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La Presencia de Allah

24/10/1999 - Autor: Ali González
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Shayj Abu Ismail al-Hárawi decía: Compara la Ni`ma de Allah con tu Yinaáia. Es decir, compara su Favor, su Bien hacia ti, con tu delito, compara su Actitud frente a ti y tu respuesta hacia Él. Comprueba cómo Él te favorece y te beneficia mientas tú lo niegas y lo rechazas, cómo Él te ha dado todo lo que eres y todo lo que tienes y tú te muestras ante Él con soberbia y arrogancia. El shayj llama Ni´ma a la actitud de Allah para con el hombre: Ni´ma es la Rahma de Allah, la intención de Allah en el hombre, y es una palabra que comparte su raíz con el término naam, sí, Allah dice sí al ser humano, lo concibe, lo sustenta, lo resguarda, lo impulsa. Esa es la Ni´ma. Y el shayj llama a la actitud del hombre Yináia, es decir, delito, porque es ingratitud y atentado, signo de ignorancia e incapacidad y, sobre todo, de injusticia hacia sí mismo, pues se priva de otros muchos bienes de Allah. La Yináia atrae contra el ser humano la ira de Allah, y la ira de Allah es ser apartado, arrinconado en el Kufr y el Shirk.

Te conviene meditar sobre lo que acaba de ser dicho, piénsalo, pues de ello dependen muchas cosas. Sé de los que son atentos y nada les pasa desapercibido. Inventa para ti una balanza, y pon en uno de los platillos tu existencia entera en la que todo, absolutamente todo, se lo debes a Allah, y en el otro platillo coloca la Existencia de Allah que nada te debe. Podrás examinar, entonces tu actitud hacia Él, verás cómo es un delito, cómo es un Yiháia hacia quien todo te lo ha ofecido, y sin embargo ni tan siquiera nada puedes devolverle, es más, no sólo no le das nada a cambio -y Él no lo necesita-, sino que miras hacia Él con desprecio, con resentimiento, lo rechazas, lo apartas de tu existencia cuando tu existencia es suya y está en sus manos, lo expulsas de tu vida cuando tu vida es su don con el que quiere atraerte hacia Él para colmarte aun más con sus bienes, y no lo quieres en tu conciencia cuando es Él quien la ha despertado para iluminarte. Comes de su alimento, bebes de su bebida, respiras de su aire y tu corazón late según su sabiduría, pero tú te revuelves en un círculo sin fin ni comienzo, te hace káfir, ciegas tus ojos, te limitas, impídes a tu corazón alcanzar a Allah. Sal entonces de su Dominio, como ordena el hadiz, si es que puedes. Pero Él te deja gozar en cada instante de su Ni´ma, sin hacerte reproches, y tú le respondes con tus sospechas, tus acusaciones, tus miserias, tus caprichos, tus fantasmas, con tu delito.

El ha dicho sí a tu ser, y tú has dicho no a sus obsequios. A pesar de ello, su bondad hacia ti no encuentra obstáculos, tu mezquindad no la detiene. Y es que Él es Rey y tú eres esclavo, suyas son la nobleza y la excelencia, suyas son la grandeza y la liberalidad, y tuyas son la miseria y la ignorancia. Analiza la gran disparidad que hay entre Él y tú: te darás cuenta de la inmensidad de su disculpa con la que te acepta; El te excusa antes de que hables -ciertamente, el amor hacia ti contenido en el acto con el que te ha creado es inabarcable por el pensamiento-. En una ocasión, estando Sidna Musa (a.s.) en el desierto, encontró algo para comer y pensó en sus adentros: Ojalá encontrará alguien a quien ofrecer mi hospitalidad. Entonces llegó un anciano y Musa (a.s.) lo invitó, pero mientras comían se enteró de que el anciano era un idólatra y lo expulsó de su tienda. Por la noche, mientras descansaba, sintió una voz que le dijo: ¿Por qué lo echas de tu casa cuando Yo no he tenido reparos en ofrecerle mi Hospitalidad durante noventa años?

¿A quién aguantarías tú la desatención de la que haces objeto a Allah con tu arrogancia y tu soberbia, y si no se lo tolerarías a quien nada te debe, ¿cómo es que te lo tolera Allah cuando todo se lo debes? Comprueba así su Inmensidad: Él para nada te necesita, tú eres quien lo necesitas hasta para que tu sangre discurra por las venas, y aun asi lo descuidas, lo ignoras y lo rechazas, pero cuando lo necesitas, Él acude a ti, y te socorre, y no te falta su aire, ni su calor, ni su Rahma. No hablamos de momentos criticos: cada instante de tu vida así lo testimonia, cada uno de tus momentos es signo de la Rahma de Allah, de una Rahma sutil, de una Rahma que no es escandalosa, que casi siempre escapa a tu atención pero que es el soporte de tu vida. Pero tú eres ignorante, estás ciego, y sólo piensas en tu Nafs, en tu Ego, en sus necesidades estúpidas y en lo que puede darle satisfacción. Y se te escapa lo más importante, la vida misma, la vida y la muerte, la sucesión del día y de la noche, del frío y del calor, todo aquello que es la Rahma de Allah y te beneficia, y que es para ti.

Cuando hayas colocado tu delito junto a su Nobleza, cuando los compares, sólo entonces comprenderás lo que es el Nafs y a dónde te conduce. Distinguirás claramente entre el Rey y el esclavo. El Dueño de los Mundos es absoluto. El sol ofrece su calor al universo entero, incluso llega al esclavo, al Nafs escondido en una cueva, y vive. El Islam te invita a exponerte plenamente al sol de Allah para que sus efectos sean plenos en ti. Allah ha creado los mundos para ofrecerse, para dar espacio a la inmensidad de su grandez; dice el hadiz: Yo era un tesoro oculto, y quise ser conocido; y creé la Creación.

Escondido el esclavo en su caverna, en el retiro de su Kufr, poco aprovecha de la Rahma de Allah, es más, poco a poco se aleja de ella. Alejarse de la Ni´ma de Allah, del Sustento de Allah, es apartarse del eje del círculo de la Creación, es arrimarse a su perímetro en el que hay privación de todo bien, se llama Fuego al dolor y tormento de la ausencia de la Rahma de Allah. Es el dominio del Nafs, que se cree autosuficiente en su aislamiento y sólo puede ser defraudado. Sólo exponerse a la Rahma de Allah, aproximarse poco a poco al centro del círculo, permite al hombre aprovechar todo lo que Allah propicia, y es infinito. El Corán dice: Sed agradecidos y Allah os dará más. Ser agradecidos es reconocer la Ni´ma, reconocer es saber, y conocer a Allah es acercarse aun más a Él, acercarse a Él es aproximarse a la fuente de toda riqueza, de toda belleza, de todo esplendor, es arrimarse a su excelencia, a su liberalidad, y es obtener de ellas todos sus beneficios, toda su Ni´ma.

Antes de situarte en estos niveles, antes de comparar entre tu Yináia y su Ni´ma, eras ignorante. No conocías lo que eras realmente, lo ignorabas todo acerca del Nafs, porque tu Nafs no tenía espejo en el que verse. No salías de tu oscuridad, de tu precariedad, de la injusticia que te hacías a ti mismo. Ahora que miras hacia la grandeza de Allah, ahora que conoces tu escasez, puedes dar pasos hacia delante. Sabes que Allah quiere hacer de ti un califa y no un esclavo; estás muy cerca del Islam. Pero evítate más arrogancias que vuelvan a apartarte de Allah. Hasta tu inquietud que te lanza hacia el Señor de los Mundos es Ni´ma de Allah. Sólo Él ha podido despertar en ti el anhelo, sólo Él es quien te guía hacia Él, forzándote, violentándote con la contemplaciñon de tu Nafs. Ello es bien sobre bien, luz sobre luz.

Allah te está avisando, te está alzando, quiere darte aun más que todo lo que te ha ofrecido hasta ahora, la plenitud de todo el bien con el que obra en el interior de la Creación. De Allah proviene todo lo que favorece al ser humano, todo lo que lo distingue. Si no fuera porque es Él quien te guía, ¿qué hubiera encuzado tus pasos? !Afianza tu caminar! !Haz que tu pié sea firme! No vuelvas a recaer en la mezquindad del Nafs. No vuelvas a decir no, Allah espera tu sí para acerte dar un segundo paso. No vuelvas hacia atrás, agradece el Islam que te ha sido obsequiado cuando has reconocido la primera Ni´ma, y pasarás entonces al Imám, y luego aun al Ihsán, y ya nada podrá pararte. Haz de saber siempre, para que Allah opere en ti todos sus beneficios, para que puedas aprovechar toda su Riqueza, que todo se lo debes a El.

Si no hubiera sido El quien iluminara tus ojos a la vida ¿quién te hubiera hecho ver? Si no te hubiera dado el oído, ¿quién te hubiera hecho escuchar? Si El no te hubiera dado existencia, ¿de dónde hubieras sacado fuerzas para vivir? No eras nada ni eres nada, pero Allah ha querido que puedas serlo todo. Ahora quiere abrir en ti nuevos sentidos, darte otra existencia. Su Poder es aquello en lo que te mueves, es el espacio de tu querer y de tu saber, no olvides nunca dónde estás para que tus sueños no se tornen estúpidos ni tus estandartes sean abatidos.

Se agradecido y más se te dará, reconoce a Allah y avanzarás hacia El, sé sabio pues sólo la sabiduría tiene una meta. La ignorancia no la tiene, da vueltas sobre sí misma y se hunde en su miseria.

Es cierto que Allah no puede ser conocido, pero sí debe ser reconocido: a eso se le llama Shukr, agradecimiento. El Corán enseña que al ser reconocido, Allah se muestra en su liberalidad más absoluta. Por todo ello, póstrate ante Allah, y di al-hámdu lillah, y después di astáhfirullah para que la soberbia del saber no te arrebate y te devuelva a la cueva de la que Allah te ha arrancado.

No dejes de tener presenta a Allah en cada instante. Sé musulmán, ríndete incondicionadamente ante Allah, y que sea el Islam tu camino y tu senda.

No nos engañemos. No tenemos derecho a nada, no hay derechos para nosotros. No tenemos derecho a la vida, ni al aire, ni al agua, ni al sol, ni a las estrellas. ¿Dónde está escrito que tengamos alguno de esos derechos? Los tenemos entre nosotros, entre los hombres, pero ante Allah no tenemos ninguno. Nada poseemos, nada es nuestro todo pertenece a Allah. Lo demás es ilusión. ¿Qué garantía tenemos frente a Allah?. Ninguna. ¿A dónde podemos recurrir para sosegarnos en estas desolaciones?. No hay espacios para nosotros.

Rasulullah (s.a.s.) decía: Me refugio en ti contra ti. No hay otra verdad que ésta, no hay otra realidad que Allah. Esto es lo que podemos tener más claro: nuestra nada ante Allah. Pero con todo, Allah ha hecho su promesa a los hombres, una promesa anterior a nuestro nacimiento. Nos ha dado su Amán, el pacto de su seguridad. El Amán de Allah. Mu´min es el que revive en su conciencia el Amán de Allah y se confía a Allah porque sabe que sólo en Allah puede confiarse, porque sabe que sólo en Él es posible la calma y la paz.

El Habíb Rasulullah (s.a.s.) decía: Huid de Allah hacia Allah. Sed como los recíen nacidos: son indefensos, nada pueden, pero están en la seguridad de que al lado su madre vela por ellos. Y su madre, aunque ha sufrido pariéndolos, no les niega el sustento, no les niega sus entrañas
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