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¿Pueden hablar los musulmanes de «pecados»?

30/01/1999 - Autor: Ali González
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En el Islam no puede existir nunca la noción cristiana de "pecado": un musulmán no puede imaginar que el ser humano sea capaz de ofender a Dios. En reiteradas ocasiones en el Corán se habla de que "A Allâh nada le hacéis con vuestros dunub, sólo os dañais a vosotros mismos" (Suras 2 y 7, por ejemplo). Ese "dios" capaz de ser "zaherido, ofendido, entristecido" por nuestros pecados sólo inspira compasión al musulmán; es -en el sentido literal y en el figurado- un dios patético.

Si -al traducir- hablamos los musulmanes de "pecados" estamos poniendo en juego todo un mundo de significados asociados que traicionan el sentir islámico de lo que son los dunub. Los dunub no son algo que "hagan daño" a Allâh, como no son algo que "manche" interiormente al hombre, ni que haga preciso esa especie de catarsis liberadora que es una confesión de los pecados, cuya consecuencia es la penitencia, la cual fácilmente deviene en mortificación del propio cuerpo, etc, etc... Esto es Cristianismo, no Islam.

Aún recordamos aquello de "cada vez que pecamos es una espina que clavamos en la corona de espinas de Cristo", o -más tremendo- "vuelves a crucificar a Cristo", etc... Para nosotros -los que hemos aceptado el Islam- se acabó el culto de muerte que ha venido a traer la Iglesia Católica, se acabó el que nadie -nunca más- tenga que volver a "imitar los padecimientos de Cristo", como se acabó el sentimiento de ser culpable de que -nada menos que- Dios haya tenido que venir a morir por ninguna clase de acto nefasto que podamos cometer. El Islam trae un respiro a esta tierra tradicionalmente cristiana, bañada en el sufrimiento de los que han aceptado una fe en cosas incomprensibles sólo porque esperaban de ella obtener paz espiritual. Nosotros sabemos que al Rahman le gusta derramar su Generosidad sobre nosotros, que si damos un paso hacia Él Él da dos hacia nuestro encuentro, y -sobre todo- sabemos que no hay hombres que no cometan errores. Dice el hadiz: "Todos los descendientes de Adán cometen errores...", porque está en su condición de criatura el que el hombre no tenga una comprensión total de las cosas; precisamente es criatura por eso. El danb es el resultado de su limitación, pero los musulmanes sabemos que lo mismo que lo limita lo posibilita. Así que la relación entre realizar un dand y ser criatura es como la de "quemar" y "ser fuego". La naturalidad con la que los musulmanes hablan de los dunub es un escándalo para los cristianos.

La cuestión no es diferenciar si los "dunub" son exactamente lo que los cristianos llaman "pecados". (Hay ciertas diferencias, por ejemplo, en el Islam el sexo es una de las bendiciones de la existencia, y -por contra- algo inocuo entre los cristianos como la suciedad física es motivo de sufrimiento tras la muerte para los musulmanes (según el hadiz)). Pero, en general, hablamos de las mismas cosas (robo, traición, engaño, asesinato...); la cuestión es que a la hora de traducir el término al castellano hay que ser fiel a las implicaciones religiosas de uno y otro.

Nada hay en común entre lo que enseña el Cristianismo respecto del "pecado" y lo que enseña el Islam en relación al danb. Lo que se nos ha revelado a los musulmanes como danb es la enorme trascendencia de constatar que el ser humano es capaz de dañarse a sí mismo, de ser injusto consigo mismo, de ser un dálim náfsah, alguien que impide a su propia existencia la plenitud del que se acerca a Allâh, alguien que oscurece la luz de su existencia primordial. El Islam enseña que la obra más insignificante de cada hombre tiene una dimensión y un alcance que se le escapa: el más vulgar de sus actos, el más breve de sus movimientos lo marca porque no sólo se realiza en el ámbito de lo que el individuo controla sino que tienen su propia justicia, su propio sentido y su propio "modo de estar" en el mundo. En cada gesto del ser humano hay algo que es eterno y tiene su fruto en la eternidad del Uno, la realización de su verdad en Allâh. Esa naturaleza de la acción es el secreto de la soberanía de cada hombre.

Lo contrario del danb es la hásana o acto que embellece al ser humano y lo hace progresar hacia Allâh Uno. Los dunub son todas las acciones o movimientos con los que el hombre traiciona la autenticidad del Universo, atenta contra la Verdad de las cosas (puesto que el Corán nos enseña que la Verdad es la esencia de todo cuanto es). Los dunub son como una pretensión de salida fuera de lo Real, son como tratar de añadir algo innecesario a la existencia. El danb progresa aislando al ser humano, encerrándolo en un círculo vicioso que no le permite aprovechar la Rahma de Allâh. El danb es el resultado de la ignorancia por la que el hombre ha tomado por real lo que no lo era, y por ello buscando su felicidad se ha producido su daño.

El "pecado" cristiano es un acto por el que nuestra "naturaleza caída" se regodea en su tendencia al Mal, y además lo hacemos con toda la contumacia que nos da el ser absolutamente libres; es el resultado de la guerra interior de un hombre dividido entre "lo que quiere y no debe" y lo que "debe y no quiere": alma contra cuerpo, razón contra instinto, "hombre nuevo" contra "hombre viejo" (de que hablaba Pablo de Tarso)... El danb en el Islam es el resultado de la comprensión torpe de la criatura que jamás actúa sino por su beneficio pero que precisamente por ser criatura -es decir, limitada- se equivoca. Es un error que se rectifica como rectifica el caminante cuando se da cuenta de que el camino que ha elegido no le lleva a donde quiere. No hay lucha interior. No hay "catarsis". No hay desprecio de la propia naturaleza. Un wudu, lavarse con agua, y volver a ese Señor del que nunca nos hemos estado distantes. Nuestra naturaleza no tiene por tendencia el Mal, sino el Bien; ella siempre -y sólo- busca el Bien. A veces nos equivocamos, porque si bien nuestra naturaleza de criaturas es buena en tanto que naturaleza y tiende a la felicidad, no es absolutamente sabia pues ninguna de las criaturas lo es absolutamente, excepto en lo que participe de la Sabiduría de Allâh. No podemos achacar a nuestra naturaleza el que nosotros no siempre sepamos qué nos conviene, y mucho menos debemos de castigarla, distorsionando lo que nos queda de comunicación con nuestro Creador. Porque nuestro Creador no tiene otro modo de comunicarse que nuestro ser, nuestro ser que no conoce divisiones interiores: un cuerpo maltratado distorsiona la imagen de su Creador y nos lleva a un completo extravío. Así pues, dado que nuestros dunub no son la consecuencia de un contumaz encenagamiento en el fango de la maldad, sino el efecto de un error, de un desatino, no tenemos que ensañarnos contra nuestra alma ni contra nuestro cuerpo. Tan sólo aprender del error, que es ése -nuestro aprendizaje- su única razón de ser.

Si el danb no es "pecado", tampoco encontramos en el Islam su corolario lógico: el sentido de culpa. El drama cristiano de la pasión y la redención no es, para el musulmán, otra cosa que el fruto de un extraño desequilibrio del morbo humano. Allâh está por encima de cualquiera de estas consideraciones: su amor a lo que ha creado, a lo que ha surgido a partir de su Acto, no se traduce en la puesta en escena de una tragedia, ni el amor que el hombre siente hacia Él nace de la pena sino de la contemplación de su Belleza manifiesta en toda obra.

Es significativo que -después de que el término ha llegado históricamente al culmen de su eficacia en el control de las conciencias- la teología cristiana actual en sus propios textos haya dejado de hablar de "pecados", ahora se habla de "ofensas" (término con menos carga de negatividad), mientras no se cuestiona la traducción de danb como "pecado" en una metafísica como la islámica en la que es una realidad verdaderamente extraña. En resumen, a nuestro criterio, el término "pecado" es una trampa mortal que los cristianos han dejado en el castellano para uso exclusivo de los musulmanes
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