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Una Creyente, Califa de la Creación

15/06/1999 - Autor: Jadicha Candela - Fuente: Verde Islam 10
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En el momento en que Sabora, en su último escrito, se autodenominó ‘califa de la Creación’, era plenamente consciente del significado de ese término y de su responsabilidad al proclamarse como tal. Esa responsabilidad fue asumida expresamente por ella, y sus términos son de un peso tal que, al ofrecer la posibilidad de realizar el pacto libre al hombre, Dios le entregó de inmediato Su protección y Su secreto. Al ofrecer Dios a los ángeles que fueran ellos testigos de la libertad, como uno de sus atributos, estos se negaron diciendo: “Gloria a Ti, nosotros sólo sabemos alabarte y obedecerte.”

Y cuando Dios ofreció su pacto a las montañas estas rehusaron por el miedo a caer pulverizadas. Por eso, sólo la osadía del hombre le hizo aceptar representar y encarnar la libertad de Dios en esta dimensión temporal y terrenal. Ello puede conducir al hombre a una opción positiva, si dice sí al mensaje, permaneciendo fiel a la alianza, si elige el camino recto, o puede conducirle a una opción negativa si incumple la alianza concertada con el Dios, dice no al mensaje y es uno de los extraviados.

La pavorosa posibilidad que hizo temblar a las montañas, y que provocó el horror de los ángeles, es una posibilidad cierta desde el momento en que Dios prometio a Iblis: “He de llenar el fuego con piedras, con genios y con hombres.”

A partir de aquí el hombre y la mujer son los califas de la creación y con ese rango partió Sabora al Jardín por su Señor prometido. Y ese rango, convierte a los pobres seres humanos, ignorantes, en los receptores del secreto de Su Señor, que es la Libertad, y la Compasión.

Por esta razón, dijo Dios a los ángeles que se prosternaran ante el ser humano, Adam, para que reconocieran así su superior rango como portador de esta sublime cualidad de Dios. Porque la Libertad, hace al hombre a imagen y semejanza de Dios, y esta posibilidad no sólo es espiritual, sino material y temporal, como advierte Dios en el Corán:
“¿Creéis que voy a dejaros sin probar quien es creyente y quien no?”

Por esa razón dijo Dios al Profeta Daud:
“Oh Daud Soy un tesoro oculto, y Mi deseo mayor es ser descubierto por mis siervos creyentes”.

El corazón de una creyente, como lo era Sabora, es el tesoro de la creación; más que eso, es el receptor de la creación misma, pues Dios nos ha dicho:

“La Creación entera no puede contenerMe pero Me contiene el corazón de mi siervo creyente.”

Por eso los creyentes son de un rango espiritual mas elevado que los ángeles del cielo.

Sabora, como creyente, eligió sí a todas las obligaciones del Din, que se resumen en entregar en el camino de Allah su vida y su hacienda. Para lograrlo Sabora se acogió a la guía más excelente que puede tener el ser humano, que es el modelo práctico que nos dejó con su vida el profeta Muhamad, la Paz sea con él.

Este modelo es la Shariah, que aconseja al creyente cumplir los cinco pilares del Din, a saber un primer reconocimiento del ser creyente en la unidad de Allah.

Un cotidiano adorar y recordar los objetivos vitales del hombre que ordena cada jornada en un perfecto y armonioso mezclar la presencia de Dios entre nuestras preocupa-ciones y nuestras necesidades, para que el hombre pueda recordar cotidianamente a qué se debe su existencia, encuentre paz y frescor en su corazón, y recuerde su rango espiritual que le alejan de la trabazón de esta pesada existencia.

Un tercer pilar donde el hombre toma conciencia de su necesidad de los demás, de que en realidad el individuo es un entramado superior que depende de los demás, así como los demás dependen de él, porque todos están formando una categoría superior y común llamada Humanidad. Ese tercer pilar purifica los apetitos más primarios, como individuos propensos a la acumulación de bienes personales, y es el ayuno durante el mes de Ramadán.

Sabora convirtió cada ayuno en una fiesta espiritual y familiar. Ramadán, en vez de una pesada obligación, era un mes de regocijo mayor para ella y para su familia. Cuando, a veces, hemos coincidido en la fiesta de final de Ramadán, ella me comentaba siempre, levemente, como lo hacía todo: “¡Qué pena que se termine el ayuno!”

El cuarto pilar, que fue instituído para fomentar la solidaridad entre los creyentes, aceptando cada uno los bienes que Dios le ha otorgado, como miembros solidarios de un grupo, que purifican sus bienes materiales con la entrega, para atender a las necesidades de los menos favorecidos, de un pequeño porcentaje de la riqueza acumulada, y aunque la situación de Sabora no diera para acumular demasiada riqueza que digamos, el zakat era pagado cumplidamente en la época acostumbrada, como método de purificación y de piedad.

Por último fui testigo privilegiado del cumplimiento de quinto pilar que consiste en la peregrinación a Meca durante el mes del Hayy. Por un privilegio, del que doy gracias constantes a Dios, fui compañera de Sabora, junto con otras dos mujeres igualmente excepcionales y profundamente queridas como ella, de la peregrinación de Sabora, a quien acompañé en los sagrados ritos del Hayy.

Estuvimos juntas en Mina, en Arafah, en Medina, en Meca, en Yeddah, y en todos estos días pude conocer su precioso interior, su sentido de la camaradería y su fidelidad a prueba de cualquier sabotaje, su paciencia y su sentido maravilloso del humor, Por este último, hay que reconocer que Sabora era una santa, una wali, una amiga de Allah, pues Allah es alegre y recomienda a los creyentes que no estén tristes. Por eso una beata es aburrida y triste, y una wali es divertida y alegre.

Todos y cada uno de los pilares has cumplido en perfecta de forma, Sabora. Yo, tu amiga y compañera, soy testigo ante todos estos musulmanes y musulmanas, hombres y mujeres que te conocieron como yo, de que eras una creyente, y que perfeccionaste tu Din con tu muerte violenta, y tengo la certeza en el corazón, de que ahora te encuentras en el lugar reservado a los amantes de Dios, que estarás en el Jardín de la delicia comprobando que las promesas de Dios se cumplen. Amin
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