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La espiritualidad (ruhaniyya) en el Islam

El Islam es la vía media entre las concepciones religiosas excesivamente legalistas y las excesivamente místicas. Es el equilibrio

04/05/2013 - Autor: Redacción - Fuente: Webislam
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Es importante desarrollar la inteligencia espiritual.
Es importante desarrollar la inteligencia espiritual.

El Islam es la "vía media" entre las concepciones religiosas excesivamente legalistas y las excesivamente místicas. Es el equilibrio.

El objetivo de las creencias y las leyes islámicas es la construcción seres humanos que van progresando interiormente hasta alcanzar la perfección espiritual. Dicho de otra manera, el objetivo del Islam es construir hombres y mujeres. Para alcanzar estos objetivos, se debe ir paso a paso, desde el estado espiritual más bajo hasta la plenitud. Los medios son el imán (la fe), que se deriva de las creencias islámicas y la ibadah (adoración de Allah), que se deriva de las leyes prácticas islámicas, hasta alcanzar un punto que el imán deviene yaqín y maarifa (certeza y conocimiento de Allah) y la ibadah presencia constante de Allah en el corazón.

Este camino es la integración coherente del instinto humano, el intelecto y los factores espirituales en un conjunto armónico. Es un camino que exige sacrificio, voluntad y constancia, y que se llama "purificación del alma" (tazkiyya an-nafs).

Allah dice en Su Glorioso Libro:

¡Por el alma y quien la perfeccionó! y le inspiró su inmoralidad y su piedad! Tendrá éxito quien la purifique y fracasará quien la pervierta"

(Surah ash-Shams, 17-19)

Allahu Taala (el Altísimo) nos informa en estas aleyas sobre el alma humana: cómo la perfeccionó y cómo le dio la capacidad de distinguir de escoger entre el bien y el mal, y cómo hizo al hombre responsable por su elección entre el bien y el mal, de manera que esta elección determina el éxito o el fracaso del hombre.

Lo que Allah quiere decirnos es que el ser humano, cuya mente supervisa su alma, debería alimentar su alma, purificarla y reforzar el elemento de bien que hay en ella. Allah nos dio la capacidad de alimentar y desarrollar este alma mediante el intelecto que la gracia de Allah nos concedió. Porque el intelecto es capaz de distinguir entre lo bueno y lo malo. Cuando nuestro intelecto determine que algo es bueno o malo, hay que hacer que nuestra fuerza de voluntad escoja lo bueno y rechace lo malo, no dejar que la parte inferior del ego nos domine, porque es la parte de los instintos que deseamos satisfacer sin moderación, o los deseos y ambiciones sin reglas ni normas que a veces nos mueven.

El intelecto que esté dominado por los instintos y los deseos pierde su significado y su capacidad de desarrollarse. Pero si estos instintos y deseos son equilibrados si están controlados por el intelecto.

Allah nos ha dado estos deseos como una parte fundamental de nuestras vidas: comer, beber, y el sexo conducen al hombre a continuar existiendo. Lo mismo pasa con instinto de posesión y todos los demás deseos e instintos. Allah los ha integrado en nuestra alma, y tienen un papel de primer orden en nuestra existencia.

Pero Allah quiere que racionalicemos nuestros instintos. Quiere que bebamos y comamos, pero nos dice cuáles son las mejores bebidas y las mejores bebidas, y en su Justicia nos permite las mejores comidas y bebidas y nos prohibe las peores. Además, nos dice que tomemos las comidas y bebidas permitidas (halal) pero sin ser pródigos en ello. Quiere que satisfagamos nuestro deseo sexual, con parejas con las que estemos casados, porque nos advierte en el Generoso Corán que el adulterio es la mala manera de satisfacerlo, porque es una abominación. Tampoco permite ciertas prácticas como la masturbación, por los muchos males físicos y psicológicos que conlleva.

Allah no quiere que nos convirtamos en monjes. Quiere que satisfagamos nuestros deseos en la medida de nuestras necesidades. Pero sobrepasar nuestras necesidades y ser pródigo, causará nuestro fracaso. No satisfacerlas también es un mal camino, porque nos llevaría a un estado de carencia que nos distraería de la ibadah.

La misión del Profeta Muhammad (s) tiene como objetivo asegurar el desarrollo y la plenitud de los musulmanes mediante el Mensaje que nos transmitió. Nuestra responsabilidad como musulmanes es aplicar este mensaje y no caer en bajo la hegemonía del entorno social, y adoptar sus conceptos y juicios morales, sin diferenciar si el entorno es bueno o malo.

Quien domina su alma y persevera en el buen camino es el dueño de sí mismo. Pero quien se deja dominar por las pasiones es un fracasado. Si educamos nuestra alma, y pasamos cierto tiempo cada día preguntándole "¿qué quieres?" "¿qué quiere Allah de tí?", e intentamos convencer a nuestras almas de lo que Allah quiere aunque contradiga a nuestros deseos e instintos, estaremos dotando de conciencia a nuestra alma.

La conciencia se establece como resultado de la educación, imán, y el sentimiento de que Allah nos está mirando y somos responsables ante Él. Cuando educamos a nuestra alma y la hacemos desarrollarse, ésta cambia y pasa a ser un alma que vigila cada cosa que hacemos. Es el alma que reprocha y acusa a su dueño, llamándolo a perseverar si hace bien, y reprochándole y señalándole como responsable si actúa mal. Necesitamos llegar hasta esta alma vigilante. Estas dos almas - el alma educada y el alma vigilante - nos conducen al estado supremo, el alma pacificada.

Algunos sabios islámicos, a partir del Corán y la Sunnah, han dicho que el ser humano tiene nueve puntos vitales, que son: los oídos, los ojos, la boca, los brazos, los pies, el corazón, el intelecto y la imaginación. Allahu Taala nos juzgará a partir de ellos. El control de ellos por parte del intelecto, la limpieza de corazón y el desarrollo de la conciencia en el creyente es, pues, crucial. Para ello se han desarrollado diversos métodos y se han escrito muchos tratados. En este apartado daremos paso a algunos textos significativos para ilustrar esta lucha interior del creyente contra sus bajas pasiones.

Publicado en old.webislam.com el 16/09/1999

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