webislam

Martes 19 Marzo 2019 | Az-Zulaza 12 Rajab 1440
1427 usuarios en linea | Español · English · عربي

WebIslam.com

» Artículos

?idt=2777

De la condicion, trato, traje, comida, officio, vicio y pestilencia pegajosa de los moriscos segun un autor aragones del siglo XVII

23/10/2000 - Autor: CDPI
  • 1me gusta o estoy de acuerdo
  • Compartir en meneame
  • Compartir en facebook
  • Descargar PDF
  • Imprimir
  • Envia a un amigo
  • Estadisticas de la publicación

Portada del libro del padre P. Aznar Cardona titulado Expulsión
Portada del libro del padre P. Aznar Cardona titulado Expulsión

El libro del padre P. Aznar Cardona titulado Expulsión justificada de los moriscos españoles y suma de las exce­lencias christianas de nuestro Rey D. Felipe tercero deste nombre, publicado en Huesca en 1612 con el fin de convencer a las gentes hostiles a la expulsión de lo acertado y sabio de tal medida, incluye las descripciones más gráficas y brutales que se puedan encontrar en un escrito antimorisco. Sus observaciones, a menudo pueriles y pintorescas, son muy significativas de una mentalidad «cristiano vieja», y su alegato es sumamente intere­sante desde el punto de vista sociológico. Reprocha a los moriscos, en el capítulo que hemos elegido, su sobriedad en el comer y be­ber, las cosas que comen y los oficios que ejercen, manifestando su desprecio por las artes mecánicas y las labores agrícolas de regadío. De igual modo merecen su repulsa las celebraciones y fiestas moriscas y otras cosas tan nimias como su afición a andar en grupo por los caminos. En realidad, y aparte de argumentos de tipo religioso, se demuestra la aversión y el rechazo de un modo de vida (unos hábitos alimenticios y vestimentarios, una manera de trabajar, de divertirse o de ocupar el ocio) que no es el de la sociedad cris­tiana vieja y que ésta no sólo no admite, sino que siente como una amenaza.

DE LA CONDICION, TRATO, TRAJE, COMIDA, OFFICIO, V1CIO Y PESTILENCIA. PEGAJOSA DE LOS MORISCOS (FOLS. 32-36R.)

Dicha su naturaleza, su ley, y tiempo della, y su secta, réstanos dezir aora, quienes fuessen por condición y trato. En este particular eran una gente vilissima, descuydada, enemiga de las letras y ciencias ilustres, compañeras de la virtud, y por consiguiente agena de todo trato urbano, cortés y po­ lítico. Criavan sus hijos cerriles como bestias, sin enseñança racional y doctrina de salud, excepto la forçosa, que por razon de ser baptizados eran compellidos por los superiores a que acudiessen a ella.

Eran torpes en sus razones, bestiales en su discurso, bárbaros en su lenguaje, ridículos en su traje, yendo vestidos por la mayor parte, con gregüesquillos ligeros de lienço, o de otra cosa valadí, al modo de marineros, y con ropillas de poco valor, y mal compuestos adrede, y las mugeres de la misma suerte, con un corpezito de color, y una saya sola, de forraje amarillo, verde, o azul, andando en todos tiempos ligeras y desembaraçadas, con poca ropa, casi en camissa, pero muy peynadas las jovenes, lavadas y limpias. Eran brutos en sus comidas, comiendo siempre en tierra (como quienes eran) sin mesa, sin otro aparejo que oliesse a personas, durmiendo de la misma manera, en el suelo, en transpontines, almadravas que ellos dezían, en los escaños de sus cozinas, o aposentillos cerca de ellas, para estar mas promptos a sus torpezas, y a levantar a çahorar y refocilarse todas las oras que se despertavan. Comían cosas viles (que hasta en esto han padecido en esta vida por juizio del cielo) como son fresas de diversas harinas de legumbres, lentejas, panizo, habas, mijo, y pan de lo mismo. Con este pan los que podían, juntavan, pasas, higos, miel, arrope, leche y frutas a su tiempo, como son melones, aunque fuessen verdes y no mayores que el puño, pepinos, duraznos y otras qualesquiera, por mal sazonadas que estuviesen, solo fuesse fruta, tras la qual bebian los ayres y no dexavan barda de huerto a vida: y como se mantenian todo el año de diversidad de frutas, verdes y secas, guardadas hasta casi podridas, y de pan y de agua sola, porque ni bebian vino ni compravan carne ni cosa de caças muertas por perros, o en lazos, o con escopetas o redes, ni las comian, sino que ellos las matassen segun el rito de su Mahoma, por esso gastavan poco, assi en el comer como en el vestir, aunque tenían harto que pagar, de tributos a los Señores. A las dichas caças y carnes, muertas no segun su rito, las llamavan en arábigo halgharaham (haram), esto es, malditas y prohibidas. Si les arguyen, que porque no bebian vino ni comían tocino? Respondían, que no todas las condiciones gustavan de un mismo comer, ni todos los estómagos llevaban bien una misma comida, y con esto disimulavan la observancia de su secta por la qual lo hazían, como se lo dixe a luan de luana Morisco, tenido por alfaquí de Epila, el qual como dando pelillo, y señalando que los echavan sin causa, me dixo, no nos echen de España, que ya comeremos tocino y beberemos vino: A quien respondí: el no beber vino, ni comer tocino, no os echa de España, sino el no comello por observancia de vuestra maldita secta. Esto es heregia y os condena y sois un gran perro, que si lo hizierades por amor de la virtud de la abstinencia fuera loable; como se alaba en algunos Santos, pero hazeyslo por vuestro Mahoma, como lo sabemos, y os vemos maltratar por extremo a vuestros propios hijos, de menor edad, quando os consta que en alguna casa de christianos viejos, les dieron algún bocadillo de tocino y lo comieron por no ser aun capaces de vuestra malicia. Pregunto, lo que el niño comió, daos pena a vos en el estómago? No. Pues por que hazeys tan estraños sentimientos publicos si un niño de quatro hasta cinco años de los vuestros, come un bocado de tocino? Creedme, que se cubre mal, la mona con la cola. Eran muy amigos de burlerías, cuentos, berlandinas y sobre todo amicissimos (y assí tenian comunmente gaytas, sonajas, adufes) de baylas, danças, solazes, cantarzillos, alvadas, passeos de huertas y fuentes, y de todos los entretenimientos bestiales en que con descompuesto bullicio y gritería, suelen yr los moços villanos vozinglando por las calles. Vanagloriarvanse de baylones, jugadores de pelota y de la estornija, tiradores de bola y del canto, y corredores de toros, y de otros hechos semejantes de gañanes. Eran dados a officios de poco trabajo, texedores, sastres, sogueros, esparteñeros, olleros, çapateros, albeytares, colchoneros, hortelanos, recueros, y revendedores de azeyte, pescado, miel, pasas, açucar, lienços, huevos, gallinas, gapatillos y cosa de lana para los niños; y al fin tenían oficios que pedían asistencia en casa y davan lugar para yr discurriendo por los lugares y registrando cuanto passava de paz y de guerra, por lo qual se estavan ordinariamente ociosos, vagabundos, echados al sol el invierno con su botija al lado, y en sus porches el verano, sacadas las pocas horas que trabajavan con grande ahinco en sus officios, o en sus huertas, por la codicia entrañable de coger frutas, hortalizas y legumbres: pero pocos y bien pocos dellos tenían oficios que tratasen en metal, o en yerro, o en piedras ni maderos, excepto que tenían algunos herradores procurados para su comun, por el grande amor que tenían a sus respectados machos, y por huyr de tener contratación con los Christianos por el odio que nos tenían. En el menester de las armas, eran visoñísimos, parte porque avia años que les estavan vedadas y el poco uso inhabilita, segun Ovidio... parte porque eran cobardes y afferninados, como lo pedía el flaco empleo de su vida y el affeminado modo de criarse, y como dizen de los malos que siempre andan agavillados temblando de temor sin fundamento (Quia fugit impius nemine persequente). Assí estos pusilánimes nunca andavan solos por los caminos ni por los términos de sus propios lugares, sino a camaradas. Sus altercaciones aunque fuessen de cosa momentánea, las ventilavan siempre a gritos y a vozes desmesuradas, como les ordena su pleytista Mahoma. Eran entregadísimos sobremanera al vicio de la carne, de modo que sus platicas assi dellos como dellas y sus conversaciones y pensamientos y todas sus intelligencias, y diligencias, era tratar desso, no guardándose lealtad unos a otros, ni respetando parientes a parientes, sino llevándolo todo tan a rienda suelta y tan sin miramiento a la ley natural y divina, que no avia remedio con ellos como dicho queda en el capítulo de la pluralidad de las mugeres. De aquí nacieron muchos males y perseverancias largas de pecados en christianos viejos, y muchos dolores de cabeça y pesadumbres para sus mugeres, por ver a sus maridos o hermanos, o deudos ciegamente amigados con moriscas desalmadas que lo tenían por lícito, y assi no las inquietava el gusano de la conciencia gruñidora.

Aparecen también en la obra de Aznar algunos de los más generalizados argumentos acerca de la peligrosidad morisca. En primer lugar, la fecundidad de este grupo, concebida como un arma en contra de la sociedad cristiana vieja, diezmada por el celibato religioso y las empresas del Imperio:

Casavan sus hijos de muy tierna edad, pareciéndoles que era sobrado tener la hembra onze años y el varón doze, para casarse. Entre ellos no se fatigavan mucho de la dote, porque comunmente (excepto los ricos) con una cama de ropa, y diez libras de dinero se tenían por muy contentos y prósperos. Su intento era crecer y multiplicarse en número como las malas hierbas, y verdaderamente, que se avian dado tan buena mafia en España que ya no cabian en sus barrios ni lugares, antes ocupavan lo restante y lo contaminavan todo, deseosos de ver cumplido un romance suyo que les oy cantar con que pedían su multiplicación a Mahoma, que les diesse.

Tanto de moro y morica

Como mimbres en mimbrera

y juncos en la Junquera.


Y multiplicavanse por estremo, porque ninguno dexava de contraher matrimonio, y porque ninguno seguia el estado annexo a esterilidad de generación carnal, poniéndose frayle, ni clérigo, ni monja, ni avia continente alguno entre ellos hombre ni muger, señal clara de su aborrecimiento con la vida honesta y casta. Todos se casavan, pobres y ricos, sanos y coxos, no reparando como los christianos viejos que si un padre de familias tiene cinco, o seys hijos, con casar dellos el primero, o la mayor dellas se contentan, procurando que los otros sean clerigos, o monjes, o frayles, o soldados, o tomen estado de beatas, y continentes. Y lo peor era que algunos christianos viejos, aun presumiendo algo de hidalgos, por no nada de interesse, se casavan con moriscas, y maculavan lo poco limpio de su linaje, y plegue a Dios, no llegase la mancha al alma.

También, la sospecha de continuas conjuras y amenaza de levantamientos armados se manifiesta en sus páginas, subrayada de múltiples anécdotas como la siguiente:

Y yo conocí en Epila una morisca viuda y vieja, llamada la tía Blanca, o Castellana, a quien yéndole a pedir uno de los dichos procuradores el sueldo para las armas, ella como era vieja no acabava de acordarse para que empleo se cobrava, mas declarando que era para lo contratado contra los christianellos (vocablo suyo) respondió, para esso si por cierto aunque no tengo mas de dos reales guardados para unas medias calças que voy sin ellas, pero por favorecer a tan buena obra yo me sufriré mi necesidad. Esto oyeron, dos vezinos christianos viejos de quienes los moriscos no se recatavan, porque vezinos entre ellos, y estos lo publicaron al punto por todo el lugar, y la muger ni lo osava negar ni afirmar, antes se escondía confundida, donde no la diessen con su dicho en la cara.

Por último, incluimos algunos párrafos en que Aznar describe la salida al destierro de los moriscos aragoneses:

Salieron, pues, los desventurados moriscos por sus días señalados por los ministros reales, en orden de processión desornada, mezclados los de pie con los de a caballo, yendo unos entre otros, reventando de dolor, y de lágrimas, llevando grande estruendo y confusa vozería, cargados de sus hijos y mugeres, y de sus enfermos, y de sus viejos y niños, llenos de polvo, sudando, y carleando, los unos en carro, apretados allí con sus personas, alhajas, y baratijas: otros en cavalgaduras con estrañas invenciones y posturas rústicas, en sillones, albardones, espuertas, aguaderas, arrodea, dos de alforjas, botijas, tañados, cestillos, ropas, sayos, camisas, lienços, manteles, pedaços de cáñamo, pieças de lino con otras cosas semejantes, cada qual con lo que tenía. Unos yban a pie, rotos, mal vestidos, calçados con una esparteña y un çapato, otros con sus capas al cuello, otros con sus fardelillos, y otros con diversos emboltorios y líos, todos saludando a los que los miravan, o encontravan, diziendoles: ‑el Señor los en de guarde: ‑Señores, queden en Dios.

Entre los sobredichos de los carros y cavalgaduras (todo alquilado, porque no podían sacar ni llevar sino lo que pudiessen en sus personas, como eran sus vestidos, y el dinero de los bienes muebles que huviessen vendido) en que salian hasta la ultima raya del Reyno, yban de quando en quando (de algunos moros ricos) muchas mugeres hechas unas debanaderas, con diversas patenillas de plata en los pechos, colgadas de los cuellos, con gargantillas, collares, arracadas corales, y con mil gayterías, y colores, en sus trages y ropas con que disimulavan algo el dolor del corazçón. Los otro que eran mas sin comparación, yban a pie, cansados, doloridos, perdidos, fatigados, tristes, confusos, corridos, rabiosos corrompidos, enojados, aburridos, sedientos, y hambrientos tanto, que por justo castigo del cielo no se veyan hartos ni satisfechos, ni les bastava el pan de los lugares, ni la agua de las fuentes, con ser tierra tan abundante, y con dalle el pan sin limite con su dinero.

Muchos autores han comentado y utilizado la obra de Aznar. Véase, por ejemplo, Caro Baroja, «Los moriscos aragoneses según un autor del siglo xvii», en Razas, pueblos y linajes


Anuncios



Escribir comentario

Debes iniciar sesión para escribir comentarios.

Si no estás registrado puedes registrarte en un minuto.

  • Esta es la opinión de los internautas, no de Webislam
  • No están permitidos comentarios discriminatorios, injuriantes o contrarios a la ley
  • Céntrate en el tema, escribe correctamente y no escribas todo en mayúsculas
  • Eliminaremos los comentarios fuera de tema, inapropiados o ilegibles

play
play
play
play
Colabora


 

Junta Islámica - Avda. Trassierra, 52 - 14011 - Córdoba - España - Teléfono: (+34) 957 634 071

 

Junta Islámica
https://www.webislam.co/articulos/18557-de_la_condicion_trato_traje_comida_officio_vicio_y_pestilencia_pegajosa_de_los_m.html