webislam

Lunes 11 Noviembre 2019 | Al-Iznain 13 Rabi al-Auwal 1441
779 usuarios en linea | Español · English · عربي

WebIslam.com

» Artículos

?idt=2301

La Rus vista por el viajero andalusí Abu Hamid al Garnati (1080 - 1169)

06/09/2000 - Autor: Ángel Luis Encinas Moral
  • 0me gusta o estoy de acuerdo
  • Compartir en meneame
  • Compartir en facebook
  • Descargar PDF
  • Imprimir
  • Envia a un amigo
  • Estadisticas de la publicación

I. Apuntes biográficos
 
La cultura de frontera, cuya ciencia encargada de su estudio se propone denominar científicamente sinoreología, tiene un bello exponente en la obra Tuhfat al-Albab, de Abu Hamid al-Garnati. Este autor, cuyo verdadero nombre era Abu Hamid Muhammad b. `Abd al-Rahim b. Sulayman b, Rabi´, llamado también al-Qaysi, al-Andalusi, al-Uqlisi y al-Garnati, nació en Granada (al-Andalus) en el año 473/1080 durante el reinado de `Abd Allah b. Buluggin (465/1073-482/1090). Parece ser que residió probablemente en la villa toledana de Uclés hasta dos años antes de que cayese en manos de los almorávides tras la célebre batalla de Uclés (501/1108) en la que perecieron el conde García Ordóñez y el infante Sancho, jefes de las tropas castellanas. Después viajó por al-Andalus y la abandonó definitivamente en el año 500/1106 para alejarse de la intransigencia político-religiosa manifestada por los monarcas almorávides en el ejercicio del poder.
 
Desde entonces, es posible reconstruir su vida basándose en la propia obra de este autor, que es un reflejo de los períodos diferentes de su vida, de las tierras visitadas por él y de las gentes por él conocidas en ellas, de las obras y vestigios de la arquitectura antigua que despertaron su curiosidad y de todo cuanto vio y oyó.

A partir de este momento, Abu Hamid visitó muchas regiones del Magreb, partiendo en barco desde la ciudad de Túnez a Alejandría en el año 511/1117-8. Arribó a El Cairo el año siguiente y residió allí durante un trienio, en el transcurso del cual recorrió Egipto, recibiendo la enseñanza de doctos ulemas y gramáticos como Abu Sadiq Murshid b. Yahyá al-Madini, Abu l-Hasan al-Farra al-Mawsili y Abu `Abd Allah Muhammad b. Barakat b. Hilal al-Nawhi. Encontrando allí a Abu l-Àbbas al-Hiyazi, residente en China e India durante cuarenta años, que le narró fabulosas historias de estos países. En Egipto pudo contemplar el Faro de Alejandría y el obelisco de Ain Shams, obras faraónicas ya desaparecidas. Asimismo pudo contemplar las pirámides de Gizah. Estudia los dichos de Muhammad Ibn-Abdullah y sus diferentes cadenas de transmisión en Damasco y se dirige a Bagdad tras pasar por Askalón y Baalbeek y contemplar las ruinas de Palmira. Entró en la capital califal en el año 516 /1123 y residió en ella un cuatrienio, hospedándose en casa del hospitalario Inb Jubaira, futuro visir de unos cuantos califas. En Bagdad nació su hijo Hamid, por el cual recibió el apodo (kunia) respetuoso de Abu Hamid. Desde allí partió a Abhara, camino de Ardebil, gran ciudad del Azerbaidzhán Meridional, donde llegó en 524/1130. Desde allí atravesó las montañas y recorrió las estepas de Mugán. A continuación recorrió la península de Apsheronsk, al este de Azerbaidzhán, visitando Derbent. Llegó a la ciudad de Sayzin en el año 525/1131. Allí se instaló con su familia y vivió en ella durante veinte años. Desde esta ciudad viajó a la Bulgaria del Volga (529-530/1135-1136). En el año 545/1150 Abu Hamid partió desde Bulgar a la Rus, cruzando probablemente el río Oká. Su encuentro con los polovtsianos, musulmanes nómadas de las estepas que se extendían desde el Volga al Danubio, fue seguramente decisivo a la hora de elegir su nuevo rumbo. Abu Hamid se dirige a Bashgird (Hungría), donde los musulmanes nómadas juegan un notable papel como fuerza de choque de los ejércitos reales húngaros. Allí ejerce de imam y de ulema, teniendo numerosos discípulos. El hecho de ser recibido en audiencia real indica que el lector no se encuentra ante el relato de un simple viajero. En este país se encontró desde el año 545/1150 al 548/1153. El rey húngaro no le dejaba partir de Hungría, a causa de su probable influencia sobre la comunidad musulmana, por lo que Abu Hamid se vio obligado a partir dejando a su hijo Hamid en calidad de rehén. Desde allí se dirigió a Kíev, Sayzin y Jorezm, partiendo de esta ciudad a La Meca en 547 /1153 e. c.). Tras realizar el Hayy (Peregrinación), visitando también Medina y otros lugares sagrados del Islam en la Península Arábiga, regresó a Bagdad en 555/1160. En el año 557 /1162 vivía en Mosul y allí, comenzó a escribir la Tuhfat al-Albab ( El regalo de los espíritus), a instancias del Sheij `Ummar b. Muhammad b. al-Jidr al-Ardabali (el ya conocido Ibn Jubayra), el cual llevaba cinco años sirviendo en calidad de visir al califa al-Muktafi. Esta obra se la dedicó a Mu`in ad-Din Abu Jafs `Umar al-Malla, jefe la comunidad sufí de Mosul, y fue concluida en el año 560/1165. Abu Hamid se trasladó a Alepo y desde allí a Damasco, donde falleció en el año 565/1169-70 a la edad de noventa años. 
 
II. Reflexiones sobre su obra
 
Abu Hamid al-Garnati encontró su lugar más preclaro entre la historia de los grandes viajeros medievales europeos como Marco Polo, Plano Carpini, Guillermo de Roubrouk o Afanasi Nikitin.

Su relato de todo cuanto pudo contemplar en la Bulgaria del Volga, la Rus y Hungría no solamente es valioso como testimonio de un testigo de época, sino como fuente histórica de valor inapreciable. Muchos han sido los autores medievales árabes que visitaron la Rus o escribieron sobre ella aportando testimonios valiosísimos para su estudio, entre ellos Ibn Jordadbeh (circa 270 / 893) e Ibn Fadland (308/921), quien dejó, entre otros testimonios notables, una bellísima descripción del ritual funerario de los nobles rusos paganos en el Volga. No obstante, es preciso aclarar que, si bien su cultura religiosa islámica era vastísima, Abu Hamid al-Garnati no era un hombre de ciencia. Por esa razón su relato está plagado de testimonios de carácter antropológico, folklórico o etnológico que son precisamente el principal atractivo de la lectura de su obra.

La obra fue publicada parcialmente en árabe y español por primera vez por César E. Dubler en Madrid en el año 1953. Dubler tradujo el manuscrito árabe nº XXXIV de la Colección Gayangos en la Real Academia de la Historia, aportando un excelente aparato crítico sobre los pueblos y territorios de Eurasia visitados por Abu Hamid al-Garnati.

La obra de Abu Hamid al-Garnati fue traducida completamente al español por la profesora Ana Ramos, profesora del Dpto. de Árabe de la Universidad Autónoma de Madrid, y debió haber sido publicada en el año 1985, pero el cierre de la Editora Nacional postergó su publicación hasta el año 1990. En esta publicación destaca el aparato crítico, especialmente sus aspectos bibliográficos, geográficos y toponímicos, no en vano, la Dr. Ramos es una de las mejores especialistas en Rihlas (relatos de viajes) árabes de la España actual. Asimismo, la profesora Ana Ramos ha utilizado las fuentes más importantes de la obra de Abu Hamid: los manuscritos 2.167 y 2170 de la Biblioteca Nacional de París y el número 2168 de la misma Biblioteca editados por G. Ferrand, así como fragmentos del manuscrito de Argel, editado también por el mismo autor francés.
 
Algunos fragmentos del Tuhfat al-Albab fueron incluidos en la traducción al ruso de al -Mu`rib `an ba`d `aya´ib al- Magrib (Antología de las maravillas del Magreb) realizada y publicada por Bolshakov y Mongayt en 1971. Esta monografía aporta datos más concretos acerca de los pueblos de Europa Oriental y de Asia Centralque las realizadas en España y Francia por conocer mejor la historiografía rusa y de Europa Oriental, mucho más precisas que los materiales publicados en Europa Occidental en lo relativo a antopología, folklore y etnología de las regiones del Cáucaso, Bulgaria del Volga y Rus visitadas por Abu Hamid al-Garnati en el transcurso de su viaje. Asimismo, cabe decir que los autores de esta publicación trabajaron con el manuscrito de Tuhfat al-Albab que forma parte desde 1871 de los fondos documentales del Instituto de Orientalismo de la filial de la Academia de Ciencias de San Petersburgo. Mongayt publicó asimismo 2 artículos sobre Abu Hamid al-Garnati.
 
El autor desconoce si Tuhfat al-Albab se ha traducido a otras lenguas por no haber encontrado más referencias bibliográficas en los centros bibliográficos y documentales consultados: Biblioteca de la Federación Rusa (Antigua Biblioteca Lenin), de Moscú; Biblioteca Nacional de España; Biblioteca del Departamento de Árabe de la Facultad de Filología de la Universidad Complutense de Madrid; y Biblioteca del Instituto de Cooperación con el Mundo Árabe, de Madrid.

III. Sobre la Rus y territorios adyacentes

Inicia Abu Hamid en Tuhfat al-Albab su relato sobre temas que pudieran tener referencias a tierras rusas mencionando el tema de Gog y Magog: "Después instaló a Gog y a Magog, los pueblos que descienden de Adán por la estirpe de Noé, ¡sobre él sea la paz!; Dios destinó para ellos el extremo del país del Norte, en una región vecina al mar de las Tinieblas, cuya longitud es de 80 años de marcha. Entre estos pueblos y los descendientes de Sem se encuentra la muralla del Bicorne, a quien el Altísimo cita en el Corán (Corán XVIII, 82) Dicha muralla está situada entre dos escarpaduras de la montaña y el Bicorne mandó que fuera construida con hierro y cobre."

La lectura del manuscrito de Argel de Tuhfat aporta al lector una versión nueva, mucho más realista de la construcción de unos puentes que unen entre sí todos los picos del Monte al-Qabq, comenzando en Sirwan y terminando en al-Lan. Y menciona el levantamiento de una muralla en desde el Caspio a Tabaristán, hecha de piedra, hierro y plomo. Esta muralla fue construida para evitar el constante paso de los jázaros a Persia y los saqueos a que sometían a esta tierra".

Más adelante, el viajero granadino menciona que se "precisan seis años para recorrer el país de los Jázaros, el de los Saqaliba... ...el de los Lazkan...". Ello es claro testimonio de las duras condiciones en que se debería viajar a mediados del siglo XII por las tierras de la Rus.

Seguidamente el autor informa de la conversión de los lenguones, kumykos y otros pueblos del Daguestán al Islam en tiempos del califa Hisham b, ´Abd el Malik (reinó desde 106/724 al 125/743), siendo gobernador de la región Maslama b. ´Abd el-Malik, que tomó Derbent por asalto. Abu Hamid aprovecha este episodio para narrar la leyenda de la espada de Maslama que quedó encerrada en una hornacina cavada en la roca para que no se rebelasen los habitantes locales. Convirtiéndose este lugar en centro de peregrinación.

Abu Hamid al-Garnati informa de la existencia del pueblo de los Zereh Geran (Fabricantes de Corazas), que habitan en una montaña no lejos de Derbent. Eran fabricantes de toda clase de armas, corazas, cotas de malla y todo tipo de utensilios de cobre. De esta producción se encargaban "las mujeres, niños, niñas siervos y esclavas". Al viajero granadino le llama profundamente el hecho de que no practiquen ninguna religión ni paguen impuestos. Asimismo, Abu Hamid sufre una gran impresión al conocer el ritual funerario de los kurbachí, consistente en descarnar los cuerpos de hombres y mujeres para dar su carne a los cuervos en el caso de los primeros, y a los milanos, en el caso de las segundas. También destacada la capacidad de utilizar la magia por parte de los kurbachí a la hora de repeler los asaltos de los enemigos externos y del miedo que les tienen los árabes por esta razón. Aunque mucho más probable es que los árabes sufriesen una verdadera derrota a manos de los kurbachí al intentar ocupar su territorio.

Abu Hamid visitó los territorios de las estepas orientales dominados por los polovtsianos, a los cuales llama turcos cuando se dirigía a Juwarizm.

Al describir el Mar Caspio menciona los yacimientos petrolíferos de Bakú y proporciona al lector una interesante receta local: la "gacela a la nafta", que el autor considera interesante recoger aquí:

"En este lugar se cazan gacelas, cuya carne, troceada, se introduce en la piel del propio animal, procurando que quede bien apretada: después de introducir en el pellejo una caña hueca, se la entierra en aquella tierra negra. Al cabo del tiempo, la carne aumenta de volumen y por el tubo de la caña empieza a salir espuma como si se tratara de una marmita; cuando deja de salir espuma es que la carne ya está cocida. Se desentierra entonces la piel, que se conserva perfectamente, y la carne que se introdujo en ella está en su punto y además caliente a pesar de que aquella tierra no genera más que un calor semejante al que se produce en el estómago. Se trata de una de las maravillas del mundo".

A los ojos del investigador moderno no deja de ser curiosa esta forma de preparar embutido "halal" por procedimientos naturales no contaminantes. Asimismo, Bakú era célebre por haber en ella diferentes yacimientos de minerales, algunos de los cuales servían para probar el oro, y por las piedras de ámbar talladas.

Sorprende también al observador contemporáneo la magnífica descripción que hace Abu Hamid del esturión que habita en el Itil y de la forma en que es consumido habitualmente por la población local:

" En este río viven muchas variedades de peces, que en nada se parecen unas a otras. Hay un pez que mide unos 100 mann, cuya forma es alargada y que tiene una especie de trompa donde se encuentra la boca, que es pequeña, del tamaño de un dedo. Carece de espinas, de dientes y de huesos, y de su estómago se extraen las huevas. Este pez es exportado a las regiones más remotas. Cuando se le asa y se le sirve con arroz, como si se tratara de carne, resulta más exquisito que cualquier carne del mundo. En cuanto al arroz, que se pone debajo de él, adquiere un sabor delicioso, resultando más sabroso que el que se sirve con gallina bien cebada. Ni la carne ni la grasa de este pescado tienen olor alguno. Es una de las maravillas del mundo"

Este testimonio es muy valioso porque, en primer lugar, revela la existencia de un consumo extendido de esturión, no solamente entre la población local, sino allende el Volga y el Caspio; y, en segundo lugar, porque Abu Hamid informa de la extracción de las huevas del esturión, aunque lamentablemente en Tuhfat no informa acerca de su posterior proceso de transformación en caviar, pero afortunadamente sí hace detalladamente en su obra al-Mu`rib.

Asimismo, llama la atención la impresión que le hace a Abu Hamid la gruesa capa de hielo que se forma durante el invierno en el río Itil y cómo se puede caminar, montar a caballo, pasar las carretas e incluso combatir sobre sus aguas heladas. Todo ello unido al ingenioso sistema de calefacción de que se dotaban los habitantes de sus riberas.

La ciudad de Saysin es vista por el viajero granadino como una urbe en la que reina el respeto más absoluto entre todas las comunidades religiosas. Tanto cristianos, judíos y musulmanes hanafíes, malikíes y saafíes disponen de iglesias, sinagogas y mezquitas donde poder orar. Además, todas las comunidades religiosas tenían sus propios, jueces, juristas y predicadores. Por otra parte, la vida en la ciudad no era cara y eran abundantes la carne, el caviar, las frutas y el pan, que se pagaban con "plomo blanco".Tal vez este sano clima de convivencia social y el alto nivel de bienestar influyesen en el ánimo de Abu Hamid para establecer allí su residencia.

Merece especial atención el breve testimonio de Abu Hamid acerca de la existencia de relaciones comerciales entre las tribus finesas y los habitantes del Itil en Tsuway.

Mucho más elocuente es su testimonio sobre el comercio de espadas de Azerbaidzhán, Zanyan, Abhar, Tabriz e Isfahán, promovido por los comerciantes musulmanes de Bulgar a cambio de pieles de castor que les proporcionan los wisu, tribu que habitaba desde Beloózero hasta la región oriental del lago Ládoga (Vostóchnoye Priládozhie). La tierra de esta tribu se encontraba en plena vía comercial euro-árabe. El camino desde Nóvgorod a Oriente pasaba por Sújona y Vychegda y conducía también al Ládoga por el lago de Kúbena y Sheksná. Los vies formaron tempranamente parte del pueblo ruso antiguo. Tal vez por ello pudiesen trocar con entera libertad sus espadas por pieles de marta cibelina en regiones tan alejadas de su territorio, a orillas del Ártico, cuyos habitantes utilizaban las espadas azerbaidzhanas a modo de arpón para cazar ballenas, con cuya carne y grasa hacían cecina. Además, estos pueblos desconocían la guerra.

No deja de ser curioso el relato de la bella ondina que, sacada de la oreja de la ballena, falleció al ser llevada a tierra. Y curiosa sería, si Abu Hamid no hubiese sido un hombre profundamente religioso, es la afirmación de que "tenía una especie de piel blanca que la envolvía como si fuera un velo, creado por Dios a propósito como un vestido que la cubría el sexo y la parte de atrás".

Este mismo sentido fantástico tiene la figura hiperbólica del gigante de Bulgar, llamado Danqa, una especie de Goliat local, que medía más de siete codos de alto, al igual que su hermana, la cual había matado a su marido. "Sucedió que al estrecharle la mujer contra su pecho le fracturó las costillas, produciéndole la muerte instantánea".

Bulgar distaba cuarenta días de viaje de Saysin. A Abu Hamid le llama la poderosamente la atención el que sus casas eran de madera de pino y su muralla de madera de roble, porque provenía de un al-Andalus donde la inmensa mayoría de las viviendas urbanas y de las murallas defensivas de las principales urbes andalusíes habían sido hechas de piedra. También deja perplejo a al-Garnati el terrible frío invernal que reinaba en la ciudad, el cual sobrepasaría con creces las gélidas temperaturas invernales de su Garnata natal cuando soplaban los típicos vientos fríos invernales desde el Mulhacén, Veleta y otros elevados montes de Sierra Nevada.

En lo referente a las costumbres de los habitantes de Bulgar cabría mencionar las cabalgadas invernales de sus janes para obtener esclavos entre los pueblos incrédulos de sus alrededores, los cuales es de suponer que serían vendidos en los mercados de Saysin u otras localidades importantes de la ribera del Mar Caspio a tratantes de esclavos judíos, musulmanes, los cuales a su vez los distribuirían por los territorios del Islam, desde el Juwarizm hasta Garnata, Isbiliya y Kurtuba, donde serían conocidos como saqqaliba; o bien a mercaderes rusos, los cuales vendían esclavas en Constantinopla, capturadas en las guerras con pueblos vecinos e incluso con otras tribus eslavas, también eran vendidas en Itil, Sarkel y otras poblaciones de las riberas del Volga. Este es un dato importante porque aunque la sociedad de la Bulgaria del Volga era feudal se veía necesitada del uso de la mano de obra esclava extranjera en los trabajos agrícolas. Asimismo, cabe mencionar la importancia del comercio de pieles procedentes de Rusia en la región del Volga. Las pieles rusas tuvieron gran demanda en el jalifato árabe especialmente durante el reinado del célebre Harún al-Rashid en el transcurso del cual se convirtieron en ropa de lujo gracias a que las puso de moda Zubayda, esposa del mencionado califa. A cambio, los rusos estaban deseosos de acumular grandes cantidades de dírhames árabes de plata y de comprar a los comerciantes musulmanes bellos objetos de oro, plata y piedras preciosas para sus mujeres.

En los territorios históricos de la Rus se han encontrado restos de dírhames acumulados por particulares, allí llevados por los búlgaros del Volga y los comerciantes árabes con cierta asiduidad. Así, en el transcurso de los trabajos de excavación, llevados a cabo en Kíev por diferentes expediciones arqueológicas, se han encontrado monedas árabes procedentes de las cecas de Kufa, Samarkanda, Bagdad, Shash, Merv, Balj y de otras ciudades.

Abu Hamid deleita al lector con descripciones de gran importancia y novedad para el lector de su época. Éstas son, sin duda alguna, de gran importancia por su carácter de primicia informativa. En este sentido, el autor granadino menciona por primera vez en la historia la existencia de los colmillos de mamut, en su opinión como de elefante, pero desconoce su origen, si bien describe que son utilizados en Juwarizm y Jorasán para hacer objetos de usos personal.

Asimismo, Abu Hamid hace una brillante descripción de los esquíes y de los bastones de madera utilizados por los búlgaros del Volga para desplazarse por la nieve que cubre los territorios de su país durante todo el invierno. La descripción de los esquíes va acompañada de un excelente dibujo de uno de ellos en el que se observa perfectamente su forma de perfil. Es probable que en toda la literatura medieval europea anterior al ilustre granadino no se encuentre una descripción más antigua y tan precisa de los esquíes y de su utilidad como medio de transporte.

No menos curiosa es la etimología del nombre Bulgar leída por Abu Hamid en la Historia de Bulgar, del célebre al-Bulgari, que no se ha conservado hasta la actualidad.

En esta obra se cuenta la historia de un comerciante árabe que llegó a la Bulgaria del Volga. Este hombre era alfaquí y experto en medicina. Los reyes búlgaros enfermaron repentina y misteriosamente de una dolencia fuerte que les hizo temer por su vida. Entonces el comerciante musulmán les propuso curarles y restablecer su salud si tras ello abrazaban el Islam. Los monarcas estuvieron de acuerdo en ello y se convirtieron al Islam con todo su pueblo.

Entonces el rey jázaro salió al encuentro de los monarcas búlgaros del Volga y les reprochó haber abrazado el Islam sin su permiso. A lo cual el comerciante musulmán les dijo a estos últimos que no tuviesen miedo y confiasen en Alá. Así lo hicieron y combatieron a los jázaros mencionando los nombres de Alá y Muhammad (SAWS), obteniendo una gran victoria y logrando la conversión al Islam del rey jázaro. Asimismo, el rey jázaro vio a unos jinetes montados sobre caballos blancos que mataban y derrotaban a sus huestes. En opinión del comerciante musulmán se trataba de las tropas celestiales. Entre los búlgaros del Volga el vocablo bular significa sabio, por eso aquella tierra fue llamada Bular y los árabes lo adaptaron a su lengua llamándola Bulgar. Es hermosa esta leyenda narrada por Abu Hamid, que por cierto guarda cierta concomitancia con la de la inexistente batalla de Clavijo, pero no hay que olvidar que, en realidad, el término bulgar fue aplicado por los bizantinos a los búlgaros para reflejar su típico modo de vida nómada.

Se ignora cuál es el pájaro del norte a quien se refiere Abu Hamid en su relato al-Mu`rib. Además de las propiedades curativas de su carne par quienes tenían cálculos de riñón y vejiga, quizá lo más interesante de él sea la mención a la prohibición que tenían los wisu y los arwa para entrar en el territorio de Bulgar durante el verano con el fin de que no estropeasen las cosechas porque se creían los búlgaros que su presencia podría helar las aguas.

Al llegar al Oká, río de los saqqaliba, Abu Hamid queda sorprendido por el color negro de sus aguas, debido seguramente a la turbulencia de éstas. Parece ser que este río estaba poblado de anguilas, a las que el autor granadino llama serpientes negras. Asimismo, abundaban en él las martas cibelinas, cuyas pieles, como se vio anteriormente, se comercializaban en Bulgar y Saysin.

Al autor granadino, al igual que a todos los viajeros que han visitado la Rus y posteriormente Rusia, le sorprende la inmensidad de un vasto territorio estepario cuyo horizonte apenas si es visible por el ojo humano. Atrajeron también su atención los inmensos campos cultivados de trigo, cebada o centeno. No hay que olvidar que esa producción de cereales era afamada en Europa desde la Edad Media hasta que en 1986 la catástrofe de Chernobyl inutilizó la agricultura ucraniana con la radioactividad salida del reactor de la central nuclear explosionada. La Rus y luego Ucrania fueron el granero de Europa durante todos esos largos siglos. A los ojos del lector actual sorprende, por razones obvias, la calificación a las manzanas de la región de las más hermosas que hay.

Menos sorprendente para quien conoció la Rusia anterior a la perestroyka es la afirmación de lo barata que era allí la vida. Tal sensación la han debido experimentar, sin duda, todos los viajeros llegados a Rusia a lo largo de toda su historia y procedentes de países más desarrollados y con mayor nivel de vida que ella.

Merece especial atención la apreciación de la calidad del pan ruso por Abu Hamid. Calidad que no ha variado hasta la actualidad y que los rusos han sabido mantener a través del tiempo como tal vez lo mejor de todas sus señas de identidad material positiva. Quien haya probado el pan ruso es difícil que haya encontrado otro pan con la variedad y calidad de éste. Si bien es cierto que otros panes europeos, el español y francés, tampoco pueden ser objeto de desprecio por parte de cualquier gourmet que se precie de serlo.

Es curioso el hecho de que Abu Hamid dijese no conocer el uso de la moneda entre los rusos. Ésta se venía acuñando en las cecas rusas desde el reinado de Vladímir . Seguro que el viajero granadino no supo identificarlas como tales. El comercio rural en la Rus de Kíev continuaba siendo de trueque. Prueba de ello es el hecho de que la población agraria rusa se dedique al curtido y enmanojado de pieles viejas. No dejando de ser insólito en el relato de Abu Hamid que en como remate a esos manojos de pieles en la punta del hilo se pone un pedazo de plomo negro, sellado con un cuño que ostenta la figura del rey. Estos pedazos de plomo no pueden ser obviamente otra cosa excepto las grivnas de plata de uso común en el agro ruso hasta la invasión tártaro-mongola. De ahí que sirvan para poder adquirir esclavas, muchachos, pieles, oro, plata, pieles u otras mercancías.

La justicia rusa es muy rígida para Abu Hamid. Este concepto de severidad en ella ha perdurado en la mentalidad de los extranjeros hasta la actualidad, especialmente en lo que atañe a los centros y régimen penitenciarios. No obstante, la Rússkaya Pravda (Ley Rusa) y la Breve Pravda Yaroslávichei (Ley Breve de los Hijos de Yaroslav) se diferenciaban muy poco de cualquiera de los códigos de justicia europeos, salvo en lo que atañía a las penas y al riguroso cumplimiento de éstas. En la normativa jurídica medieval rusa se observa una tendencia a equiparar el concepto de justicia con el de verdad. De ahí que la primigenia jurisprudencia medieval rusa esté plagada de referencias a multas por lesiones causadas por agresión de terceros y a la venganza de sangre por parte de los familiares de un individuo asesinado por terceros.

A la luz de las noticias que sobre Rusia difunden los medios de comunicación nacionales y extranjeros en la actualidad, llama poderosamente la atención la afirmación de Abu Hamid acerca de que la Rus es segura y sobre el respeto a los extranjeros en los tratos comerciales con los nativos, llegándose a la esclavización legal de éstos si carecían de la suma necesaria para el pago de las deudas que tuviesen con los comerciantes extranjeros con quienes hubiesen concertado previamente un trato.

Despierta la curiosidad del investigador el hecho de que una persona de elevada sensibilidad estética y espiritual como Abu Hamid mencione escuetamente en su relato a Kíev con el nombre de Gurkuman, lo cual es probablemente un error del copista del manuscrito de Kuyaba, nombre árabe de Kíev. Quizás su silencio tenga su porqué en que después de haber visto el esplendor y el lujo de las grandes ciudades del califato árabe como El Cairo, Damasco y Bagdad, el viajero granadino no se sorprendiese con la belleza de un Kíev que había deslumbrado tanto en el siglo X al obispo Adalberto, embajador de Otón I a la princesa Olga, como en el siglo XI a Adam de Bremen, que la llamó "adorno de Oriente".

No había otro enclave urbano con tanta población musulmana asimilada culturalmente por los polovtsianos y que, según testimonia el propio Abu Hamid desconocían algo tan elemental en la práctica religiosa del Islam como la oración del viernes y la jutba (sermón) precedente a ésta.

Otro relato de Abu Hamid sobre la brujería en la Rus y con el episodio de la existencia de brujas y de los castigos que se infligían a éstas entre tribus de origen desconocido que habitaban en los bosques pone fin al relato del viajero granadino sobre la Rus y los países adyacentes.

El autor del presente trabajo prefiere no referirse a la estancia del viajero granadino en Bashgird (Hungría) por la razón de que este tema se escapa al objeto de los estudios de Rusística y Eslavística y no contiene tampoco testimonios de gran valor para el conocimiento de la Rus, sino que más bien Abu Hamid aporta en él datos de carácter autobiográfico.

IV. Al-Andalus y la Rus en vida de Abu Hamid:
(a modo de conclusión)

La al-Andalus que había abandonado Abu Hamid en su juventud se había vuelto una sociedad fundamentalista desde que los almorávides habían conseguido imponer su dominio en ella en el año 1090, cuatro años después de la derrota de las tropas de Alfonso VI de Castilla en Zallaqah (Sagrajas) por las huestes del líder almorávide Ibn Tashfin. Éste desembarcó en al-Andalus como libertador y convocó una asamblea de monarcas de taifa en Córdoba. A ella asistieron casi todos, salvo `Abd Alá, de Granada, el cual tuvo que rendir esta plaza ante el asedio de los almorávides. Tras sufrir él y su familia un trato vejatorio se le confiscaron todas sus propiedades y se le permitió partir a Algeciras, Ceuta y Agamat, al noreste de Marrakech, con trescientos dinares, tres sirvientes y tres mulos.

La expedición militar de Ibn Tashfin fue tan espectacular que en unos meses solamente conservaron su trono Ibn al-Aftas de Badajoz y el rey poeta al-Mu`tamid de Sevilla. Éste último perdió el trono en 1091 y fue conducido a Agamat, donde murió en la miseria. Desde entonces y hasta el año 1145 al-Andalus fue una provincia del imperio almorávide que se gobernaba desde Marrakech. Los nuevos dueños de al-Andalus, monjes guerreros, caracterizados por su fanatismo religioso, abrieron una profunda brecha entre los musulmanes y los cristianos. Estos vieron en el movimiento almorávide a los promotores de una guerra religiosa musulmana a la cual era preciso contestar con una cruzada similar a las que llevaban a cabo otros cristianos europeos en Palestina. Fruto de esa desconfianza fue la expulsión de los musulmanes de Zaragoza y la conversión de su mezquita en catedral por el rey Alfonso I de Aragón en 1118. Este monarca aragonés pudo permitirse el lujo de comprobar la debilidad militar de las fronteras musulmanas con su reino y decidió lanzarse contra Granada en 1125 llegando hasta ella con un ejército de 80.000 hombres, teniendo que levantar el asedio y regresar a sus dominios.

El clima espiritual creado por los nuevos conquistadores se tradujo en un alarde de religiosidad popular que tuvo como consecuencia inmediata un fuerte ataque a la libertad de pensamiento. Los ulamas y los imames andalusíes volvieron a ingerirse en los asuntos de la política, implantaron una fuerte censura y condenaron los libros que, en su opinión eran subversivos, entre ellos desaparecieron entre las llamas las obras del gran teólogo y pensador musulmán al-Gazali (m. 1111). Paralelamente, este clima de pensamiento único generó una serie de terribles disposiciones legales contra los cristianos y judíos que residían en al-Andalus.

Es decir, que toda la infancia y adolescencia de Abu Hamid al-Garnati se había desarrollado frente a este ambiente de monolitismo ideológico, el cual, sin duda alguna, fue la causa de que el joven granadino se animase a abandonar su patria.

El descontento no se hizo esperar. En el año 1145 estallaron revueltas en el Algarbe portugués, en Extremadura y en Andalucía Oriental. El sufí Abu-l-Qasim Ibn Qasi se proclamó Mahdi (Esperado, Mesías) promovió una sublevación en la provincia de Huelva. Asimismo se produjeron disturbios en Córdoba, Málaga y Valencia, proclamándose sus tres principales caídes Príncipes de la Religión y Comendadores de los Creyentes.

Ante la debilidad del imperio almorávide en al-Andalus surgía en África un nuevo movimiento que acudiría en socorro de sus hermanos musulmanes de la Península Ibérica: los almohades. Estos musulmanes africanos tuvieron algo en común con sus predecesores almorávides: ambos eran beréberes, fuertemente religiosos y compartieron una evolución histórica similar.

Los almohades conquistaron Sevilla (1147), Córdoba (1149), Granada y otras ciudades. Pero Ibn Mardanish tomó Jaén, ¡con ayuda de los cristianos!, y atacó Córdoba y Sevilla, tomando Carmona en 1160. En 1161 los almohades tomaban Granada con la ayuda de los judíos. Tiempo después Giraldo sin Miedo, un guerrero de Alfonso Enríquez de Portugal, comenzó a convertirse en una amenaza para los almohades. Tras tomar Trujillo, Évora, Montánchez y Serpa , sitió Badajoz en el año 1169 (muerte de Abu Hamid al-Garnati) y ocupó Beja en el año 1172. El monarca almohade Yúsuf I logró frenar sus correrías y recuperar sus ciudades   con la ayuda de... ¡Fernando II de León! Todo ello pone en seria duda la idea de la existencia de la guerra de Reconquista del territorio visigodo por los monarcas cristianos contra los musulmanes, tan manida y manipulada por los historiadores españoles oficialistas y unitaristas incluso hasta la actualidad.

El poderío almohade se derrumbó en al-Andalus de una forma más estrepitosa y trágica que la del imperio almorávide. En 1212 el monarca castellano Alfonso VIII, aliado con los monarcas de Aragón, León y Navarra, infligió una fuerte derrota en Las Navas de Tolosa al rey almohade Muhammad Ibn Yaqub, el Miramamolín de las crónicas cristianas. Éste último regresó a Fez y dejó el gobierno de al-Andalus a su hijo Yúsuf II. Los problemas antiguos de al-Andalus continuaron con mayor gravedad y contribuyeron enormemente al declive y posterior desaparición de la soberanía musulmana en España.

Desde 1060 la Rus había sido amenazada desde las cuencas de los ríos Volga y Don por los polovtsianos. Sin embargo, el príncipe de Chernígov Sviatoslav Yaroslávich les infligió una gran derrota a orillas del río Snov. Muchos polovtsianos fueron muertos y sus principales jefes fueron hechos prisioneros por los rusos. A pesar de ello, los polovtsianos no abandonaron sus planes de conquista y saqueo de la tierra rusa, pues al año siguiente los polovtsianos irrumpieron de nuevo en la Rus. Esta vez fueron derrotados por el príncipe Vsévolod de Pereyáslav. El hecho de que fuesen los príncipes de Chernígov y Pereyáslav los primeros en combatir contra los polovtsianos da a entender que sus hordas se dirigían hacia el sureste de la Rus porque vagaban por las estepas del Donetsk.

Los polovtsianos invadieron de nuevo la Rus en el año 1068. Una coalición formada por los príncipes Iziaslav, Sviatoslav y Vsévolod Yaroslávichi les salió al paso, pero fue derrotada por los nómadas esteparios a orillas del río Alta, sito en el principado de Pereyáslav. Esta derrota provocó el derrocamiento del príncipe Iziaslav de Kíev y su huida a Polonia, donde permaneció 7 meses, ocupando el trono kievita Vseslav.

En las guerras intestinas feudales entre los príncipes rusos debilitaron al país y provocaron nuevas apariciones de las hordas polovtsianas en la Rus en 1071, 1078 y en 1092, algunas de ellas coaligadas con determinados príncipes rusos para combatir contra otros, como hizo el príncipe Oleg Sviatoslávich. Éste es denominado “Oleg Gorislávich” en el Cantar de las Huestes de Ígor porque tanto él como sus descendientes solicitaron continuamente la ayuda de los polovtsianos para combatir a sus rivales rusos y trajeron la desgracia sobre la tierra rusa.

A finales del siglo XI los rusos conocen perfectamente los nombres de los principales caudillos polovtsianos y algunos de éstos: Boniak, Sharukán, Tugorkán aparecen en las bylinas y en las crónicas rusas. Curiosamente estos nombres aparecen también en la obra de la emperatriz bizantina Ana Comneno dedicada a la memoria de su padre Alexis Comneno. Cuando los pechenegos irrumpían en los Balcanes empujados por la presión de las hordas polovtsianas. Alexei Comneno pidió ayuda a otro príncipes cristianos europeos, pero solamente fueron los janes Boniak y Tugorkán quienes le apoyaron.

En 1095 fueron asesinados dos legados polovtsianos que habían acudido a Pereyáslav para firmar un tratado de paz con el príncipe Vladímir Vsévolodich. Tras esta deplorable acción los príncipes rusos Vladímir Vsévolodich y Sviatopolk decidieron irrumpir por primera vez en las estepas polovtsianas, obteniendo un singular éxito. Sin embargo, el regreso de Boniak y Tugorkán de Bizancio supuso una terrible conmoción para los rusos. Los janes polovtsianos conocieron la noticia del asesinato de sus embajadores y lanzaron sus hordas contra Yúrev. Al año siguiente Boniak se dirigió a Porose y asedió Kíev. No pudiendo tomar la ciudad, se dedicó a saquear los alrededores. Solamente el 3 de abril de 1096 los príncipes rusos Sviatopolk y Vladímir lograron derrotar y matar a Tugorkán. Sin embargo, las hordas de Boniak saquearon e incendiaron en julio de 1096 los monasterios Vydubitski y de la Cuevas en Kíev con todas sus iglesias. Solamente en el año 1103 los príncipes rusos son conscientes de la necesidad de la unidad para conjurar definitivamente la amenaza polovtsiana en el transcurso de las deliberaciones del congreso de Dolobsk. Vladímir Monómaco y Sviatopolk unificaron sus huestes y se dirigieron al río Sutin (Malóchnaya) para combatir a los polovtsianos, causándoles un gran derrota. Pero esto no impresionó mucho a los polovtsianos ya que Boniak lanzó a sus hordas contra la Rus en 1105 y 1107. Desde los años 1116 y 1117 Vladímir Monómaco intentó frenar el expansionismo polovtsiano mediante una correcta política basada en los matrimonios entre príncipes rusos y princesas polovtsianas y viceversa y en colmar de regalos a los polovtsianos.

Parecer que la política de Vladímir Monómaco fue correcta, ya que no se vuelve a hablar en las crónicas rusas de la irrupción en la Rus de un gran contingente polovtsiano hasta que en el año 1146 se menciona a la horda de Yeltukov. En el año 1149 el príncipe Yuri Dolgoruki, fundador de --Moscú en el año 1147, se adentró en las estepas polovtsianas para pedir ayuda militar con el fin de apoderarse del trono de Kíev. Y en el año 1152 aparece la horda polovtsiana de los Toxóbichi, que apoya al príncipe Yuri Dolgoruki en la toma de Ólgovo. En ese mismo año las crónicas rusas afirman que la Tierra Polovtsiana se extiende desde el río Volga al Don. Hasta 1154 Yuri Dolgoruki continuará su política de incorporar hordas polovtsianas a sus huestes.

Es obvio para cualquier especialista que el papel jugado por los polovtsianos en la inmediatamente posterior historia de la Rus a la estancia en ella de Abu Hamid el Granadino fue de gran importancia hasta la invasión tártaro-mongola de la tierra rusa. Pero esos grandiosos acontecimientos se escapan del objetivo de la presente conclusión en la que su autor ha pretendido mostrar mediante un breve cuadro histórico los paralelismos históricos entre la sinereología de la España Medieval y de la Rus de Kíev y la relación atracción-rechazo entre la estepa y Kíev, y al-Andalus y reinos cristianos de la Península Ibérica.

Las relaciones entre los pueblos, aunque éstas pasen desgraciadamente a veces por tener lugar bajo la égida de la violencia, dejan una enorme huella cultural en la memoria colectiva de los herederos históricos de éstos. Así ha sido, al parecer en los casos de España y de Rusia, cuyo pasado histórico se hace incomprensible sin ver en él la influencia ejercida por el factor frontera y los pobladores de ambas orillas de ésta.

Solamente resta al autor agradecer al Prof. Bagnó su gran iniciativa y entusiasmo para la génesis y desarrollo del presente trabajo, así como su notable aportación al estudio comparativo de las sinoreologías hispano-rusa. Asimismo, el autor manifiesta su propio deseo de que estos primeros pasos en el estudio de las relaciones fronterizas de nuestros países a través de sus respectivas historias se traduzcan en una larga andadura de programas conjuntos de cooperación científica entre los pueblos de España y de Rusia, apoyada por sus respectivos Gobiernos e instituciones estatales, autonómicas y municipales. ¡Dios lo quiera!

*Ángel Luis Encinas Moral es profesor del Departamento de Estudios Eslavos de la Universidad Complutense
Anuncios



Escribir comentario

Debes iniciar sesión para escribir comentarios.

Si no estás registrado puedes registrarte en un minuto.

  • Esta es la opinión de los internautas, no de Webislam
  • No están permitidos comentarios discriminatorios, injuriantes o contrarios a la ley
  • Céntrate en el tema, escribe correctamente y no escribas todo en mayúsculas
  • Eliminaremos los comentarios fuera de tema, inapropiados o ilegibles

play
play
play
play
Colabora


 

Junta Islámica - Avda. Trassierra, 52 - 14011 - Córdoba - España - Teléfono: (+34) 957 634 071

 

Junta Islámica
https://www.webislam.co/articulos/18513-la_rus_vista_por_el_viajero_andalusi_abu_hamid_al_garnati_1080_1169.html