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El Wahy, la Revelación (II)

20/12/1999 - Autor: Ali González
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El retiro de Sidna Muhammad (s.w.s) a la cueva de Hirâ simboliza el retrotraimiento de la criatura hasta el malakût, el espacio sagrado del corazón donde tiene lugar la Revelación. Acudiendo a la Cueva, Muhammad (s.w.s.) se retiraba de la densidad del mundo, se apartaba de lo que estaba lejos de la Unidad esencial, y se sensibilizaba ante Al-lâh.

El malakût es el espacio intermedio entre la Unidad esencial y la pluralidad de la existencia. Es decir, es el punto en el que se separan y se encuentran Allah y el mundo. Allah es estricta indeterminación y el universo es estricta concreción, Allah es sutileza y el mundo es densidad, Allah no admite nada junto a Él mientras que la existencia es multiplicidad, Allah es eterno mientras que las criaturas son efímeras, Allah es libre mientras que nosotros estamos sometidos al rigor del espacio y del tiempo..., y, por tanto, jamás podrían encontrarse extremos que son contrarios radicales.

El malakût es la intersección que marca esa diferencia, pero donde también es posible el encuentro. Participa, pues, de aspectos de los dos extremos: es sutil, pero es creado. Es decir, es donde lo sutil se densifica y lo denso se aligera. Es el espacio de los pensamientos, la intuición, los sentimientos, la imaginación... Tiene diferentes grados que van de lo más inmediato a la naturaleza humana -como la reflexión- a lo más cercano a Allah -como la Revelación-.

En el malakût el hombre se acerca a Allah y Allah se acerca al hombre. A sus habitantes se les llama malâ’ika (plural de málak). Los malâika son descritos como “criaturas de luz”. El Corán dice que "tienen alas", señalando con ello la levedad de su condición. Son mensajeros, los que comunican a Allah y el universo creado en la densidad de la materia. Transmiten a Allah y transmiten desde Allah, comunicando los dos polos del Ser, mientras habitan en su propio mundo que es el malakût. El málak es el que introduce al ser humano en la dimensión de la espiritualidad. Con cada uno de sus actos, el musulmán penetra en el malakût para recibir en él la bendición gratificante de la presencia cercana de Allah.

De entre los malâika, el espíritu más puro (Rûh aI-Quds) es Yibril. Yibril es el que recoge el Corán de su fuente unitaria y lo deposita en el corazón de sidna Muhammad (s.w.s.).

Sin duda, averiguaremos algo más de lo que significa Yibril en el Islam investigando en su etimología. “Yibril” pertenece a la familia hebrea de “GBR” (que pasa al árabe como “YBR”) cuyo sentido es “Potencia, Poder, Fuerza”. El verbo correspondiente es yabara, que significa “forzar a hacer algo, tener poder de enderezar”. De la misma familia es, por ejemplo, la palabra que usamos para designar esa tablilla con la que se restituían los huesos rotos, yabîra; otras palabras de la familia son yabbâr (“persona con poder, héroe”) y “álgebra”, al- yabr, que es esa ciencia por las que las operaciones matemáticas son reducidas a números, letras y signos. En árabe, el adverbio yabran significa “por fuerza, obligatoriamente”, el adjetivo yabrî “computsivo”, y el sustantivo yabriyya “determinismo, obligación, compulsión”.

La principal de las palabras de la familia es, por supuesto, Yabarût, el universo del Poder de Al-lâh. Según esta etimología, Yibril es aquello que lleva, que fuerza, que obliga a Muhammad a ser Muhammad (s.w.s.): el hombre sólo es hombre cuando encuentra el modo de retornar a su Señor, y este encuentro es la Revelación. El hombre previo a recibir la Revelación es un “hueso roto” que necesita de un muyabbir para volver a la fitra.

Respecto al “encuentro del Profeta (s.w.s.) con el ángel”, nos dice la tradición que al principio Yibril se le mostraba con una forma aterradora que Muhammad (s.w.s) no podía soportar. Se le estaba manifestando el malakût sin adaptarse a la forma que había de recibirlo. Y ello para que supiera que parte del wahy es que existe para el hombre un Poder cuyas dimensiones le son incalculables. Así que -para que la transmisión fuera posible- fue necesario “personificar” el malakût. Personificamos a Yibril para no perder la razón, para comprender, pero Yibril es un mundo, es el malakût experimentado por el hombre, es la forma que tenemos de denominar a nuestra vivencia del universo interior del universo.
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