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Foro de los lectores 13

15/03/2000 - Autor: CDPI - Fuente: Verde islam 13
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Tendencioso

Me ha sorprendido, leyendo el número 12 de su revista Verde Islam, encontrarme con el artículo de Abdullah Bartoll Ríus titulado “¿Es el Islam una religión?”. En dicho artículo, el autor hace un repaso de los conceptos occidentales que se aplican a la religión, para acabar diciendo que el Islam no es una religión ¿Cómo puede afirmarse una cosa así? 

El artículo del señor Bartoll adolece de una gran falta de objetividad. En él se aplica una definición concreta de la religión al Cristianismo para acabar diciendo que el Islam no se corresponde con ella. Dice este señor, refiriéndose al Islam, que “el din es una revelación y no ha sido inventado por una cultura humana...” 

En justicia, habría que otorgar esta condición a todas las religiones que se dicen reveladas por Dios y no sólo al Islam. Ningún católico cree que su religión sea un invento humano, ni el fruto de una cultura. Por ello, creo que atribuir el carácter de revelada a la religión musulmana en detrimento de las demás es caer en un dogmatismo que no deja sitio para el diálogo. 

Los católicos creemos en la Biblia y en los Evangelios como Revelación de Dios. Los intereses humanos han impregnado a todas las religiones. En casi todas las culturas y pueblos, en algún momento de su historia, se han producido manipulaciones de la doctrina, se han constituido iglesias que han perseguido más el poder temporal que la vida del espíritu, pero eso es algo común a todas esas culturas. Pretender que el Islam está libre de esas desviaciones, y perdónenme que lo diga así, es totalmente arbitrario y sin fundamento. 

No soy experto en la Historia del Islam, pero me consta que han existido y existen diferentes criterios a la hora de valorar el Islam como religión. Tal vez sea cierto que el Islam no es una religión como la católica o como la budista, pero eso no quiere decir que “no sea una religión”. 

Parece como si al señor Bartoll le molestara la palabra religión y tratara de buscar otro término que definiera a la suya propia, que es, según dice en el mencionado artículo,“una religión sin dogmas ni misterios”. Eso no lo he entendido bien. 

Los católicos creemos en determinados dogmas, como por ejemplo, que Jesucristo es Dios. Los musulmanes “no creen que Jesucristo sea Dios”, lo consideran sólo como un profeta. ¿No es esto también un dogma? Y si no es un dogma ¿Qué es?

Creo que a la hora de analizar las diferentes creencias han de manejarse unos criterios más serios, menos tendenciosos en lo que se refiere a las creencias de los demás. Ser precisos en la terminología que se usa. 

Por lo demás, su revista me parece una publicación muy interesante, porque normalmente tiene en cuenta todas estas cosas y se expresa de manera respetuosa hacia los demás. Es bueno que nos conozcamos todos.
                                                                                      Pedro Arroni. Girona.
Referencia Webislam

Soy un médico Cubano, tengo 52 años y hace tres que trabajo en Aden como profesor de Patología en la Facultad de Medicina. Hace tres años me reconocí como musulmán. 

Provengo de un país donde el Islam es poco conocido y al cual regresaré en Julio cuando termine el contrato de trabajo que tengo en Yemen, insha Allah.

Con los hermanos musulmanes que me rodean he aprendido y aprendo mucho sobre la práctica de nuestra religión, lo cual aquí resulta bastante fácil teniendo en cuenta la cultura y tradición de este país.

Claro está que en el mío será distinto pues los contactos con la comunidad musulmana disminuirán considerablemente. Sé que no estoy solo. Allah, el Clemente, el Misericordioso, me ayudará a seguir en el camino del Islam, pero tengo la necesidad y pienso que también la obligación de mejorar y perfeccionar los conocimientos de la religión que amo y practico. Ahora contacto con ustedes con la seguridad de que tendré su apoyo para conseguir documentación e información de una manera sistemática.

Gracias a unos hermanos árabes tengo un bello ejemplar del Noble Corán en español editado en el Complejo del rey Fahd en Medina. Tengo también algunos pequeños folletos impresos que me ayudan mucho. Esa es toda mi biblioteca.

En mi necesidad de encontrar fuentes de información revisaba la enciclopedia Encarta —este es un país lejano y pobre donde no existen muchas fuentes de información y hay que explorar todas las posibilidades— y me encontré con la referencia a Webislam.

Así que inmediatamente me conecté con su página Web. Realmente la calidad, belleza, y valor de los documentos que encontré me hicieron sentir muy feliz. Ahí, de pronto ante mis ojos estaban excelentes artículos sobre temas cardinales que andaba buscando desde hacía meses. Al fin tenía acceso en mi lengua materna a una fuente de estudio fiable sobre el Islam. 

No quiero extenderme mucho, pues lo considero innecesario, sólo decirles que agradezco infinitamente a Allah que Webislam exista y que me haya dejado encontrarla. Deseo muchísimos éxitos a Webislam y a su colectivo de redacción.

Un saludo Afectísimo. Que la paz de Allah sea con ustedes.
                                                                              Daud Moreira Díaz. Yemen.

Descubrimiento

Tengo la esperanza de que publiquéis esta carta y por eso me he animado a escribiros. Para mí ha supuesto un verdadero descubrimiento vuestra revista, de la que he leído varios números. La idea que solemos tener de los musulmanes en general, no coincide casi en nada con lo que vosotros escribís y publicáis. 

Al principio pensé que se trataba de una interpretación muy particular del Islam, hecha por musulmanes nuevos, conversos, que no tenía nada que ver con la forma de vivir de los musulmanes en sus países de origen, que son tradicionalmente islámicos. Pero más tarde, hablando con amigos musulmanes, emigrantes que viven en mi barrio, he podido comprobar que las ideas que aparecen reflejadas en la revista son compartidas por casi todos ellos.

Tal vez lo que más me ha chocado haya sido lo relacionado con el tema de la mujer musulmana. En diversos números de Verde Islam habéis publicado trabajos sobre este tema tan polémico actualmente. En algún momento pensé que se trataba con ello de justificar o de maquillar una situación intolerable (algunos de esos artículos aparecen firmados por hombres) pero leyendo la ponencia de Jadicha Candela La revolución igualitaria del Islam, publicada en el número doce, he empezado a considerar la cuestión de otra manera.

Probablemente sean, como dice Jadicha, los intereses de tipo político y económico los que promueven una imagen negativa y degradante del Islam y de sus seguidores. También reconoce que la situación de la mujer en los países árabes deja mucho que desear en cuanto a derechos. Todo eso ya lo sabemos. Lo que ahora empezamos a descubrir es que eso no es por el Islam. 

Podremos comprender esto si lo comparamos con la situación del Cristianismo. Nadie que haya profundizado en lo que dicen los evangelios, en el espíritu de entrega que proponen, puede acusar a Jesús o al Cristianismo de las atrocidades que se han cometido en su nombre. ¿Tienen algo que ver la Inquisición , o el lujo sacerdotal, por ejemplo, con las ideas y sentimientos que predicó Jesús? Es fácil distinguir entre una cosa y otra porque casi todos hemos vivido una educación cristiana católica y conocemos ambas realidades. Pero no ocurre lo mismo con el Islam. 

Nosotros no hemos estudiado el Islam, no sabemos qué es lo que dice el Corán ni tenemos idea de los derechos y deberes religiosos de los musulmanes. Apenas sabemos que rezan, que ayunan y que van a la Meca , que practican la poligamia y poco más. Por eso es importante publicar sobre ello, dar a los lectores interesados la posibilidad de conocer otra religión, otra cultura, otra forma de ser. Así sí podrían hacerse realidad muchos de los objetivos del ecumenismo, no sólo entendido como acercamiento entre creyentes de distintas religiones, sino como movimiento de integración de todos los seres humanos, creyentes de cualquier tradición, agnósticos e incluso no creyentes, aunque tal vez esto último sea lo más difícil. Pero entre gentes que creen en Dios —cada uno según su libro, su manera, su cultura— no debiera ser tan difícil llegar a un sano entendimiento.

Así, por ejemplo, al conocer todo esto del Islam, del Judaísmo o del Budismo, nos damos cuenta de que la mayoría de quienes creemos en Dios compartimos un código básico aceptado por todos. Así, en el Decálogo que Dios transmitió al pueblo judío a través de Moisés, se hallan contenidas las reglas humanas básicas. Los cristianos hacen suyos esos mandamientos y, hasta donde yo sé, también los musulmanes están de acuerdo. Incluso creo que un budista los suscribiría todos o casi todos. Entonces, si existe un acuerdo en lo básico, en lo fundamental, entre gentes de todas las religiones que dicen querer una vida espiritual, que abogan por el bien y los valores humanos ¿Por qué hasta ahora no ha habido prácticamente nada más que conflicto? Ese mutuo conocimiento ¿No puede llegar a consolidar una fructífera convivencia?
                                                                                 Pilar Ancona. Navarra.

Información edénica

Qué decepción me he llevado al leer vuestra página. ¿Por qué? la navegación es magnifica pero lo que son los contenidos... No son correctos.
Particularmente no tengo nada en contra de la religión islámica pero lo que si es cierto es que no hay mejor modo de perder creyentes que modificando la información. 

Con esto me refiero al artículo que trata sobre el mito de Eva, en el que se apuntan frases de San Agustín y Santo Tomás sobre las que, como catedrático de filosofía, no comparto su opinión. Desde el punto de vista histórico hay que tener en cuenta que los musulmanes tienen su origen en las religiones católica y judía; en el documento que he leido parece deducirse todo lo contrario. 

Lamento afirmar que no he estudiado el Corán en profundidad pero por lo poco que sé creo que es el Corán quien condena a la mujer a una vida de servicio; a los cristianos no nos gusta mirar atrás como suelen hacer ustedes. Sí, es cierto que hay historias negras, crímenes horribles, pero ¡hoy ya no! Nosotros hemos evolucionado. Lo que ustedes citan y lo que es no son hoy la misma realidad. 

Mi pregunta es: ¿han evolucionado ustedes? Esto no es una crítica contra ustedes sino que quiero una argumentación sólida porque sólo así se puede luchar honestamente. No se puede exigir la verdad cuando no se conoce. Atentamente.
                                                                                                    Joan Elias
Sociedades europeas 

Me consta que entre los objetivos de sus publicaciones figura en un lugar importante el de compensar en la medida de lo posible las informaciones —ideologizadas, politizadas, mediatizadas— que ofrecen los grandes medios de comunicación. Eso es hoy algo muy necesario, porque la información y la política andan más unidas que nunca. 

La contradicción crece con pasos de gigante. El modelo democrático occidental muestra a veces sus lagunas de manera dramática. ¿Qué hacer cuando, democráticamente, alcanza el poder un grupo que no es precisamente demócrata? ¿Qué hacer con casos como el de la coalición de derechas en Austria, que incluye a una fuerza política neonazi y claramente étnico-confesional? 

Desgraciadamente, asistimos a la emergencia de un integrismo eurocéntrico que nos recuerda terribles episodios de una historia no tan lejana. Por una parte, el fenómeno de la inmigración está alcanzando cotas dignas de ser tenidas en cuenta en casi todas las sociedades europeas. Dicha inmigración —de origen magrebí en lo tocante a los países del sur de Europa y procedente de los países del este en lo que afecta al norte— está teniendo unas consecuencias de tipo cultural que producen una inquietud creciente en dichas sociedades. 

Sabemos que esa inmigración se produce por dos factores que se complementan. El primero de ellos es la extrema pobreza que padecen la mayoría de los habitantes del mundo, quienes tratan de huir de la miseria y entrar, legal o ilegalmente, a los países industrializados. El otro factor es el descenso de la natalidad en los países ricos, que hace que éstos no puedan mantener el “relevo generacional”, por lo que se hace necesaria la importación de recursos humanos que puedan garantizar el mantenimiento de las actividades productivas de estos países. Debido a las diferentes actitudes vitales se está produciendo el fenómeno, de todos conocido, de que la proporción de población inmigrante crece muy deprisa debido a las diferentes cifras de natalidad entre ésta y la población de origen.

Ahora que Europa quiere definir su identidad, aparecen los viejos fantasmas. Los más conservadores hablan de una Europa Cristiana, de una Europa Blanca que, en teoría, estaría amenazada a causa de la demografía de los inmigrantes. Incluso los laicos han llegado a decir alguna vez que esa condición ‘cristiana’ de Europa no lo es en un sentido religioso sino cultural. Otros, más abiertos a la realidad, introducen en esa identidad conceptos como ‘multiculturalidad’ y ‘multirreligioso’, queriendo indicar con ello que en la Europa del Euro no tienen cabida las definiciones étnicas ni confesionales. Pero los veinte millones de musulmanes que hay en Europa, por ejemplo, plantean determinadas cuestiones que afectan a la definición misma de Europa. La transformación de las sociedades europeas está demandando un nuevo paradigma político y cultural. 

En los años sesenta asistimos a una problemática parecida en los Estados Unidos. Martín Luther King murió defendiendo los derechos de la minoría de color. Luego fueron los hispanos quienes inquietaron a los WASP —blancos, anglosajones y protestantes—- pero finalmente, la sociedad norteamericana ha conseguido mantener una identidad multirreligiosa, multiétnica y multicultural a pesar del puritanismo... quizás porque se trata de una sociedad joven. Pero a Europa le pesa demasiado su historia y probablemente le va a costar más adaptarse a las nuevas realidades que traen los tiempos. Esperemos que el precio no sea demasiado alto.
                                                                    José María Méndez García. Madrid.

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