webislam

Miercoles 1 Abril 2020 | Al-Arbia 07 Shaban 1441
917 usuarios en linea | Español · English · عربي

WebIslam.com

» Artículos

?idt=3207

En el nombre de Sebta. La cuestión de la co-oficialidad del árabe y otros tabúes

30/06/1998 - Autor: Mehdi Flores
  • 0me gusta o estoy de acuerdo
  • Compartir en meneame
  • Compartir en facebook
  • Descargar PDF
  • Imprimir
  • Envia a un amigo
  • Estadisticas de la publicación

Capítulo 1º
"El hombre no se afana por la felicidad, sólo los ingleses lo hacen". (Nietzsche "El ocaso de los ídolos").

Uno de los libros que debe leer y ser capaz de criticar todo aquel que se dedica a la política o al análisis de la política, es, sin duda alguna, el libro de Francis Fukuyama " El fin de la Historia y el último hombre".
Francis Fukuyama no es un simple politólogo; se formó en las universidades de Harvard y Yale, es doctor en Filosofía y Letras y ha sido Director Adjunto de Planificación Política en el Departamento de Estado del Gobierno de los Estados Unidos. Hasta donde yo sé, en 1992 era asesor residente de la Corporación Rand, en Washington D.C., uno de los think tanks o gabinetes de estrategia más relevantes del mundo. Estemos o no de acuerdo con sus pronósticos, es de justicia reconocer que en sus análisis de los factores que determinan los movimientos sociales y políticos, aporta elementos de gran interés para la crítica política, máxime en estos tiempos en los que necesitamos imperiosamente encontrar un método de análisis consensuado y compartido por todos los interlocutores sociales. La izquierda no debe temer aceptar una metodología ajena al patrimonio marxista tradicional, si con ello es capaz de defender propuestas propias que se mantienen por sí solas desde el sentido común o de la lógica capitalista, en la convicción de que hay diferentes maneras de resolver bien un mismo problema o de alcanzar los objetivos más razonables.
Uno de los factores que Fukuyama demuestra como decisivo a la hora de interpretar todo sistema social es el concepto de "deseo de reconocimiento". El concepto subyacente bajo el vocablo "reconocimiento" no lo inventó Hegel al proponer su teoría de la alienación humana; es tan viejo como la filosofía política occidental y hace referencia a una parte enteramente familiar de la personalidad del hombre. Este "deseo de reconocimiento" es lo que Platón denomina thymos, y que junto con la nous o razón y la epithymía o deseos primarios, constituyen las tres dimensiones del alma humana. Maquiavelo lo llamó el deseo de gloria, Hobbes, el orgullo o vanagloria, Rousseau, l´amour propre, Alexander Hamilton el amor de la fama, J. Madison, la ambición, Hegel , el reconocimiento y Nietzsche, "la bestia con mejillas sonrosadas".
Todos estos términos se refieren a la parte del hombre que siente la necesidad de dar un valor a las cosas, a uno mismo en primer lugar, pero también a los otros hombres, a las acciones y a los objetos que los rodean. Esa parte de la personalidad es la fuente fundamental de las emociones de orgullo, ira y vergüenza y no puede reducirse a los deseos básicos (alimentarse, reproducirse etc.) ni a la mera razón. El deseo de reconocimiento es la parte del hombre más específicamente política porque es la que empuja a querer afirmarse a sí mismo frente a los demás, de tal modo que no es de extrañar que haya habido filósofos políticos que consideren como problema central de la política el de domesticar o controlar este deseo de reconocimiento, para que sirva a la comunidad en su conjunto.
El thymos es el valor que uno se da a sí mismo, lo que hoy llamamos autoestima o dignidad, un cierto sentido innato de la justicia por el que si no se nos considera nuestra valía, nuestro justo valor, nos "indignamos". La dignidad se refiere al sentido del propio valor, mientras que la indignidad-indignación surge cuando algo ofende este sentido del propio valor. Cuando sabemos que otras personas ven que no actuamos de acuerdo con nuestro sentido de la autoestima, sentimos vergüenza y cuando nos valoran con justicia, sentimos orgullo. Es pues esta dimensión humana, demasiado humana, la que interviene decisivamente en todo acontecer político y la que ayuda al analista a calibrar correctamente el alcance de todos los procesos políticos.
 
Capítulo 2º
(Gary Cooper, totalmente ebrio, en la barra de un saloon del Oeste americano. La mirada perdida. Solos él y el barman).
Gary Cooper: – ¿Ha estado alguna vez enamorado?.
Barman (sin prestar atención): – No señor, yo siempre he sido camarero.
Todo político que se precie de serlo, tiene que ser consciente de la responsabilidad de la tarea a la que se enfrenta. La tarea política no es solo la de gestionar bien unos presupuestos ni la de organizar un aparato administrativo o la de preservar un patrimonio estatal o nacional determinado; se trata más bien de poner todo eso al servicio de un proyecto humano, a disposición del hombre de carne y hueso que vive y se relaciona dentro de esa sociedad. El objetivo de la política es proporcionar al individuo social las mejores condiciones de existencia posibles que le permitan realizar su humanidad, su ser esencial, su ser bajo la máscara. La polis es el marco donde el animal humano se convierte en persona humana y esa transformación es la tarea fundamental y suprema de todo movimiento político que se considere como tal.
Analizando la situación de nuestra querida ciudad de Ceuta, ya hemos señalado en reiteradas ocasiones lo que a nuestro juicio es uno de los factores claves para entender la peculiar problemática ceutí: La falta de madurez social y política de nuestra ciudad, que sólo desde hace unos pocos años ha comenzado a conformarse como sociedad civil dentro de un Estado de Derecho, al que pedimos, como dice Aranguren, que sea además, un Estado de Justicia. Ceuta ha sido, hasta hace veinte años, un emporio - cuartel sin otra pretensión que la de seguir como estaba. En ese marco, los ciudadanos de origen peninsular (los caballas), gozábamos de plenos derechos mientras que los otros, los de origen magrebí (los moros) no eran reconocidos como ciudadanos de derecho sino adscritos a la categoría de "residentes", de metecos.
En tanto duró esta situación, el morito era el Otro con el que había que cohabitar como buenos vecinos, cada uno en su casa y Dios en la de todos. Los moros estaban ahí pero no daban problemas porque estaban fuera del sistema, al otro lado de la tapia. Para emplear una terminología clásica, no se les tenía ni siquiera como rivales o adversarios (inimici) porque no eran "de los nuestros". En el peor de los casos, eran el "enemigo público"(hostis). De esta situación proviene toda la ideología caballa sobre el concepto de "morito" que repite todos los patrones ya conocidos de discriminación social aquí y en cualquier sociedad humana. Los mismos o muy parecidos que se nos aplicaban a los españoles en la Europa industrializada e indecente hace 30 o 40 años, sin ir más lejos y que no es menester recordar aquí.
Entonces y ahora, aquí o allá, las personas de bien sabemos que las distintas idiosincrasias son producto de las variadas situaciones sociales que las determinan. Entre esos determinantes, sin duda, la Economía. Y a la vez la Cultura, como discurso que explica y justifica las relaciones sociales. Desde la Izquierda creemos que el hombre es producto de sus actos, de los suyos propios y de los de la sociedad en su conjunto, de su presente y de su pasado así como de la utopía que le empuja al futuro.
A finales de los años 80 se producen unos hechos que van a cambiar drásticamente el antiguo status quo de la ciudad. Europa comienza a cerrar sus puertas a la emigración y España inicia una política consecuente con esa tendencia mediante una ley de extranjería que no contó en su elaboración con la reacción de "indignación" de los musulmanes de Ceuta y Melilla. Al cabo de meses de disturbios y tensiones sociales, el Gobierno del PSOE comenzó a otorgar la nacionalidad española a todos los que la solicitasen, a condición de tener la tarjeta de residente en estas ciudades. De la noche a la mañana, los españoles ceutíes, los "caballas", nos encontramos con que los "moros" dejaron de serlo para convertirse en ciudadanos españoles de pleno derecho y no sólo eso, sino que comenzaron a "crecer y a multiplicarse", a entrar en lugares donde hasta entonces tenían "desaconsejado" su ingreso, a poder tener comercios a su nombre, a gozar de todas las ventajas que les estaban vedadas como "extranjeros" y lo más grave, comenzaron a exigir " reconocimiento". Cada uno a su manera; quien levantándose una casa en el lugar que ocupaba su chabola, quien luciendo sus poderes comprando lo que hasta entonces les era inaccesible, quien reclamando, quien exigiendo sus recién descubiertos derechos, quien metiéndose en política; el caso era y es pedir la debida atención a los recién llegados a la polis, a los antiguos no-personas que han conquistado su nueva dignidad
La reacción ha sido "de manual". Nada nos sorprende ya a los que conocemos algo de la naturaleza del hombre y de la historia de sus sociedades. El "moro amigo" se convirtió en el símbolo de todo lo repudiable, en el espejo de nuestras pulsiones menos domesticadas, en el bárbaro, en el cíclope que venía a devorar a cuantos habían tenido la imprudencia de compartir su cueva.
Demasiados siglos de ideología, demasiados siglos de conflictos entre las dos orillas, demasiada incomprensión. Muy pocos caballas se alegraron de tener a sus antiguos vecinos como conciudadanos. Al contrario, muchos vaticinaron el desastre. El comienzo de un proceso que conduciría a la paulatina pérdida de Ceuta. Las frustración que provocó el "trauma" de la concesión de las nacionalidades generará entre los guardianes de los rancios valores caballas reacciones más o menos exasperadas en lo verbal y en el actuar socio-político primando lo visceral y la lógica de la sinrazón por encima de la visión serena e inteligente de la realidad circundante.
El factor thymos explica correctamente la conmoción que provocó en Ceuta el "incómodo asunto" de la rebelión de los inmigrantes subsaharianos hacinados en el Ángulo y la posterior represión por parte de las fuerzas de seguridad y de la ciudadanía que degeneró en linchamiento. Los caballas fuimos vistos por nuestros semejantes civilizados como irracionales, como brutos, como Otros; en una palabra como todo aquello que nos asimilaba a no-personas. Nuestros políticos se apresuraron a mantener la dignidad herida de la población apelando al contubernio de los medios de comunicación y desafiando al sentido común. Fue la constatación de que habíamos perdido el control de nuestro propio destino.
Se entiende, entre otros cosas, como el tema que estamos tratando, el del reconocimiento de un aspecto fundamental de la persona del otro, como es su lengua, caiga dentro de la órbita del thymos y genere todos los movimientos anímicos que le son propios: ira, orgullo, vergüenza etc. Sentimientos que, si conmueven al hermeneuta (al resto le conmueven siempre), ofuscan y pervierten toda exégesis e impiden cualquier solución, puesto que la solución comienza ya en el planteamiento correcto del problema.
La pregunta que nos hacemos es la siguiente: ¿Por qué nos revuelve las tripas que unos españoles puedan pedir que se cumpla la Constitución, que se protejan sus derechos como minoría?. ¿Acaso no sería eso lo deseable por todos?.¿ No lo manda así el espíritu y la letra de nuestra Constitución?. ¿Y no es la Constitución lo que nos humaniza, nos saca de la barbarie, nos convierte en polis, en proyecto de hombre?.¿ Dónde radica ese sentimiento de terror que se vive entre muchos caballas cuando se menta la posibilidad de la co-oficialidad del árabe si así lo decidiera democráticamente la mayoría de la población ceutí dentro de unos años?.
Radica, nada más y nada menos en nuestra propia alienación, en nuestros propios fantasmas, que, día y noche, nos susurran lo siguiente:
·                     El Estado español es muy ambiguo con respecto a la españolidad de Ceuta. De hecho, aquí no viene ni el Rey ni el Presidente del Gobierno. Prueba evidente de que Marruecos pesa más que todas nuestras razones patrióticas. Llegado el caso, el Estado español nos dará la espalda.
·                     Marruecos no reconoce la españolidad de Ceuta y Melilla, pero es que además tampoco reconoce a los musulmanes de estas ciudades como españoles. Tampoco España lo hace siempre: los ceutíes musulmanes detenidos en Marruecos son tratados como marroquíes y puestos en la cárcel en la sección de marroquíes. Los cónsules españoles se desentienden con demasiada frecuencia de un español musulmán ceutí que quiere ser tratado como español en Marruecos.
·                     Por otra parte, ¿cómo fiarse de unos recién llegados, que se empeñan en mantener sus diferencias culturales, que no bailan por sevillanas ni aprecian un buen fino, ni rezan en cristiano, ni aplauden nuestras chirigotas, visten de esas maneras y encima se empeñan en hablar en esa algarabía incomprensible y gutural que resulta tan extraña?.
·                     En consecuencia, como los "moros" tienen más hijos, dentro de 20 años habrá más moros que cristianos en Ceuta. Entonces España no dará la cara por esta ciudad, porque será una ciudad de moros. Si encima se empeñan en parecerlo más, queriendo imponer su lengua y sus fiestas, antes abandonará España esto. Ni que decir tiene que si además la co-oficialidad quita puestos de trabajo a los nuestros en la escuela o la administración, la única salida decente para muchos hijos de Ceuta, pues no nos queda otra salida más que la emigración. Nada nos retiene aquí.
·                     Conclusión: la co-oficialidad del árabe es sinónimo de más abandono del Estado español de esta ciudad, del éxodo de "españoles", que no ven futuro a una ciudad de mayoría musulmana y de una entrega lenta pero segura al "vecino país".
Contra esta lógica, Izquierda Unida quiere proponer la suya, basada en los siguientes razonamientos:
Si lo que propone la lógica caballa es cierto y a lo mejor lo es, resulta que el Estado español es un Estado caballa. Para este viaje, no necesitábamos estas alforjas.
Para Izquierda Unida y no sólo para izquierda Unida, no queda otra opción: o la Constitución o la barbarie. O evolución o involución. O progreso o paso atrás. Porque, quede claro, España empieza donde empieza la Constitución y acaba donde termina esta.
Ceuta es un reto para el Estado español. El español musulmán debe encontrarse en casa dentro de la constitución española. Tiene ese derecho. Y lo debe ejercer. En Ceuta nos jugamos la estrategia del Estado español para el Islam del siglo XXI. Ceuta es un experimento de lo que nos espera. ¿Tan torpes somos para no entender lo que nos jugamos?. España se juega su papel como modelo de civilización, supeditada ahora al dominio WASP (White, Anglo-Saxon, Protestant ), tanto es así que lo "hispánico" ni siquiera es considerado en serio como propuesta de civilización por los estrategas norteamericanos. En el "clash of civilizations" que se cierne, lo español, como civilización que puede integrar lo cristiano, lo islámico y lo judío, ha sido descartada de antemano.
Si, a pesar nuestro, perdemos la batalla, si dentro de 50 años, el Estado español nos repudia por moros, (no será la primera vez que nos excluyen), ¿ a quién le interesará ya entonces estar orgulloso de ese Estado?. La nacionalidad no es un sacramento. Es un pacto, un pacto de lealtad mutua a un proyecto político.
En definitiva, si no somos capaces de entender lo que nos jugamos, ya estamos perdiendo el futuro.
¿Se entiende ahora qué supone poder exigir en libertad un derecho como el de la co-oficialidad del árabe, lengua de una gran parte de los ceutíes?.
Lo de menos es que se alcance el objetivo, todavía muy lejano. Lo realmente importante no es llegar a la meta, es hacer camino juntos. ¿No es señal evidente de que ya hemos comenzado el viaje el hecho de que podamos estar leyendo estas mal trazadas líneas, el que, sin compartir las ideas del otro, podamos discutirlas sin complejos?.
¿No nos alegra a todos esta confesión?, ¿no respiramos mejor?, ¿no notamos ya una sensación de ligereza, de más luz, de más humanidad, al deponer la máscara, el sempiterno papel de camarero de western, de consabida comedia, para ser protagonistas de nuestra propia película?.
¿No es esa desdicha de ser felices sin Amor, sin tarea heroica, sin una aurora que disipe este dejar de ser, esta noche continua, lo que nos mueve a conjurar todos los absurdos, lo que nos mueve a hacer presente la utopía?.
¡ Ay! Y Tres veces ¡Ay!.
Anuncios
Relacionados

Acerca del Sufismo

Artículos - 14/10/2000

Occidente en el pensamiento árabe moderno

Artículos - 16/02/2001

Europa frente a su Sur mediterráneo y árabe

Artículos - 23/02/2001



Escribir comentario

Debes iniciar sesión para escribir comentarios.

Si no estás registrado puedes registrarte en un minuto.

  • Esta es la opinión de los internautas, no de Webislam
  • No están permitidos comentarios discriminatorios, injuriantes o contrarios a la ley
  • Céntrate en el tema, escribe correctamente y no escribas todo en mayúsculas
  • Eliminaremos los comentarios fuera de tema, inapropiados o ilegibles

play
play
play
play
Colabora


 

Junta Islámica - Avda. Trassierra, 52 - 14011 - Córdoba - España - Teléfono: (+34) 957 634 071

 

Junta Islámica
https://www.webislam.co/articulos/18178-en_el_nombre_de_sebta_la_cuestion_de_la_cooficialidad_del_arabe_y_otros_tabues.html