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Incredulidad respecto de la Resurrección de los Muertos

22/03/2000 - Autor: Abderrahmán Muhámmad Maanán
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incredulidad respecto de la Resurrección de los Muertos
incredulidad respecto de la Resurrección de los Muertos

Abdelmumin ya muchas veces ha preguntado qué significación tiene lo del yaum al qiyâma, la cuestión del Día de la Resurrección, ese tema dentro del Islam qué significa, porque evidentemente crea reticencias, todo lo relativo a la Resurrección de los muertos, la Resurrección de la carne, que están dentro del Cristianismo con un sentido muy concreto y que producen al llegar al Islam rechazo en mucha gente. ¿Qué es lo que hay con respecto a ese tema dentro del Islam? Para eso yo recuerdo lo siguiente: la clave para entender qué significa el yawm al qiyâma. Primero, es un tema nuclear del Islam, fundamental, esencia del propio Islam. Realmente, todo lo que es la Profecía, al-naba, la noticia que trae sidna Muhammad (sws) por la que él es nabí es todo lo relacionado con lo escatológico, es decir, con el Fin del Mundo y la Resurrección posterior de todas las criaturas. Es decir, que este tema no es baladí dentro del Islam, sino que es el motivo del Islam. ¿Qué significa ese tema? Para analizarlo -para enmarcarlo dentro del Islam- tenemos que tener en cuenta una serie de elementos que son fundamentales:

En primer lugar, nuestros maestros sufis cuando analizan los textos escatológicos dentro del Corán, todos los que hablan de esa experiencia vivida a nivel individual, es decir, como acontecimiento que está describiendo el faná, la aniquilación del yo, del ego; toda la descripción coránica que hace referencia al Fin del Mundo es interpretada por los sufis como el fin de tu mundo dentro de tu evolución espiritual. Fijaos bien, incluso en las danzas sufis, la importancia del estremecimiento... todo eso encuentra su interpretación perfecta dentro de los versículos del Corán que hablan de ese tema. Si cogemos esos versículos y empezamos a analizarlos veremos que es muy fácil interpretarlos desde este punto de vista. Cuando el Corán dice que la tierra se quebrará, que los montes se partirán, etc, para los sufis se está haciendo referencia al cuerpo: la tierra es el cuerpo, entonces todas esas descripciones están haciendo referencia a la experiencia individual y directa del sufi. Todos esos versículos podemos interpretarlos de esa manera; pero no sólo de esa manera. Esto es lo importante, por lo siguiente: efectivamente, el verbo coránico -el tiempo del verbo coránico- que se emplea en esos pasajes es muy importante. La traducción al castellano de esos pasajes coránicos -que son innumerables- falsean toda la posibilidad de otra interpretación desde el momento en que se elige poner todos esos verbos en futuro... ¿Cómo están en el texto coránico? En pasado, normalmente, o en presente; nunca, o casi nunca, en futuro. No están haciendo referencia, por tanto, a un acontecimiento futuro sino a una experiencia ya tenida por Muhammad (sws). Esto es una clave esencial. Todas esas descripciones son la descripción de algo que sintió, que padeció, Muhammad (sws). Realmente, ¿qué es el yaum al qiyâma, la Resurrección? La Resurrección es la Revelación. ¿Qué significa la Revelación? El volver a interpretar la existencia entera desde otra perspectiva, desde el punto de vista de aquel para quien su mundo anterior ha sido completamente borrado por la presencia, por la emergencia, del Uno-único. Es decir, para Muhammad (sws), su experiencia en la cueva de Hira -y cada vez que tenía una Revelación coránica- era la de un estremecimiento sinónimo perfecto de la destrucción del mundo. Por eso en el Corán va a aparecer siempre en pasado, porque esa experiencia ya ha existido: el Fin del Mundo ya ha tenido lugar. Y tiene lugar para cualquiera que alcanza ese mismo grado de experiencia en la cual la presencia del Uno-único -de la Verdad- absorbe absolutamente la existencia ilusoria en la que vivimos nosotros en la cotidianidad. El Fin del Mundo es el Fin del Mundo de la ilusión. Ahora bien, y esto es lo auténticamente importante. Nosotros nos movemos en el marco del tawhid, de la Reunificación de todas las cosas, es decir, que no hay ninguna diferencia entre el fin de tu mundo y el Fin del Mundo, porque todo es lo mismo. Ese acontecimiento que sintió Muhammad, que tú puedes sentir en vida cumpliendo el hadiz del Profeta que dice "morid antes de morir" (mutu qabla anta mutu) es el mismo que va a tener lugar. No hay diferencia espacial ni temporal entre un acontecimiento y otro. Por consiguiente, va a haber que leer en el Corán estos pasajes dentro de esa óptica reunifadora: ese acontecimiento universal que tú eres capaz de sentir en tí no deja por ello de ser realmente universal. La exégesis sufi de esos pasajes es extraordinaria. Dice por ejemplo, una de las suras específicas de este tema, la surat al-salsala: "Cuando la tierra sea sacudida por su terremoto, y la tierra saque aquello que pesa en ella, y diga el ser humano ¿qué le pasa?...". Veamos el texto: Te dice que la tierra será removida, sacudida por un terremoto... ¿qué significa sacudida? Invertida. El terremoto lo que hace es invertir. Entonces sale aquello que pesa en la tierra sale para fuera, y el ser humano dirá ¿qué le pasa a la tierra?. El comentario que hacen Ibn Ayiba, Ibn Arabi, Said Qutub va a el sentido de que la presencia de Allah es siempre invertidora del orden de las cosas: lo que está dentro emerge, y lo material muere, desaparece. Aquello que realmente pesa, que te estructura interiormente, sale afuera; y aquello que era simplemente ilusorio deja de existir. Se impone lo verdadero. Eso es lo que significa el terremoto. Eso es lo que significa la destrucción del mundo. Eso es lo que significa la muerte en cualquier momento: esa inversión por la cual aquello que es interior pero que es estructurador pasa a ser lo real, lo evidente, lo físico, lo material. Por eso las descripciones de la yanna, las descripciones del fuego... de todo lo que tiene que ver con la ultratumba, en lo Corán son tremendamente materiales y físicas. No son "descripciones espirituales", jamás. Cuando se habla de los goces de la yanna o de los terrores de la yahannam, son absolutamente físicos, quiere decir, absolutamente reales. Para nosotros lo más real en ese momento, en esa inversión de nuestra propia realidad. Porque también comenzamos nosotros a sentir con aquello "que pesa" dentro de nosotros. Esa pregunta que se hace el ser humano, ¿qué le pasa a la tierra (cuando está siendo sacudida)?, según Said Qutub, es formulada -a pesar de que el hombre está acostumbrado a catástrofes- porque esa catástrofe es de otro tenor, es otro evento substancialmente diferente a cualquier catástrofe conocida por nosotros. La emergencia de Allah es absoluta y definitiva. Toda destrucción definitiva es emergencia de Allah. Muerte de lo real, de lo que es para nosotros pesado, que es la existencia material en la que estamos para auténticamente pasar a ese otro nivel en el cual lo que manda y lo que es real es el mundo del espíritu donde ya no hay tiempo ni hay espacio, por eso se habla de lo eterno, porque el espacio y el tiempo son sólo categorías de lo material. La experiencias dentro de esa otra fase no tiene nada que ver con nuestra idea del tiempo ni el espacio, no tiene nada que ver con nuestras medidas; de ahí el estupor del hombre: ¿qué le pasa a la tierra?. ¿Quién tiene esa experiencia? Nosotros lo hemos visto con nuestros ojos: los sufis cuando se estremecen, cuando están en hal y pierden el sentido de este mundo... ésa es la sacudida que invierte en ellos todo, de tal manera que ya no saben dónde están y se tienen que aferrar a lo material para encontrarle sentido de nuevo: poder medir las cosas con sus pobres medidas anteriores. Es decir, esa inversión que está en la experiencia que busca el sufi, en la experiencia que tenemos todos y cada uno de nosotros con la muerte individual, y la que suponga el Final del Mundo. Ese final como experiencia individual en vida, como experiencia individual con la muerte o como la Destrucción del Mundo, es lo mismo. Porque lo mismo que desaparece el tiempo y el espacio, desaparece la multiplicidad. La experiencia tuya individual como peregrino sobre la senda del tawhid, de la reunificación, es universal. Tu experiencia individual jamás acaba en ti, si no no tendría ninguna validez: o es trasposición de lo universal o no existe, no es tawhid. No hablamos de que cada uno de nosotros haga lo que pueda, sino que lo que cada uno de nosotros puede es lo absoluto. De ahí que lo que se propone el sufi es llegar al kamal, a la plenitud, a abarcarlo todo.

Hemos preguntado ¿Quién tiene está experiencia? y hemos contestado los sufis. Preguntemos ahora ¿Quién puede tener esta experiencia? Cualquier musulmán... "Qiyâma" viene del verbo levantarse. Cada vez que tu haces salat estás haciendo qiyama. El salat es una reproducción exacta de lo que se nos cuenta con ese lenguaje coránico que hemos visto. El salat es un yaum al-qiyama. Cada salat... Empiezas de pie, te aniquilas en el suyud, y vuelves a levantarte...

¿Dónde está realmente el problema para que aceptemos algo como al-yaum al qiyama? En que evidentemente nosotros tenemos a priori una imagen sobre la cuestión, una imagen muy infantil... Pero no se trata de eso que ha sido ridiculizado en los predicadores milenaristas, sino de una experiencia que tú tienes ya, y que realmente -como dice Ibn Arabi- experimentas cada vez que inspiras y expiras... Ibn Arabi habla del yaum al qiyâma fil anfas, en la respiración. En tu respiración se está produciendo "eso", ese fin de tu mundo que es el Fin del Mundo, tu muerte y la muerte del universo en ti. Pero eso se está produciendo continuamente, en un sentido individual y en un sentido universal, y el fin del mundo siempre ha tenido lugar ya. Para empezar quien lo ha vivido ya de una forma radical es Muhammad. El Corán es la expresión de eso. El Corán es lo que viene después de "eso". ¿Qué significa "Corán"? La reunificación de las letras, la unión de las letras... ¿Qué son las letras? Los seres. Somos nosotros. Por lo tanto el Corán nos reúne, y eso es lo que viene como fruto del yaum al qiyama de sidna Muhammad (sws). No es ningún tema, como hemos visto hasta ahora, insignificante ni marginal. A la hora de leer en el Corán esos pasajes que describen el Fin del Mundo se puede hacer desde dos niveles diferentes: aquellos que lo confirman ("yo ya es que lo sabía") y aquellos que lo esperan, porque les va a venir. Aquello que es tu experiencia personal, individual, intransferible, como sufi que evoluciona dentro de esa vía es exactamente lo mismo que aguarda a toda la existencia. Muhammad lo sabía. De ahí que ése sea el gran anuncio para aquellos que no lo saben y la confirmación para aquellos que decían "si es que eso es así". Eso es lo que es al-yaum al qiyama. La lectura de esos pasajes es absolutamente indispensable, y es necesario conmocionarse con ellos porque intentan reproducirlo incluso en los sonidos que utiliza el texto coránico. El texto coránico, cada vez que habla del yaum al qiyama empieza con sonidos guturales que son los estertores de la muerte, se ve clarísimo en la surat al-waqi`a. La surat al-waqi`a empieza con unos sonidos con los cuales se nos va a invitar a entrar en ese universo post-mortem -por decirlo de alguna manera-: idaa waqa`ati l-wâqi`atu laisa li-waq`atihâ kâdiba ...ahí ya has muerto. Lo que has estado haciendo es reproduciendo la agonía, fielmente, y a partir de ahí empiezan las cosas a ser de otro modo.

El problema que se plantea con el tema de "resucitar con el cuerpo" se enmarca en un orden de cosas que nos es ajeno a los musulmanes. Nosotros no clasificamos las realidades que nos encontramos tras nuestra experiencia de la extinción. "Resucita nuestro cuerpo, resucita nuestro nafs, resucita nuestro ruh..." todo esto es una discusión que no tiene el menor sentido. Resucitas tú. Aquello que eres tú. Como hemos visto en surat al-salsala, lo que emerge de ti es aquello "que pesa". Resucitamos nosotros, lo que de nosotros tiene consistencia, lo que es definitivo; eso es lo que sale de ti para fuera. El Corán dice que el ser humano recupera hasta las uñas... Es decir, no se trata, por tanto, de una experiencia "espiritual". Cuando hablamos de "espiritual" en este contexto lo que estamos intentando es racionalizarlo, hacerlo entendible, y no se trata de racionalizarlo. El Corán quiebra completamente esos intentos por conjugar ese lenguaje dentro de lo que es la aceptabilidad de las ideas. Desde ese momento ya estamos anulando las posibilidades del texto. Desde el momento que estamos intentando hacer digerible a nuestra lógica aquello que estamos diciendo que es la transposición de las cosas, la inversión absoluta de todo, estamos cayendo en un auténtico despropósito. Es precisamente ese carácter desafiante que tiene el Corán cuando está utilizando aquellos elementos que tú no aceptas... Ni la razón, ni el cuerpo, ni el espíritu del hombre por sí solos pueden entender el Corán. Cada uno de los tres debe reconocer su incapacidad de recoger la verdad de Allah Uno-único. Solamente de esa manera, aceptando que cuando se nos está describiendo aquello que viene después de la muerte con una materialidad que solamente aceptaríamos dentro de la vida que conocemos como tal, lo que nos está es reduciendo a la incapacidad para comprender lo que "eso" sea. ¿Qué es lo que nos queda de todo ello? La emoción que va imprimiendo el Corán a tu propio cuerpo cuando estás recitando. De ahí, por ejemplo, esa fuerza con la que los propios sufis leen los pasajes que hacen referencia a la Destrucción del Mundo. Porque la están sintiendo en su tierra, en sus montañas, en sus ríos...

A veces se nos acerca quien quiere hacer de todo esto un catecismo. ¿Los musulmanes creen que resucitarán con el cuerpo? ¿Y será castigado sus cuerpos o sus almas?, etc, etc. Ningún musulmán con sentido común va a querer entrar a establecer una doctrina sobre estas cuestiones. Porque no existen estas preguntas dentro del Islam. Lo que existe son el cúmulo de emociones que generan esos textos, y ahí es donde el musulmán vive ya aquello de lo que habla el Corán. Con la fuerza transformadora que tiene ese lenguaje. Si vamos a enfrentarnos con el Corán queriendo entenderlo, pretendemos hacer con el Corán aquello que no hacen los musulmanes, y que no han hecho jamás. Porque lo que han hecho es vibrar con sus sonidos que precisamente están reproduciendo eso de lo que el mismo Corán está hablando. Ahí es donde está el quid de la cuestión. El quid de la cuestión no está en la fe; no está en que nos debamos de creer o no las cosas. No se trata de creerlas ni de no creerlas. Porque ése no es el lenguaje apropiado. Se trata de otra forma de relacionarse con la Revelación. Como dice el propio Corán: "Aquellos que están abiertos a Allah, recogen el Corán y dicen esto es la verdad de Allah". Es el hecho de recibirlo con la fuerza de lo verdadero, de tal manera que es completamente actualizado en ti mismo, y no querer comprender las verdades del Corán el asunto clave. Todo lo demás -todo lo que desencadena el sentimiento- no sirve más que para perdernos en nuestro propio laberinto. Por eso aquellos que están cerrados al Corán, cuando reciben el Corán, dicen: ¿Qué nos está queriendo decir Allah con esto?. No te está queriendo decir nada. Ahí es donde nos equivocamos. Ahí es donde enfocamos mal, por nuestra incapacidad de sentir, por nuestra excesiva cerebralidad, por nuestra falta de inocencia ante el texto coránico, por nuestra propensión a las clasificaciones, a las ortodoxias, a los dogmas de fe.


*Extracto de una conferencia de Abderrahman Muhámmad Maanán pronunciada en Sevilla el 17 de diciembre de 1999.

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