webislam

Miercoles 20 Noviembre 2019 | Al-Arbia 22 Rabi al-Auwal 1441
1258 usuarios en linea | Español · English · عربي

WebIslam.com

» Artículos

?idt=3350

Cartas desde la Montaña de Käf

Cartas I-IV

15/06/2000 - Autor: Qamar bint Sufan - Fuente: Verde Islam 14
  • 0me gusta o estoy de acuerdo
  • Compartir en meneame
  • Compartir en facebook
  • Descargar PDF
  • Imprimir
  • Envia a un amigo
  • Estadisticas de la publicación

simurg web
simurg web

Carta Primera

Hermanos míos, durante los días pasados, han soplado los vientos fríos del norte. El frío en la noche ha barrido furiosamente éstas tierras. Las pocas hierbas que habían brotado los días anteriores han amanecido agostadas. 

Ésta mañana, el pájaro Simurgh voló sobre nuestras cabezas, su sombra se extendía, al frente, hasta el horizonte y más allá; a nuestra espalda, hasta el otro horizonte y más allá. La soledad también se extiende. ¿Es la soledad un refugio seguro o es el báculo del caminante? Aislados del mundo, solos en nosotros mismos, extranjeros en este orbe y sin embargo partes de él, nos refugiamos en nuestra propia sombra. 

Desde nuestra unificación, nosotros somos solamente nosotros y a la vez somos otros muchos. Esperamos y deseamos que no lo comprendáis, que no ocupéis vuestra razón y vuestro intelecto en tratar de explicar el perfume de la rosa. No perdáis el tiempo hermanos. Si os ocupáis en el análisis del Amor ¿Quién amará? Si buscáis los componentes químicos del perfume ¿Quién se embriagará? Un estudioso debe situarse fuera del objeto de su estudio. Si eres un marino, no eres una gota de agua, pero si te conviertes en una gota de agua, jamás podrás naufragar. Si eres un grano de arena, el viento te llevará por todos los desiertos y todos lo oasis, conocerás la esencia de lo seco y de lo húmedo, porque serás parte de ello. 

No estudiéis la esencia porque es inabarcable. Uníos a ella y la conoceréis con el corazón. Donde las palabras de vuestra lengua no llegan, llegará la vibración de vuestro ser interno. 

Nos preguntáis por el lugar dónde podréis encontrar vuestros nombres perdidos, aquellos que os han sido otorgados y no recordáis. Os respondemos. Buscad el pájaro Simurgh. Buscadlo sin descanso porque él custodia la llave del libro donde se anotaron. Sólo cuando lo encontréis recobraréis vuestro Nombre. 

Si sois buscadores de enigmas, estáis perdidos. Los enigmas no existen para el conocedor. Para el ignorante todo es un enigma. 

Hay gentes que no conociéndose a sí mismas buscan desesperadamente un lugar donde poder ubicarse. A pesar de sus rectas intenciones ¿cómo encontrarán el camino justo si no saben hacia donde quieren ir? Sus corazones no descansan, corriendo inútilmente entre peligrosos precipicios y valles perfumados que apenas ven. El desorden de sus corazones los hace sordos para la Llamada y mudos para la Palabra.  

El peor viajero es aquel que carga su bolsa con cien mil objetos inútiles que le impiden avanzar. 

En las laderas hemos plantado rosales y hermosas viñas. Aquellos viajeros que llegan a estos jardines se maravillan a la vista de la vid y con la contemplación de las rosas. El perfume de la rosa y el sabor del vino, lo traen ellos consigo. 

El viajero que llega a la montaña es un constructor a las órdenes del Arquitecto. El maestro de obras nos dirige sabiamente e incansables reforzamos las laderas.

Carta Segunda

Hermanos, desde todos los confines de los mundos, desde las altas montañas y desde los abismos más profundos, desde la certeza de los sabios y la confusión de los necios, detrás de setenta mil velos o desvelada , la Verdad es única. 

Oídnos, nosotros no hablamos con doble sentido, lo que parece, eso es. Abrid los corazones.

Cuando te preguntan “¿quién eres tú?” Respondes, “soy tal cual soy” y das el nombre por el que te conocen. Cuando te preguntan “¿qué eres?” Respondes, “soy carpintero”, “soy médico”. Nunca dices lo que eres realmente porque no lo sabes. Si respondes : “soy un sufi”, eres un gran tonto, o lo que es peor, un embustero. Un hombre no dirá “soy un hombre” ni una mujer “soy una mujer” porque es algo evidente. Lo que seas en tu interior es cosa tuya y de tu Señor. El que lo ve, es porque tiene los ojos abiertos, el que no lo ve debe quedar en la ignorancia pues a él nada le importa, ni en nada le afecta tu estado.

Todos queréis llegar a estos parajes de bendición y en verdad que todos tenéis ante vosotros el caballo dispuesto y el camino señalado, pero la pereza os consume. Un día tenéis que arar los campos, otros recoger la cosecha, después estáis muy cansados... Para el perezoso los arroyos son mares inmensos y las dunas montañas extraordinarias.

Inventáis letanías, palabras sin sentido, danzas que sólo son movimientos inconexos, lucháis fuertemente buscando las rutas más fáciles y más cortas. Cómo las moscas en la basura voláis y voláis sin conseguir nada, mientras los jardines florecen a poca distancia.

Oídnos hermanos, abrid los ojos y reconoceros, no sois insectos sino personas. El trabajo es vuestro orgullo y la Obra necesita trabajo. Si no os ha sido dado el don del conocimiento como un regalo de la Misericordia , no tenéis derecho a exigirlo. Trabajad por él. 

La montaña está aquí, a la vista de todos. No ciegues tus ojos, que nada te distraiga. Si quieres llegar, da los primeros pasos y nosotros te cogeremos de las manos para que no tropieces.

Carta Tercera

¡Oíd! Bajo las arenas de fuego hay corrientes de agua fresca y en las orillas de los caminos hay árboles que dan sombra y refugio.

Escuchad el silencio de los desiertos allá donde estéis. Incluso en el tumulto de las ciudades, buscad vuestro desierto interior.

Destruid vuestros palacios, talad vuestros bosques, despojaos de vuestras ricas vestiduras. Sobre vuestras ruinas construiréis auténticas fortalezas. 

Aquí, al pie de la montaña, esperan obreros cualificados, dadles un terreno llano y vacío y ellos os ayudarán a construir. Decidles qué casa queréis. Después irán los jardineros y plantaran rosales perfumados.

Si los velos son de seda o son de piedra, nada nos importa. Si las distancias son centímetros o parasangas, no nos alegramos ni nos asustamos. Si estamos ante la luz de setenta mil soles o en la oscuridad de una noche sin luna ni estrellas, no nos altera. Cualquier circunstancia ha estado ya prevista desde el comienzo del viaje. Si el guía conoce el camino llegaremos a nuestro destino, habiendo parado en las estaciones precisas. Si el tiempo está calmado o hay tormenta, eso, el destino lo establece. Tu obligación es protegerte, llevar lo que cubre tus necesidades y obedecer al guía. La obligación del guía es solamente llevarte por el mejor camino.

¿Quién eres? Por muchas veces que te hagan esta pregunta, más veces quedará sin respuesta. Esperas inútilmente que alguien te nombre. Inútilmente con los ojos vendados intentas distinguir el diamante del cristal. Agudizas el oído con tal desesperación que oyes todos los ruidos, todos los sonidos, pero mezclados y confusos. Vacía tu mente de sonidos, de colores, de sabores, de perfumes. Quédate suspendido en ti mismo. Olvídate de ti y abandónate. Si eres un papel en blanco, se podrá escribir en él un nombre que tú reconozcas. 

Te hablamos con las palabras que tú entiendes, pero a veces, lo que tú esperas no está en nuestras manos dártelo. Si así fuera, si tus deseos van más lejos de lo que tu corazón puede acoger , detente. También en el borde mismo de los abismos, florecen rosas perfumadas. Tú no puedes cogerlas, pero su aroma penetrará en ti.

¿Acaso no tienes ojos para ver? No vayas cómo los sonámbulos.

Atiende a la historia del buen viajero

Había una vez un hombre bueno y prudente que iba a comenzar un largo viaje. Éste hombre tenía una esposa colmada de razón y paciencia, una hermosa finca y unos criados que le querían de todo corazón.

En los días anteriores a su marcha, éste hombre bueno distribuyó a cada uno de sus criados la tarea que tenía que realizar en el tiempo de su ausencia. A cada uno según sus fuerzas y su habilidad, pues era un patrón justo y sabio. Partió pues dejando su casa en orden. Los primeros días, los trabajadores cumplieron sus obligaciones con diligencia. Pasaban los meses y cada uno, según su propio criterio fue reorganizando las tareas asignadas. El ama de la casa les recordaba con buenas palabras que esas no eran las órdenes que tenían dadas, pero haciendo oídos sordos, un día cambiaban una cosa, otro día otra. Pensaban: “Somos trabajadores buenos y leales, nuestro patrón nos ha dado su confianza y unas instrucciones, si cambiamos pequeñas cosas, es por el bien de su hacienda”.

Así, fueron cambiando el tiempo del arado, el lugar de los pastos, la forma de almacenar el trigo y el lugar dónde se almacenaba. Muchas pequeñas cosas fueron cambiadas, pero la hacienda seguía prosperando y en orden.

Un día amaneció sin sol, negros nubarrones cubrían los cielos y el aire estaba denso y húmedo. El ama les dijo: “Proteged los campos de la tormenta, porque ésta es inminente”. Pero aquellos leales trabajadores no habían recibido instrucciones sobre las tormentas y se mantuvieron quietos y llorando, golpeándose el rostro y lamentándose al ver cómo el viento y la lluvia destruía la hacienda que su patrón les había mandado proteger.

Sólo uno de ellos intentó salvar del desastre la propiedad, pero fue cruelmente maltratado por sus compañeros que pensaron que este leal servidor pretendía suplantar la autoridad del señor. En ese instante y momento, el desastre cayó sobre la hacienda y todo se perdió.

Cuando volvió el señor y vio lo sucedido, buscó nuevos trabajadores, leales pero también de inteligencia despierta, para reconstruir lo suyo. Puesto que era un hombre sabio encargó a los nuevos el cuidado de lo nuevo y premió con su confianza y su respeto al único servidor que intentó la guarda de sus bienes.

Aquí hay una enseñanza verdadera para el que quiera aprender.

Carta Cuarta

Todas las mañanas, al amanecer, el viento nos trae un aroma de agua y un rumor de palmeras. Las risas de aquellos que se despiertan alegres, las quejas de los disconformes, los lamentos de los que sufren y la alegría inocente de los niños. Todo confundido en un rumor. Cómo las olas de un mar extraordinario, vienen a romper en las laderas de la montaña de Käf.

De vez en cuando , algunos marinos arriban a estas orillas sanos y salvos después de una ardua travesía. Otros son náufragos que llegan empujados por los designios. Remeros, navegantes, náufragos, capitanes intrépidos, asustados grumetes y piratas que tomaron al asalto las naves que los transportan, todos con la guía común de la esperanza y la fe en el buen fin de su viaje. Alguien les espera, con una taza de agua fresca y la sombra de una higuera. A cambio, cada uno de ellos trae un cántaro de vino, fruto de su cosecha.

Un vino es rojo como el rubí y dulce como la miel, otro es dorado como el topacio y suave como la seda, otros son densos y oscuros como granates, otros perfumados como rosas.

Llegan desde todos los puntos de la tierra. De uvas distintas, de distinta cosecha, en distintos tiempos y en distintos barriles, pero todos son vinos excelentes. Por eso el copero distribuirá en la fiesta a cada invitado según su paladar y no según su cosecha.

Descansarán del largo viaje todos aquellos que emprendieron el camino. Los nueve grupos se acomodarán en el jardín y ninguno prevalecerá sobre el otro. En hermandad y concordia podrán beber, hasta embriagarse, del vino que no mancha.

Viajeros somos, unos viajan de la Pluralidad a la Realidad , otros, por inmensa misericordia, viajan de la Realidad a la Pluralidad para tender sus manos y conducir a los caminantes.

Aunque no lo reconozcáis, aunque os extrañe su apariencia externa, fijaos, porque el que vuelve de la Realidad lleva en sí la luz. No os preguntará por vuestras creencias, como el sol no escatima su luz a cosa alguna.

Estad atentos. Imitar las formas de un caminante no os hace avanzar. Rugir como el león, no os convertirá en león. No os perdáis en el laberinto de las formas. Muchos se extraviaron en él.

Más allá de la forma de la palmera, está la esencia de la palmera. Más allá de las formas cambiantes de las arenas, está la esencia de la arena.
Estad atentos. No os equivoquéis.

Todo aquello que vuestros ojos ven, debe ser vuelto a ver. Todo aquello que oís, debe ser de nuevo escuchado. Porque sólo el que ve más allá de sus ojos y escucha más allá de su oído, ve y escucha realmente.

Carta Quinta


Anuncios
Relacionados

Cartas desde la Montaña de Kãf 23 y 24

Artículos - 05/12/2002

Cartas de la montaña de Kãf: XXIII-XXIV

Artículos - 15/12/2002

Cartas desde la montaña de Käf (V-VIII)

Artículos - 15/12/2000



Escribir comentario

Debes iniciar sesión para escribir comentarios.

Si no estás registrado puedes registrarte en un minuto.

  • Esta es la opinión de los internautas, no de Webislam
  • No están permitidos comentarios discriminatorios, injuriantes o contrarios a la ley
  • Céntrate en el tema, escribe correctamente y no escribas todo en mayúsculas
  • Eliminaremos los comentarios fuera de tema, inapropiados o ilegibles

play
play
play
play
Colabora


 

Junta Islámica - Avda. Trassierra, 52 - 14011 - Córdoba - España - Teléfono: (+34) 957 634 071

 

Junta Islámica
https://www.webislam.co/articulos/18483-cartas_desde_la_montana_de_kaf.html