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El Sufismo, el Corán, la Sunnah y los musulmanes españoles

15/06/1998 - Autor: Abu Bilal ibn al-Masnaoui - Fuente: Verde Islam 9
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Allah nos dio el Islam como Din completo, como el Din que debería seguir el hijo de Adán hasta el día del Juicio Final. El Islam está basado en unos sólidos principios, el Tawhid (Unicidad Divina), la Nubuwwa (Profecía) y la creencia en Yaum al Qiyamah (Juicio Final). El Corán es la Palabra Revelada de Allah Subhanahu wa Ta’ala a Su Mensajero, el Profeta Mohammad (s). En el Corán, Allah nos propone varias cosas.

Contenido del Corán

Escribir sobre el Corán exigiría llenar muchas páginas porque tendríamos mucho que decir. Como el espacio es breve y el objetivo es señalar un punto de vista sobre el Sufismo, señalaremos unas pocas cuestiones sobre el Corán.

El Santo Corán nos enseña el camino recto hacia Allahu Ta’ala. En él se explican todas las doctrinas islámicas. Es una Guía para el creyente en su vida interior, familiar, social. En él Allah nos incita a la reflexión, nos recuerda el Juicio Final, nos recuerda la historia de algunos pueblos desviados, nos recuerda las historias de algunos de sus seres más queridos, los Profetas (P), y de otros, que como Khidr y Mariam (P) no alcanzaron tal rango pero sí eran queridos de Allah, nos descubre aspectos de la psicología humana, nos señala el camino recto, destruye a los ídolos... Es de una riqueza sin par.

El Corán es recuerdo de Allah (dhikr) –es el mejor dhikr, solaz para los corazones, guía para la vida cotidiana en todas las dimensiones de la vida humana. Y es un libro vivo. La lectura del Corán tiene efectos muy beneficiosos para los Hijos de Adán, también en los más interiores: "Quienes crean, aquéllos cuyos corazones se tranquilicen con el recuerdo de Allah, ¿cómo no van a tranquilizarse los corazones con el recuerdo de Allah?" (Sura ar-Ra’d, 28) Es el mayor de los milagros que Allahu Ta’ala dio al Profeta Mohammad (s).

El Corán es la primera fuente de conocimiento del Islam. No hay otra mejor. Pero hay puntos que el Corán expresa de manera general, o específica, aleyas del Corán que abrogan a otras, aleyas de significado aparente, de significado complejo. Para especificar y aclarar muchas cosas tenemos la Sunnah del Profeta Mohammad (s). La Sunnah del Profeta (s) son sus actos, sus palabras, sus omisiones, sus aprobaciones. El mismo Corán nos ordena obedecer al Profeta Mohammad (s), "porque no habla por capricho" (Sura an-Naym, 3) y porque en él "tenéis un bello ejemplo" (Sura al-Ahzab, 21).

Los sabios islámicos que se encargan de exponer de manera sistemática las enseñanzas del Corán se llaman mufassirin. Ellos, con su conocimiento de la lengua árabe y la Sunnah del Profeta (s) pueden indicarnos muchos de los aspectos del Libro de Allah en libros llamados de Tafsir.

Eso no quita que cada musulmán tenga que leer, que aprender, preferiblemente de memoria, que escuchar a diario el Corán. Para aumentar su comprensión, además, puede consultar los libros de Tafsir.

Es muy importante para el musulmán esta relación diaria y directa con la Palabra de Allah, reflexionar sobre ella, sobre los ejemplos que nos da. Esto necesariamente debe ir acompañado de un aprendizaje de la Sunnah profética, y estas enseñanzas tienen que vivirse para ser reales. La forma de vida que demanda la naturaleza innata del hombre (fitrah) está toda contenida en el Corán y la Sunnah.

Formas de conocimiento

El conocimiento humano tiene varias formas de expresarse. Hay un conocimiento experimental, derivado de los sentidos; otro racional, derivado de la reflexión abstracta; otro devocional, derivado de los actos de ‘ibadah; otro espiritual, derivado de la intuición y el desvelamiento de las realidades superiores.

Cada modo de conocimiento tiene unas ciencias asociadas y una cosmovisión concreta. Si lo que deseamos es una clarificación de nuestra vida religiosa y un estudio profundizado del Islam, es evidente que tenemos que desechar el conocimiento experimental, ya que este está limitado a las cuestiones de índole estrictamente "material": lo que se ve, se toca, se huele, se mide, se pesa, lo que estudia la física, la química o la biología. Aunque estos conocimientos pueden sernos útiles si estudiamos algún tema de fiqh, por ejemplo para determinar lo que hay que pagar de zakat o si un colorante es haram o halal.

Quedan las otras tres vías, la racional, la devocional y la espiritual. No son tres realidades independientes, tres compartimentos estancos. de hecho, podríamos añadir el conocimiento experimental, ya que todos estos conocimientos están fundados en la realidad multidimensional de la existencia. Pero por convención separaremos estos tres modos de conocimiento.

El conocimiento racional –que no racionalista, exageración esta de la racionalidad desarrollada por el materialismo- es fundamental en una primera aproximación al Islam. Primero Allah nos incita a creer, a tener imán. Y para creer en multitud de aleyas Allah nos dice que reflexionemos en Sus señales, en las señales que ha puesto en el mundo, en el hombre. De ahí nacerá el yaqín, la certeza. Este creer racional, y la razón es uno de los mayores dones que Allah ha dado al hombre, una huyya (prueba) da paso al conocimiento devocional. Si creemos en el Islam practicamos. La práctica islámica correcta y aceptada por Allah es la que surge de la creencia en ella. Si no creemos en Allah, Su Mensajero (s), sus Libros, sus Profetas (P), los ángeles, en Yaum al Qiyamah, ¿de qué serviría hacer salat? ¡Sería hacer gimnasia! ¡Naudhu billah!

Por lo tanto la creencia nos impele a la práctica. Y de los actos de adoración obtenemos una fuente de conocimiento. A través de la ‘ibadah se conocen muchas realidades. Y cuando hayamos llegado a un grado de imán y de ‘ibadah, y sólo entonces, podremos acceder al conocimiento espiritual.

Esta forma de conocimiento tiene que estar asentada en las otras dos, ya que por estar basada en desvelamientos interiores y en la intuición está muy sujeta a errores y a las trampas de Iblís. Tiene sus reglas, y estas reglas están basadas en el Corán y la Sunnah. Si no, se trata de algo desviado.

Purificación del nafs y vida interior

Todos nosotros tenemos una vida aparente y una vida interior. De la gente vemos lo que hace, lo que dice, a veces vemos traslucir sus intenciones con sus palabras, sus gestos, sus actos. Lo que anida nuestros corazones, como dice Allah en su libro, sólo lo conoce Él. Nadie puede arrogarse el poder de conocer los corazones y las intenciones de los demás excepto Él.

Una de las obligaciones del musulmán es purificar su nafs (ego, alma), ya que Allah se lo ha dado para que lo utilice bien. En el Corán aparece esto de forma clara, "Y por el alma (nafs) y Quién le ha dado forma armoniosa/ instruyéndole sobre su propensión al pecado y su temor de Allah/ ¡Bienaventurado quien la purifique! ¡Decepcionado, empero, quien la corrompa!" (Sura ash-Shams, 7-9).

Los medios de la purificación del alma están claramente definidos en el Corán y la Sunnah: abstención de aquello que Allah prohíbe, hacer buenas obras, realizar actos meritorios de ‘ibadah, autocontrol, recuerdo de Allah...

De forma explícita muchas de las santas aleyas del Corán icluyen prescripciones acerca de prácticas espirituales directamente, como la contemplación y la meditación, la autovigilancia, el recuerdo de Allah, las vigilias de adoaración, la sinceridad de intenciones, llorar por Allah.

Además este camino de la purificación del alma, en su vertiente interior, es algo que nos acerca a Allah. El Corán expesa esto así: "Les mostraremos nuestros signos fuera y dentro de sí mismos, hasta que vean claramente que es la Verdad. ¿Es que no basta que tu Señor sea testigo de todo?"(Sura Fussilat, 53). Dijo el Profeta Mohammad (s): "Quien se conoce a sí mismo conoce a su Señor". Todo lo que existe en el mundo espiritual puede ser reconocido y comprendido por los factores que yacen en lo más profundo del ser humano.

Hay ciencias islámicas que estudian cómo purificarse interiormente, como el ajlaq (ética) que estudian el adab (comportamiento) del musulmán, las virtudes con que se debe dotar, etc. El tasawwuf (sufismo) también estudia esta purificación del nafs (tazkiyya an-nafs) pero desde un ángulo particular, proponiendo un método determinado que supone una progresión, de estado en estado hasta llegar a un estado de aniquilación del nafs en Allah.

Opiniones contrarias al sufismo entre los musulmanes

Antes de seguir, tenemos que decir que en el Islam no todo el mundo acepta el sufismo o lo ve desde el prisma que lo hemos expuesto. Hay reticencias por parte de muhaddithun, sabios transmisores de ahadith (y entre estos especialmente la gente de Ahl al-Hadith, y modernamente la Salafiyya), por parte de los modernistas –grupo de reformistas que pretenden un retorno al Corán y la Sunnah con una lectura nueva-, y por parte de otros grupos de musulmanes que ven con recelo ciertas prácticas sufíes.

Lo cierto es que hay dos aspectos diferentes del sufismo, que como analizó el sabio iraní Motahhari, merecen un análisis riguroso. Uno de estos aspectos es el aspecto teórico, o sea, en qué está basado el sufismo. A partir de ahí analizaríamos las obras de grandes sufíes como Rumi o Ibn ‘Arabi, que a pesar de todo, y quizá por su complicado vocabulario, despierta unas grandes suspicacias entre los mohaddithun y algunos alfaquíes.

Otro aspecto es el social. Es el que representa la multiplicidad de turuq (plural de tariqah), su colorido, la veneración al Sheij y lo que implica en ciertas sociedades, especialmente las áreas más tradicionales del subcontinente indopakistaní, África del Norte y Subsahariana.
    Este aspecto es el más contestado actualmente por la juventud musulmana en estos países, especialmente entre los más activos en el da’wah y en la corriente salafi. Desde este punto de vista las turuq son acusadas de mantener desigualdades sociales, de esconder, en el caso de Pakistán relaciones feudales, o pingües negocios como en el caso de África Negra, acusaciones que en ciertos casos son verdaderas y están fundadas en la realidad.

Otro aspecto de lo que acabamos de decir, y que es fuertemente contestado por muchos sectores, no está limitado sólo a ciertas zonas tradicionales de Asia y África, es algo que también se conoce en España. Es la cuestión de la sumisión al Sheij. Uno de los métodos del sufismo para purificar el nafs es la autohumillación y la sumisión al Sheij. Significa rebajarse ante el Sheij en aspectos personales, directamente conectados con la educación espiritual o en las cosas más cotidianas. La verdad es que en el Islam, no hay que humillarse ante nadie excepto ante Allah porque a él es al único a Quien hay que pedir. Allah hizo a los hombres iguales. Todos somos hijos de Adán, y como dice el Corán tenemos que recordar cuando no éramos sino una gota de esperma, y que estamos hechos de barro. Por lo tanto, si uno se autohumilla ante alguien es porque piensa que esta persona es más que él (digo "ser" más que él, no tener más conocimientos o tener más taqwa) . Esto significa que te humillas ante él por su poder, por su maqam (estadio espiritual), luego adoras o a él o a su maqam. Como resultado sitúas a esta persona o a este maqam como digno de ser adorado, y la adoración en el Islam es sólo para Allah. Lo contrario es shirk (asociar compañeros a Allah). Uno que se creyó más que los demás es Iblís. El honor de una persona en el Islam no es lo mismo que el nafs egoista. El Corán no dice que la autoestima sea autoadoración, vanagloria o egoísmo. Es algo que Allah ha entregado al hombre para que lo utilice en su justa medida, es un fundamento de la justicia y el derecho, de la convivencia en la sociedad y un elemento más en el camino hacia Él. Esto es la visión islámica correcta sobre este punto, como lo sanciona Allah en el Corán: "... Pero el poder (honor) pertenece a Allah, a Su Enviado, y a los creyentes. Los hipócritas, empero, no saben" (Sura al Munafiqun, 8). Dijo Raulullah (s): "Pedid la satisfacción de vuestras necesidades de manera digna. No es correcto mendigar porque mendigar degrada a la persona". Podemos recordar muchas más cosas de nuestro Amado Profeta (s) sobre el respeto a los que lo rodeaban. No humillaba a nadie para pulirle el nafs. Incluso su sirviente nos ha dejado un hadiz en el que dice que en todos los años que le sirvió nunca hubieron quejas, malos tratos, humillaciones, gritos. Nos preguntamos, ¿acaso el Profeta del Islam (s) no fue el más grande maestro que ha tenido el Islam?. Entonces, ¿qué poder se puede arrogar cualquier persona para humillar a las demás aunque sea para fines pretendidamente espirituales?. Evidentemente no se arrogará nada que haya dicho Allah y Su Profeta (s). Será su invención.

Dicho esto, añadiremos que el adab del musulmán es respetar a los sabios, a la gente de conocimiento. El respeto, por tanto, tiene que ser tanto para el Sheij como para el murid, en la manera como el Islam dice que hay que respetarse. Lo contrario sería bida’a (innovación en materia religiosa), y la bida’a lleva a salirse del Islam.

Este artículo no está pensado para cargarse al Tasawwuf, pese a las precisiones que podamos hacer.

El punto de vista que mantenemos en este artículo es:

  1. estudiar si toda la espiritualidad islámica está contenida en el tasawwuf, y
  2. estudiar el nivel y las motivaciones del tasawwuf en Europa.

El tasawwuf visto por los no-musulmanes

También aquí diferenciaremos entre los no-musulmanes que van de buena fe y los orientalistas, misioneros, y otros males.

Como Ahmad Ghorab explicó en su libro "Subvertir el Islam", traducido al español en Argentina por Abu Dharr Manzolillo, los intereses que en Occidente se oponen al Islam utilizan la fachada de "Estudios Orientales" o "Estudios Islámicos" (que nada tiene que ver con nuestra Associació Catalana d’Estudis Islàmics, entidad cultural que tiene por fines el estudio del Islam a partir del Corán y la Sunnah, la preservación y propagación del mismo y la relación entre la cultura catalana y el Islam) para desarrollar una guerra ideológica desde posiciones "intelectuales" contra el Islam. Estos "estudios" han conseguido atraer a unos sectores de jóvenes occidentalizados de países musulmanes, a una parte de la juventud europea, "tradicional" y "esotérica". Estos "intelectuales" orientalistas en sus obras han querido desdibujar el Islam. Para hacerlo, se han servido de una estrategia muy vieja, la de "divide y vencerás". Han cruzado zanjas en el interior de un Islam diseccionado con su retórica, y han desarrollado el viejo argumento de los predicadores dominicos que pintaban al Islam como una religión sensual, de bárbaras pasiones con efusión de violencias diversas. Esta caricatura se perpetúa de diversas maneras en varios ámbitos occidentales. Pues como decíamos, esta gente defiende que el Islam no es capaz de profundidad espiritual, o como mucho, ésta existe sólo en el sufismo, que es espiritual por heterodoxo. También dicen que el sufismo nace de los persas, los turcos, los negros africanos, los musulmanes no-árabes en definitiva, como reacción a la sequedad y la torpeza religiosas de los árabes y a la intransigencia de la Ley islámica y sus sabios.

También hay los no-musulmanes de buena fe que no acaban de comprender la ubicación del sufismo en el Islam, quizá al estar limitados por los esquemas de su propia cultura o religión (cuando la tienen).

Los musulmanes españoles y el tasawwuf

Como contestación a la sociedad racionalista en la que vivimos, absolutamente materialista, se ha dado entre los musulmanes españoles un interés muy grande por el sufismo, ya que en la visión de muchos es "la" espiritualidad islámica. Claro está que otros factores han influído en ello, entre ellos los individuales. Citaría también el carácter mediterráneo y latino, cultivado por el catolicismo popular, que es en lo religioso y en lo espiritual más sentimental, más vinculado con la parte emocional del ser que con la lógica.

La mayoría de musulmanes españoles que son activos en las comunidades islámicas, que escriben sobre Islam, que traducen, que editan revistas han pasado por un momento sufí o están en él. Y éstos son los que crean opinión y dan la imagen del Islam al exterior.

El contraste es fuerte si nos vamos a otros países europeos, donde predomina entre los musulmanes europeos una visión más "salafi" del Islam.

Precisamente este artículo está pensado para los musulmanes españoles. En Inglaterra o en Alemania no tendría sentido. Allí los musulmanes ingleses o alemanes expresan su Islam de otras maneras.

El sufismo con el que nos hemos encontrado los musulmanes españoles es un sufismo práctico, devocional, de tariqah. No es el sufismo de la metafísica que encontramos en los autores clásicos.

El camino de en medio

El Islam es el camino de en medio. Es el equilibrio entre lo espiritual, lo moral, lo material. Al contrario del Hinduismo, del Budismo o del Cristianismo en el Islam no se le dice a nadie que renuncie a la vida familiar, a la prosperidad económica, no hay que dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, sencillamente porque todo es de Dios.

A pesar de esta verdad, en el Islam ha habido siempre diversidad de puntos de vista en muchas cuestiones. En la ciencia del kalam, por ejemplo, se formaron hace siglos los madhahib de la Asha’riyya y la Mu’taziliyya, y uno de los puntos centrales de su discordia fue el papel de la razón en el Din. De alguna manera representaban actitudes extremas, aunque con el tiempo se fueron acercando.

Modernamente, sobre todo después de los movimientos de reforma islámica que se dieron en todo el mundo islámico, el sufismo fue rechazado por los movimientos de renacimiento islámico y algunos juristas. Se dice que la antítesis del sufismo es la Wahhabiyya, pero un análisis más profundo nos muestra a gente que en absoluto son Wahhabis, como muchos juristas iraníes, en la revolución del 79 iban por los pueblos buscando sufíes y cerraron muchas de sus zawiyas. Estos sectores acusaron a los sufíes de no tener una práctica islámica correcta y de ser complacientes con el poder.

Hay movimientos que mantienen una visión poco favorable al sufismo pero que nunca han escondido sus conexiones con él. El Imam Hassan el Banna, el líder de los Hermanos Musulmanes inicialmente perteneció a una tariqa, y hasta el fin de sus días recitó sus letanías. En Marruecos, la yama’a de Al Adl wal Ihsán distingue entre sufismo sunni y sufismo de bida’a. Su líder, Sheij Abdeslam Yassine, dice "debo todo lo que soy a mi maestro sufi" en su libro "LIslam à lheure de la révolution". La yama’a del Tabligh en el subcontinente indopakistaní mantiene el dhikr en grupo y Maulana Ilyas, su líder, también tenía estrechas conexiones con el sufismo.

Igualmente desde el sufismo se ha entrado en la esfera social en varias épocas y lugares. Los Sanussis lucharon contra los italianos en Libia, Abd-el-Qader, gran espiritual y seguidor de Ibn Arabi, contra los franceses en Argelia, Alhadji Omar Tall y la Tiyaniyya en Senegal y Mali lucharon contra los reyezuelos apoyados en las viejas idolatrías africanas y los invasores franceses, modernamente hemos visto los ecos del Imam Shamil en la lucha chechena contra los rusos. Esto es normal si sabemos que el primer modelo de sufi fue el de santo-guerrero, y los puntos desde donde se irradiaba eran los ribat, ciudadelas militares que defendían los límites de Dar al Islam.

Esta es la comprensión verdaderamente islámica: combinar el combate espiritual, contra el propio nafs, con el social, contra los males de la sociedad.

Otras formas de espiritualidad islámica, que no trataremos aquí, son las asociadas con ciertos gremios de artesanos en las ciudades tradicionales o la caballería espiritual, todavía existente en algunos países del Asia Musulmana.

En España no hay invasores ni estamos en guerra con nadie. Pero los musulmanes debemos aprender a no encerrarnos solo en lo espiritual, tomando el Corán y la Sunnah por bandera y reformando la maltrecha comunidad islámica, tan enferma de sectarismos, odios, egoísmos, envidias, ignorancia, ataques a personas, politiqueos.

¿Cómo nos atreveremos a quejarnos o a reclamar al Estado derechos que tenemos cuando les demostramos a cada paso que somos incapaces de llevarnos bien entre nosotros? ¿Qué haremos si nos dan una brizna de poder? ¿Corrompernos? ¿Dificultar nosotros mismos el futuro del Islam en este país?

La construcción de uno mismo

El mismo Profeta Mohammad (s) dijo que "No he sido enviado a vosotros sino para perfeccionar vuestro carácter". Esta motivación, la perfección interior, la tazkiyya an-nafs, es vinculante para todos los musulmanes, sean del grupo, tendencia o escuela que sean. El tasawwuf propone un método progresivo, dirigido por un Sheij y bajo la influencia espiritual de un walí , quien a través de una sílsila (cadena) se vincula a Rasulullah (s). ¿Es éste el único método? No. ¿Quién dice que un alfaquí, con sus estudios de fiqh, no pueda aprehender un conocimiento islámico conducente a la purificación interior? ¿Por qué dudar de la sinceridad interior de alguien que no practique el tasawwuf? Zaynab al Ghazali, por ejemplo -que por su formación es más bien salafi-, en su obra "Return of the Pharaon" nos cuenta sueños en los que se encontró con el Mensajero de Allah (s), como narran Ibn Arabi y otros sufíes. ¿Acaso dudáis de la sinceridad de esta señora que lo ha dado todo por el Islam?

Quien es sincero en su intención, correcto en su práctica y se abandona a Allah está en el camino espiritual del Islam, se ponga la etiqueta que se ponga, sea blanco o negro, hombre o mujer.

Divisiones artificiales

Hace unos años, en la Universidad Islámica de Al-Azhar se formó el Grupo para el acercamiento de las escuelas jurídicas islámicas, compuesto de sabios pertenecientes a varias escuelas islámicas. Aunque su objetivo era encontrar la unidad entre las madhahib jurídicas, una de sus conclusiones nos sirve a nosotros:

"Se han puesto de acuerdo en el hecho de que el musulmán es aquel que cree en Allah como Señor, en Muhammad (s) como Profeta y Apóstol, tras el cual no hay profeta ni apóstol, el Corán como Libro, la Ka’abah como qiblah y Casa Sagrada, en los cinco pilares conocidos, en la Resurrección y en la necesidad de seguir lo que es necesario en la religión".

Los que crean esto son musulmanes, como lo dicen las autoridades islámicas. Los que crean esto, sean sinceros en sus intenciones, practiquen el Islam, purifiquen su nafs (utilizando el método que utilicen), in sha Allah, llegarán al punto en que entre ellos y Allah se descorra el velo.

Si no siguen los medios del tasawwuf no serán sufíes, pero serán musulmanes que se habrán purificado, y lo obligatorio en el Islam es esto. Lo otro, en cualquier caso, es opcional y voluntario.

Pasos

De todas maneras, antes de iniciar un compromiso fuerte como el que implica una práctica sufí (si ésta es auténtica), hay cosas que uno tiene que haber superado. Tiene que alejarse de las cosas que son haram, tanto si sólo afectan a él como si afectan a otros, tiene que controlar su imaginación para impedir que las sugestiones satánicas lo extravíen, sugestiones como la vanidad, la ostentación, el dogmatismo, la envidia, el hablar mal de los demás, etc.; tiene que reflexionar sobre la Misericordia que Allah ha derramado sobre nosotros, tiene que reforzar su fuerza de voluntad, tiene que conocer lo básico del Islam y una práctica impecable.

En una conversación en las puertas de una mezquita, mi hermano Abdullah me dijo: "En estos días en la Ummah hay una falta total de Rahma. Esto lo he visto en los países que he visitado y lo veo aquí entre nosotros". Estas palabras han quedado grabadas en piedra en mi memoria. ¡Cuánta razón tiene mi hermano!. Todos sabemos que -con condiciones- Allah acepta la taubah, todos queremos que nos perdonen, pero a la hora de la verdad no hacemos más que sacarnos los ojos unos a otros y de creernos los más puros y los escogidos, parte de una raza de nuevos Hijos de Israel, ya sea por ser mutasawwifun, ya sea por ser contrarios al sufismo. El Sagrado Corán sanciona duramente esta actitud destructiva: "Muhammad es el Enviado de Allah. Quienes están con él son severos con los incrédulos y compasivos entre sí" (Sura al Fath, 29). Una precisión: los "incrédulos" (kuffar) a los que se refiere la aleya no son nuestros vecinos, el panadero de la esquina o los compañeros del trabajo que son cristianos. Son aquellos que consciente y deliberadamente actúan en contra del Islam y los musulmanes. No es una llamada al mal comportamiento y la falta de respeto hacia los no-musulmanes como entienden algunos.

No sólo en esta aleya Allah nos habla del perdón hacia los hermanos y los humanos en general. En Sura Taghabun, aleya 14, se nos dice: "...pero si sóis indulgentes, si sóis tolerantes, si perdonáis, Allah es Indulgente, Misericordioso". Esto da una profundidad mayor al perdón mutuo: que Allah nos perdone, que manifieste su Misericordia hacia nosotros depende de que perdonemos y seamos misericordiosos con los demás. Lo de los musulmanes no es como lo de los partidos políticos, con sus peleas, ni como la costumbre de la Inquisición, que colgaba sambenitos a los herejes.

El hombre del Islam es completo. Es "león de día y monje de noche" en palabras de un sufí, Rumi, en su libro "Mathnawi". No se trata de aislar la vida espiritual del resto, ni privilegiar la acción y olvidar el imán y la devoción. El salat, por ejemplo, que es "el mi’ray del creyente", es mejor si se hace en yama’a, es decir, en grupo. Establecer el salat en un lugar, que es obligación de los musulmanes, implica que haya una yama’a, una comunidad, que se recen las oraciones conjuntamente, que haya una autoridad (emir, imam, o como se quiera) que sea el centro de vida social. A partir de este establecimiento de salat, se hacen clases para los niños, encuentros de mujeres, los creyentes se enseñan el Corán y las leyes islámicas entre ellos, se establece la consulta (shura) para los asuntos comunes, la nasiha (consejo) para quien lo precisa, algunos ponen comercios de carne halal, de ropa, de objetos devocionarios... El Islam es así. Ni encerrarse permanentemente en lo espiritual ni la acción por la acción. Cualquier grupo de musulmanes que se una para el Islam que no contemple los aspectos interiores, de devoción y comunitarios, es incompleto.

Creo que nuestro deber está en fijarnos como meta personal ser mejores cada día, en no traspasar los límites que nos ha puesto Allah (cada día habría que hacer intención de ello), suplicar a Allah para que acepte nuestras obras y nos ayude en nuestro esfuerzo interior. Éstas son las raíces de un árbol fuerte, llamado imán, y que da como frutos unas obras, que son en lenguaje coránico "’amalu salihat", buenas obras. Si no hay raíces, no hay árbol, y menos, frutos.

Wa-l-hamdulillahi rabbi-l-alamín.


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