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La Revolución Igualitaria del Islam

15/12/1999 - Autor: Jadicha Candela - Fuente: Verde Islam 12
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Queridas compañeras musulmanas de Barcelona: muchas gracias por invitarme a esta reunión para hablar de las cosas que como musulmanas nos preocupan. Gracias a las organizadoras, compañeras de la comunidad Insha Allah, por el trabajo que han realizado para reunirnos a todas nosotras en estas Conferencias, que por otra parte necesitábamos ya hace tiempo. Que Dios os retribuya con Sus dones. 
Es para mi un regalo encontrarme con las ponentes que me acompañan en la Mesa esta mañana: una profesora de Islam, la pakistaní Shahida Shaheen; una coordinadora del taller de Islam para jóvenes en la asociación Ibn Batuta de Barcelona, la Bosnia Azra Sabaí; una de las fundadoras de la asociación de MEI, Al Hanan, de mujeres por una educación intercultural, la catalana Hend Razgallah; una doctoranda en el departamento de lingüística hispana de la Universidad de Barcelona, la tetuaní Afifa Azzou, todas ellas con su propia indumentaria, unas veladas, otras desveladas, como formando un tapiz persa, precioso en su variedad, rico en matices y en diversidad y lejos de la uniformidad de una moqueta americana. 
Es un gran placer encontrarme con este gran grupo de mujeres que me escucháis esta mañana. Mujeres musulmanas de tan variado origen, junto con las compañeras que aceptaron el Islam en mi primera comunidad de Granada, cuando las musulmanas que vivíamos en España no llegábamos a cincuenta. Ahora he visto entrar a la gente en tropel en el Din del Islam, en esta mi tierra. Alabado sea el Dios Misericordioso.
Mi ponencia tiene por objeto exponeros unas reflexiones personales sobre los derechos de la mujer en el Islam y su estatus de igualdad dentro del sistema social que inaugura el Corán en el Siglo VI D.C. 
Os hablo en nombre propio, pues aunque soy la secretaria de An-Nisá, en esta ocasión no actúo como portavoz de asociación alguna, ni represento a nadie, aunque ese hecho no impide que mis opiniones hayan sido contrastadas y compartidas por un gran numero de musulmanas y de musulmanes instruidos en la ciencia de la Sharia y de los Hadices; algunas opiniones discreparon en mis análisis, porque en el Islam se acepta la interpretación racional de los textos por cada creyente. 
Mis reflexiones son producto del análisis de los textos coránicos que he leído y de mi criterio personal; no pretenden formular una teoría académica, ni están basados en conocimientos técnicos de teología, ni son doctrinales; son las impresiones discutibles de una musulmana de a pie que utiliza su discernimiento, y su sentido común, para investigar lo que su compromiso como creyente le pide. Por eso las someto a debate entre las asistentes y a su eventual reforma si se produce una opinión mejor fundada que la mía. Será un enriquecimiento más de los que nos proporcionará este Congreso, Insha Allah.

El estatus Social de la Mujer en el Islam

“¿Cuál es la función de la mujer en el sistema social, según el Corán?”
me ha preguntado la redacción de la revista de una prestigiosa universidad de Madrid, hace poco; por supuesto que me he apresurado a contestar que el Corán, y las tradiciones que recogen lo que el Profeta Muhámad, la paz y las bendiciones sean con él, hizo o dijo durante la revelación del Corán, es decir, los contenidos de la Sunna, proclaman en varias ocasiones la igualdad de derechos en el Islam sin distinción de sexos, razas ni religiones. Omito todas las citas de los capítulos y de los versículos coránicos donde se basa esta afirmación, puesto que las mujeres musulmanas que me escucháis conocéis mejor que yo los textos sagrados. No obstante no me resisto a traer aquí la cita del Sura 33 Ayat 35 del Corán que repite, unas decenas de veces, la igualdad entre hombre y mujeres. Este precioso versículo es una joya de equidad y de respeto a la diferencia. Dice así: 
“Los musulmanes, las musulmanas, los creyentes, las creyentes, los que oran, las que oran, los verídicos, las verídicas, los constantes, las constantes, los humildes, las humildes, los limosneros, las limosneras, los que ayunan, las que ayunan, los recatados, las recatadas, los que recuerdan, las que recuerdan constantemente a Dios, a todos éstos, Dios les ha preparado un perdón y una enorme recompensa.”
Todas nosotras estamos de acuerdo en que la función que el Corán otorga a la mujer en el sistema social, es la función propia del sujeto individual de derechos, en cuanto que ese es el estatus social de un ser libre e independiente, tanto con relación a su cuerpo, como con relación a su conciencia.
El sura o capítulo cuarto del Corán, llamado An-Nisa, que traducido significa ‘Las Mujeres’ como genero, integra todo un sistema legal y social para las mujeres, en todos sus estados, pues el Ayat 1 dice:
“¡Hombres! Temed a vuestro Señor que os ha creado a partir de una sola persona, de ella creó su pareja y de ambos sacó muchos hombres y muchas mujeres. Temed a Dios, en cuyo nombre os interrogáis; respetad la consanguinidad. Dios está observando sobre vosotros.” 
Este capítulo constituye toda una declaración de principios: es al Libro al que compete establecer el estatus legal de las minorías; este sura, digo, cuyo nombre lleva la entidad religiosa que representa a las mujeres musulmanas españolas, opera la revolución igualitaria más radical de todos los tiempos: El Islam, partiendo del inhumano y sexista sistema de los árabes del siglo VI, instaura un sistema humanitario que integra en plano de igualdad, no sólo a las mujeres, sino a las demás minorías discriminadas, a saber: a las niñas huérfanas, y a los esclavos. 
La integración en plano de igualdad de las citadas minorías, incluidas las mujeres solteras o divorciadas, se articula como medidas de especial protección; se pone en práctica a través de lo que hoy llamaríamos “medidas de discriminación positiva”; así, el montante que se recauda con el zakat, constituye un Fondo de Solidaridad para atender a viudas, enfermos, y viajeros, por ejemplo.
Compañeras: el sistema islámico, adelantándose quince siglos a su formulación por los ecologistas y los defensores del medio, instaura una sistema social basado en la “diversidad sostenible”, considerada como riqueza, formulando, por ejemplo, la protección a las dos religiones del Libro, junto con los creyentes que no tienen religión (hunafa) en las sociedades musulmanas. 
La diversidad se preconiza en todos los aspectos, y por ello también es interreligiosa, y está protegida con la interdicción de la coacción sobre las creyentes, que aparece con tanta frecuencia en el Corán.
En cuanto al modelo de familia, que es el ámbito donde mejor se reflejan los logros a favor de la igualdad de derechos, el Islam introduce como novedad la superación de la lucha entre dos sistemas ancestrales de dominación de un sexo sobre otro, a saber, Matriarcado, versus Patriarcado, para sustituirlo por un sistema revolucionario donde ningún individuo domina sobre otro, sino que todos los individuos son iguales. El Islam instaura un sistema donde “El hombre y la mujer son el paradigma de la colaboración entre lo diverso para lograr la unión”.
Pero además, en el Islam, el sistema se obliga a integrar, favoreciéndoles y sosteniéndoles, a las minorías más débiles —mujeres, niños y niñas huérfanos y esclavos— y señala como su fundamento la solidaridad entre los individuos. Un sistema en el cual la familia está basada en el amor entre los cónyuges y en su confianza mutua para la realización de una vida en común.
El nuevo modelo islámico pretende terminar con la superioridad basada en la sangre, para cifrar la superioridad en la excelencia de una fe más completa y más fuerte y pretende terminar con la reproducción como sistema elitista familiar y base del sistema económico, para llegar a un sistema solidario, basado en la integración de las minorías, que es la base del principio islámico de la diversidad entendida como riqueza.
Dentro de este contexto general, la revolución igualitaria que contiene el mensaje coránico hará evolucionar la situación de la mujer musulmana con la introducción de dos nuevos parámetros fundamentales: en primer lugar ‘el derecho fundamental de las mujeres a la libertad de sus uniones sexuales’, y en segundo lugar, la declaración del ‘derecho fundamental de las mujeres a la independencia económica’.
Son estos dos factores dinámicos de cambio los que revolucionaron la situación histórica de la mujer de la época preislamica, integrándola en un plano de absoluta igualdad con el hombre.
Todo esto que acabo de exponer, lo sabemos las musulmanas de todos los siglos; Nosotras siempre hemos sabido que el Corán nos ampara en nuestros derechos; desde el siglo VI, nosotras sabemos que las musulmanas no tenemos por qué luchar en pos de la igualdad de derechos con el hombre, porque esta igualdad esta reconocida en el Corán. 
Entonces, ¿por qué el debate sobre la posición subordinada e inferior de la mujer en el Islam se ha hecho una afirmación tópica y repetitiva, desde hace una década, en los medios de comunicación americanos y europeos? ¿Hemos olvidado nuestras propias fuentes coránicas para creernos lo que dicen, sobre el estatus de las mujeres musulmanas, los periodistas de la CNN?
¿Por qué las propias musulmanas dudamos y nos preguntamos respecto de nuestra igualdad con relación a los hombres, y respecto del estatus establecido por el Islam para nosotras? 
Yo creo que preguntarnos hoy sobre los derechos de la mujer musulmana responde a que la declaración de igualdad, que aparece en las Constituciones de todos los países de tradición islámica, incluido Irán, y que no es sino transposición literal del principio establecido en el artículo primero de La Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano que afirma: “ Todos los seres humanos nacen iguales en dignidad y derechos.”, este principio fundamental, digo, entra en abierta contradicción con la interpretación fundamentalista del Corán, que desde hace años, se identifica con el Islam en su totalidad. 
Tanto los principios coránicos que sancionan la igualdad de derechos, como los textos constitucionales de las naciones islámicas, son ignorados o interpretados a favor de una política sexista y teñida de misoginia que caracteriza a los grupos de integristas islámicos modernos. Teólogos musulmanes fundamentalistas, han incorporado a la tradición sus propios sentimientos misóginos, dando lugar a lo que autores como Fátima Mernissi denominan ‘misoginia islámica’. 
Esta corriente, que preconiza la inferioridad de la mujer y su papel subordinado con respecto al hombre, siempre ha estado presente en la cultura islámica, pero que en los años cincuenta parecía haber sido desterrada para siempre en las nacientes sociedades islámicas socialistas. Nos equivocamos: la misoginia solo estaba atenuada; en los años noventa, después de los ataques a mujeres argelinas por el FIS, y después de que los Talibanes obligaran a la reclusión a la mujer pakistaní, la inferioridad de la mujer musulmana ha vuelto al centro de atención del debate sobre la situación de la mujer, y ello porque los medios de comunicación europeos y americanos, mejor dicho, el movimiento laico-liberal angloamericano que domina los medios de comunicación de masas en el ámbito mundial, sobre todo los movimientos feministas de mujeres de las democracias ricas europeas y americanas, identifican la misoginia como una consecuencia directa del sistema religioso, y se culpa al Islam por instaurarlo.
Sabemos que la lucha política de los ambiciosos patriarcas siempre ha falsificado los mensajes de igualdad y fraternidad de los profetas del libro. Pero la traición al mensaje igualitario del Profeta Muhámmad, la paz y las bendiciones sean con él, se realiza en uno de los ámbitos que él más amaba: las mujeres. Por eso, como mujer musulmana, vivo como una doble traición las interpretaciones misóginas del mensaje que nos trajo Muhámmad, puesto que fueron “el Corán y el Profeta los que instauraron los derechos fundamentales de la mujer a la libertad y a la igualdad”, como señas de identidad del Islam, mucho antes que las sufragistas europeas consiguieran el voto para una élite feminista.

Los Tópicos Difundidos por los Medios de Comunicación de Masas sobre la Mujer Musulmana: Una Estrategia del Imperio en Aras del Pensamiento Único

La maniobra de falsificación del mensaje se ha masificado —mediante su difusión en la aldea global por las televisiones y otros media— hasta el punto de que las propias musulmanas adoptamos, a veces, los estereotipos de mujer islámica construidos por la propaganda organizada que emiten los medios de comunicación de masas europeos y norteamericanos, a pesar de que el modelo responde a unos prejuicios falsos que no tienen base en el Libro.
Pero, si es el resultado de una planificada y vasta operación política contra el Islam ¿Cómo hemos podido creernos la imagen de la mujer islámica difundida con todos sus prejuicios por la propaganda laica y liberal de forma intencionada? 
En principio, puede responderse que la manipulación informativa es tan poderosa porque construye unos cuantos ‘mitos’ muy simples y los repite de forma implacable hasta la saciedad, de modo que se borren en el espectador, en el usuario de la televisión y de la radio, todos los matices y sutilezas, todas las variantes y claroscuros, y llegue a pensar en términos infantiles y uniformes que crean un sencillo sistema maniqueo de buenos y malos, negros y blancos. Es el sistema del ultimo imperio, del sistema USA, que ya formuló sus objetivos de convertir al mundo en una aldea global e instaurar en esta aldea el pensamiento único, cuando cayó el muro de Berlín. 
El nuevo imperio funciona promocionando, en los medios de comunicación, un nuevo enemigo que sustituya al antiguo ‘comunista’, el enemigo de la Guerra Fría que tanto juego ha dado a la industria de Hollywood. Para construir un nuevo enemigo fácilmente identificable que sustituya al desaparecido “rojo comunista” nada más a mano que el Islam; Por eso se han construido unos mitos sobre el Islam a la medida de estos intereses y entre ellos, los más potentemente difundidos, son los mitos relativos a la inferioridad y subordinación de las mujeres musulmanas, y ello porque los analistas imperiales saben que los derechos de las mujeres constituyen, sin duda, el núcleo de la revolución islámica y su sistema de derechos públicos, protegidos por el Libro Sagrado. 
Repasemos a continuación los mitos más perjudiciales para la imagen del Islam, lanzados en esta ultima década por los medios de comunicación de masas europeos y norteamericanos.

El Mito de la Identificación de Occidente Como Algo Contrario al Islam

Uno de los mitos preferidos para desprestigiar al Islam, es configurarlo ante occidente como algo extraño, como algo contrario y extranjero, como algo que amenaza la identidad occidental. Pero ¿Qué es ese occidente que se arrogan, como signo de identidad civilizada y de progreso, los países más ricos de Europa y Norteamérica? ¿Son los Cristianos, Blancos y Sajones, los famosos WASP americanos, quienes constituyen a ese occidente? ¿Son las filosofías laicas y liberales que surgieron en el pasado siglo en Europa? No señoras mías, occidente también es Al Ándalus y también es Sarajevo y Turquía y el Imperio Otomano; aunque esta falsificación acabe por calar en los musulmanes que hemos nacido en Europa. 
Os recuerdo que fue el Islam, que fueron los musulmanes del sur de España, quienes tradujeron y conservaron el pensamiento racionalista griego, base de la llamada filosofía occidental. Fueron los musulmanes europeos los que prepararon el Renacimiento en Europa. En resumen, el Islam es occidente en la medida que forma parte de la historia y la conciencia de los hombres y mujeres occidentales. Y en la medida que es la cúspide de las otras dos religiones del Libro, el judaísmo y el cristianismo, tradiciones que están en el núcleo de la identidad del mundo occidental.
Con esta maniobra de falsificación, el Islam aparece asumiendo la identidad del enemigo. Aparece con una identidad falsa que lo configura como el asesino del Nuevo Orden Mundial. 

El Mito de la Inferioridad de la Mujer en el Islam

He leído, en ponencias oficiales y discursos políticos feministas, una afirmación que se repite y se hace obvia: en muchos países musulmanes la mujer se encuentra en una situación de inferioridad con respecto al hombre.
Antes de pasar a analizar este mito, quiero comentar la afirmación inicial de que la mujer está en una situación de inferioridad con respecto al hombre en muchos países islámicos, afirmación que, por ser obvia, no deja de ser menos cierta si se manipula su significado, puesto que yo podría preguntar si, en muchos países occidentales, incluida España, la situación de la mujer no es inferior y discriminada con respecto al hombre. 
Eso es lo que dice y reconoce el sector dedicado a lograr la igualdad de derechos y de oportunidades de la mujer, que en nuestro país, es objeto de una Comisión Permanente mixta Congreso de los Diputados/Senado. 
Con este matiz inicial, habré de afirmar que en algunos países islámicos la situación de la mujer es de inferioridad y de pobreza. Pero hay que recordar también que en el llamado Tercer Mundo la pobreza es soportada, en una proporción mayoritaria, por las mujeres. Porque la pobreza conduce a la desigualdad y a la discriminación de los más débiles. La mujer es discriminada doblemente en la pobreza. 

El Mito de la Dependencia y Subordinación de la Mujer al Hombre en el Islam

Uno de los mitos que más ha perjudicado al Islam es la imagen de la mujer como un ser subordinado e ignorante que sólo es apreciada por su sensualidad física y por su erotismo. El mito de la odalisca es una creación del romanticismo occidental del pasado siglo; en nuestros días, el mito equivalente a la odalisca es el de la mujer velada. 
Este mito, el de la mujer velada, sitúa a la mujer musulmana contra los movimientos de igualdad y de emancipación de la mujer; esta mujer, que sólo se concibe en el hogar, es otro mito occidental. 
En la tradición islámica, la esposa más joven del profeta Muhámmad, la paz sea con él, Aixa, Dios esté complacido con ella, fue educada desde los nueve años por él, de manera que cuando el Profeta murió, Aixa era una experta en poesía, historia, matemática, y en el Corán. Su conocimiento era reconocido por todos los demás Compañeros del Profeta, que consultaban con ella. Cuando Aixa sospechó que el Emir Ali había ejecutado una decisión injusta, no dudo en tomar las armas contra él. 
Esta mujer, que podemos reconocer como la mujer formada por el Profeta, como el modelo de mujer islámica por excelencia —pues él fue quien la educó desde los nueve a los dieciocho años— no es una mujer que se define por sus hijos, o por su maternidad; tampoco por su sumisión sin voluntad a un hombre que es su esposo y que subordina su vida a la de él. 
Tampoco es la mujer dependiente y miedosa que toma las decisiones que le dictan los hombres de su familia, o su esposo; todo lo contrario, era una mujer independiente y educada, que disponía de su propio negocio y de su criterio político propio, que no dudaba en manifestar y defender, si era preciso, incluso con las armas. 
Si éste es el resultado de la educación que ejerció nuestro Profeta Muhámmad, la paz y las bendiciones sean con él, sobre una mujer, si éste es el modelo de mujer musulmana, compañeras, no nos dejemos embaucar por las maniobras de falseamiento de nuestras propias fuentes. No aceptemos un modelo de mujer inventado por ellos. Tomemos el ejemplo de las compañeras y las esposas de nuestro Profeta, porque de ellas podemos decir que fueron un verdadero modelo de mujeres musulmanas, libres y valientes, educadas, e independientes, sinceras, e integras. Ese es nuestro modelo de mujer. 

El Mito de la Mutilación Genital como Rito Islámico 

Otro de los mitos que occidente achaca al Islam consiste en considerar la mutilación genital femenina como una costumbre propia de la cultura islámica. Nada más falso: El Islam prohíbe la mutilación corporal, incluso el tatuaje es considerado incorrecto en la tradición ortodoxa islámica. La ablación del clítoris y de los labios vaginales de las mujeres africanas es una práctica aberrante de la antigua tradición africana, contra la que el Islam lucha, como lo hacen todos los países civilizados.
Desgraciadamente, la ignorancia que occidente tiene del Islam hace que, en general, no se distinga entre las costumbres de un determinado pueblo, como el árabe, el persa o el africano, con las disposiciones del Corán y la Sharia de Islam. 
Hay que señalar que, desgraciadamente, los canales de televisión de todo el mundo han transmitido la opinión de musulmanes ignorantes que justificaban esta abominación en base a las más absurdas, estúpidas y falsas opiniones posibles, como las que fundamentan la practica en los malos olores que los genitales femeninos desprenden, por ejemplo; pero no han sido difundidas por estos mismos medios, aquellas otras opiniones que condenan o reputan anti-islamica esta practica, como la prohibición de practicarla en hospitales públicos en Egipto, o la declaración del Imán de la universidad Al azhar condenándola. 
Los media están interesados en achacar al Islam esta practica detestable, y los diputados de los países ricos occidentales, no se han molestado en investigar la diferencia entre los preceptos islámicos y las practicas ancestrales de algunos países africanos, de forma que repiten el origen islámico de esas practicas en sus resoluciones parlamentarias. Condenemos esta practica como anti-islamica en cualquier foro o en cualquier medio que nos sea posible para no contribuir a esta maniobra de desinformación.

El Mito de la Desigualdad Jurídica de la Mujer en el Corán

Finalmente, otros falsos mitos que han calado en la imagen del Islam en occidente, son la posibilidad de repudio para la mujer casada musulmana, la imposibilidad de pedir por si misma el divorcio, la pena de muerte para las adúlteras sólo, etc. Actualmente, disponemos de mujeres con conocimientos jurídicos de la Sharia de Islam que nos pueden reportar los informes necesarios para documentar cualquier reclamación de trato igualitario en base al sistema equitativo que inaugura el Corán.

Conclusiones y Despedida

Como conclusión, debo resaltar la necesidad que las mujeres musulmanas tenemos de conseguir una autoformación que nos proteja contra las manipulaciones interesadas, y nos prepare para educar en la libertad de criterio y en el conocimiento del Din del Islam a nuestras hijas e hijos. Las musulmanas debemos extraer de nuestra tradición los modelos de solidaridad y compasión que fueron practicados por los compañeros y por las compañeras del Profeta Muhamad, la paz y las bendiciones sean con él.
Por último quisiera repasar los retos que la mujer islámica debe afrontar en las sociedades actuales, sean europeas y desarrolladas o sean sociedades pobres y en vías de desarrollo. Estos retos son: 
—Conseguir una sociedad que pueda progresar de forma sostenible, integrando sus diferencias en un sistema diverso que mejore la justicia social por medio de la solidaridad.
—Conseguir un modelo de civilización que preconice el fin del comercio internacional de armas y prohiba su uso.
—Conseguir llevar a la práctica el modelo igualitario y compasivo de sociedad en el ámbito mundial, que el Corán nos prescribe como nuestro contrato con Dios.
—Conseguir unas relaciones mundiales con la naturaleza más respetuosas y más armónicas; en definitiva: Conseguir ser los seres humanos que podíamos llegar a ser.
Hasta aquí mi intervención; quisiera que mis palabras susciten el adecuado debate y otra vez muchas gracias a todas por vuestra atención y paciencia. Assalamu aleikun.
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