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¿Un club cristiano?

16/12/1997 - Autor: Lluís Foix - Fuente: La Vanguardia
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Turquia tiene derecho a que se le diga claramente si es europea o ha de ser oriental para siempre

La Unión Europea ha decidido una ambiciosa ampliación que incluiría a diez nuevos socios europeos y a Chipre. Es una consecuencia lógica tras la caída de las fronteras ideológicas y políticas al fin de la guerra fría y con la reinstauración del Danubio como verdadera espina dorsal de un continente que tiene raíces, historia y civilización comunes. Hasta aquí todo tiene un gran sentido.

Muchos de los nuevos aspirantes no habían ni siquiera sospechado hace sólo diez años que estarían en la lista de espera del gran club europeo. La historia da estas sacudidas, muchas veces ajenas a los propios sentimientos y ambiciones de los ciudadanos involucrados. Pero en estas intenciones de apertura de los Quince se reserva una gran ausencia: Turquía, que lleva más de treinta años solicitando el ingreso en la Comunidad primero y ahora en la Unión Europea.

Se exige a Turquía reformas políticas y económicas internas con el fin de que pueda homologarse en cuestión de derechos humanos a los demás países europeos. La exigencia, cuando menos, parece muy rígida, y los turcos interpretan que no se trata de una homologación, sino de una discriminación por un hecho tan simple como el de no reconocer a Turquía como país europeo por lo que no puede entrar en el "club cristiano".

Ninguna autoridad solvente de Bruselas aceptará esta tesis. Ni en el plano económico, ni en el político ni tampoco en el militar. Pero las sospechas existen en Ankara y en Estambul hasta el punto de que los turcos piensan que este es precisamente el motivo de las objeciones a su ingreso en Europa. Puede que así sea. Lo que ocurre es que nadie lo dice claramente porque Turquía no es un país del que se pueda prescindir o que se pueda entregar en manos de aquellos turcos que piensan que la secularización propiciada hace setenta años por Kemal Atatürk fue un grave error. El avance del partido islamista prueba esta teoría.

Turquía es un país occidental desde el punto de vista estratégico y económico. Fue durante decenios el baluarte del flanco sur de la Alianza Atlántica para contener a la Unión Soviética y detener también cualquier avance del mundo árabe hacia Europa. Turquía fue decisiva en la guerra del Golfo contra Saddam Hussein. No intervino directamente en el conflicto de Bosnia a pesar de que la opinión pública turca estaba en condiciones de arriesgarse para ayudar a los musulmanes de la república balcánica. Es también un elemento clave para frenar cualquier expansión de Irán o Siria. Es, por supuesto, un buen aliado de Israel. Pero no es sólo un país estratégicamente situado. Es uno de los mercados emergentes más importantes del mundo y el destino de unos seis millones de turistas europeos. Es un país con sesenta millones de habitantes, la mitad de los cuales pueden considerarse como clases medias que constituyen el décimo cliente de la Unión Europea y el segundo de Rusia. La bolsa de Turquía es la sexta del mundo.

Ningún otro país musulmán, con la excepción de Malasia, funciona tan democráticamente como Turquía y ninguno ha ido tan lejos en abrazar la causa del secularismo. Y a pesar de ello no se le abren las puertas de Europa, que le pone trabas, excusas dicen los turcos, para no aceptar plenamente a un país que está dispuesto a cumplir las líneas generales de los requisitos que exige el club europeo. Lo más inquietante es que estas razones no se esgrimen. Es más, se dice que no son estos los motivos.

Y, mientras tanto, los turcos se impacientan con razón. Si Turquía diera la espalda completamente al modelo occidental o se hundiera, como lo ha hecho Argelia, en una lucha fratricida entre un régimen secularista avalado por los militares y un fundamentalismo islámico beligerante, las consecuencias serían muy graves, también para Europa y para todo el mundo. O se habla claro, se les dice a los turcos que no son Europa, o podemos crear un problema de grandes dimensiones. Y la responsabilidad sería de todos, especialmente de quienes han utilizado a Turquía sin darle nada a cambio.

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