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La Unión Europea y el Tercer Mundo

15/05/1998 - Autor: Abdelkáder Muhámmad Ali
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En primer lugar habría que empezar diciendo que la denominación "Tercer Mundo" es una denominación a todas luces no muy afortunada dado que, como apunta Roberto Mesa, es una denominación claramente "arbitraria" y que engendra una concepción peyorativa que aparece tras los procesos de descolonización europea que, dicho sea de paso, origina a posteriori toda una doctrina neocolonial e imperialista, es decir la continuidad del colonialismo a través de otros métodos. Como la soberanía política que, salvo en excepcionales ocasiones, no iba íntimamente ligada a la soberanía económica.

Pero a todas las causas del atraso de los países del bloque llamado "Tercer Mundo", es decir, a las causas de la dictadura, el burocratismo, la corrupción, etc., hay que añadirle una causa, quizás la más importante y posiblemente la menos mencionada y que según los expertos es la causa fundamental del subdesarrollo del "Tercer Mundo": esta es la deuda externa.

En todo caso hay que reconocer que el susodicho "Tercer Mundo" no es monolítico, "hay muchos Tercer Mundo, que van desde las tribus del Amazona, hasta los países productores de petróleo". Es harto evidente que esta diversidad siempre ha sido ignorada interesadamente por el Norte desarrollado. Para sus intereses era/es mucho más rentable arbitrar una política común a todos los países tercermundistas. Y esa diversidad en el "Tercer Mundo", como es sabido, no atañe sólo a la variedad en los niveles económicos y de desarrollo, sino también, a su diversidad cultural. Sin lugar a dudas, una de las mayores potencialidades del Sur es precisamente su diversidad y riqueza cultural. Por esta razón, la recuperación de la soberanía económica adquiere tanta importancia como la recuperación de la propia identidad cultural.

Los conceptos como africanismo, arabismo, americanismo, como es sabido, se apoyan en términos basados en el acervo cultural y no son sólo términos geográficos como el neocolonialismo ha querido imponer. Estos términos designan proyectos políticos concretos basados en gran medida en sus propios substratos pero que, lamentablemente, la incidencia del colonialismo y del neocolonialismo ha neutralizado en gran parte. De ahí también que el despertar del mundo musulmán, derivando hacia su propio modelo cultural de sociedad, sea visto como un peligro al que hay que combatir implacablemente.

A este último caso, referente al despertar del mundo islámico, se le está dando el trato informativo oportuno para ir preparando a la opinión pública para una posible intervención militar en determinados países musulmanes, como apunta el argentino Pedro Brieger, experto en temas referidos al mundo musulmán.

En este orden de cosas hay algunos datos que convendría tener en cuenta. Según publicaba Le Monde Diplomatique en 1993, de cada tres barriles de petróleo exportado, más de uno proviene de los países árabes, y se estima, según éste periódico, que en el año 2000 será casi uno de cada dos, es decir, el 50 % de las exportaciones de petróleo las harán los países árabes. Esto explica en gran medida la obsesión de hacer aparecer a los musulmanes como verdaderos enemigos de Occidente, teniendo en cuenta que los países árabes son de mayoría islámica y que en sus subsuelos existen las principales reservas de petróleo.

Yo creo que este dato es decisivo para comprender las últimas intervenciones militares de EE.UU. en el Golfo Pérsico y en Somalia. En este último país, también con importantes yacimientos petrolíferos, se disimuló la intervención aduciendo causas humanitarias. Más tarde, distintos medios de comunicación revelaron que casi dos tercios del territorio somalí fueron entregados a los gigantes petroleros norteamericanos: Conoco, Amoco, Chevron, etc.

Pero volviendo a la reflexión inicial, aunque se dice que, en teoría, las hegemonías culturales hace tiempo que dieron paso al sincretismo cultural, a la diversidad y por ende a la tolerancia, observamos cómo a la hora de la verdad los patrones culturales del Norte son los que se imponen como avanzadilla del sometimiento económico y político.

En las diversas cumbres de países no alineados, la mayoría de los países del "Tercer Mundo" han venido propugnando el único camino válido para la paz concretado en el desarme, la justicia económica, la solución pacífica de los conflictos existentes y, lógicamente, la condonación de la deuda externa. Aunque también hay que decir que precisamente son los países tercermundistas los que se han consagrado con más fidelidad a los principios contenidos en la Carta de las Naciones Unidas.

Finalmente, es oportuno recordar que en esta Europa de los quince están prácticamente todos los antiguos colonialistas. A saber: están los pioneros, España y Portugal; están los grandes imperios: Inglaterra, Francia, Holanda y Bélgica y, claro está, están también los antiguos colonialistas más rezagados: Alemania e Italia. A pesar de ello, de esta realidad histórica, en los acuerdos de Maastricht no hay más que 16 líneas dedicadas a la definición de las relaciones con el Tercer Mundo (apartado XVII, artículo 130, letra U, modificado en el nuevo Tratado de Amsterdam por el artículo 177). Se recogen buenas palabras sobre su desarrollo, sobre la lucha contra la pobreza, y la tesis central: inserción de los países en vías de desarrollo en la economía mundial, es decir, precisamente en lo mismo que los mata.

La sociedad internacional y, sobre todo, la UE, si de verdad pretende dar paso a la esperanza, es decir, a la libertad y a la justicia, ha de hacer realidad algunos principios incuestionables que a mi juicio son:

-Descolonización absoluta.
-Reconocimiento de la diversidad cultural.
-Nuevo orden económico y no la farsa que se ha impuesto tras la guerra del Golfo Pérsico.
-Cese de la penetración ideológica y militar. 


Si a estos principios les pudiéramos añadir la posibilidad de ayudar al "Tercer Mundo" a encauzar su propio desarrollo y progreso, sería casi un alarde de responsabilidad. Sin embargo, lamentablemente, la dura realidad nos demuestra que el denominado "Tercer Mundo", en nuestros días está más amenazado que nunca por los intereses de los países del Norte. Los acontecimientos recientes en el mundo evidencian que el egoísmo del Norte no tiene límites.


Abdelkader Muhammad Ali es diputado por Melilla en el Parlamento Europe
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