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La significación del milagro en el Islam

12/01/2000 - Autor: Webislam
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...Y resulta ser un tema para nada tangencial, sino clave, en el Islam, entiendo yo, porque la cuestión no es explicarse esas cosas sino entender qué función cumplen, qué significado tienen y qué dicen al musulmán. Cuál es su sentido...

El tema este sugiere muchas cosas y yo quisiera, ante todo, situarnos dentro de los muchos temas de los que hemos hablado hasta ahora. Evidentemente nosotros asociamos inmediatamente la idea de lo milagroso, de lo prodigioso, con la credibilidad, es decir, el tema queda desacreditado desde el momento en que su connotación inmediata es la de que se nos están contando cuentos y se nos exige creer en ellos.

Ése es el problema que se nos plantea y que es el gran desafío, cuando en realidad todo el tema quiere decir otras cosas que son las que en realidad son interesantes. Asociado con la credulidad, por su puesto, los milagros deberían ser rechazados de plano ya que a ninguno de nosotros le gustaría ser una persona ingenua, crédula, que se deja engañar fácilmente y menos con historias que son estrambóticas.

En este sentido, existe esa resistencia lógica a creer en esos temas. Pero vamos a ver que no se trata de creer en ellos sino la función que cumplen dentro de un sistema espiritual: ¿qué significación tiene el milagro, qué dimensión tiene, que sugerencias tiene y qué connotaciones tiene? Para hablar del tema en concreto de los milagros en el Islam tenemos que recordar una serie de cosas de la mayor importancia.

El Islam tiene un concepto central, que es el tawhid, del que ya hemos hablado numerosas veces, que es la Unidad y la Unicidad absoluta de Allâh, Creador y Señor de los mundos. Cuando se profundiza un poco más lo que significa realmente la afirmación de la Unidad y Unicidad de Allâh, nos encontramos con que Él es el único que puede, el único Poderoso. Fuera de Allah las cosas ni tan siquiera llegan a existir (vamos a "dejar" por ahora que existan, pero en cualquier caso en una relación absoluta de dependencia respecto a Allâh).

El musulmán cuando medita en la existencia, lo ve todo disolverse continuamente, carente de esencia, carente de fundamento, carente de consistencia; todo muere, todo desaparece, nada tiene entidad en sí, nada de lo que puede ser pensado o percibido; Allah está al margen de todo eso; Allah es el sustento y fundamento de todo lo que vemos. ¿Por qué? Porque nada de lo que vemos tiene razón en sí para existir y moverse: Allah es la razón que hace que las cosas se nos muestren y tengan consistencia. Eso es lo importante. Porque entonces resulta que el Universo es un cosmos ordenado cuya esencia se nos presenta como el caos más absoluto.

Es decir, nosotros funcionamos en nuestro universo entendiendo que está regido por leyes, por una concatenación de causas y efectos, ¡que nos sirven!..Yo sé que si suelto el vaso se va a caer al suelo.. porque existe la ley de la gravedad, como todas las otras que han establecido la Física, la Química, etc, que nos explican el mundo de forma que podamos hacer -que ésta es su función- previsiones, poder prevenir lo que va a suceder, en función de qué, de la rutina, de lo que continuamente se repite, pero ahí se produce un grave fallo que va contra el sentir del Islam que es pensar que la repetición es necesaria.

Nosotros hemos visto muchas veces en la exposición de las enseñanzas del Islam que sumergirse realmente en lo que significa que Allah sea Uno, significa que todo carece de importancia, que todo es intrascendente, el único relevante es Allah Uno, la Verdad, lo Verdadero, que jamás podemos llegar a conocer. El Universo de nuestro alrededor se difumina cuando penetramos con nuestro entendimiento y nuestro corazón en ese Universo Unitario; eso quiere decir relativizarlo absolutamente todo.

El Islam es completamente relativista en este sentido. Las leyes son el resultado de una constancia, pero no necesaria, porque nada es necesario más que Allâh. El Imam al-Ashâri explicaba que "cuando bebes no es el agua la que calma tu sed, sino Allah en el agua... cuando comes no es la comida la que te alimenta, sino Allah en la comida". Allah es lo único efectivo, nada es eficaz en la existencia, nada es real: lo único real es Allâh. ahí es donde realmente podemos dar el paso hacia una espiritualidad con sentido.

Mientras sigamos considerando el mundo y sus leyes de una manera autónoma respecto a Allâh, lo único que estamos es creando un nuevo dios, un ídolo, estamos haciendo shirk. Porque el ilâh, lo divino, es aquello a lo que nosotros dotamos de realidad; aquello a lo que nosotros le demos realidad lo asociamos a Allâh. Por lo tanto el Islam relativiza el mundo, sus leyes y ritmos de una manera absoluta y total. Nos enseña que las causas no producen efectos sino Allâh. Simplemente, las causas coinciden con los efectos, rutinariamente, y nos dan una imagen de estabilidad y constancia en la existencia.

¿Por qué sucede así? ¿Por qué Allah nos facilita el que creamos -naturalmente- en la firmeza de las leyes del mundo? Nos dicen los sufíes: el Universo con sus leyes, con su causalidad, no es más que expresión de la rahma de Allâh. Porque solamente haciéndonos ver un cosmos se nos permite actuar y vivir. Si el Universo fuera un absoluto caos, no podríamos vivir, ni tendríamos el menor papel, sería caótico todo. Nos dicen los sufíes: la causalidad, el que un efecto siga a una causa y podamos determinarlo es rahma de Allah para con nosotros porque quiere darnos posibilidad de existencia digna, nos quiere hacer actuar, movernos en un mundo que podamos entender de alguna manera; es rahma, quiere decir, es "algo bueno", es misericordia, el musulmán no puede negar eso.

Dejar de actuar -comer, beber...-por haber averiguado que el objeto de nuestra acción es una excusa de Allah para posibilitar la vida es un despropósito; justamente Allah ha hecho que ese encuentro constante de causas y efectos puedan servirnos, no porque en realidad sea así, sino porque Él nos dará sentido de nosotros mismos en esencia. Entonces, el Universo para un musulmán -y sobre todo para un sufi- es un cosmos ordenado cuya esencia es el caos más absoluto porque Allah es fundamentalmente libre, no está obligado a absolutamente nada.

Todo se nos escapa; en realidad, las previsiones "científicas" que podemos hacer de las cosas hacen agua por algún lado siempre; son signo de que a lo realmente efectivo de la existencia, ahí nunca llegamos, y es para nosotros fundamentalmente "caos". Ahí no tenemos nada que hacer, nada más que sumergirnos. Entonces, fijaos bien, hemos dicho que sin embargo nuestro Universo tal y como está estructurado, en el que podemos movernos, en el cual podemos elaborar una Ciencia fundamentada en la rutina -no en la necesidad del cumplimiento- de las cosas es rahma, misericordia de Allâh; en ese sentido todos los seres humanos somos musulmanes, porque confiamos en la misericordia de Allâh, y confiar -entregarse- es lo que significa la palabra "Islam".

Pero el Islam nos pide algo más, algo terrible, que es confiar en lo que percibimos como caos. No solamente en el cosmos. Ahí es donde realmente está el Islam. Al caos da miedo asomarse y son pocos los que dan el paso de decir "no me basta la apariencia de caos ordenado que se me representa como universo y en la cual confío naturalmente como todas las criaturas". Porque ha llegado un nuevo Profeta que nos invita a confiar también en lo que percibimos como caos, y no solamente en el cosmos. Y ahí es donde entra el tema del milagro. Vamos a ver qué significa el milagro...

En árabe las palabras correspondientes a "milagro" son "muayisa" cuando lo realiza un profeta, y "karamat" cuando lo realiza un waly -un íntimo de Allah dentro de la nación del Profeta-. Vamos a ir al primer caso, la muayisa es de la misma familia que "anciano" (ayus), con su misma raíz. ¿Qué es un anciano? Alguien que ha perdido sus fuerzas, al que abandona toda potencia. "Muayisa", por tanto, eso que traducimos por "milagro", "prodigio", literalmente en árabe es un participio activo que quiere decir "algo que te reduce a la impotencia, algo que destruye tus fuerzas, algo que destruye tus seguridades, algo que cuestiona tu universo"; es decir, puesto que confiamos plenamente en nuestro universo divinizado por nosotros, convertido en algo autónomo (de Allâh), separado de cualquier esencia, resulta que hay momentos en que suceden cosas que nos hace cuestionar absolutamente todo eso. ¿Qué es? Aquello a lo que el Corán llama "muayisa", cuya contemplación nos lleva a considerar que lo que creíamos no era verdadero.

Las historias legendarias del Corán están llenas precisamente de elementos que supusieron para aquellos pueblos momentos de gran quiebra, de asomo al caos... Cuando un mar se abre ante Moisés, eso no es lógico, o cuando una camella sale de una piedra -como ocurrió a Saleh-... Con eso, las enseñazas de los profetas quiebran nuestro cosmos para permitirnos asomarnos a "otra cosa". El Universo sólido que nos rodea es el que nos impide trascender; en él somos musulmanes superficialmente: creemos en la apariencia de Allâh, que es rahma, pero no nos permite sumergirnos en el corazón de las cosas, aquello que no podemos describir con otra palabra que no sea "caos" por nuestra natural incomprensibilidad de aquello que reúne todos los opuestos...

Esto es realmente lo que se nos exige. Una danza sufi, todo lo que hacen los sufis, es precisamente asomarse al caos. No al cosmos, el cosmos ya lo tenemos; no nos exige nada. Realmente para crecer espiritualmente hay que asomarse a lo insondable, a aquello que no podemos justificar de ninguna manera... ese desafío que lanza el Corán es una forma de abrirte a la posibilidad de conocerte de otra manera, en la cual tú no seas tan protagonista, es decir, te invita al caos, a confiar también en el caos, a entregarte completamente, a abandonarte en lo que tú no puedes dominar de ninguna manera, que ya no se rige por leyes que tu razón pueda codificar de alguna forma.

La muayisa, el "milagro" que parece realizar un profeta, son obra de Allâh. El profeta es el intermediario dentro de esa historia. El milagro cumple dos funciones: el ser desconcertante y (por tanto) ser el argumento del Profeta. El profeta no tiene otro argumento que el milagro. Cumple por lo mismo una función social. Las historias que aparecen en el Corán, recogidas de tradiciones anteriores de los pueblos semitas, estamos hablando de los profetas anteriores al Islam que el Corán admite, esas historias lo único que tienen es que son autorizadas por el Corán. ¿Qué significa eso? Que son reinterpretadas por el Corán y desde ese momento sirven a los musulmanes. ¿Se trata por tanto de creer o no creer en ellas, de si son lógicas o no? Si las juzgamos de ese modo ya no estamos cumpliendo con la función que tienen que realizar en nosotros, estamos convirtiéndolo en una cuestión absurda: integrar ese caos dentro de nuestro cosmos; es decir, o te lanzas al caos que intuyes como corazón del universo, o te ahorras exponerte al abismo a que te asoma tu condición aceptada de musulmán, refugiándote en las seguridades naturales que tienen todas las criaturas. Intentar integrar lo ilógico dentro de lo lógico es absurdo.

El milagro es una puerta hacia lo insondable, lo infinito, lo caótico; no quieras hacerlo partícipe de tus estructuras mentales, y que se esté allí donde tú lo coloques. No se trata de otra cosa, entiendo yo. Las historias milagrosas de las que habla el Corán, desde el momento en que son interpretadas desde el sentido de Unicidad más absoluta, tienen esa validez de servir de modelo; no de relatos con un presunto trasfondo histórico. Lo fundamental es la función que cumplen de avisarte continuamente que la secuencia lógica de las cosas puede ser interrumpida porque esa secuencia lógica no es independiente de su verdadero dueño, que es el que verdaderamente hace y deshace según una Voluntad que te es un enigma radical.

A Allah llega el musulmán como concepto que no es limitable por absolutamente nada y es creador absolutamente de todo. Si aceptamos esto, tenemos que aceptar las consecuencias: la primera, que nuestra lógica no llegue allí. Nuestra lógica debe ser destruida completamente para llegar allí. "Destruida", que no quiere decir que le faltemos al respeto constantemente; debemos vivir en este mundo y debemos vivir agradecidos a la rahma que lo hace posible.

Aceptamos la función del milagro, que es advertirnos sobre lo esencial que es esa percepción caótica de lo incomprensible, lo que nos provoca el cuestionamiento radical de nosotros mismos. Dice sidi Ahmed Al-`Alawi: "el milagro sirve para el común de los musulmanes porque los refuerza". Los sufies no precisan de ellos, precisamente porque para ellos todo es absolutamente prodigioso. La existencia más mínima no tiene razón de ser. La palabra castellana "milagro" es demasiado cerrada, es "lo que se ofrece a la credulidad"; mientras que la palabra árabe, muayisa, responde a la función que debe tener eso, que antes hemos definido como "aquello que te hunde en la mayor de las miserias, porque te ha destruido tus esquemas". Absolutamente todo es muayisa, absolutamente todo se realiza sin ninguna lógica y por lo tanto me imposibilita mi quererme aferrar a algo que no sea Allâh.

El sufi dice que nada tiene la menor lógica; para mí es tan sorprendente que el vaso se caiga si lo suelto como que el mar se abra cuando Moisés introduce en él su vara. Porque el sufi funciona al nivel de la esencia: se queda en la percepción abismal de la esencia de Allah que no trata de comprender porque sabe del absurdo de pretenderlo. Porque ya ha sido reintegrado nuestro universo en la Unidad y Unicidad de Allâh: ésa es la experiencia sufi y a lo que invita el Sufismo precisamente. El sufi quiere saborear hasta sus últimas consecuencias ese universo caótico que es como a nosotros -criaturas y por ello dependientes de sus limitaciones para existir- se nos muestra la esencia de Allâh, simplemente eso.

Ejemplos de milagros. El Corán acepta los de las tradiciones anteriores. Fijaos bien una cosa que los orientalistas muchas veces han criticado del Profeta y del Islam, que es que carece de originalidad. El Corán se limita prácticamente a repetir tradiciones cristianas y judías, alguna cosa de los árabes paganos (siempre poca cosa de la yahilía) y ya está. Y fundamentalmente lo que hace el Corán no es repetirlos sino reinterpretarlos desde la concepción del tawhid. "Reinterpretar" quiere decir una cosa sencilla: que el Corán en principio no propone a los musulmanes que se cuestionen nada de las anteriores tradiciones sino se queden con ellas íntegramente. Con la lucidez del que es capaz de encontrar algo entendible dentro de todo.

Es decir, el Corán cuando habla de las tradiciones de los demás pueblos no se las cuestiona, ni tendría por qué hacerlo. Solamente cuando se alejen del sentido unitario que es lo esencial del Corán las corrige, como podemos ver en la historia de Jesús. La acepta en casi su totalidad; no deja de aceptar nada por extraordinario que parezca; ya veremos qué limitaciones pone el Corán a las historias precedentes. Que naciera de una virgen es un milagro, y por tanto posible porque nada limita a Allâh. Si las tradiciones anteriores a Muhammad (s.w.s) nos quieren asomar al universo de lo extraordinariamente contradictorio para la mente humana, de lo que produce perplejidad al hombre, del sentimiento del caos en el que se disuelven las categorías individuales, al universo de la libertad absoluta, con la imagen de una virgen que da a luz a un profeta ¿por qué habría de incomodar a alguien que se ha postrado ante el Uno Único? ¿Por qué habría que negarle eso a un cristiano? Tenemos que tener en cuenta que el Corán no sólo refiere los relatos de los cristianos y de los judíos, sino que los utiliza en su discurso con unos y otros; es decir, "yo como musulmán estoy de acuerdo contigo en que es posible lo maravilloso porque es lo esencial, es lo que me remite verdaderamente al Universo de Allâh.

Ahora, los desarrollos que tú has hecho con eso hasta llegar al tema de la salvación, la Redención, la Resurrección, ahí ya nos diferenciamos". Pero lo esencial, que es el reconocimiento de la maravilla actuante, es un punto de acuerdo. El mundo de los musulmanes es un mundo de lo maravilloso, más que nada porque su esencia es la Unidad, de modo que por fuerza debe integrar lo maravilloso algo cuya esencia contradice la experiencia perceptible (que es de lo múltiple); sin integrarlo en lo lógico. Lo lógico es un universo de rahma; eso es una cosa que tiene clara el musulmán. También tiene que tener claro el otro extremo, sin mezclar. Dice el Corán: "Allah es el que hace fluir los dos mares, uno salado y otro dulce; entre ellos hay un barzaj" para que no se encuentren, para que nos se mezclen.

El universo nuestro y el universo de Allâh; en medio hay un obstáculo que eres tú. No permitas que los dos mares se mezclen, porque el que los dos mares se mezclen es tu locura. El equilibrio está en saber dónde está el mar de agua salada y dónde el mar de agua dulce. Quien es capaz de vivir esos dos aspectos constantes dentro de cada acontecimiento de la existencia, saboreará aquello que Allah le regala como rahma para fomentar su vida y aquello que es un misterio -un secreto- para abrirse ante él las posibilidades del Espíritu. A eso es a lo que el Islam invita. Por tanto, cuestionarse desde la lógica esos relatos, querer integrarlos en la lógica es cometer un absurdo. Lo cual jamás es pedido por el Islam al musulmán. Para el Islam lo absurdo no es el milagro, sino la pretensión de comprensión racional del milagro. Lo mismo ocurre cuando se cuenta un cuento; se hace para que alguien lo disfrute, para que "lo use", no para que "se lo crea". Si la cosa es disfrutar de la imagen propuesta, que sirva espiritualmente, hay que tomarlas en ese sentido. Occidente ha hecho de todo esto otra historia: lo ha ofrecido a la credibilidad, lo ha tratado de explicar, mezclando en su teología lo perfectamente racional, lo comprensible por aproximación y lo absolutamente misterioso. Si lo hacemos así, caeremos en lo que han caído los católicos, en los "problemas de fe", algo desconocido en el Islam, porque han tratado de integrar lo que no podía ser comprendido en aquello que debes comprender para existir.
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