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Entre los olvidados de la historia

15/09/1999 - Autor: Hashim Cabrera - Fuente: Verde Islam 11
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barco web
Barco

Córdoba, antes de la partida. 1 de Julio César del año gregoriano de 1.998

Cercado por la Belleza —la mirada hacia otro lugar, tratando en vano de conjurar el deseo— soy rescatado por el Corán: “Allá donde vuelvas la mirada encontrarás la faz de Dios”. Con el ruido de fondo de las máquinas, ya no de la cultura —ésta desposeída por la tecnología, reducida a su imagen— accedo a una visión dinámica de la Creación , fugaz instantánea entre el discurso entrecortado y palpitante de los motores de explosión, al borde del milenio de los otros, del tiempo de los otros.

Rugen aún los organismos metálicos que se alimentan de combustibles fósiles, como si la voracidad de esta forma de vivir estuviese deglutiendo los últimos vestigios materiales de la Historia. Me habla un sistema insaciable y sin rostro, anónima civilización que se asoma a través de expresiones impersonales, de los múltiples guiños de un Golem monstruoso. Las almas todavía transitan entre ruidos e imágenes manteniendo conversaciones sobre los temas que siempre preocuparon al ser humano. Unos más deprisa que otros, diferentes ritmos componen la crónica, sinfonía en la que convergen los nombres, las edades, los géneros, los colores, las lenguas.

Todos los imperios contaron lo mismo. Sus predicadores siempre anunciaron el final de la Historia : Pax Romana, Pax Americana. No son asuntos nuevos. Lo único nuevo y distintivo es la omnipresente tecnología, su exagerada hipertrofia y su inevitabilidad. Espero el autobús que ha de llevarme a Madrid, donde embarcaré inshaAllah, en un avión rumbo a Malta para, desde allí, sorteando por mar el bloqueo aéreo, llegar hasta Libia. Voy formando parte de un grupo de musulmanes españoles que hemos sido invitados, junto con cerca de mil representantes de todos los lugares del planeta, por el Dawa al Islamiya, organización internacional para la difusión del Islam que tiene su sede en dicho país norteafricano, a celebrar el Maulid, fiesta que celebra el nacimiento del profeta Muhammad, la paz sea con él.

Como director de Verde Islam siento una cierta satisfacción por la acogida que están teniendo la revista y las publicaciones electrónicas —Webislam, Biblioteca de Estudios Islámicos— entre los musulmanes más comprometidos. Siento también la enorme responsabilidad que implica establecer análisis sobre temas islámicos en el momento actual. Nada es sencillo en el mundo de la información porque su discurso se solapa a menudo con el del poder, y las palabras, sacadas de su contexto, son cuchillos que parten la verdad contenida en cualquier discurso.

Pienso en la noticia que había aparecido días antes en los diarios internacionales en la que se decía que el líder libio Muammar al Kadaffi había sufrido un atentado del que había conseguido salir con vida.

Malta. La Valleta

Tras la escala en Roma, donde la nave de Alitalia casi rozó con su panza la cúpula vaticana, llegamos a Malta, llano archipiélago escondido en las olas, bastión papal fortificado casi hasta el final de la Segunda Guerra. Centro ‘cruzial’ del Mare Vostrum, de nuestro Blanco Mar de En medio —al Bahr al ‘Abiad al Mutawwasid— ora musulmán, ora cristiano, que habría de ser un bien de todos los humanos. Lugar geoestratégico mientras su espacio sólo era surcado por mar, antes que la navegación aérea adquiriese preponderancia en el comercio y, sobre todo, en la guerra, hecho éste que explica la visión fantasmal de sus casas deshabitadas.

Edificios mediterráneos salpicados con escayolas de antiguas divinidades orientales, lengua muy parecida al árabe con ribetes de italiano e inglés. Malta es un ejemplo de la política secular de limpieza étnica y cultural, de la pérdida de identidad que sume en la tragedia a los pueblos que son arrasados por el imperio de turno, siempre el mismo. Hoy existe de nuevo una mezquita. La isla es parada obligada para sortear el bloqueo aéreo que los adalides del Nuevo Orden Mundial impusieron al pueblo libio.

La primera impresión es aplastante: Altas fortificaciones, levantadas durante siglos para defender a las armadas, denotan la importancia estratégica del lugar. Justo en la dirección latitudinal que establece la relación entre Oriente y Occidente, en el centro geográfico del Blanco Mar de Enmedio de los musulmanes, del Mare Nostrum de la romanidad, decenas de catedrales fueron allí erigidas para testimoniar la cristiandad de un territorio fronterizo, avanzadilla del dominio católico en sus luchas contra los sarracenos. Las cúpulas de las basílicas tienen la impronta arquitectónica del Papado, como réplicas a escala del modelo romano de Bruneleschi.

En las esquinas de los edificios antiguos surgen, cinceladas, heráldicas señales de las órdenes medievales, del Temple y de otras católicas caballerías que tuvieron en este archipiélago sus bases permanentes durante las Cruzadas. Carlos V había entregado la isla a los Hospitalarios de San Juan, que más tarde constituirían la Orden de Malta, logia soberana de un estado independiente. La capital, Valetta, es una síntesis de la arquitectura mediterránea equilibrada con ciertos detalles orientales que se han ido incorporado a la tradición local desde los tiempos en que los fenicios atracaban en sus ensenadas.

Caminando por la isla siento que aunque la Historia tiene principio y final, su discurso esconde un fondo invariable bajo los cambios incesantes de civilizaciones y culturas. Las formas —medievales, renacentistas, modernas— que aparecen por todos sitios pueden conformar en nuestra mente una Idea de la Historia , pero también pueden darnos la sensación que que ésta se ha detenido, de que ya no es el tiempo de las ideologías, de los estilos o de las creencias, de que no existen alternativas. O bien de que éstas fueron ya formuladas, fijadas en la piedra y en el paisaje como elementos de un museo cuidado por delicados expertos en conservación del patrimonio.

Pero observando con atención me doy cuenta que ésto no es así, que existe un Sentimiento de la Historia en el interior de los humanos que no desaparece. Para muchos malteses, tanto si son anglófilos como proitalianos, los musulmanes contemporáneos seguimos siendo ‘el turco’ aunque vengamos de Andalucía y nuestras ropas sean iguales a las suyas. Existe una subliminalidad que no sólo no desaparece sino que se acentúa ante la ausencia de signos externos.

A los malteses les causa más inquietud un musulmán europeo, por ejemplo, vestido con blue jeans, que un sudanés de turbante y yilaba. A éste se le reconoce enseguida como perteneciente ‘a los otros’, mientras que al primero resulta dificil situarlo en un imaginario tan consolidado.

Capitán Tiempo

A bordo del Captain Zaman —Capitán Tiempo, barco turco bajo bandera de Belice tripulado por bielorrusos— cruzamos las suaves ondulaciones del Golfo de Sirte navegando por aguas tranquilas. El aire acondicionado está roto y en el interior hace un calor sofocante. Sobre la cubierta, los fuqara de una tariqa siria entonan bellos cantos en honor al Profeta, salallahu aleihi wa salem.

La melodía sentimental se constituye en bajo continuo que soporta la dinámica diversidad de los pueblos que conforman la Ummah , la Comunidad de los sometidos a Dios, cuyos rasgos se solapan en un discurso que navega aguas adentro. Brahimullah, un muyahiddin afgano, cuenta la lamentable situación de su país, donde los musulmanes se están matando entre sí, manipulados por los intereses oscuros de la geoestrategia. Entre los acordes del dikr se asoman los rostros de hombres buenos que articulan en sus gestos nobles sentimientos revitalizados con el recuerdo de Dios. Son tal vez, los últimos representantes de la Futuwwah , de la Caballería Espiritual Islámica:

“Allah!...Allah!...Allah!...Allah!...” Dunia y Ájira, este mundo y el otro entrelazados en la melodía por el ritmo incesante de la percusión.

El Capitán Tiempo es un barco viejo y desvencijado por la historia. Su cuerpo muestra sucesivas reparaciones e incontables capas de pintura que dan cierta dignidad a su vejez. En el salón, sheij Muhammad Ad Din, también de Afganistán, habla acerca del igualitarismo en el Islam. Dice que éste no distingue entre razas, culturas o lenguas. Los musulmanes, los sometidos a Dios de cualquier tiempo y lugar, somos hermanos. La guerra civil que desangra a su país está teniendo lugar porque los contendientes no buscan la verdad sino el poder, y no es ese el objetivo que han de tener los creyentes. Eleva la mirada plena de compasión y pide a Dios que no mande a otros pueblos una prueba semejante.

Mirando a mi alrededor, advierto que la mayoría de los musulmanes que allí se encuentran provienen de los países más castigados por esa Historia que ahora nos quieren abolir: los desheredados, los depredados y sometidos por la fuerza del hambre y de las armas. Gentes de África, de Asia, Latinoamérica, del tercer, cuarto y quinto mundos, hombres y mujeres que poco o nada saben de esa Sociedad del Bienestar que se cimenta sobre su desposesión y su endeudamiento forzoso... para qué decir más.

Palabras geoestratégicas

Aparece un personaje singular que une en su figura la dignidad y una bondad sin concesiones. Es sheij Tiyani, de la tariqa Qadiriya, la más numerosa de la Ummah , sudanés entrañable. Dice que la política neocolonial en África obedece aún a planes diseñados a principios de siglo. Desde entonces se han gastado millones de dólares en propaganda, en imagen que actúa como señuelo entre las masas de africanos depauperados por las multinacionales. En ese contexto depredador, la política vaticana ha desempeñado en los últimos años una actividad de verdadera cruzada contra la evidente e imparable expansión del Islam en el continente negro.

El dólar está sostenido sobre las espaldas y el sudor de millones de musulmanes y de otros colectivos de los países pobres o en vías ‘de desarrollo’ que no tienen control sobre el mercado sino que son controlados por él. Dice también que sería muy interesante que la Ummah tuviera una moneda común y que en nuestros pasaportes no debería figurar el dato de ser ‘español, libio o sudanés’ sino ‘musulmán’. Hay que recuperar la realidad de la Ummah. Si esto ocurriera ¿Cómo podrían afectarnos entonces las fluctuaciones del dólar?

El musulmán debe trabajar sobre sí mismo, tratar de conocerse a sí mismo. “Allah creó al ser humano de barro e insufló luego en él de Su Espíritu.” El ser humano danza constantemente entre el espíritu y la materia, pudiendo materializarse o elevarse, teniendo siempre la posibilidad de elegir el trayecto. El hombre realizado es como un espejo que refleja las más altas Cualidades Divinas. Allah lo ha distinguido con esa condición única entre toda Su Creación. Quien alcanza el Ihsán tiene la capacidad de enseñar a otros, de transmitir Luz y Conocimiento.

Cuando Tiyani se entera de que en el grupo se encuentran musulmanes españoles y nos presentamos, los ojos del sheij se humedecen y un aire de nostalgia cruza su piel curtida en la sabana. Nos dice que no es que el Islam habrá de volver a Ál Ándalus, sino que es Al Ándalus la que, inshaAllah, volverá al Islam. Habla sobre la pérdida de Al Ándalus y dice que la causa fue el abandono del Otro Mundo —Ájira— por éste —Dunia— el abandono del Din, de la práctica, de los nobles principios que sostienen la sociedad de los musulmanes.

Sugerencias

En mi interior brotan incontables sugerencias. ¿Qué estados experimentan estos hombres que parecen a la vez distantes y cercanos, tan implicados y, al mismo tiempo, tan desapegados de las cosas? ¿Qué certeza albergan sus corazones? ¿Qué hace que el espacio que ocupan adquiera la luz de las teofanías?

Tal vez son ellos los que más cerca están de Dios. Hablan y actúan siempre en Su Nombre diciendo “Bismillahi ar rahmani ar rahim”, y así viven en el estado de jalifas. ¡Qué imagen tan diferente de la de aquellos árabes potentados, enriquecidos por el colonialismo petrolífero y ávidos de una Modernidad que les ha tapado la boca con los excedentes!

Encuentros

Los miembros de la delegación española acabamos en una de las mesas formando la clásica tertulia de café. Interesantes conversaciones en las que intervenimos apasionadamente. En la mesa vecina hay otros debates, palabras que se cruzan en idiomas diversos. De pronto surgen los parentescos lingüísticos y ya estamos hablando con unos italianos. Problemas parecidos, sensibilidades hermanas, una historia reciente más común, una cultura compartida previa a la islamización.

Interesante intercambio que nos demuestra que las estrategias de la inteligencia occidental con respecto al Islam en Europa son un puro producto de laboratorio, aplicado según análisis previos realizados en algún centro orientalista norteamericano, probablemente en el think tank de Princeton.

Opiniones diversas sobre las relaciones que existen hoy en Europa entre la Masonería , la Iglesia y determinados círculos místico-esotéricos revestidos con el ropaje del sufismo y el ecumenismo. Paralelismo entre las realidades organizativas de los musulmanes en los países de la Unión Europea y sus peculiaridades. Hay en Italia un millón de musulmanes procedentes de la emigración, sobre todo del África Oriental: Somalia, Etiopía, etc. Casi cincuenta mil son conversos que se han casado con emigrantes. La proximidad de la Sede Papal tiñe de un color especial la política interreligiosa italiana. ¿Se ha terminado, pues, la Historia?

Llegan representantes de los musulmanes franceses y alemanes. Francia cuenta con tres millones de musulmanes, procedentes asimismo de sus ex colonias: argelinos, marroquíes, tunecinos, etc. No se conoce bien el número de conversos. En Alemania son más de siete millones, sobre todo turcos concentrados en las grandes zonas industriales.

Surge un animado coloquio sobre la necesidad de articular una organización islámica europea y se aportan ideas para constituir las bases de un futuro acuerdo. Alguien señala la trascendencia histórica del encuentro e incluso hay quien quiere ya ponerle nombre: la Shura de Malta —por lo emblemático— o Shura de Sirte, por el lugar que transitábamos en ese momento. Entre bromas y veras lo cierto es que la realidad del Islam en Europa adquiere un protagonismo que crece de manera geométrica y que nos lleva a organizarnos.

El tema de la conversión aparece inevitablemente como telón de fondo. Entre los vaivenes del Capitán Tiempo intercambiamos retazos biográficos que se superponen en una misma estructura: años de militancia política en partidos de izquierda, compromiso social, crítica de la cultura y revisión de la Historia , movimiento contracultural, situacionismo, mayo del 68... la mirada que se vuelve hacia otro sitio, hacia otros pueblos y culturas buscando respuestas, y finalmente el encuentro como musulmanes conversos. Problemas parecidos y conclusiones idénticas. Ahora nos encontramos como humanos sometidos a esa Realidad Única que hace posible, en Su Creación, las diferencias que componen la vida, el mundo de las distintas culturas, pueblos y lenguas en su bella e irrepetible diversidad.

Y nos congratulamos de ello compartiendo las formas particulares que manifiesta nuestra creencia, disueltas las facetas de la piedra preciosa en la adoración, con nuestros cuerpos postrados balanceándose sobre una alfombra azul en el crepúsculo. Después del salat al magrib aparece a lo lejos la línea difusa horizontal de la costa africana iluminada por un vapor anaranjado.

3 de Julio César. Noche. Puerto de Bengasi

Somos recibidos por el Comité Popular responsable de los asuntos municipales. Bajamos del Capitán Tiempo entre una multitud hormigueante de musulmanes llegados de todos los rincones del planeta. Un ex sultán de Kazajistán vestido con un qaftán de viejo terciopelo verde luce en la espalda una caligrafía de la Sháhada bordada en letras nashki doradas. Tras él, algunos fieles sirvientes que le siguen en su desposesión, portan el equipaje. Huele a mar, al mismo mar de Al Ándalus, tan diferente al del Océano.

—“Marhaban. Bienvenidos a Libia.”

Vamos al hotel, un bello y moderno edificio que integra en su estructura planos arquitectónicos cubiertos de plantas. El color verde se impone por todos sitios: arquitectura, iluminación. En el exterior, a la entrada, un gran retrato Pop Art del Líder de la Revolución , Muammar al Kadaffi, sonriente y amistoso, hombre por quien todos sienten gran afecto. Algunas pancartas en árabe e inglés: “África para los africanos”

Tras descansar en la habitación bajamos al hall, donde musulmanes de todos sitios se reúnen a charlar e intercambiar proyectos e ideas. Entre las conversaciones se cuela la sombra tenebrosa: una facción de los judíos tiene un plan para destruir Al-Quds, edificar el tercer templo y así realizar la profecía, aunque sea a la fuerza, aunque sea al precio de la vida de los semitas, como siempre, de los árabes y de los judíos hashiddun, de los beduinos y de los amazighs. Destruir Al-Quds supondría una convulsión profunda en el alma de muchos que viven sometidos a Dios. Los musulmanes sabemos que esto no va a ocurrir, y da la impresión de que el plan no le está funcionando al sionismo tan bien como parece.

Palestina

Surge inevitablemente el tema palestino. Parece ser que, por primera vez desde la fundación del estado de Israel en el año 48, las profundas divergencias que existen en el seno de la judeidad están saliendo a la luz, las diferencias entre los judíos laicos y los ultrarreligiosos. Al principio existió un pacto de estado entre los dos partidos mayoritarios —el laborista, más social, más laico, y la derecha religiosa ultranacionalista, el Likud, que veía en el proyecto el cumplimiento de una determinada profecía— para garantizar la consolidación del nuevo estado y la gobernabilidad.

Pero las divergencias han surgido tal vez antes de lo previsto por los sionistas fundadores, muchos de ellos laicos judíos de la diáspora. Los hijos de éstos últimos, nacidos ya en Palestina, son la nueva clase empresarial y financiera de Israel, laica y emprendedora. Son estos yuppies los que apoyan el compromiso de “paz por territorios”, los que llevaron al laborismo de Itzhak Rabin hasta la firma de los Acuerdos de Oslo. Por otra parte, la derecha integrista no acepta la fórmula, pues supone renunciar al viejo sueño del Eretz Israel —el Gran Israel— con capital en Jerusalén y con el Templo reconstruído en la explanada que ahora ocupan las mezquitas de Al Aqsa y Al Quds. Así se explicaba el asesinato de Rabin y el colapso del Proceso de Paz.

La situación actual es extremadamente delicada. Yasir Arafat ha insistido en que el Estado Palestino se proclamará, tanto si se cumplen los acuerdos como si no. Y esto supone de hecho la imposibilidad de que los integristas judíos realicen su proyecto. La construcción del túnel bajo la explanada de las mezquitas y la continuidad de los asentamientos prueban su intención de no aceptar el Acuerdo. También podría ocurrir que el asunto llevara a los judíos a una guerra civil, aunque esto último no es demasiado probable.

El Bloqueo

Otro tema inevitable en las conversaciones es el bloqueo al pueblo libio. La política imperialista norteamericana apoyada por algunos de sus socios europeos ha mantenido en una situación lamentable al pueblo libio desde el año 92, bajo el pretexto del asunto del avión que estalló sobre la localidad escocesa de Lockerbied. Los norteamericanos acusaron entonces a dos ciudadanos libios y los reclamaron para juzgarlos en Estados Unidos.

Libia se negó entonces a entregar a sus ciudadanos al Pentágono, pero siempre se mostró dispuesta a hacerlo si se garantizaba la celebración de un juicio en un país neutral siguiendo la legislación internacional. Estados Unidos no aceptó esta fórmula e impuso unilateralmente el bloqueo. La inteligencia norteamericana desarrolló desde entonces un proceso de propaganda para demonizar la figura de Muammar al Kaddafi y, por extensión, a todo el pueblo libio, acusándolos de terroristas y de financiadores del terrorismo.

Detrás de todo eso se escondía una doble estrategia. Por un lado neutralizar la fuerte expansión del Islam entre las ingentes masas de desheredados de África, debilitarlo en un continente cada vez más estratégico por su riqueza natural. La Yamahiría Libia es un ejemplo vivo de sociedad islámica muy diferente a las dóciles monarquías del Mashrek, y Muammar al Kadaffi es uno de los líderes con más carisma del continente. Se trató así de neutralizar a un Islam menos dúctil que el representado por los aliados del Golfo Pérsico, un Islam que se está convirtiendo en fuerza aglutinante que trasciende las fronteras trazadas por los colonizadores —prueba de ello es que, tras el tratado firmado entre Libia y Chad, desaparece de hecho la frontera entre ambos países— y que es capaz de constituir un modelo social integral y alternativo frente al Modelo Global Neoliberal.

Por otro lado, estaba la razón tecnológica. Libia es un país de enormes recursos petrolíferos, pero además con la particularidad de que su petróleo, el llamado petróleo dulce, es de una calidad muy superior a la de cualquier otro del planeta y esto lo hace imprescindible —bocato di cardenali— como combustible para los proyectos de alta tecnología. Durante el bloqueo, los norteamericanos han estado comprando el petróleo libio a través de empresas terceras al precio del petróleo normal, mientras que los libios han tenido que comprar alimentos y medicinas al triple del precio de mercado.

Las consecuencias se ven por todos sitios: falta de repuestos de maquinaria y de automóviles, cuyo parque está muy envejecido. Ralentización de las obras públicas, de infraestructura etc, aunque las antenas parabólicas están tan presentes como en los países del Golfo. Es posible que las regale la propaganda.

Para mantener la ficción y el negocio, los norteamericanos no dudaron en bombardear Bengasi haciendo alarde de su superioridad tecnológica, teledirigiendo sus misiles a la propia residencia de Kadaffi, a resultas de lo cual murió una de sus hijas y varias personas más —que Allah les haya acogido en Su Misericordia. Desde entonces hasta ahora —han transcurrido siete años desde el inicio del bloqueo— han cambiado mucho las cosas.

Mucha gente cree que Muammar al Kadaffi es el Presidente de Libia o algo similar. Esto no es así. Libia es una República Popular Islámica, una Democracia Popular articulada en comités concéntricos no piramidales, cuyo gobierno está constituido por una Shura o Asamblea del Pueblo. Kadaffi es el Líder o Guía de la Revolución y su peso político es notable. Aunque no tiene en la práctica poder ejecutivo, su discurso anima y nutre a su pueblo. Es un líder musulmán natural, un amir. Como líder islámico que es, no tiene demasiada vocación nacionalista, ya que el concepto sociopolítico del Islam es extraterritorial y abarca a todos los musulmanes de la Ummah.

Su concepción política es indisociable de los principios islámicos de consulta mutua —shura— equidad y responsabilidad —ajlaq— y cuidado hacia la Naturaleza , hacia la Creación. En lo económico, abolición de la usura y establecimiento del zakat, redistribución de la riqueza. Tal vez por esa razón, tanto él como los restantes líderes naturales de la Ummah resultan especialmente molestos a los planes del Nuevo Orden Mundial.

Otros temas se cruzan. La información y las nuevas tecnologías. El Islam no ha sido jamás una forma de vida incompatible con la Ciencia. Por el contrario, las sociedades islámicas han favorecido de forma natural el desarrollo científico en todos sus campos. El problema no radica en la tecnología, que a fin de cuentas constituye sólo una herramienta, sino en el criterio que se aplique a su uso. Cuando el único criterio es el mercado y la rentabilidad, la tecnología se convierte en el soporte de un totalitarismo, tanto más feroz cuanto más velado y escondido se halle. Si, por el contrario, los avances tecnológicos se aplican con un criterio de mejora de las condiciones de vida, su existencia está más que justificada y su necesidad se hace evidente.

Las redes mundiales de comunicación, con Internet como prototipo, están sirviendo a intereses diversos. Por una parte son autopistas de información que transmiten contenidos de todo tipo, desde los que nutren a los medios oficiales y convencionales hasta aquellos que escapan a las consignas de las Agencias de Noticias Internacionales. Por otro lado, la difusión de textos sagrados se produce por las mismas vías que las ofertas publicitarias dirigidas al consumo. La contrainformación sale a la luz a través de un medio que se impone cada vez con más fuerza en las relaciones humanas, en el mundo de la comunicación.

Al día siguiente, 5 de Julio César

Visitamos un importante complejo industrial cercano a Bengasi en el que, según dijeron en su día los norteamericanos, se fabricaban misiles y armamento químico. Aún recuerdo las fotos tomadas por satélite en las que se veían unos gigantescos tubos apilados junto a enormes naves industriales levantadas en el desierto.

En realidad se trata de alta tecnología alemana aplicada a sistemas de irrigación y conducción de grandes caudales de agua. Producción en cadena de tubos inmensos capaces de contener el caudal de un río entero. Esos eran los famosos misiles de Muammar al Kaddaffi. Misiles fecundadores del proyecto hidraúlico más importante del planeta. Tubos de casi tres metros de diámetro por cuyo interior puede caminar con holgura una persona.

Tras la visita al complejo industrial continuamos adentrándonos en el desierto hasta llegar a uno de los embalses del proyecto de río artificial que está sirviendo para ganar millones de hectáreas al desierto. Dos millones de metros cúbicos diarios de caudal —el doble del volumen del agua de un río como el Guadalquivir— extraídos a cuatro mil metros de profundidad en el corazón del desierto libio, a una distancia de cuatro mil kilómetros de la costa mediterránea. El agua se destina a la reforestación de grandes espacios en la frontera misma de la zona más antigua y radical del Sáhara. La vegetación se desarrolla a partir de replantaciones con especies autóctonas africanas en los espacios interiores y de bosque mediterráneo en las zonas más próximas a la costa.

Nuestros anfitriones, las gentes del Dawa al Islamiya, sienten un especial orgullo de esa útil aplicación tecnológica, del conocimiento aplicado al desarrollo efectivo del medio y no sólo del ser humano, porque todo el proyecto tiene un sabor netamente islámico. Nos encontramos de nuevo allí con sheij Tiyani, el sudanés amigo que ante la visión del agua surgida del desierto nos recitó algunos ayats del Noble Corán:

“La vegetación de un país bueno nace con la ayuda de su Señor...”
                                                                                             (Corán: 7,58)

“Él es Quien ha creado los cielos y la tierra en seis días, tiene Su Trono en el agua, para probaros, para ver quien de vosotros es el que mejor se comporta. Si dices: ‘Seréis resucitados después de muertos’, seguro que los que no creen dicen: ‘esto no es más que manifiesta magia’.”
                                                                                              (Corán: 11, 7)

“Dios es Quien envía los vientos y éstos levantan nubes que nosotros conducimos a un país árido. Con ellas vivificamos la tierra después de muerta. Así será la Resurrección.”
                                                                                              (Corán: 35,9)

El contraste entre el verde intenso del líquido precioso y la arena dorada es notable. Del subsuelo profundo de la zona más inhóspita del Sáhara Primitivo mana hoy de forma constante un caudaloso río de agua dulce. La imagen, aún teniendo un halo de irrealidad, está ahí como un signo material ofrecido a la conciencia. Todavía existen seres para los que la existencia tiene un noble propósito. Nuestros amigos del Dawa nos dicen que al día siguiente viajaremos, inshaAllah, hasta Albaida, donde celebraremos el Maulid, la Fiesta del nacimiento el Profeta, la paz y las bendiciones sean con él.

7 de Julio César. Viaje a Albaida

Por la mañana nos dicen que la carretera que une Bengasi con Albaida está cortada, por lo que habremos de tomar una ruta alternativa. Por la tarde, subimos a los autobuses en medio de interminables conversaciones. “Yo sé que tú sabes que yo sé que tú sabes. Tú sabes que yo sé que tú sabes que yo sé. Nuestra conciencia sólo alcanza hasta ahí. Más allá, la proposición deja de tener significado”.

En la provincia de Bengasi, el desierto llega prácticamente hasta la costa. La humedad del mar nutre una franja de vegetación que se interna unos cuantos kilómetros tierra adentro: plantas africanas de sabana, palmáceas y espinosas salpican la tierra roja de pinceladas de un verde más intenso que cualquier otro que yo haya visto en parte alguna del planeta. Verde esmeralda algunas veces hiriendo los ojos en su contraste con la tierra. En algún sitio salta una gacela entre los arbustos y por el cielo cruza una rapaz inmensa.

Poco a poco, a medida que avanzamos hacia Oriente, el paisaje va cambiando haciéndose más familiar. De vez en cuando un olivo, un acebuche o una encina...hasta penetrar en un bosque mediterráneo exactamente igual al que conocemos en Andalucía, las mismas especies, los mismos pájaros anidando entre lentiscos y terebintos. Cruzamos un estrecho cañón de roca caliza horadada de cuevas donde, según nos dicen, se atrincheró durante la resistencia el héroe de la independencia, Umar Mukhtar, quien tantos quebraderos de cabeza proporcionara a las fuerzas italianas de ocupación. Me acordé entonces de aquella película tan buena que trataba del tema: El león del desierto, en la que Anthony Quinn interpretaba magistralmente el personaje de Mukhtar.

Al final del cañón rocoso se abrió de pronto un paisaje que no me parecía real. Era como si de pronto hubiésemos desembocado en las campiñas de Córdoba o Sevilla. Hacía un rato estábamos en pleno Sáhara y ahora, súbitamente, estábamos en casa. Pregunté a nuestros amigos del Dawa y nos lo explicaron. La región de Albaida es una de las más fértiles de la banda costera habitada de Libia. Es una región típicamente mediterránea. Por si fuera poco, la misma ciudad de Albaida — La Blanca — fue fundada por musulmanes andalusíes que consiguieron escapar de la persecución a que les sometió la Inquisición Española. Se asentaron allí por la similitud de aquellas tierras con las suyas de origen, y allí están hoy sus formas y su cultura.

Eso explica que los campos labrados, las formas de cultivar y las especies asociadas, sean las mismas que en nuestra tierra y que los labradores y pastores vistan de forma parecida, con la boina negra característica. Tierras adehesadas que conservan en sus lindes alguna encina o acebuche donde anidan las tórtolas. Rebaños de cabras malagueñas y de ovejas mediorientales de lana larga circulaban despacio, paralelamente a la ruta que seguía nuestra caravana de autobuses. La sensación interior era de reconocimiento de algo propio y a la vez ignoto.

La medina de Albaida parece un rincón granadino. El rojizo edificio de su bella Universidad me recuerda la arquitectura neomudéjar que se puso de moda en España durante la época modernista. Por las calles se ven señales de la fiesta: pancartas y grupos de manifestantes con carteles de adhesión al Líder, milicias populares armadas con sus kalashnikoff exhibiendo los blancos dientes que surgen de la sana mandíbula africana, jóvenes para quienes la Revolución es ya sólo parte de la Historia , y que ahora cambiarían gustosamente el fusil por una flamante Kawasaki que el embargo les impide tener.

En la jaima

El acceso a la jaima donde se va a celebrar la Fiesta es lento y agotador. Interminables controles de detección de armas y explosivos. Arcos electrónicos pitando de manera incesante. No se pueden introducir ni siquiera mecheros en la jaima, ni bolígrafos metálicos, ni cámaras. Finalmente, ya en el interior nos damos cuenta de la inmensa superficie que cubre la lona. Todo ello gracias a la tremenda paranoia creada por la inteligencia norteamericana, por los incesante planes de acoso e infiltración a que la CIA ha sometido al régimen libio durante una década.

Nos vamos situando sobre las limpias alfombras destinadas a los invitados y allí nos encontramos con un grupo de diplomáticos que ocupan un espacio reservado. Los embajadores de España e Italia se sorprenden de encontrar allí a sus compatriotas occidentales ¡Haciendo el salat entre la morería! Les explicamos que somos musulmanes nuevos, conversos, muladíes, y les invitamos a sentarse en la alfombra. Finalmente el imaginario se restablece por medio del idioma y de la cultura. El Presidente de la Comisión Islámica de España se presenta y le expone los motivos de nuestra visita como invitados del Dawa. Resulta que conoce a su cuñado. Todo está bien, y ...además, incluso Don Manuel Fraga estuvo aquí hace unos meses, así que no pasa nada..., retazos de humor en una situación con ribetes surrealistas sobre una alfombra persa, sentados los moros nuevos de Al Ándalus con su embajador.

Algunas intervenciones y cantos en honor al profeta Muhammad, la paz y las bendiciones sean con él. Antiguas qasidas conservadas en diferentes tradiciones. Una tariqa siria entona melodías sentimentales que sólo la lengua árabe podría contener. Unos derviches giróvagos pertenecientes a una tariqa turca comienzan a girar sin cesar hasta alcanzar el éxtasis en medio del ritmo recurrente del dikr. Poemas y cantos de amor hacia el más perfecto de los hombres.

Tras ellos, salen los oradores llegados de todas las partes del mundo. Hablan sobre todo de la guerra que desangra a sus países, narrando el horror de Tchtchnia, Afganistán, Kurdistán, Kazajistán, Bosnia o Kosovo. Otros denuncian la intervención más o menos visible de los interesados de turno, la situación de Sudán, donde se dice que algún trono del Mashrek ayuda al ejército del Sur, formado por animistas cristianos instruídos por la CIA , en base a su alianza con Estados Unidos, y porque el modelo islámico que se está generando en África no coincide con la castiza interpretación que del Corán y la Sunnah hacen las monarquías hereditarias del Golfo Pérsico. 

El fin de fiesta adquiere un tinte hollywoodense con la aparición de Louis Farrakan, el líder de Nación del Islam, grupo que el año pasado organizó “ La Marcha del Millón de Hombres” en Washington D.C. Los hombres de Farrakan parecían salidos de una película con banda sonora de Louis Amstrong, traje oscuro negro azuleante y pajarita roja recortada sobre camisa blanca. Pelo engominado y piel reluciente look american way. 

Del sector de la jaima donde estaban las juventudes libias surgieron gritos de entusiasmo. Que un musulmán norteamericano de color plante cara al Tío Sam en su propio rancho no es ninguna tontería. A pesar de su aspecto de telepredicador, Farrakan tiene cierto carisma. No sé si como consecuencia de alguna técnica de promoción de imagen o de marketing, que de eso saben mucho en su tierra. 

Tras su intervención, todos los asistentes esperábamos unas palabras de Kadaffi, pero el Guía de la Revolución no se presentó. Nuestros amigos del Dawa nos dijeron que acababan de operarle de una caída que había sufrido mientras hacía deporte. Así que volvimos, deshaciendo el camino a altas horas de la noche, llegando a Bengasi a la hora de Fayr, justo en el momento en que se adivinan las formas con la primera claridad del día.

Pensamientos

Un par de jornadas caminando por la ciudad, paseando de noche por la corniche del puerto, compartiendo los sentimientos íntimos con mis compañeros de viaje. La familia, los problemas de la vida como conversos en una tierra que, aunque tiene en su historia y en su memoria mucho del Islam, tiene quizás bastante más de intolerancia antiislámica, de Inquisición, de monopolio confesional que tal vez pesen más por haberse vivido en siglos más recientes. 

Conversaciones sobre la tensión que conlleva nuestra experiencia como musulmanes en una sociedad que, aunque admite y ahora profesa la libertad religiosa, es profundamente materialista y consumista y en la que los valores éticos y morales brillan por su ausencia. 

Intercambio de opiniones sobre nuestra experiencia en Libia, diferencias y afinidades que encontramos con otras sociedades y pueblos de musulmanes que hemos visitado en otras ocasiones. Existe consenso en considerar la postura del pueblo libio llena de dignidad, una dignidad que está en entredicho en otros lugares del mundo musulmán. También estamos de acuerdo en que el viaje ha servido para entrar en contacto con la parte más activa de la Ummah , con los representantes de una resistencia digna de ser tenida en cuenta en el planeta, y también con los musulmanes europeos, con quienes nos hemos sentido unidos en una problemática más o menos afín. 

Cuando ya estábamos esperando que, de un momento a otro, nos indicaran el regreso a Malta, los amigos del Dawa nos dijeron que volvíamos de nuevo a Albaida. Después de comer en el buffet del hotel, subimos a la caravana de autobuses para rehacer el trayecto. Ya entrada la noche llegamos hasta una de las residencias que el Guía de la Revolución tiene en su país. De nuevo la espera inevitable ante los controles y los detectores de armas y explosivos con sus pitidos intermitentes. 

La residencia de Kadaffi en Albaida no responde a la suntuosidad que uno espera encontrar si tomamos como referencia las mansiones de otros líderes que hemos visitado en diferentes ocasiones. No cuadra con la idea convencional que solemos tener de los espacios privados que disfrutan los jefes de estado o los príncipes árabes. Es un chalet de medianas proporciones, austero y elegante, con la belleza que proporciona al hábitat la sencillez y el buen gusto. Un jardín amplio y bien cuidado con grandes árboles donde vamos acomodándonos los invitados es, tal vez, lo más valioso del lugar. 

Al entrar en ese espacio me di cuenta de que no se me estaba imponiendo ningún extraño protocolo más allá del adab islámico. Sentí entonces un enorme contraste con el sentimiento del espacio que viví en el Golfo, en el palacio de un conocido príncipe que no nos recibió, donde se presentía la fuerza escondida del protocolo y la suntuosidad perdía toda elegancia en la ostentación, entre tanto dorado y tanto kistch. 

Como hombre amante de la belleza y del buen gusto me sentí bastante tranquilo. El detalle humorístico vino en las bandejas de bebidas que nos ofrecieron. Nada menos que unas refrescantes Pepsis originales, no las inmundas falsificaciones que circulan por el tercer, cuarto, quinto y sexto mundo, sin truco. La imagen del fiero guerrero sudanés antinorteamericano bebiendo la ‘bibsi kula’ quedará para siempre grabada en mi memoria, como expresión de que la verdadera lucha, la Gran Guerra Santa, el Gran Yihad, se libra dentro de uno con armas más poderosas que los misiles.

El Presidente del Dawa al Islamiya, el Doctor Muhammad Shariff nos dirigió unas palabras de agradecimiento por nuestra asistencia e hizo de presentador de los intervinientes, mientras en la puerta principal de la casa preparaban una pequeña mesa con un ramo de flores en el centro. 

Dos mujeres soldado bien entrenadas entraban y salían. Pensé que eran las mujeres de la guardia personal del Líder de las que tanto han hablado las revistas del corazón occidentales. En el lado derecho de la mesa se sentó Farrakan con la delegación americana y al otro lado algunos líderes muyahiddin llegados de la línea de fuego que cruza como una serpiente la piel cansada de la tierra.

El discurso del Líder

Tras una larga espera apareció Muammar al Kadaffi en una silla de ruedas, empujado por su médico personal, en medio de un entrañable aplauso. Por un momento recordé mis reflexiones cuando esperaba el autobús en Córdoba al comienzo del viaje, pero mi atención se centró en el musulmán que estaba allí, sentado frente a mí, y que había sido objeto de una de las campañas de imagen más feroces que han hechos los medios de comunicación de masas en este siglo gregoriano que ahora se muere.

Muhammad Shariff presentó a varios líderes provinientes de diversos lugares en conflicto. Ajusté los auriculares de traducción simultánea y aún con mi mal inglés pude captar la mayor parte de sus discursos. Hablaron del Nuevo Orden Internacional, de la estrategia para acabar con el Islam porque éste supone el único obstáculo serio a la globalización económica inmisericorde que pretende borrar del mundo las diversas culturas y tradiciones y que al mismo tiempo habla de multiculturalidad, biodiversidad y otros eufemismos. 

De la tragedia en que están sumidos millones de personas en un mundo en el que las diferencias entre ricos y pobres se acentúan de una manera palpable y progresiva. Del horror malthusiano, del genocidio sistemático a través de la guerra biológica, del Sida, del Ébola y de otros experimentos similares, de la muerte por hambre e inanición en el Sahel, de los planes de determinadas sociedades conservacionistas y ecologistas que no son sino la tapadera de planes de exterminio de la población negra de África, de la depredación de los recursos naturales, de la dictadura que ejercen el FMI y el BM a través de sus ‘ajustes estructurales’, de la deuda impagable que tiene postradas a las economías de los países denominados con bastante hipocresía ‘en vías de desarrollo’, del negocio de la venta de armas y de los planes para enfrentar a los pueblos y conducirlos a la locura de la guerra civil. 

También se habló de la islamización de Europa, del hecho ineludible de que, en pocos años, los musulmanes vamos a constituir una fuerza social y política decisiva en el interior del Primer Mundo, de la problemática inherente a la emigración, de la aculturación y de la pérdida de referencias. 

Muchos oradores se dirigieron hacia Kadaffi con muestras de afecto hacia su persona y hacia su actitud ante estos problemas, reconociendo la coherencia que ha demostrado como musulmán y como líder a la hora de tomar partido y enjuiciar todos estos problemas de tan triste actualidad. 

Finalmente, Muhammad Shariff cedió la palabra al propio Kadaffi, quien comenzó con el “Bismillah” y una cita coránica. 

En un tono pausado habló de la necesidad que tenemos los musulmanes de recuperar nuestra propias referencias y se refirió a algunos de los males que, a su juicio, hoy más nos afectan. El mundo islámico ha incorporado en sus modos de vida elementos que no le son propios y que dificultan la vida islámica. 

Según Kadaffi, es evidente que la ciencia es un bien universal y sus resultados pueden y han de ser compartidos por toda la humanidad. Pero existen actitudes distintas hacia la Naturaleza , hacia la Creación. Así , por ejemplo, una de las referencias más importantes para la vida comunitaria la constituye el calendario, porque marca los ritmos sociales, el trabajo, las fiestas y afecta a todos los ámbitos.

Tras la caída del Califato Turco y como consecuencia de la colonización de los países islámicos por las potencias occidentales, el Calendario Gregoriano se ha introducido como cómputo común entre muchos pueblos de la Ummah , sustituyendo a veces totalmente, en ocasiones, al Calendario Islámico. 

El calendario tiene una enorme importancia política que normalmente no suele tenerse en cuenta. En primer lugar no es lo mismo un calendario solar que uno lunar. En el primero, los meses son fijados de manera convencional, más o menos coincidente con la realidad astronómica. 

En el calendario lunar, por el contrario, los meses son astronómicos y coinciden con un ciclo completo de la luna, es decir, son meses lunares.

El mes lunar comienza con la aparición de la luna nueva y evoluciona con ella. En el origen de todo calendario, el ciclo de los meses, su número en el año, lo marca nuestro satélite. Todo musulmán sabe ésto. Cada año, cuando llega el mes de Ramadán, los musulmanes observamos el cielo esperando la aparición del jilal —la luna nueva, casi imperceptible— que anuncia el comienzo del ayuno. Así, dice el Noble Corán:

“El número de meses, para Dios, es de doce. Fueron inscritos en la Escritura de Dios el día que creó los cielos y la tierra. De ellos, cuatro son sagrados: esta es la religión verdadera. ¡No seáis injustos con vosotros mismos no respetándolos! ¡Y combatid todos contra los asociadores como ellos también combaten contra vosotros! Y sabed que Dios está con los que son conscientes de Él. El mes intercalar no significa más que un incremento en la incredulidad, con la que se extravían los infieles. Lo declaran profano un año y sagrado otro año, para estar de acuerdo con el número de lo que Dios ha declarado sagrado, declarando así profano lo que Dios ha declarado sagrado. La malicia de sus obras ha sido engalanada, pero Dios no dirige al pueblo infiel.” 
                                                                                           (Corán: 9, 36-37)

En el tiempo de la Yahiliya —Edad de la Ignorancia , anterior a la Revelación Coránica — el calendario era lunisolar. Cada dos o tres años se añadía un mes, coinciciendo con la época de peregrinación a la Kaaba , para equilibrar la distancia entre el cómputo del año lunar religioso de 354 días y el cómputo solar de 365 días, de marcado carácter económico y que establece la regularidad de las estaciones. Con la Revelación del Generoso Corán, el Calendario Islámico es netamente lunar, con meses de 29 y 30 días alternativos. De ellos, cuatro son sagrados: Rayab, Dul-qada, Dul-hiyya y Muharram. Esto quiere decir que no se puede luchar en ese tiempo y que los musulmanes hemos de establecer treguas que respeten esos meses sagrados. 

Sin embargo, el calendario occidental, cuyo uso se ha extendido entre todas las culturas del planeta, es el Calendario Gregoriano, establecido por la Iglesia Católica a partir del Calendario Romano. Se trata de un cómputo pagano parecido al que existía entre los árabes antes de la Revelación Coránica. Cada cuatro años se añade un día más —en el año bisiesto— para que no se desequilibre el cómputo. Los meses tienen nombres de deidades antiguas del paganismo: Jano, Febo, Juno..., y de seres humanos divinizados, los antiguos césares romanos: Julio (César) o Augusto. Los días de cada mes también se fijan de manera convencional. Y así vemos cómo Julio y Agosto, dedicados a sendos césares, habrían de tener ambos treinta y un días, para que no existiese un agravio comparativo. También podemos comprobarlo con los días de la semana, dedicados a Marte, Mercurio, Júpiter, Venus o Saturno, que son planetas, pero planetas con una connotación claramente pagana, consagrados a las divinidades romanas que llevan sus mismos nombres. 

De la misma manera ocurre con las fiestas. Mucho se ha hablado sobre la fecha del nacimiento del profeta Isa —Jesús— la paz sea con él. No existen datos fiables sobre ello. Sin embargo se hizo coincidir esta fecha con la celebración pagana del nacimiento del sol en el solsticio de invierno, paganizándose así el cristianismo por medio de una evidente falsedad histórica. Y así podríamos seguir de forma interminable. De manera que, lo que en principio parecía algo sin demasiada importancia, tiene unas profundas implicaciones en la vida de los pueblos. No puede ser lo mismo tener como referencia los signos que Dios nos ofrece en Su Creación: la luna, sus ciclos, los astros..., que aquellos otros fabricados por el ser humano para su autosatisfacción y para el dominio de sus semejantes: los ídolos, las criaturas divinizadas por los intereses de los imperios.

Las palabras de Muammar al Kadaffi se articulaban desde un laconismo profundo, no exento de cierto pesimismo. Me dio la impresión de que hablaba con la conciencia de que el mordisco colonizador ha calado bastante hondo y de que será necesario un cambio profundo en la actitud de los musulmanes, en el corazón mismo de la Ummah , si queremos para los que vengan después de nosotros una sociedad realmente islámica, justa, inspirada en lo que Dios nos ha revelado y no en lo que los intereses humanos nos imponen. 

No responde en absoluto Kadaffi a la imagen que la propaganda occidental nos ha ofrecido de él. No es un lunático ni un extremista, no exhibe ninguna prepotencia ni muestra una actitud desafiante. Por el contrario, al oirlo, he tenido la sensación de encontrarme ante un musulmán consciente, un intelectual comprometido con su creencia y con su razón, un hombre de adab. Es evidente que su compromiso es con la Ummah , no con lo árabes o con los libios. No es un líder nacionalista ni panarabista sino islámico. Tal vez sea eso lo que lo hace peligroso a los ojos de determinados intereses occidentales que hoy se nutren de la debilidad de los musulmanes, de los restos del último jalifato. 

Otro gallo nos cantaría a todos los seres humanos si hubiese una Ummah fuerte, equitativa, generosa y consciente, una Ummah de hombres y mujeres sometidos a Su Creador, a Su Mensaje, amantes cotidianos del Mensajero, la paz y las bendiciones sean con él, en las relaciones humanas que tienen lugar a cada momento entre las criaturas dotadas de vista y oído, dotadas de intelecto.

Kadaffi podría haber hablado durante horas, pero en un momento dado, el médico que le acompañaba le indicó la conveniencia de que acabase el discurso, y así se despidió de nosotros, sus invitados, con un cálido “assalamu aleikun wa rahmatullahi wa barakatuhu”.

La vuelta a Bengasi, donde nos recibiría al día siguiente el doctor Shariff, estuvo llena de reflexiones. La expresión de estos nobles musulmanes está llena de esperanza, su imán es inquebrantable y la lucha incesante, pero en nuestra tierra, en el lugar donde vivimos con nuestras familias, estamos inmersos en una Cultura de la Imagen , cuyos nuevos templos son los bancos de datos donde se almacenan las unidades electrónicas de información, las pantallas donde se reproducen y conviven los mitos antiguos y modernos, donde se articula la mentira publicitaria que esclaviza a seres que se creen libres porque no ven más cadenas que las de televisión. (Recuerdo con cierto humor que, cuando en España se dio paso a la televisión privada, a cierto intelectual de izquierda se le ocurrió rescatar aquello de “¡Vivan las caenas!” de manera más que oportuna)

Esa cultura desacralizada cuyas formas de vida responden sólo a los intereses del poder es la que nombra y define a amigos y enemigos, usando para ello toda la fuerza mediática de que dispone. Libia y Muammar al Kadaffi son un buen ejemplo de ello, como lo fueron también Imam Jomeini y la Revolución Iraní o en la actualidad Sudán y sus dirigentes.

Poderes

Pero ¿Qué podemos esperar de unos poderes que —según nos aseguró sheij Tiyani— han calculado que la cifra óptima de población para el planeta se sitúa en torno a los mil millones de habitantes? ¿Qué pasa con los cuatro mil millones que sobran según esos cálculos diabólicamente malthusianos? ¿Hambre? ¿Guerras de laboratorio? ¿Epidemias selectivas para la población negra de África? 

Regreso a mi tierra sabiendo que los que ahora reclaman el final de la Historia son precisamente aquellos que más tienen que temer de su relato, los que más cuentas habrán de rendir al cierre de la edición si no se acaba pronto y les pasa su abultada factura. Teniendo la certeza de que Allah no olvida a los desheredados de esa misma Historia que es la crónica de ésta vida, a los que aún creen en la justicia y no velan la Verdad.

Vuelvo a Córdoba con la sensación de haber conocido un poco mejor lo que es la Futuwwah , y a algunos de quienes componen en nuestro tiempo la caballería espiritual islámica, aquellos que poseen un carácter noble, gentes para quienes el servicio a Allah es prioritario y se manifiesta en la entrega a los musulmanes que luchan en la senda de su Señor, a una Ummah combatiente que no se doblega aunque el enemigo aparezca como invencible, porque recuerdan las palabras de Allah, Subhana wa Ta’ala en el Noble Corán: 

“¡No os desaniméis ni estéis tristes, ya que seréis vosotros quienes ganen! Si es que sois creyentes...” 
                                                                                              (Corán: 3, 139)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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