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15/06/1999 - Autor: Abdelmumin Aya - Fuente: Verde Islam 10
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abd al mumin web
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Primera parte

El Islam es fácil de comprender. Pero para vivirlo se nos exige una yihad contra nuestro creernos el centro del universo. Ser musulmán es la consecuencia de comprender que los acontecimientos que nos afectan no están en nuestra mano, no nos obedecen. Nos superan. Cuanto más queremos controlarlos, más juegan con nosotros. El musulmán se rinde al orden del acontecer de las cosas, se postra ante ese Señor interno de lo que sucede. El kafir no reconoce al Señor invisible que rige el mundo y su desenvolvimiento, es incapaz de ver el orden oculto del encadenamiento de hechos que se suceden, y por eso lucha contra él, juzga los acontecimientos, les niega su sentido. Porque carece del Conocimiento que le permitiría estar tranquilo sabiendo que cada cosa está en su lugar y que cada hecho sucede cuando lo saca de la nada el Único que puede hacerlo.

Muchas veces no comprendemos el sentido de lo que nos sucede. Nos parecen sufrimientos gratuitos que nos han tocado padecer. Así es para el kafir. El kafir piensa de este modo: “No lo comprendo luego no tiene sentido”. Se piensa el centro del cosmos, el que da y el que quita el sentido a las cosas. Está preso de su arrogancia intelectual, está preso en su ‘yo’ que lo separa del Todo. Si comprendiera el Todo se vería a sí mismo como lo que realmente es... “No lo comprendo luego no tiene sentido” es un razonamiento que confina al hombre a la cárcel de sí mismo y a la cárcel del tiempo. El mismo presente que es trascendencia para el mumin encarcela al kafir. Aunque luego comprenda el sentido último de lo que sucedió, ya lo vivió como un sin sentido, como una maldad gratuita del mundo hacia él. Y así vive como alguien arrojado a la existencia, desamparado.

Consiga o no explicarse su pasado, su realidad es un continuo acto de no ayudarse del presente para trascender. Es incapaz de trascender lo que tiene y por eso no puede trascender en absoluto. Es musulmán el que es capaz de trascender su presente, sea doloroso, placentero, arrebatador, ilusionante, sereno...

En definitiva, el kafir es esclavo como el mumin. Uno encadenado a una existencia que no comprende; y el otro encadenado a quien lo está liberando en cada pálpito, en cada respiración... En definitiva, el kafir está abandonado como el mumin. Uno abandonado en un mundo sin sentido; y el otro abandonado al sentido del mundo.

Es kafir el que se daña a sí mismo negando el sentido. Es mumin el que se abandona al sentido de lo que comprende y de lo que no comprende; y en ese abandono encuentra la paz. Quiero insistir algo más en esta idea: Cuando el kafir niega el sentido de algo se presume fuera del tiempo y la contingencia, juzga el tiempo. Pero nosotros sabemos, porque se nos ha transmitido, que dijo Allah de Sí mismo “Ana dahir”, Yo soy el tiempo.

El Islam es un océano de sabiduría. Pero lo que somos se satisface por completo con sólo una parte mínima de ese océano infinito. Ojalá consiguiéramos comprender en toda nuestra vida tan sólo un hadiz de los muchos que existen como éste. Porque ya lo habríamos comprendido todo. “Ana dahir”, Yo soy el tiempo...

Ojalá nos enamoremos cada día un poco más de nuestro Islam, de su sabiduría, regalo de Rabbi-l-alamin para los que tienen el corazón sano.

Cuando los musulmanes comprendemos el sentido de los acontecimientos, nos postramos. Y cuando no los comprendemos, nos postramos. Si nos duelen, lloramos. Porque nuestras lágrimas son parte del sentido. Pero nuestro dolor no es nunca como el de los kufar, abandonados al despropósito del suceder del mundo... ¡Si supieran que lo más doloroso de su dolor se curaría con un suyud! Tan sólo con uno... sin palabras que lo acompañen, sin ideas que lo justifiquen, sin nadie que lo presencie. Si os encontráis a alguien que se dice de los que niegan el sentido de un sufrimiento que padecen, decide que se fíe de vosotros y cuando nadie lo vea, automáticamente si quiere, sólo por confianza en vuestra palabra —como el enfermo se toma la medicina que el médico le recetó— haga un suyud.

Dicen algunos hadices qudsíes que al final de los tiempos Alláh encargará a sus malaika que saquen de la Yahannam —uno a uno— a los que están, empezando por los que han tenido mayor apertura a lo sagrado y acabando por los de un imán más pobre

     “...‘hasta los que tengan un átomo de imán en el corazón ... los que hayan pronunciado tan sólo una vez mi Nombre ... los que se hayan postrado una sola vez’. ‘¿Y cómo los reconoceremos?’, preguntan los ángeles. ‘Tan sólo con que hayan hecho un suyud una vez en su vida les ha quedado un punto de luz en la frente, que se verá en la oscuridad total de la Yahannam’, contesta Allah ta’ala.”

Hermanos, hermanas, no dudéis del Islam, camino de paz para los hombres de todas las generaciones, en cuya sabiduría elemental nos refugiamos en medio del sufrimiento sin sentido de los que nos rodean.


Segunda parte

Nos rodean los ángeles. Nunca hemos estado desechados, arrojados a la existencia, abandonados por nuestro rabb. Lo que sucede es que no sabemos ver la luz de los que nos rodean. Por su luz averiguaríamos su mayor o menor naturaleza angélica; por su fuego, su naturaleza shaitánica. La luz crea, el fuego destruye. No existe la naturaleza humana, decía Gazzali: en realidad los hombres y las mujeres tienen naturaleza de animal, ángel o shaitán.

Si esto es así, y yo lo creo, nuestra hermana Sabora era un ángel. Es un ángel. Porque los ángeles cambian de forma, pero no dejan de existir. La luz no nos abandona. Lo saben hasta los científicos: “La energía ni se crea ni se destruye”. Pero nosotros lo dijimos primero: Allah es la luz de los Cielos y de la Tierra, y el mundo ha sido creado con su luz.

Sabora era un ángel. Ahora lo sabemos. Ahora nos hemos dado cuenta los menos inteligentes. A pesar de que nos alumbró su alegría, y nos alumbró su serenidad, y nos alumbró su sabiduría, y nos alumbró su valentía, y nos alumbró su generosidad. Lo sabemos ahora y damos gracias a Allah por rodearnos siempre de ángeles que nos protejan con su luz.

Sólo tenemos que abrir nuestros ojos para ver los ángeles que nos rodean y agradecerlo a nuestro Creador. Hay —siempre han habido— innumerables ángeles a nuestro lado. Pero Sabora era especial. Infatigable, lúcida, muyahid hasta su último aliento... Sabora era el ángel que nos debía de iluminar en estos primeros tiempos difíciles de recuperación del Islam en nuestra tierra. Se fue cuando debió de irse. No lo comprendemos por nuestro vicio de juzgar la Creación de Allah. Se fue cuando debió y no se ha ido. Únicamente ha cambiado su forma de estar entre nosotros.

Su misma muerte es una demostración de su naturaleza angélica. Aún sin saber las motivaciones últimas de quien finalmente ejecutó la muerte, los muminines sabemos que fue una muerte tramada por las más oscuras fuerzas del cosmos.

Lo shaitánico lucha contra lo angélico. Por eso fue ella y no cualquiera de nosotros. Si fue una mente perversa, una mente enferma o el brazo ejecutor de una trama quizá nunca se sepa. Pero los muminines sabemos que fue oscuridad contra luz, destructividad contra fecundidad.

De un lado, un joven que nada había hecho en la vida y que ha arruinado lo que le queda de vida, un individuo confuso, sufriente, enfermo; de otro, una luchadora infatigable, una pensadora valiente, una madre tierna, una esposa generosa... luz, luz, luz que se hizo tan insoportable para la oscuridad que finalmente tuvo que conjurarse contra ella.

Sin embargo debemos estar tranquilos. Así ha sido siempre el mundo. Y así seguirá siendo. Allah es el Señor de los acontecimientos. Nada ocurre que no sea su voluntad. Allah contestó a los malaika: “Yo sé lo que vosotros ignoráis”.

La luz genera luz: se fue Sabora quizá para hacer posible la nueva luz que habría de venir gracias a ella y a los que como ella entregan su vida completamente al Señor de los mundos. Todos nosotros hemos cambiado. Tenemos algo de su luz ahora. Somos más valientes, más generosos, más sabios... Eso es Sabora ahora en nosotros. Y debemos estar alegres... Siempre me preguntaba cómo era posible que nunca viera a Sabora triste. Ahora lo sé: la luz de los ángeles en una forma humana se manifiesta como alegría...

Shaitán trata de impedir nuestra voluntad de trascendencia. Y lo hace de muchas formas, una de las cuales es intentar quitarnos la paz. Usa nuestra imaginación para entristecernos. Y estamos ante un buen ejemplo de esto: las terribles, macabras, circunstancias de la muerte de Sabora. Pero el Islam es nuestra protección: ordena a nuestra imaginación que también ella se postre ante Allah taala, y nos informa de que cada uno de nosotros somos creados de nuevo en cada instante. En realidad la muerte no existe. Si es voluntad de Alláh, de un instante a otro no somos creados con nuestra forma anterior. Tan sólo eso...

Hermanos y hermanas, el mundo fenoménico tan sólo es un camino cuando nos sirve para trascender. Cuando nos amedrente, cuando nos asuste, cuando en definitiva nos dificulte la trascendencia es porque ha sido puesto ahí como arma de Shaitán. El miedo impide la trascendencia. La tristeza impide la trascendencia. El amor a la vida es estar trascendiendo. Eso aprendí de Sabora.. Sabora, que fue luz y volvió a la luz.

Wa alhamdu lil-lahi rabbil alamin.

Alahuma, concede a nuestra hermana Sabora seguir siendo luz.
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