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Por un Estado palestino

23/10/2000 - Autor: Emilio Menéndez del Valle - Fuente: El País
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Colonización, explotación, expulsión. Masacre, miseria, ocupación. Alienación. Decepción, frustración, rebelión, miedo, terror, odio.

Todas estas situaciones y sentimientos ha conocido el pueblo palestino en su historia reciente.

Casi contra todo pronóstico, casi contra toda provisión (hay que reconocer que no todos creían en el proceso de paz), la decepción y la frustración, el miedo y el odio, se han incrementado después de las esperanzas nacidas en Oslo y han desembocado en lo que hoy es prácticamente un proceso de guerra. Las provocaciones y las humillaciones reiteradas cultivan y acrecientan el resentimiento y el odio.

Ante las provocaciones y las humillaciones de estos días, frente a la violencia estatal desproporcionada y sin sentido, ante la arrogancia y la ceguera política del más fuerte -que debería saber que corresponde a él y no al más débil dar el primer paso conciliador- me siento provocado y humillado.

Me considero engañado y frustrado, ahogado en la manifiesta ingenuidad de haber creído, a pesar de los pesares, en los siete años del proceso iniciado en Oslo, de alguna manera liquidado por la violencia en octubre de 2000.

Confieso hallarme atónito ante la posición del primer ministro de Israel -en quien tantos tantas esperanzas habían depositado- que exigió el 7 de octubre al presidente de la Autoridad Nacional Palestina que eligiera "entre la paz y la violencia", como si la violencia -la genuina, la que ha segado estos días un centenar de vidas palestinas- no hubiera sido generada por la policía y el Ejército israelíes.

No comprendo que el ministro de Seguridad Interior y de Asuntos Exteriores de Israel, Shlomo Ben Ami -que conoce el riesgo de que el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, en condiciones como las que Oriente Próximo vive estos días, sea desbordado por el extremismo palestino- declare que Arafat "no es un socio para hacer la paz" (EL PAÍS, 8 de octubre de 2000). ¿Quién lo es entonces? ¿Es que buscan a alguien que haga todavía más concesiones? Nadie puede conceder más que Arafat, que por ello viene siendo fustigado por un significativo sector de la intelectualidad y la población palestinas. ¿O es que no se quiere la paz?

Y no deja de llamarme la atención la coincidencia de opiniones sobre este particular de sensibilidades diversas en Israel, aunque algunas me sorprenden más que otras. Me sorprende el escritor Amos Oz, normalmente ecuánime, cuando ahora dice que Arafat es "infiable", criticando que se dedique a viajar, en lugar de "empeñarse en construir la sociedad palestina, combatir la droga, enfrentarse a la corrupción, ocuparse de la economía y de la pobreza" (Corriere della Sera, 10 de octubre de 2000).

Coincide así Oz con Uri Dromi, quien escribe que "Arafat, que está probablemente enamorado de su papel de revolucionario luchador por la libertad (Oz dice que actúa como Che Guevara en lugar de ser un Fidel Castro), parece ser reacio a investirse del status menos atractivo de jefe de un pequeño Estado que dé la batalla no al enemigo sionista, sino a problemas más mundanos como el desempleo" (International Herald Tribune, 9 de octubre de 2000).

¡Oportuna ocurrencia! A Dromi y a Oz los árboles no les dejan ver el bosque. El primero habla de un pequeño Estado palestino... que no existe por voluntad de Israel. De haber consentido su nacimiento hace un par de años, es probable que tal Estado pudiera haber contribuido a evitar la violencia de los últimos tiempos, amén de haber servido para racionalizar un sistema político como el palestino en el que el caos es dueño y señor. Justamente porque las cualidades y calidades propias de la estatalidad brillan por su ausencia, Hamás funciona como un Estado dentro del Estado y policías palestinos (embargados de la misma frustración, desengaño y resentimiento que la mayoría de la población) se unen a los manifestantes, sobre todo cuando éstos son asesinados con medios bélicos no precisamente ajustados a la represión de disturbios causados por ciudadanos que lanzan piedras. Además, las competencias exigidas a Arafat por Dromi y Oz -de la lucha contra el desempleo a aquélla contra la droga- son propias precisamente de un Estado que, insisto, es inexistente y cuyo lugar es hoy virtualmente ocupado por un movimiento de liberación nacional, fase que no se ha permitido realmente a la OLP superar.

Hay también quien, semiapuntándose a la solución bélica, dice que volverá a haber negociaciones, aunque "tal vez después de una confrontación militar", pero mostrándose inclinado a que las mismas tendrán lugar "quizás con los herederos de Arafat" (Zeev Schift, en Haaretz, 10 de octubre de 2000). El caso es que, de una u otra manera, diversos creadores de opinión en Israel se hallan empeñados estos días en convencernos de que Arafat no es el dirigente adecuado. Y caen en la cuenta precisamente ahora.

Es posible que la convergencia de actitudes israelíes a que acabo de aludir tenga su explicación en el sentimiento -psicosis- exacerbado por su seguridad, algo históricamente justificado, pero que difícilmente puede trasladarse hoy a la "amenaza" supuestamente inducida por la Autoridad Nacional Palestina.

En cualquier caso, la mayoría de los puntos que en este artículo suscito podrían ser considerados -y las convenientes lecciones aprendidas- por la labor de una comisión internacional de investigación sobre la violencia de octubre de 2000. Algo apoyado, entre otros, por el presidente de Francia, Chirac, y que le ha costado la enemiga de Israel.

He aquí algunas cuestiones que -en mi opinión y en la de algunos comentaristas de la prensa israelí independiente (ésa es la gran ventaja de Israel)- una posible comisión de encuesta podría afrontar:

a) Partiendo de la base de que el detonante de la protesta palestina (que no de la violencia) fue la "visita" de Ariel Sharon a la Explanada de las Mezquitas, "protegido" por una absurdamente grande, desproporcionada, fuerza policial, habría que preguntarse quién y por qué dispuso tal despliegue.

b) ¿Por qué al día siguiente de la presencia de Sharon, viernes, jornada especialmente significativa para los musulmanes, alguna autoridad israelí ordenó que la presencia masiva y hostil de la policía prosiguiera igual que cuando estuvo Sharon?

c) Deduciendo que tal actitud policial -arrogante y obvia e innecesariamente indicativa de la soberanía israelí de facto sobre lugares santos del islam- había de ser considerada por los miles de fieles de esa religión como una segunda provocación, ¿por qué, al ser lanzadas las primeras piedras, la fuerza israelí efectuó todo tipo de disparos contra quienes las arrojaban, sabiendo que detrás de ellos se encontraban los miles de fieles citados?

d) Habiéndose comprobado en varios hospitales de Jerusalén que la mayoría de los muertas y heridos palestinos, muchos de ellos jóvenes y niños, tenían serias o letales heridas en la cabeza, pecho, abdomen u ojos, ¿quién ordenó apuntar a las partes vitales del cuerpo?

Una comisión investigadora formularía más preguntas y, dependiendo de sus miembros y del origen de su nombramiento, profundizaría más o menos en las causas y motivos de los tremendos acontecimientos que los medios de comunicación han transmitido estos días. Cabe incluso la posibilidad de que una de sus conclusiones estableciera que, probablemente, nada de lo vivido hubiera ocurrido de haber existido el Estado palestino. Y tal vez una de sus recomendaciones incluyera la necesidad y la urgencia de crear tal Estado, que -haciendo gala de inteligencia política- el establecimiento político israelí debería propiciar y respetar.

*Emilio Menéndez del Valle es vicepresidente de la Delegación para Palestina del Parlamento Europeo
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