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La esencia de vidrio: modernidad y posmodernidad

16/08/1999 - Autor: Yolanda Angulo Parra
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Suponiendo que las esencias pudieran verse, intentemos pensar como luciría una esencia de vidrio humana. Imaginaríamos a una persona transparente, hecha de un cristal tan puro que a manera de espejo, reflejaría todo cuando tuviera frente a sí. Sería como esos edificios modernos cuyas estructuras metálicas se recubren de ventanas polarizadas que se concretan a reflejar su entorno pues carecen de personalidad propia. Pero como la esencia de vidrio sólo es comprensible en sentido metafórico pues, a diferencia de los edificios, los humanos estamos hechos de carne y hueso, y dado que la naturaleza no se refleja en nosotros de manera directa, la ciencias y la filosofía tuvieron que desarrollar métodos para garantizar que nuestras representaciones mentales fueran fiel reflejo de la realidad, esto es, verdaderas. El poder de aprehender así el objeto llámese naturaleza, realidad a lo otro fuera de sí, llego a constituirse en el núcleo problemático de la filosofía moderna. La cuestión del conocimiento se planteó a su vez sobre la base del supuesto ontológico que atribuía al ser humano la esencia de ser un conocedor de esencias y, por ende, de verdades.

Una metafísica dualista subyace así mismo al problema epistemológico. El dualismo moderno, aunque diferente al de la filosofa griega o la judeocristiana es, no obstante su heredero. Esas filosofías postulaban ya una separación o, por lo menos, una distinción entre mente y cuerpo, ilustrada con metáforas tales como el Ojo del Cuerpo y el Ojo de la Mente.1 Al primero correspondía el conocimiento sensible, particular y al únicamente de saber si Sócrates era bueno, sino qué era la bondad. La metáfora ocular se apoderó de la imaginación de los fundadores del pensamiento occidental y aún en la actualidad el conocimiento en cuanto teoría, "convierte al Ojo de la Mente en el modelo inevitable de la forma superior de conocimiento".2

En el Renacimiento, Shakespeare acuño la bella expresión metafórica con la que Isabela, uno de sus personajes femeninos más cautivantes, expresa el dualismo:

Pero el hombre, el hombre orgulloso, Investido de una corta y débil autoridad conocimiento menos aquello de que se cree más seguro, es decir, su esencia de vidrio, parecido a un mono colérico representa tan fantásticas comedias a la cara de cielo que haría llorar a los ángeles, o, si tuvieran el temperamento de nuestra naturaleza, reír como mortales.3

Shakespeare gustaba de usar metáforas oculares o relativas a los espejos o vidrios. Durante el Renacimiento se desarrollaron, especialmente en Inglaterra, varias técnicas para mejorar la calidad del vidrio y de los espejos. La palabra Inglesa "glass", de donde proviene "glassy essence" significa tanto vidrio como espejo, de ahí que el sentido de la metáfora consiste en dar la imagen de algo transparente o reflejante, que en la época hacía referencia a la espiritualidad. Como contrapartida a la esencia como de vidrio Shakespeare se vale del término, "spleen" literalmente, "bazo", para significar lo meramente humano, la fuente de la risa y la ira, sentimientos ajenos a los ángeles, que sólo saben llorar.

Con el tiempo la imagen se fue orientando a representar cada vez más la cuestión del conocimiento. Apuntando en ese sentido, la metáfora del vidrio aparece también en Francis Bacon, para quien la mente del hombre, " muy diferente de la naturaleza de un vidrio claro y uniforme, en el que se refleja los rayos de las cosas según su verdadera incidencia... es más bien como un espejo encantado, lleno de superstición e impostura como no sea conjurado y reducido"5. El conjuro tendrá el efecto de aclarar la mente librándola de perjuicios y desterrando cualquier estratagema lógico.

La esencia de vidrio que todavía en el Renacimiento era más una imagen que un concepto filosófico, remitía a la capacidad de la razón para adoptar nuevas formas, de manera semejante a la concepción antigua, como en Platon, para quien el ojo no podría ver el sol si de alguna forma fuera él mismo sol.

Se prepara el camino al dualismo cartesiano. Al igual que en la Antigüedad y el renacimiento, Descartes también concibe al hombre traspasado por un espacio interior, la mente y uno exterior, el cuerpo, pero tajantemente separados. En tanto que el dualismo griego antiguo distinguía entre "dos series de hechos ", el moderno reconoce dos "facultades humanas". La duda escéptica a Descartes a descubrir que de ambas esferas, solo a la mente tenemos acceso privilegiado; la mente constituye el pensamiento, el propio yo:

"Comprendí que solo yo era una sustancia, cuya naturaleza o esencia era a su vez el pensamiento, sustancia que no necesita ningún lugar para ser ni depende de ninguna cosa material; de suerte que este yo—o lo que es lo mismo, el alma por el cual soy lo que soy, es enteramente distinto del cuerpo y más fácil de conocer ."7

Descartes duda para acabar con toda duda: "¿Hay alguna cosa... de la cual no pueda caber la menor duda?" No me he persuadido también, de que yo mismo no existía? Sin duda, yo era, puesto que me he persuadido o he pensado algo". El dualismo cartesiano alcanza también consecuencias sociales: " Veamos ahora las cosas que el vulgo considera más fáciles de conocer y las más distintamente conocidas, es decir, los cuerpos que tocamos y contemplamos". Los intelectuales, los filósofos, conocen mejor la mente; en tanto que el vulgo solo conoce los cuerpos.

Este escepticismo muy lejos está del escepticismo práctico pirrónico de la buena vida, cuyos seguidores no se atribulaban con la búsqueda de certezas: "El cambio cartesiano de mente-como-razón a la mente-como escenario-interno no fue tanto el triunfo del arrogante sujeto individual liberado de las trabas escolásticas cuanto el triunfo de la búsqueda de certeza sobre la búsqueda de la sabiduría. De ese momento en adelante, quedaba abierto el camino para que los filósofos consiguieran el rigor del matemático o del físico matemático... en vez de ayudar al hombre a conseguir la paz mental. La filosofa se ocupó de la ciencia, más que de la vida ,y su centro fue la epistemología ".10

Ya no digamos desde la perspectiva griega, sino desde la medieval tardía, o temprana renacentista. Descartes hubiera pasado por agelasta. La cultura popular de la época muestra un escepticismo que no es ni pirrónico ni crítico-constructivo, sino festivo, alegre, ligero, que se pone de manifiesto en el proverbio judío que reza "El hombre piensa, Dios ríe" ¿Por qué, piensa el hombre y por que, ríe Dios? Una respuesta no escéptica, diría que es condición humana el pensar y que Dios, creador del hombre, ríe complacido al ver su obra en actividad. Otra, escéptica, vería al hombre atribulado, pensando, buscando la verdad, y a Dios riendo a sabiendas de que es imposible encontrarla. Una tercera, indiferente al problema, asume la actitud divina y ríe junto con Dios.11

La risa escéptica, tuvo su edad de oro en los primeros años del Renacimiento. Antes que Shakespeare atribuyera al hombre el don de la risa, Rabelais escribía: "Más vale de risas y no de lágrimas que escriba por que es la risa lo típico del hombre ".12 El arte asumió en esa época el escepticismo festivo, con Rebelais como su gran promotor: "El arte inspirado por la risa de Dios es, por su propia esencia, no tributario, sino contradictor de las certezas ideológicas. A semejanza de Penélope, desteje por la noche lo que teólogos, filósofos y sabios han tejido durante el día".13 En este sentido Mijail Bajtin dice de los tiempos de Rabefais: " los problemas arduos y temibles, serios e importantes son transferidos al plano alegre y ligero de los tonos menores. Tiene un desenlance que produce alegria y alivio... No se trata evidentemente de afirmaciones filosóficas, sino de la dirección tomada por el pensamiento artístico e ideológico, que trata de comprender el mundo desde un punto de vista nuevo, abordándolo no como un misterio sombrío, sino como un alegre drama satírico".14 Por ello, los agelastas son enemigos del "arte que nació como eco de la risa de Dios y que supo crear ese fascinante espacio imaginario en el que nadie es poseedor de la verdad y cada cual tiene derecho a ser comprendido".15 Coexisten dos tendencias en un mismo periodo: la transparencia unívoca de la esencia de vidrio, con su correspondiente afán de certeza, de universalidad y de verdad, que brilla con los destellos de la equivocidad, la fantasía, la particularidad y la pluridad.

Pero no sólo en el "espacio imaginario" de la novela aparece el escepticismo. Irrumpe también en las polémicas de reformadores y contrarreformadores, emerge con consecuencia de la introducción del nuevo mundo en el pensamiento europeo. El Renacimiento, la Reforma y el descubrimiento de América, tres grandes acontecimientos que marcan el periodo de gestación de la Modernidad, se ven atravesados por distintas formas de escepticismo, desde el festivo rebelesiano hasta el agelasta cartesiano.

La fe en la razón y en la verdad con la consiguiente idea de progreso y libertad, el desarrollo de la ciencia y su necesaria promesa de una vida mejor para todos, fueron algunas de las implicaciones del predominio que directa o indirectamente ejerció la epistemología en la Modernidad.

El pensamiento posmoderno, pensamiento de la sospecha, legado de Nietzsche,16 reacciona frente a los más fuertes supuestos de la modernidad, y florece así marcado por una clase peculiar de escepticismo, casi siempre pesimista, que lo aleja del maestro. La translucidez del espejo del conocimiento es puesta en tela de juicio por Nietzsche más que por ningún otro, al introducir la mirada perspectivista, en lugar del Ojo omniscíente, de ahí que el pensamiento posmoderno, duda de ese espacio interior de acceso privilegiado, denominado "mente" y de que la verdad esté ahí fuera para ser aprenhendida por el sujeto (escepticismo epistemológico); duda de la existencia de esencias y universales (escepticismo ontológico); duda de que haya una naturaleza humana eterna e inmutable, de "la creencia en una estructura estable del ser que rige el devenir y da sentido al conocimiento y normas de conducta"17 (escepticismo metafísico); duda de la función de los grandes relatos y de la posibilidad de un gran proyecto emancipador de la humanidad (escepticismo político); y duda de la posibilidad de una ética universal fundamentada sobre sólidas bases epistemológicas, antropológicas y ontológicas (escepticismo ético). 18

La reacción posmoderna trajo consigo un desencanto respecto de la Modernidad, sus promesas y expectativas. Luis Villoro distingue tres actitudes frente al desencanto:la "nostálgica", premoderna, que mira hacia atrás, hacia antiguos valores, de la Modernidad, condenable, según el autor debido a la "actitud conservadora" que abandona toda proyección de cambio o transformación social 19, la de "confusión y escepticismo" que anuncia el fin de una época y el principio de otra. Villoro propone una cuarta alternantiva que incluiria algo parecido al proyecto habermasiano, pero pensado a la medida del tercer Mundo.

En efecto, quienes vivimos en este continiente no podemos menos de pensar como latinoamericanos tercermundistas. Sin embargo, si podemos valernos de todos los elementos posibles para describirnos y redescribirnos. De la forma que adopte el escepticismo dependerá en gran medida la construcción de un discurso interpretativo de nuestras sociedades, útil en el planteamiento de objetivos y medios eficaces para la acción. De lo contrario, la comprensión del conflicto modernidad/posmodernidad es por sí misma estéril, a no ser que saquemos de la caja herramientas filosóficas útiles para construimos sea una vida privada, sea una pública o social.

En gran medida, el rechazo a las descripciones posmodernas de la sociedad es producto del miedo y la incomprensión: miedo a que el desenmascaramiento Nietzscheano muestre algo que no queremos ver, incomprensión, pues se confunde ser deber ser. Nos negamos a pensar que el terror impere bajo el mando del criterio de eficiencia, nos negamosa aceptar la imposibilidad, por lo menos inmediata, de los grandes proyectos emancipadores fundados en los metarrelatos, y atribuimos estas descripciones a las mentes catastrofistas de quienes las exponen.

Lo arriba descrito es sólo la cara dura, amarga de la posmodernidad. El pensamiento posmoderno, sucesor de los rasgos románticos y artisticos de la modernidad, tiene también su cara blanda, dulce, contra el terror, la globalización y la cancelación de los grandes proyectos y metarrelatos, enfatiza la afirmación de la diferencia, la importancia del saber narrativo, de sus contenidos. Pero el análisis descarnado, cruel y hasta aterrador, no siempre lleva a la inacción, conduce la praxis, "con conocimiento de causa", como diría Lyofard, y por ello, tal vez con mayores posibilidades de éxito. Aunque la empresa no tenga presentaciones universales, evita el riesgo de idealizar la sociedad, sus instituciones e individuos.

De hecho, los latinoamericanos tenemos ya mucho de posmodernos. Aquello que Alejo Capentier llamó lo "real maravilloso" en la descripción literaria de estas tierras, no es otro cosa que la unicidad, exuberancia y combinación de elementos inimaginables en otras latitudes. La seriedad cartesiana no nos sienta bien, tampoco un tratado sobre la rísa resulta pertinente, pues la risa es en nosotros práctica cotidiana. Pero tampoco la risa estúpida debe tener cabida. La aceptación de la propia idiosincracia es regocijo y orgullo, pero al mismo tiempo es ojo avisor de nuestros vicios y miserias. Una filosofía que abarque ambas dimensiones será profunda como el sentido de la tierra de Hölderlin y ligera como los pies de Aquiles.



NOTAS

1.Para una extensa explicación de la metáfora visual platónica, véase martin Jay,Downcast Eyes, California Univ. Press, berkeley, p.28 en adelante.


2.R. Rorty.La filosofía y el espejo de la naturaleza, Cátedra, Madrid, 1979,p.44.


3.W. Shakespeare, "medida por medida", en Obras Completas, Aguilar,Madrid,1961,p.1541.


4.W.Shakespeare, The Complete Works of William Shakespeare,Gramercy Books,N.York,1990,p.197.


5.F.Bacon , Advancement of Learning,citado por Rorty en Op.Cit. p.48.


6.Véase Rorty, Op.Cit. p.56


7.R.Descartes, Discurso del Método, porrúa, México,1980,p.21.


8.Ibid.p.59. Comenta Martin Jay al respecto: "Descartes nay thus not only be responsible for providing a philosophical justification for the modern epistemological habit of seeing ideas in the mind, but may also have been the founder of the speculative tradition of identarian reflexivity, in which the subject is certain only of its mirror image". Op.cit. p.70.


9.Descartes, Meditaciones metafísicas, p.61.


10.Rorty,Op.cit.p.64


11.A la primera corresponde la duda metódica cartesiana y la metáfora de la esencia de vidrio; a la segunda corresponde el escepticismo fideísta de la Reforma, y a la tercera, el escepticismo ataráxico, festivo. Todas las formas han aparecido en diferentes vertientes a lo largo de la historia.


12.M.Bajtin , La cultura popular en la Edad media y en el Renacimiento. El contexto de François Rabelais.Alianza Universidad, México 1993, p.67. En este fantástico ensayo sobre la risa, Bajtin menciona algunos teóricos de la risa conocidos por Rabelais, tales como Hipócrates, demócrito, Aristóteles, luciano. llama la etención en especial la mención a Zoroastro, de quien Plinio afirmaba que "había nacido con una sonrisa en los labios, lo que auguraba su sabiduría divina". No es gratuito que Nietzsche, acérrimo defensor de la alegría, escogiera a Zarathustra como personaje para expresar su filosofía.


13.M.Kundera, El arte de la novela, Vuelta, México,1985, p.148.


14.M.Bajtin, Op.cit. p.209


15.Kundera, Op.cit. p.151


16."let us beware of the tentacles of such contradictory notions as pure reason, absolute knowledge, absolute intelligence. All these concepts presuppose an eye such as no living being can imagine, en eye required to have no direction to abrogate its active abd interpretative powers, precisely those powers that alone make of seeing a seiing of something. All seeing is essentially perspective, and so is all knowing".The Genealogy of Morals,N.York, 1956,p.255.


17.G.Vattimo, "metafísica, violencia y secularización" en la secularización de la filosofía, Hermenéutica y Posmodernidad,Gedisa, Barcelona, 1992,p.64.


18.En su vertiente frankfurtiana, la duda es pesimista, en su vertiente lyotardiana, es de esperanza limitada; en su vertiente pragmática, es práctica.


19.Luis Villoro, El pensamiento moderno. filosofía del Renacimiento. Fondo de Cultura Económica, México 1994,p.101
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