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La globalización y la vida espiritual

26/04/1998 - Autor: Redacción Webislam - Fuente: Webislam
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Los mercados son transnacionales, los intercambios, comerciales primero y culturales después, se realizan a nivel mundial, las estrategias de desarrollo se planifican en grandes bloques continentales ¿cómo afecta este proceso de mundialización a la vida espiritual de los pueblos? ¿qué reductos favorecen aún su pervivencia?

Cada sociedad intenta meter baza en un juego en el que sólo hay ganadores y perdedores y que se desarrolla en un terreno de juego universal. Bajo la influencia de la tecnología que multiplica la velocidad de los intercambios, el espacio se reduce y el tiempo se acelera; cuanto más tiempo se gana, mejor.

Un mundo sin fronteras, sin referencias. La mundialización es un estado de hecho, detrás de ella no hay un proyecto que se intenta imponer. La caída del muro de Berlín ha firmado la condena a muerte de las grandes ideologías que tenían el mérito de estructurar el debate público y de dar un sentido y una finalidad a los actos.

La aceleración de la mundialización y el fin de la guerra fría son los dos acontecimientos que nos han hecho bascular en lo que ha venido a llamarse "el tiempo mundial": "El desarraigo territorial (pérdida de los puntos de referencia nacionales) e ideológico (pérdida de la finalidad) nos proyecta en un espacio planetario sin relieve que aparece sin propósito. A este espacio llamamos tiempo mundial. Un nuevo calendario, una nueva forma de vivir, de percibir y de pensar el mundo, sabiendo que nada será como antes.

Cortados del pasado, privados de horizontes de esperanza, de propósito, los occidentales vivimos al día, en el presente, sometidos al dictado de la urgencia. No hay forma de representación fuera del presente. No llegamos a imaginar el mundo más que a través de la acción inmediata, sin poder responder a la cuestión de hacia qué tipo de sociedad nos dirigimos. La visión de planificación, de visión a largo plazo se ha reemplazado por el análisis de lógicas del proceso que no se sabe bien a donde se encaminan. El futuro se percibe como una fuente potencial de pérdida e incertidumbre: esperar es perder. Se quiere todo de golpe.

Hugues de Jouvenel, director de la revista Futuribles explica: "Las ideologías materialistas suscitan ciertos sueños, empezando por el que consiste en comprarse un coche de cuatro caballos, mañana uno de seis y así sucesivamente. Con la decadencia de las ideologías europeas, estos sueños se han hecho trizas y esta ruptura se vive peor cuanto más se ha creído que ´mañana será mejor´. No hay nada que hacer, el mañana es igual de feo. La desilusión es muy fuerte. Y esta angustia es un terreno propicio para comprar ideología barata, adherirse a una secta o a movimientos racistas y fascistoides.

El progreso no nos ha hecho mejores, no ha impedido las guerras ni las masacres, no ha erradicado las epidemias ni la miseria, el mundo sigue teniendo hambre y frío. Sin embargo, nadie se atreve a cuestionar los progresos –con p minúscula– que han mejorado considerablemente nuestra existencia (la bombilla eléctrica, el motor de explosión, el avión, los anticonceptivos, la aspirina, el ordenador, el CD-Rom, etc.) Y aceptamos mal la idea de cuestionar estos avances en nombre del Progreso.

No es el fin del mundo, pero es el fin de un mundo, del nuestro.

De un modo imperceptible, la desconfianza ha cristalizado sobre la punta de lanza de esta ideología del Progreso, la ciencia, la gran proveedora de los temores de este fin de siglo. A propósito de la genética hay un temor profundamente metafísico, el temor de violar lo que constituye el orden natural. Pero también está el temor de lo que se va a hacer de nuestros genes y lo menos que podemos decir, a pesar de las garantías y buenas palabras de los científicos, es que esperamos lo peor.

Esto peor hará reflexionar a nuestros herederos el siglo que viene acerca de las razones del desmoronamiento de occidente. Leyendo los análisis de nuestros sucesores, en un voluminoso e intrincado informe, veremos que el gusano estaba ya en la fruta desde hacía mucho tiempo. Según el filósofo Pierre Thuillier: "Esto remonta a la edad Media, cuando pasamos de una sociedad feudal, rural, dominada por la preocupación de salvar el alma, donde el saber dominante era la teología, a una sociedad urbana, dominada por los comerciantes que, carentes de ideas políticas pero ávidos de seguridad y dinero, han sido desde el principio los aliados de la técnica: han mantenido una visión práctica de la naturaleza como un conjunto de recursos para explotar."

Los comerciantes, mano a mano con los ingenieros y técnicos, diseñan un proyecto que tiene a la ciencia como motor. Consiste en hacer del hombre el dueño y poseedor de la naturaleza. Poco a poco se van eliminando de ese gran proyecto todos los saberes, todos los valores, las creencias, las filosofías que no les sirven. Es el nacimiento del colonialismo.

El espíritu científico que prevalece en nuestros días, manifiesta un gusto obsesivo por la racionalización cuyas víctimas son los parados y los marginados. No es la ciencia la responsable sino toda una sociedad organizada. No se trata de estar a favor o en contra de la ciencia sino pro o contra toda la cultura que ha inventado esta ciencia.

En el debate suscitado por los clones no es la mecánica cuántica ni la física nuclear lo que se discute sino un sistema global, con sus valores, sus instituciones, sus ideales donde la ciencia ocupa una posición central, porque no ha fallado en tanto metódica investigación del saber.

La utopía tecnocrática, que puso en auge la ciencia-ficción, nos deja huérfanos de una gran idea, de un gran diseño colectivo que movilice nuestra energía y nuestra imaginación, de una creencia trascendente en Dios que nos impulse a hacer el bien y evitar el mal, derivando de ella una utopía humanizada y humanista. El discurso público sólo hace referencia a los medios: ´sed más competitivos, ahorrad, etc.` Está en manos de quienes controlan la gestión. No hay discurso sobre los fines o sobre el deber. Pero, es imposible enamorarse de una moneda, de una tasa de crecimiento o de la economía mundial.

Esperando a Godot, existen algunos paliativos para aliviar las angustias que provoca esta falta de futuro: "En la base del sistema hay una serie de convicciones, de valores, de representaciones mentales que podemos hacer evolucionar. Esto ocurre en las asociaciones, esas microsociedades en cuyo seno las personas resisten, intentando a través de la experimentación, crear nuevas prácticas y construir nuevos ideales. La gente se refugia en estas microsociedades para no volverse loca. Una persona que alcanza su plenitud nunca está sola y un movimiento de expansión implica una colectividad."(Pierre Thuillier).

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