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De la Oscuridad Divina (al-amâ)*

22/03/2000 - Autor: Difusión Traditio
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La Oscuridad divina es el lugar primordial
En que los soles de la belleza se ocultan.
Es el Sí del propio Allâh (nafsu nafsi-Llâh),
Por el cual Él es, y del cual jamás Él procede,
de forma que no cambia.
Su símbolo es el estado latente del fuego en el sílex.
Si bien el fuego emana de una piedra,
No obstante no se separan, en principio y en su estado latente;
Él subsiste siempre no-manifestado,
Y su manifestación en nada cambia su estado principial.
Os mostramos a un espectador,
Ciego ante su propio sujeto (1);
¡Allâh, exaltado sea, no se compara!
Ella es la consternación de las inteligencias
En su impotencia por asimilar lo que, para ellas, es oscuridad.
Ella es el Sí divino, y no por las tinieblas que implica,
Sino, si se comprende bien, por las luces que conlleva.
Distinta a la Unidad incognoscible,
O a la Unicidad conocible de lo múltiple,
Inasible en Sí misma, sustraída a toda visión,
Se le llama la Oscuridad divina.


Por "Oscuridad" divina se designa la Realidad de las realidades (haqîqat al-haqâïq), que no podría ser calificada de "divinidad" ni de "criatura", siendo Esencia pura sin relación con ningún grado divino o criatural, de manera que no puede serle atribuida ni cualidad ni nombre. Tal es el sentido de la frase del Profeta: "No hay aire por encima de la Nube oscura (al-‘amâ) ni por debajo de ella", es decir: no hay divinidad por encima, ni naturaleza creada por debajo. La oscuridad divina es entonces el paredro de la Unidad (al-ahadiyah): del mismo modo que todo Nombre y toda Cualidad se desvanece en la Unidad, en la que nada se manifiesta, tampoco nada se manifiesta ni se revela en la Oscuridad divina. Existe no obstante una distinción que hacer entre la Oscuridad divina y la Unidad, en el sentido en que la Unidad afirma la Esencia en la Esencia por exaltación; es la manifestación esencial única, mientras que la Oscuridad divina es la Esencia desde el aspecto de Su realidad absoluta, Realidad de la que nada se comprende, por ser tan sublime, o íntima; es la no-manifestación oscura de la Esencia, lógicamente opuesta a la manifestación suprema que es la Unidad; ésta revela la pureza de la Esencia, así como aquella se oculta por la pureza de la Esencia. Allâh, sin embargo, es demasiado sublime como para que Él se oculte a Sí mismo por alguna manifestación, o para que Él se manifieste a Sí mismo fuera de un estado de ocultación; pero Él se halla eternamente en los estados de ocultación, de no-manifestación y de manifestación que se derivan de su Esencia, al igual que posee siempre Sus actividades, Sus aspectos, Sus productos, relaciones, Nombres y Cualidades, sin que Él cambie o Se transforme, sin que Él Se revista de algo dejando otra cosa aparte, o sin que Él Se despoje de algo para asir otro algo; el principio de Su Esencia permanece siempre tal como era, y será siempre tal como es, -"No hay cambio en la naturaleza de Allâh" (2)-; todos estos cambios o evoluciones en las formas y en otras partes, todo lo que es relación o producto, no proviene sino de modos según los cuales Allâh Se revela a nosotros, de manera que Él permanece en Sí mismo eternamente tal como era antes de que Se manifestara a nosotros. Ahora bien, sean cuales sean estos modos, jamás Su Esencia asume más que un único estado de revelación (tajallî), a saber, el que Le es esencial, de forma que no hay más que una sola irradiación (tajallî), y ésta no posee más que un solo Nombre, el cual no corresponde sino a una sola Cualidad (3); pues en el todo no hay más que uno sólo que está exento de toda multiplicidad; es Él, que Se revela a Sí mismo al todo, así como Se revela eternamente…

Este estado único de revelación Le es exclusivo, de manera que la criatura jamás participa de él, pues tal estado no asume aspectos ni división interna, ni atribución, ni cualidades, ni nada semejante; para que la criatura pudiera participar de él, sería preciso que tuviera aspectos, relaciones, cualidades o algo de este orden; pero todo ello está excluido de este modo de revelación que Le es esencialmente propio, desde el no-comienzo hasta el no-fin. Por el contrario, todas las demás revelaciones, bien se refieran a la Esencia, a la Divinidad, a las Actividades, a las Cualidades o a los Nombres, corresponden siempre, aunque esencialmente Le pertenezcan, a Su manifestación hacia Sus criaturas. De manera general, ninguna especie de revelación Le impide permanecer en ese estado de revelación esencial, pero todos los otros modos de revelación dependen de éste, así como los planetas dependen del sol, del que reciben su luz; al igual, todas las demás revelaciones no son sino un reflejo del cielo de esta revelación suprema, o una gota de su océano; siendo reales, se aniquilan no obstante bajo la potencia de esta revelación esencial, que es exclusivamente de Allâh en virtud de Su conocimiento de Sí mismo, mientras que las restantes revelaciones son de Allâh en virtud del conocimiento de otro…

Ahora bien, tras haber afirmado que la Oscuridad divina es la Esencia misma bajo el aspecto de Su no-manifestación absoluta, y que la Unidad es la Esencia misma bajo el aspecto de Su afirmación suprema, abstraída de toda relación interna, podemos decir que tales expresiones no contienen un sentido válido, pues la Oscuridad divina no implica ningún aspecto de no-manifestación, ni la Unidad ningún aspecto de manifestación.

Has de saber que tú estás con respecto a ti mismo en un estado de oscuridad -"De Allâh es el símbolo supremo" (4)-, en el sentido de que tu totalidad apenas se manifiesta a ti mismo, sea cual sea el horizonte de tu conocimiento de ti mismo; ahora bien, bajo este aspecto, tú eres una esencia oculta en una oscuridad; ¿no sabes que Allâh es tu esencia y tu ipseidad (huwiyah)? (5) Ahora bien, tú no eres consciente de lo que eminentemente es tu realidad; estás entonces con respecto a ti mismo en la oscuridad, aunque, bajo el aspecto de la realidad divina, no estés velado para ti mismo, pues el principio de esta realidad quiere que ella no sea inconsciente de sí misma; de ello se sigue que tú estás divinamente revelado a ti mismo y, al mismo tiempo, por tu naturaleza creada, eres inconsciente de tu realidad divina; estás entonces simultáneamente manifestado y oculto para ti mismo. Es éste uno de esos símbolos "que Allâh formula para los hombres" (6), y que no comprenden sino los conocedores.

Cuando se le preguntó al Profeta dónde estaba Allâh antes de la creación, él respondió: "en una oscuridad", porque una manifestación procede siempre de un estado de no-manifestación, aunque no se trate aquí sino de una anterioridad puramente principial, y no temporal. Allâh es demasiado sublime como para que exista entre Él y Su creación una relación temporal; tampoco existe, entre Él y ella, separación, discontinuidad ni relación de coacción, ya que todas estas relaciones son en sí mismas creadas, y no podrían interponerse entre Allâh y Sus criaturas -a menos de concluir en una cadena sin fin, lo que sería absurdo-. No cabe duda de que tanto Su anterioridad como Su posterioridad, Su primacía como Su ulterioridad, son aspectos principales y no relaciones temporales o espaciales; al igual que Él estaba en una oscuridad antes de la creación, Él está necesariamente en ese estado después de la creación. De ello se deduce que la Oscuridad divina es el estado principial de la Esencia exenta de cualquier relación, mientras que la creación exige la manifestación, que resulta de las relaciones asumidas por la Esencia; tal es el estado de anterioridad principial, y tal el estado de posterioridad; pero no hay "antes" ni "después", ya que Él es antes y después, es el Primero y el Último; ¡qué misterio, que Su manifestación sea también Su no-manifestación! Esto no es solamente verdad desde un cierto punto de vista, o bajo tal aspecto determinado; es verdaderamente así: Su primacía es esencialmente Su ulterioridad, Su anterioridad es Su posterioridad; las inteligencias están consternadas y no conciben sino Su inmensidad, pues ninguna idea podría abarcar Sus formas. 


Notas

*Ext. de "al Insân al-Kâmil" ("Del Hombre Universal"). Traducido del árabe y comentado por Titus Burckhardt. París, Dervy-Livres, 1975. Enviado a WEBISLAM por Difusión Traditio

1. Esto nos recuerda a la doctrina advaita del Sujeto conocedor que jamás puede asimilarse a sí mismo. La Esencia, en efecto, también es el sujeto absoluto.

2. Este versículo puede también traducirse por: "no hay cambio para la creación (el acto creador) de Allâh" (Corán, XXX, 29).

3. Según los contextos, traducimos aquí tajallî por "desvelamiento", "revelación" o "irradiación"; la idea de tajallî puede definirse mediante esta imagen: cuando el sol se "desvela" (tajallà), su luz "irradia" (tajallà) en el mundo.

4. Corán, XVI, 62.

5. O "aseidad".

6. Corán, XXIV, 35.
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