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Marruecos: la hora de los cambios

05/12/1999 - Autor: Yusuf Fernández
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En lo que es quizás el más firme movimiento llevado a cabo por el nuevo monarca marroquí Muhammad VI en el camino de las reformas, el pasado 9 de Noviembre el Rey destituyó al poderoso Ministro del Interior Driss Basri, de 61 años, quien era considerado por muchos como el segundo hombre más poderoso del país. Durante el reinado de Hassan II, Basri controló la mayor parte de los asuntos domésticos del Reino, desde el tema del Sahara Occidental hasta la lucha contra la oposición política y los temas más mundanos. Basri fue reemplazado por Ahmed Midaoui, antiguo jefe de la seguridad nacional.

Basri entró en el Gobierno en 1.974 y ocupó el cargo de Secretario de Estado de Interior, y debido a su estrecha relación de confianza con el Rey Hassan II, Basri se convirtió en Ministro del Interior en 1.981. El poder de Basri comenzó desde aquella fecha a extenderse más allá de la esfera del propio Ministerio y pasó a controlar diversos ámbitos como las operaciones de seguridad, las comunicaciones, la organización de las elecciones etc. Según afirmó el analista de la BBC William Edmundson el pasado 9 de Noviembre: "Pocas decisiones eran tomadas en el Reino sin la aprobación del Sr. Basri". Desde su puesto Basri controlaba la acción de más de 60 gobernadores que regían las ciudades del Reino y sus 16 provincias.

La destitución de Basri no constituyó, sin embargo, una sorpresa dada la aparente reducción de poderes que éste había venido experimentando desde la ascensión al trono del Rey Muhammad. Basri dejó de aparecer al lado derecho del monarca en las ceremonias oficiales. El nombramiento de Abderrahman Youssoufi como Primer Ministro en Febrero de 1.998 había supuesto ya un revés para Basri. Youssoufi, que fue una vez condenado a muerte durante el mandato de Basri al frente del Ministerio, pidió públicamente su destitución, pues consideraba a Basri un freno importante a las reformas que deseaba llevar a cabo. No obstante, Hassan II se negó hasta el final a dar dicho paso. Ahora, tras el relevo de Basri, Youssoufi se siente libre para llevar a cabo los cambios que desea.

Con la destitución de Basri se espera que el camino hacia las reformas en el que parecen embarcados tanto Muhammad VI como Youssoufi quede despejado. Recientemente, han sido liberados miles de presos políticos y el Rey ha permitido el regreso al país de Ibrahim Sefarty, un disidente de origen judío que estaba exiliado en Francia desde 1.991. Asimismo, el Rey dio orden a la Embajada marroquí en Francia para proporcionar documentos de viaje a toda la familia de Mehdi Ben Barka, líder opositor asesinado en Francia en 1.965. También parece haber terminado la prohibición que durante los pasados doce años pesó sobre un popular artista de comedia, Ahmed Sanoussi, conocido como Bziz. El cómico apareció recientemente en un programa de la televisión marroquí destinado a recoger fondos para los necesitados. La aguda sátira de Bziz dirigida contra el establishment marroquí le creó numerosos problemas con el Gobierno. El propio Basri le había calificado hace unas pocas semanas como una "amenaza para el orden público". "Agradezco al nuevo Rey que ha resuelto mi caso y ha restablecido la justicia. Dios salve al Rey y le dé una larga vida", declaró Sanoussi. El Rey ha creado también un organismo para abordar los casos de los cientos de activistas políticos desaparecidos en Marruecos durante los años sesenta y setenta y para compensar a sus familias.

La atención se centra ahora, sin embargo, en ver cuando será liberado el líder movimiento islamista Al Adl Wal Ihsan (Justicia y Caridad), Abdel Salam Yasin, que sufre un arresto domiciliario en su residencia de Salé desde 1.989. Según Nadia, la hija de Abdel Salam Yasin y una de las portavoces del Al Adl Wal Ihsan, "los cambios han traído un rayo de esperanza". Ella ha manifestado recientemente en una entrevista concedida al periódico de lengua árabe editado en Londres Al Quds Al Arabi que espera que "este rayo dejará paso a un mañana brillante en el que la voluntad del pueblo sea respetada". A pesar de que la portavoz del movimiento islamista considera la destitución de Basri como "un paso positivo" se muestra prudente a la hora de ver el futuro: "Hemos crecido acostumbrados a ver como las esperanzas se evaporaban. Lo que deseamos no es sólo un cambio de nombres sino también un cambio en toda la política llevada a cabo hasta la fecha", afirma Nadia. Sólo dos días después del retorno a Marruecos de Sefarty, el pasado 30 de Septiembre, un responsable gubernamental anunció también la pronta liberación de Yasin. Sin embargo, según Nadia, el líder islamista no ha querido escribir una carta al Rey pidiendo su liberación, tal y como hizo Sefarty.

Los movimientos del rey tendentes a la concesión de la amnistía a los presos políticos y a facilitar el regreso de los exiliados le han hecho ganar la alabanza de la Organización Marroquí de Derechos Humanos (OMDH) y del Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Un comunicado de la OMDH del pasado 1 de Octubre calificaba estos movimientos del nuevo monarca de "un paso positivo y en línea con la consolidación del imperio de la ley"



El Rey de los Pobres

Otra de las áreas en las que el nuevo monarca desea realizar cambios es el de la lucha contra la pobreza y el desempleo, que atenaza a casi dos millones de personas en el país. El Rey ha emprendido una campaña basada en la noción islámica de la solidaridad social. Esto ha hecho a Muhammad VI enormemente popular entre las capas más desfavorecidas del país.

Hace varias semanas el Rey emprendió un histórico viaje por las regiones del Norte del país, entre ellas la del inhóspito Rif. Los habitantes de esta área, que han sido ignorados por las autoridades de Rabat durante casi cuatro décadas han estado basando su economía, a falta de otros proyectos, en el cultivo del hachís. Los jóvenes han puesto sus esperanzas en la emigración hacia Europa. Muchos han perdido la vida en el intento.

Las cosas podrían cambiar ahora. Durante su viaje, que duró un total de 11 días, el Rey Muhammad VI ha visitado una docena de ciudades y ha manifestado su voluntad de impulsar varios proyectos de desarrollo que podrían suponer la creación de miles de puestos de trabajo en la región. Entre estos proyectos pueden citarse una presa para proporcionar agua potable para el consumo humano, y también para la irrigación, un puerto pesquero y un complejo industrial.

Hasta el momento el Rey ha declinado mudarse al ostentoso Palacio Real de Rabat. Él pasa su tiempo en una residencia mucho menos exquisita en la cercana ciudad de Salé, donde recibe regularmente a miles de ciudadanos ordinarios, que le conocen cariñosamente con el apodo de "El Rey de los Pobres".

El Rey ha anunciado también recientemente la creación de un Fondo de más de 700 millones de dólares destinado a la construcción de casas en áreas remotas y a mejorar la infraestructura turística con el fin de crear nuevos empleos.

Otra de las áreas que urgen reformas en Marruecos es la de la burocracia estatal. Hace varias semanas el Primer Ministro Youssoufi anunció un ambicioso plan para la reforma de la Administración Pública, que está regida aún en buena parte por leyes que proceden de la época colonial francesa. Un concepto que Youssoufi pretende introducir es el de la responsabilidad de los funcionarios por cualquier hecho que tenga que ver con el abuso de poder o la ineficacia. El propio Primer Ministro ha dicho que él mismo abordaría con decisión cualquier "acto impropio o desgraciado" de un ministro o alto cargo. Las oficinas públicas deberán responder a las solicitudes de los potenciales inversores en un período que no exceda de dos meses, mientras que los ministerios habrán de actuar rápidamente para modernizar sus departamentos antes de la llegada del nuevo milenio. La oficina del Primer Ministro abrirá en breve plazo una página Web en Internet que permitirá a los usuarios dentro y fuera de Marruecos comunicarse con todos los ministerios. "La Administración debe embarcarse en este proyecto nacional con firmeza y disciplina para evitar cualquier signo de burocracia" afirmó recientemente Youssoufi.

Lo que está teniendo lugar en Marruecos en la actualidad empieza a parecerse cada vez más a una auténtica transición. Tanto el Rey Muhammad VI como Youssoufi parecen estar decididos a que el antiguo régimen autoritario deje paso a otro sistema basado en el respeto a la ley y a los derechos humanos. Los desafíos a los que habrán de enfrentarse son, sin embargo, muy grandes, entre ellos, la influencia del poderoso Mazjen, la secreta y opaca jerarquía cortesana que ha venido detentando el poder político y económico en Marruecos durante las pasadas décadas. La dimisión de Basri aparece como un signo del compromiso del nuevo monarca con un proyecto de rejuvenecimiento de la sociedad marroquí.
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