comprobamos que quien no considera a los hombres, es decir, quien prescinde de ellos, tampoco contempla a Allah de manera perfecta, porque el perfecto es aquél a quien la criatura no le oculta al Creador ni el Creador a la criatura; el conocimiento distintivo no le oculta el conocimiento unitivo, ni éste le oculta aquél (...) La sharia (ley) no le oculta la haqiqa (verdad espiritual), ni la verdad espiritual la ley religiosa.

(...) Si te ocupas de hacer la guerra al enemigo (el shaitán), habrá obtenido lo que quería de tí.

Me he preguntado si existe, aparte de nuestras pasiones y de nuestro egoísmo, algo más que nos separe de los dones divinos, y he encontrado, como tercer impedimento, la ausencia de nostalgia espiritual.

Uno de los efectos de la bondad, la gracia y la generosidad divinas es que uno encuentre al maestro que educa espiritualmente, porque sin gracia divina nadie lo encontraría ni lo reconocería, ya que es más difícil conocer a un santo que conocer a Allah, como dice el santo Abulabbas al-Mursî (a.s.). Asismismo en los Hikam de Ibn Atai-llah se dice: "Exaltado sea Aquel que no manifiesta a Sus santos sino para manifestarse y que no conduce hacia ellos más que a aquéllos que quiere conducir hacia Sí".

El Enviado de Allah era abiertamente manifiesto, como un sol sobre un estandarte, y a pesar de ello no lo vieron, sino sólo algunos. A otros, Allah se lo veló como vela a los santos (...) De ello es testigo el Libro de Dios: "Les verás mirar hacia tí y no te verán" (Corán, VII, 197) y "Dirán: ¡Vaya un enviado!, que se sustenta con comida y va por los mercados" (Corán, XXV, 7).

Ocurre con el maestro espiritual que a la vez es arrebatado (majdhûb) y (al mismo tiempo un buscador) metódico (sâlik) y que se halla siempre y al mismo tiempo ebrio y sobrio.

Ese maestro (espiritual) ve a veces que el espíritu de su discípulo será liberado por el ayuno y le hace, pues, ayunar; otras veces, al contrario, le hará comer hasta la saciedad con el mismo objetivo; unas veces ve su beneficio espiritual en un aumento de su actividad exterior, y otras en su disminución; unas veces en el sueño, otras en la vigilia; a veces quiere que se aleje de los hombres, a veces, al contrario, le aconseja que los trate, porque puede ocurrir que la luz interior del discípulo se haya vuelto, súbitamente, demasiado fuerte para él, de manera que el maestro tema que pueda perder la razón, como muchos discípulos de otros tiempos y de ahora, que se han vuelto locos.

Ibn Ataillah en sus Hikam: "Allah no está velado por cualquier realidad que coexistiera con El, puesto que no hay realidad fuera de El; lo que te vela no es sino la ilusión de que hay otra realidad fuera de El".

Respondí: "En cuanto a sus palabras (Corán, LVII, 2) de que El es el Primero y el Último y de que es el Interior, las he comprendido bien; pero no comprendo Su afirmación de que El es el Exterior, porque en el exterior no veo más que las cosas creadas". A lo que la voz contestó: "Si con su expresión el Exterior entendiese algo distinto del exterior que vemos, no sería en el exterior sino en el interior (donde había que buscarlo); pero yo te digo: El es el Exterior". Entonces comprendí que no hay realidad excepto Allah, y que en el cosmos no hay más que Él".

Nada nos vuelve tan vulnerables a los ataques psiquícos y satánicos como las preocupaciones por nuestra subsistencia (...) Dedícate enteramente a Allah y sabrás lo que es maravilla (...) Nuestro Señor le dice: "Oh mundo, sirve a aquellos que me sirven y fatiga a aquellos que te sirven. Wal-lahi que si fuéramos de nuestro Señor, el cosmos entero y todo lo que contiene no tardaría en pertenecernos como ha pertenecido a otros (...) He aquí que hemos sustituído a Nuestro Señor y Dueño por aquello de lo que somos señores y dueños, y sin experimentar por ello vergüenza alguna".

A todo extranjero (de El) Allah lo devuelve a su patria.

En verdad, las cosas se hallan ocultas en sus contrarios, la ganancia en la pérdida y el don en el rechazo, el honor en la humillación, la riqueza en la indigencia, la fuerza en la debilidad, la amplitud en la estrechez, la elevación en el rebajamiento, la vida en la muerte, la victoria en la derrota, el poder en la impotencia y así sucesivamente.

El hombre fuerte es aquel que se regocija de ver que el mundo se escapa de sus manos (...) y aquel que se regocija de su conocimiento de Allah.

En cuanto a ese profesor de que me has hablado y que no encuentra el estado de presencia (hudhûr), dile que no mire el pasado ni el porvenir, que sea el "hijo de su instante".

Nuestro maestro acostumbraba a decir a quien se encontraba pasmado de perplejidad: "¡Sosiega tu espíritu y aprende a nadar!".

La contemplación (shuhûd) es intuición, y la intuición no puede fijarse más que a través de lo sensible, y no dura sino por la conversación espiritual (mudhakâra), la visita a los santos y la ruptura de los hábitos (pasivos del alma). Desde el momento en que hay estancamiento, la contemplación cesa inevitablemente. No paréis, por tanto, vuestros movimientos, por los que entiendo las acciones con que se intensifica la contemplación. Nuestro maestro (que Allah esté satisfecho de él) me repetía siempre: "La intuición es muy sutil y fugitiva; si el hombre no está alerta, escapará de sus manos sin que se dé cuenta".

El alma (nafs) es una cosa inmensa; es el cosmos entero, puesto que es su copia. Todo lo que está en él se encuentra en ella, y todo lo que se halla en ella está igualmente en él. Por eso, quien la domina, sin duda alguna lo domina, de la misma manera que quien es dominado por ella, es ciertamente dominado por el cosmos entero.

La imaginación (wahm) es cosa vana, aunque Allah la dispuso con miras a una gran sabiduría. Cada cosa, por lo demás, lleva en sí un gran secreto y un aspecto evidente, ya que está dicho (en el Corán): "Señor nuestro, no has creado esto en vano, exaltado seas" (III, 191).

Quien se detiene en el discurso y las opiniones (por culpa de la imaginación) se queda obstaculizado en el camino.

Comprobamos que al que abandona lo que no le concierne, le basta la menor cosa para su subsistencia, mientras que quien no lo abandona, nunca tendrá todo lo que necesita, hiciere lo que hiciere.

Si una taqia (léase "dignidad") cae del cielo, irá a parar a la cabeza de quien no la desea.

Él (el faqir) es quien, viviendo en este mundo, saca provecho de él.

A nuestros ojos la invocación no consiste en que el hombre esté siempre diciendo "Allah" "Allah", que rece, que ayune, y que a la hora de que le sobrevenga una desgracia busque remedios a derecha e izquierda y se desespere de no encontrarlos. En los hombres que han realizado la verdad, la invocación exige que el invocante se conforme a las leyes rigurosamente prescritas, la más importante de las cuales es el abandono, en todo momento, de lo que no le concierne. Entonces, si su Señor se le da a conocer, o, mejor digamos, si se le revela por medio de sus nombres terribles (jalâl) o de belleza (jamâl), lo reconocerá y no lo ignorará. Esta es la verdadera invocación en los que invocan a Allah, y no el estado de quien está continuamente ocupado por el culto a Allah y, cuando su Señor se le revela en cualquier forma contraria a su deseo, no lo reconoce.

(...) En este mundo, antes de morir, vivirás ya con la vida eterna (...)

Cuando tú eres sincero en la contemplación de tu Señor (...) el universo y todo lo que contiene te reconocerá (...) Pero si ignoras a Allah cuando El se te manifiesta, igualmente todo te ignorará, todo te negará, te humillará, te despreciará; todas las cosas te menoscabarán, te volverán más despreciable, peor, más pesado, más alejado; todo te injuriará; te huirá, e opondrá a ti y te vencerá.

El venerable maestro Ibn Al-Banna1 dice en sus "Investigaciones esenciales":

Comprende, pues tú eres una copia de la Existencia, wal-lahi, de forma que nada de la Existencia te falta. ¿No están en tí el Trono (arsh) y el Pedestal (kursî), y el mundo superior tanto como el inferior? El cosmos no es sino un hombre grande, y tú eres un cosmos en pequeño.

(...) Y sabe que la Majestad (al-Jalâl) es la Esencia, mientras que la Belleza (al-Jamâl) es cualidad (...) 

No hay realidad (mawjûd) fuera de Allah: "Todo es perecedero salvo su faz" (Corán, XXVIII, 88); "Todo lo que está sobre ella (la tierra) es evanescente; sólo subsiste la faz del Señor, esencia de la majestad y de la generosidad" (Corán, LV, 26-27).

"Dí: "Allah", y déjalos que se diviertan con su vana palabrería" (V, 91).

"El es el Primero y el Último, el Exterior y el Interior" (LVII, 3).

El Profeta (a.s.) ha dicho: "Nada he visto sin ver a Allah en ello".

"Desde que he realizado la unidad ya no temo la separación", significa: He visto la unidad en la multiplicidad, de manera que ya no temo ver la multiplicidad en la unidad, como temía antes de contemplar a mi Señor en todas las cosas. Sin duda alguna, no hay realidad fuera de Allah; no es sino la imaginación lo que lo vela a nuestros ojos, y la imaginación es vana".

No os agitéis, sosegaos y no estéis tensos, y dormid, si podéis, hasta saciaros, pues el sueño es benéfico en la hora de las angustias; trae consigo maravillosos beneficios, ya que en sí es un abandono a la voluntad divina.

Cierto letrado me dijo un día: "Lo que me daña son los apetitos (shahût)2". A lo que respondí: "Son ellos precisamente los que me hicieron bien. Estoy colmado de los favores de Allah y de los favores de los apetitos, y wal-lahi ¡siempre le estaré agradecido por ello!". Los hombres del conocimiento de Allah no huyen de las cosas como huyen los demás, porque contemplan a su Señor en todo. Los demás las huyen porque la visión de las cosas existentes les impide ver a Aquél del que la existencia mana.

No digas que es la existencia la que vela al existenciador porque, wal-lahi, no es más que la imaginación la que nos lo vela, la imaginación que produce a la ignorancia.

Los sufies han dicho quien no tiene maestro tiene a Shaitán por maestro.

Abûl-muwâhib at-Tûnsi: "Si alguien pretende que es posible contemplar la Belleza divina sin haber sido educado por el Rigor divino, recházalo, porque es un farsante (dayyâl)".

Ibn Atâ llah de Alejandría dijo: "En la variedad de los signos (aiât) y de sucesión de fenómenos (ajual) he reconocido tu intención para conmigo, la de mostrarte a mí en todas las cosas para que yo no te ignore en ninguna".

Al Jîlanî: "Yo no quiero renunciar al Todo".

A causa de esa contemplación me encontraba continuamente ebrio y continuamente sobrio.

Me encontraba en la tribu de los Benî Zarwal cuando un hombre me indicó que era contrario al pudor el que las mujeres alzasen la voz (en presencia de hombres extranjeros), pues había entonces algunas mujeres que invocaban a Allah bajo mi dirección en voz alta. Me abstuve de darle la respuesta que merecía y en vez de eso le dije: "(Según la regla) una mujer invoca a Allah silenciosamente, pero si su deseo hacia su Señor aumenta hasta perder la conciencia de su cuerpo, puede ocurrir incluso, si Allah lo quiere, que venga hacia ti con los pechos desnudos; entonces, ¿por qué preocuparse por el hecho de que alze la voz?". Pues bien, lo que acababa de decir -escucha bien, yâ fakir- ocurrió literalmente: había, en un pueblo una mujer que nos amaba, y he aquí que, como invocaba a Allah continuamente, perdió la conciencia de su cuerpo. Un hombre piadoso de su familia, aconsejó: "Calentad una aguja al rojo y apoyadla sobre ella; si vuelve en sí, tanto mejor, pero si no, dejadla tranquila". Se hizo lo que él dijo, pero su éxtasis no se volvió sino más intenso, hasta tal punto que vino hasta nosotros sin darse cuenta de que su haik le resbalaba por los hombres quedando sólo retenido por el ceñidor; también su hijita se le cayó de la espalda sin que se diera cuenta de ello, de forma que llegó hasta nosotros en el estado que hemos descrito. Y, así, pasó por delante de la puerta del hombre que nos había hecho observaciones al respecto, y la vio con sus propios ojos...

Son como alguien que busca agua cavando un poco por aquí y un poco por allá; no encontrará agua y morirá de sed, mientras que aquel que exvaca en un solo lugar confiando en Allah y poniéndose en sus manos, encontrará agua (...) Los sufis han dicho: insiste ante una sola puerta, y múltiples puertas se abrirán ante tí.

Quien se para en la opinión jamás alcanza la realización. Dejad de ocuparos, pues, de conjeturas y no juzguéis nunca una cosa según vuestra opinión individual, sino sólo tras haberla realizado. Porque la sinceridad en la acción y en las palabras destruye las dudas y las preocupaciones y afirma la conciencia de la Unidad divina en el corazón de quien la practica continuamente.

Leí en el comentario del imâm Abul-Qâsim al-Qushairî sobre los más bellos nombres de Allah, que un discípulo dijo a su maestro: "Oh, maestro, ¿y el alimento?". El maestro respondió "¡Allah!". Insistió el discípulo: "El alimento nos es absolutamente necesario". A lo que el maestro contestó: "Allah nos es absoutamente necesario" (...) Encontré esto en los Hikam de Ibn Atallah: "¿Qué puede encontrar quien no te ha encontrado? ¿Y que le falta a quien te ha encontrado? Quien se contenta con algo a cambio de ti, perece, y quien desea otra cosa en tu lugar, se pierde".
 

Notas

1 Ibn Al-Banna as-Saraqusti, no confundir con Hassan Ibn Al-Banna, fundador de "Los Hermanos Musulmanes".
2 La traducción castellana que se da a la versión de Titus Burckhardt es "concupiscencia", pero no debe entenderse exclusivamente en un sentido sexual, sino también los apetitos "mundanos" de comer, dormir, etc

Anuncios
Relacionados

Abdul Halim: pintor sufi

Artículos - 01/12/2008

Consejos para buscadores

Artículos - 05/01/2009

La escuela sufi de Almería y su relevancia actual

Artículos - 25/11/2009



Escribir comentario

Debes iniciar sesión para escribir comentarios.

Si no estás registrado puedes registrarte en un minuto.

  • Esta es la opinión de los internautas, no de Webislam
  • No están permitidos comentarios discriminatorios, injuriantes o contrarios a la ley
  • Céntrate en el tema, escribe correctamente y no escribas todo en mayúsculas
  • Eliminaremos los comentarios fuera de tema, inapropiados o ilegibles

play
play
play
play
Colabora


 

Junta Islámica - Avda. Trassierra, 52 - 14011 - Córdoba - España - Teléfono: (+34) 957 634 071

 

Junta Islámica
https://www.webislam.co/articulos/18558-cartas_de_un_maestro_sufi.html