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Amnistía Internacional la emprende con Arabia Saudí

13/04/2000 - Autor: Umar Ribelles
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Lo tiene fácil, ya que con razón se hace odiosa una Monarquía absoluta que abate implacablemente de raíz toda insinuación de oposición por leve que sea, que discrimina de forma feroz los derechos de nacionales y extranjeros y que adopta en su origen (1932), como criterio general en todo, la cerril interpretación literal de los cegatos Wuahabis (1). Sin embargo en el articulo “No más secretos, no más sufrimientos”, publicado en el número 88 de Webislam se arremete contra algo más que los modos del Régimen político en el poder en Arabia Saudí, se ataca en profundidad a la forma islámica de hacer Justicia. Los escribidores del bodrio, al socaire de lo injusto en una persecución implacable de la oposición generalizan y arremeten globalmente contra la forma de sociedad y orden público islámico. Son hijos del norte, misioneros fundamentalistas de las formas del Imperio. Atacan y lo saben la forma de Justicia islámica. El millón de presos en USA con alto riesgo de sida es su modelo ideal y el que tienen que imponer al sur.

Manipular y especular con el aceite del que se alimenta el personal tiene, cuando deriva en tragedia, dos tratamientos:

En Túnez y Marruecos, tras juicio rápido, ahorcaron a los manipuladores en la plaza pública. Algunos todavía recuerdan las fotografías en blanco y negro publicadas en los periódicos.

Los afectados de la colza en España (1981), más de mil muertos, diez mil inválidos de por vida y multitud de familiares y amigos desolados, esperaron (¿esperan todavía?) más de diez años viendo o adivinando a la denominada Justicia navegar en misteriosas esperas y disquisiciones incomprensibles. Los manipuladores del aceite mortal salieron de rositas, respondones, ricos. En el pueblo español nadie es capaz de contarte lo de la colza. Todos, al empezar, acaban enmudecidos al aludir a un misterio que no saben explicar. El sufrimiento de inválidos y huérfanos se olvidó.

A mi madre casi la matan, y ya es decir, cuando le dieron el tirón al bolso con la técnica de lanzarla primero por las escaleras de la clínica en la que estaba ingresado mi padre. La policía cogió, durante unos minutos, a los tironeros y recuperaron el bolso con toda la pasta, fue fácil, porque los profesionales engolosados en las puertas de las clínicas privadas a la caza de señora mayor con marido ingresado son conocidos habituales. Tras pasar por la UVI recompusieron la cadera de mi madre con tres clavos de los gordos. Ocho años tardó el nardo del juez en citarnos a lo del juicio, no fuimos, le dimos plantón al tardón que necesitó ocho años en ajustar la balanza de la Justicia. En España hace muchos años que los tirones de bolsos y todo el sufrimiento que causan son secreto, ni siquiera salen en las páginas de sucesos. En Arabia saudí, cuando en 1980 cogieron a la primera banda organizada de tironeros con moto, la Justicia les cortó, sin aviso previo, a la primera (que no a la tercera) la mano derecha. En Arabia Saudí no hay tironeros y eso Amnistia Internacional no lo dice en su escrito sobre el fin de los secretos y de los sufrimientos.

Son dos tipos de Justicia, dos sistemas diferentes, el poder, no el pueblo opta por uno o por otro. Cervantes también entra en esta polémica, se pronuncia y toma partido. Lo hace, como siempre, subrepticiamente de forma ambigua, en una cuña dónde nadie lo espera y la Inquisición duerme. Esta vez entre las marionetas del retablo de maese Pedro. Asombra la brillantez al contraponer ambos sistemas en tan poco espacio. Advertimos que la polémica estaba viva en el pueblo español de entonces. Los conquistadores cristianos del norte no solo deben impedir que los del sur reabran los baños, deben hacer olvidar todas las referencias a la forma de vida islámica que incluye una Justicia rápida. Asusta darse cuenta de que Don Quixote y Ginés de Pasamonte saben que no se puede opinar sobre la opción adoptada por el poder (Justicia lenta) y rápidamente callan al joven muchacho que apostilla en asunto tan sensible su espléndido relato de lo que está sucediendo en el retablo:

“... Vuelvan vuestras mercedes los ojos a aquella torre que allí parece, que se presupone que es una de las torres del alcázar de Zaragoza, que ahora llaman la Aljafería; y aquella dama que en aquel balcón parece, vestida a lo moro, es la sin par Melisendra, que allí muchas veces se ponía a mirar el camino de Francia, y puesta su imaginación en París y en su esposo se consolaba en su cautiverio. Miren también un nuevo caso que ahora sucede, quizá no visto jamás. ¿No veen aquel moro que callandico y pasito a paso, puesto el dedo en la boca, se llega por las espaldas de Melisendra?. Pues miren como la da un beso en mitad de los labios, y la priesa que ella se da a escupir y a limpiárselos con la blanca manga de su camisa, y como se lamenta, y se arranca de pesar sus hermosos cabellos, como si ellos tuvieran la culpa del maleficio. Miren también como aquel grave moro que está en aquellos corredores es el rey Marsilio de Sansueña; el cual por haber visto la insolencia del moro, puesto que era un pariente y gran privado suyo, le mandó luego prender, y que le den doscientos azotes, llevándole por las calles acostumbradas de la ciudad,

con chilladores delante
y envaramiento detrás;

y veis aquí donde salen a ejecutar la sentencia, aun bien apenas no habiendo sido puesta en ejecución la culpa; porque entre moros no hay “traslado a la parte”(2) ni “a prueba y estése”(3) como entre nosotros.

-Niño, niño -dijo con voz alta a esta sazón don Quixote-, seguid vuestra historia línea recta y no os metáis en las curvas o transversales, que para sacar una verdad en limpio menester son muchas pruebas y repruebas.

También dijo maese Pedro desde dentro:

-Muchacho, no te metas en dibujos, sino haz lo que ese señor te manda, que será lo más acertado; sigue tu canto llano, y no te metas en contrapuntos, que se suelen quebrar de sotiles.

-Yo lo haré así -respondió el muchacho, y prosiguió diciendo-: Esta figura que aquí parece a caballo, cubierta con una capa gascona, es la mesma de Don Gaiferos; a quien su esposa, ya vengada del atrevimiento del enamorado moro, con mejor y más sosegado semblante, se ha puesto a los miradores de la torre, y habla con su esposo creyendo que es algún pasajero, con quien pasó todas aquellas razones y coloquios de aquel romance que dicen:

Caballero, si a Francia ides,
por Gaiferos preguntad”. (II,26)


Una vez más, en la Venta, ante el pueblo español atento, Cervantes no solo describe en el retablo la rapidez de la Justicia entre moros, emplea y refuerza el pleonasmo “aun bien apenas no habiendo sido puesta en ejecución la culpa” para acentuar lo expeditivo de la justicia islámica y, además, como contrapunto, satiriza los procedimientos tradicionalmente lentos de la Justicia entre cristianos. No hay duda de su posición cuando finaliza diciendo: “ya vengada del atrevimiento del enamorado moro, con mejor y más sosegado semblante”... Melisendra habla con Gaiferos.

Notas

(1) Los Wuahabis son secta especialmente dotada contra la aplicación del concepto “misericordia” en todos los ámbitos. Su absurda interpretación literal de todo tipo de textos y conceptos (sagrados como jurídicos) les hace estar en el polo opuesto de los sufies a los que detestan de forma patológica. Cuando Abdulaziz, el fundador de la monarquia Saudí y padre del actual rey, tomó Medina Munawuara en 1926, fue precedido el día anterior por el jefe de los Wuahabis que era ciego. El pobre ciego amenazó de muerte al jefe sufi de la ciudad si no le demostraba claramente la existencia en el Corán de otros significados que el solo literal. Al no recibir respuesta de la misericordia del sufi amenazado de muerte tan de veras, insistió en su amenaza. La respuesta salvadora le dejó catatónico cuando tan solo le recitó un conocido ayat del Corán que dice: “Quien haya estado ciego en esta vida continuará ciego en la otra y aún se extraviará más del camino” (Corán 17,72). Los petrodolares apoyan más de lo que debieran a esta secta.
(2) Fórmula jurídica que indica la comunicación a una parte de los alegatos de la otra.
(3) Sea el acusado sometido a prueba y estése en la cárcel
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