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El islam y la mujer: Proyecto de informe sobre la situación del islam en Europa

15/12/1997 - Autor: Abdelkáder Muhámmad Ali - Fuente: Verde Islam 8
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La necesidad de incorporar a este documento un capítulo exclusivamente referido a la mujer en el Islam viene a ser pertinente por las evidentes controversias que origina debatir en torno al Islam y por la inevitable derivación hacia la discusión de la situación de la mujer en el mundo musulmán, y por ende en el Islam. Aún siendo el objetivo de este documento aportar una visión genérica —si bien en lo posible rigurosa— sobre el Islam desde una óptica acorde con el sentir de uno de los más grandes pensadores musulmanes europeos, cual es Ibn Rushd —Averroes.

En aras de la honestidad en el ejercicio del debate consecuente, no rehuiré —más bien todo lo contrarío— abordar aquellos temas más espinosos que desdichadamente dificultan la fluidez del entendimiento entre esas dos grandes concepciones de la vida: la occidental por una parte y la islámica por otra. Si bien asumo que son concepciones lógicamente distintas, no pienso que sean necesariamente excluyentes. En este sentido, en el de la necesidad de encauzar canales de entendimiento, es vital despojarse de viejos tópicos, prejuicios y medias verdades que configuraron y configuran hábitos mentales ya preestablecidos, distorsionando la verdadera concepción de la realidad, casi siempre más compleja de lo que se tiende a simplificar.

He ahí que la recomendación 1.162 del Consejo Europeo aprobada el 19 de Septiembre de 1991 sea certera y apropiado su cumplimiento por los Estados miembros de la Unión, especialmente en el párrafo numero 6 que dice textualmente:
"6. El Islam, no obstante, se ha mostrado de manera deformada, y continúa siéndolo, por ejemplo, a través de estereotipos hostiles u orientales; los europeos son poco conscientes de que el Islam contribuyó de manera activa y positiva a la cultura europea en el pasado, y también en la Europa actual. Los errores históricos, educacionales, y el análisis simplista de los medios son los responsables de esta situación".

Sin embargo, antes de entrar de lleno en la materia, hay que precisar —para evitar equívocos innecesarios y estériles— que parto de la base de un conocimiento fundado y objetivo de cuál es la situación de la mujer en el mundo musulmán. Nadie puede negar una realidad incontestable, sobre todo cuando ésta se manifiesta con tanta obviedad, referente a la disimulada discriminación a la que han estado y están sometidas las mujeres musulmanas. Discriminación que casi siempre se pretende justificar desde distintos ámbitos de la sociedad, tanto desde la occidental como propiamente desde la musulmana, por una escrupulosa observancia de la ortodoxia religiosa, percepción muy discutible como veremos más adelante.

La discriminación intolerable que sufre la mujer en gran parte del orbe musulmán es una realidad irrefutable, y desde una perspectiva de sensibilidad mínimamente progresista, aparte de la lógica que imponen los Derechos Humanos y la concepción de las libertades individuales que garantizan los sistemas democráticos, sólo cabe el rechazo y la condena de actitudes discriminatorias que en muchos casos llegan incluso a denigrar la dignidad de la mujer.

Aunque a continuación hay que decir que "la verdadera educación islámica no es represora de la liberación femenina", tal cual nos apunta el hispanista Muhammad Chakor 21, que a su vez hace referencia al Corán cuando este dice:
"...en justicia, los derechos de las mujeres con respecto a sus maridos son iguales que los derechos de estos con respecto a ellas."

(Corán 2: 228)
 

En esta misma línea se definiría también Averroes en la configuración de su pensamiento en torno al estatus jurídico de la mujer en el Islam. Su condición humanista y "sus puntos de vista lo muestran como un pensador progresista y defensor de los derechos de la mujer." 21

Averroes, aparte de ser partidario de que la mujer debe de ser oída siempre en la discusión de sus derechos, ya sea en los aspectos sociales más cotidianos como el matrimonio, el divorcio, etc., es partidario también de que la mujer pueda ejercer el cargo de juez, algo revolucionario en la época medieval, no sólo en la sociedad islámica de entonces. Sobre la práctica de llevar velo la mujer, motivo de grandes debates hoy día en determinadas sociedades europeas, ya en su momento adoptó una actitud progresista, ya que si bien recomendaba el recato, "no tiene inconveniente en que la mujer salga con la cara destapada." 23

Pero, como decía al principio, prácticamente es dificil entablar un intercambio de opiniones o un debate sobre el mundo musulmán o más bien sobre el Islam y no desembocar casi irremediablemente en una catarata desenfrenada de aseveraciones de dudosa consistencia concernientes al papel de la mujer en el Islam. La ignorancia extrema, o en el mejor de los casos el gran desconocimiento, alcanzan cotas insospechables. De un tiempo a esta parte, por poner un ejemplo ilustrativo, se publican esporádicamente artículos y comentarios referidos a la ‘crueldad del Islam’ a tenor de las mutilaciones del clítoris de las niñas.

Aseveraciones de estas características se han dado inclusive en algunas iniciativas de algún que otro diputado del P.E. Claro que si se hubiera hecho una mínima indagación se habría constatado que:
"La mutilación del clítoris de las niñas no es en absoluto una costumbre islámica, más bien el Islam rechaza de plano esta práctica sino muy anterior y de origen africano, que se practica sólo en aquellos países árabes tradicionalmente relacionados con el África subsahariana como Egipto, Sudán y Yemen".24

No obstante, en puridad, las desigualdades entre los sexos no son exclusivas del mundo musulmán. Las estructuras patriarcales son prácticamente una constante en todas las sociedades del Mediterráneo. Si bien hay que recordar que:
"La reclusión de la mujer se remonta al gineceo griego, se continuó en el período bizantino y fue imitada por los abbasíes como signo aristocrático para diferenciar a las mujeres de la corte, cuyo espacio era el palacio, de las plebeyas que se desenvolvían en las calles para realizar tareas impropias de la nobleza como compras, mercado... Posteriormente el harén se interpretó como una medida para proteger la castidad femenina." 25

En lo que respecta al patríarcado, en cualquier manual al uso podemos hallar la explicación que dice que estas sociedades patriarcales se han definido por dos principios: Primero, que la mujer debe de estar bajo dominio del hombre, y segundo, que los jóvenes están supeditados al dominio de los viejos. A tenor de esto, la mujer estará limitada a desempeñar la responsabilidad de ser madre y esposa:
"De ahí el harén y el velo, que no son originariamente islámicos. La evidencia antropológica muestra que ésta ha sido la forma predominante de relación mediterránea desde hace tres milenios". 26

La lucha colectiva de las mujeres a lo largo de los dos últimos siglos ha hecho que el patriarcado en Europa vaya retrocediendo conforme se iban ganando batallas al clero hasta alcanzar la igualdad y la libertad de hoy día.

En cuanto al mundo musulmán, será a partir del siglo pasado cuando los salafíes (movimiento de reformismo musulmán que mediante el retorno a la pureza del Islam origina un pensamiento renovado; su propulsor principal fue Yamal-al-Din al-Afgani) introducen el concepto de liberación de la mujer en el pensamiento musulmán.

Pero serán las mujeres, las propias protagonistas en su lucha, quienes irán ganando cotas de libertad con su participación en los distintos movimientos de liberación nacional, si bien, obviamente distan mucho los logros alcanzados con respecto a los de la mujer occidental.

Más bien, con el miedo a la pérdida de los valores tradicionales tras una colonización que oríginó un proceso de aculturación, se experimenta no sólo un parón en el proceso de liberación de la mujer, sino que inclusive se retrocede.
Los Códigos de Familia Musulmana promulgados en muchos países, significarán la legitimación de la autoridad del hombre sobre la mujer haciendo una lectura interesada y ultraconservadora de los textos coránicos. Esta posición reaccionaria que se opone a una lectura evolutiva y progresista de los textos religiosos, neutraliza la posibilidad que facilita propiamente el Islam para afrontar los retos que imponen los nuevos tiempos.

Ahora bien, al mismo tiempo hay que decir, con la autoridad que señalan los postulados teóricos del Islam, y con la rotundidad y contundencia necesaria —y con riesgo de polemizar, dado el gran desconocimiento existente— que nada, o muy poco tienen que ver esas actitudes discriminatorias, machistas a ultranza, que se dan en la mayoría de los países musulmanes con la verdadera orientación del Islam en relación a la mujer.

A propósito, hay que recordar, para situar la crítica y la autocrítica oportunamente, que la mayoría de estos países musulmanes que mancillan los derechos de la mujer, son países que gozan del favor de Europa y de Occidente en general. La verdad es que casi siempre se ha echado en falta una auténtica política de presión en pro de los derechos de la mujer. La exigencia de respetar los Derechos Humanos de modo abstracto y genérico, las más de las veces gesto reglamentario y hueco, ha terminando solapando un problema tan específico como anacrónico.

De todos modos, hay quienes confunden viejas tradiciones, la mayoría de ellas ancestrales, con la doctrina que sustenta el Islam. Tradiciones que en la mayoría de los casos chocan frontalmente con la visión del Islam sobre la mujer, y que han permanecido ancladas por mor de unos intereses claramente definidos por el patrón que ha diseñado el hombre en la sociedad musulmana.

Un patrón a su medida, subjetivamente acoplado a sus intereses en todos los ámbitos. Es una actitud de lucha para perpetuar los privilegios del hombre en unas sociedades en las que los criterios del hombre tienen predominio absoluto. De ahí que, tal como nos señala François Burgat:
"El machismo de la cultura mediterránea siempre se las ha arreglado muy bien sin la cobertura ideológica que hoy pretende darle la lectura literal de ciertos referentes islámicos".27

Pero más allá de la realidad sociopolítica que, como he dicho, está mediatizada por unos intereses creados que se intentan preservar a toda costa, vayamos a ver cuál es la orientación teórica del Islam, plasmada en su doctrina y en su acontecer histórico.

Nos recuerda la ensayista marroquí Fátima Mernissi, eminente feminista, que:
"No hay clero en el Islam —algo en lo que los musulmanes insisten mucho— pero esto no quiere decir que no haya una jerarquía de hombres autorizados que determinan la manera de entender el significado del Corán" 28, por lo que nos advierte que el ejercicio de la interpretación de las escrituras sagradas no escapa a los intereses de turno.

En su interesante libro El poder olvidado, la politóloga y socióloga Fátima Mernissi nos viene a decir, entre otras cosas, que el machismo en las sociedades musulmanas está tan fuertemente arraigado, que no hay sector político que escape a ello por muy progresista que se autodefina. Y para ello no escamotea en poner ejemplos contrastables.

Uno de ellos, muy significativo por cuanto que trata de la Revolución Argelina, "una de las revoluciones progresistas más importantes de nuestro siglo".
Mernissi hace referencia a una entrevista hecha a un reconocido historiador argelino, Harbi, quien participó destacadamente en el movimiento anticolonialista en la Argelia revolucionaría.

La entrevista fue publicada en Revoltes logiques bajo el título de "Mujeres en la revolución argelina". Harbi explica que "...los hermanos revolucionarios mantenían relaciones totalmente tradicionales con las mujeres en la resistencia, en los campos de la guerrilla. Hacían todo lo posible para que las mujeres no abandonaran sus roles tradicionales; las usaban para el sexo y para cocinar, además de asignarles nuevos roles cuando les convenía, por ejemplo en la logística y llevando armas". 29

La necesidad de referirse a este hecho es para ilustrar "que el pueblo árabe incluso cuando tiene que hacer grandes sacrificios y adoptar cambios radicales, se resiste sobremanera a la idea de sacrificar la desigualdad social".30

El mantener a la mujer en el lugar que se le ha asignado tradicionalmente había que afianzarlo aún cuando se luchaba para cambios más radicales en todos los sentidos.

A pesar de estas actitudes enquistadas en las sociedades musulmanas, y quizás precisamente por ello, la demanda de la mujer de mayores cotas de libertad ha hecho que publicaciones feministas, como la revista marroquí 8 de Marzo, que empezó a publicarse en 1983, en pocos meses empezó a vender veinte mil ejemplares.

En Túnez, otra revista feminista, Nissa, —Mujer— lanzada al mercado en 1985, fue también un éxito de ventas sin precedentes. Lo que evidencia, tal cual apunta Mernissi, que el feminismo en las sociedades musulmanas "ya no es un tema reservado a las tertulias de unas cuantas mujeres privilegiadas". Por lo que se pone de manifiesto que la mujer musulmana, sin alejarse de la creencia islámica, incluso en gran medida fundamentada propiamente en el Islam, no sólo ha decidido avanzar y luchar por sus legítimos derechos, sino que levanta su voz contra los tópicos que Occidente se empeña en airear, aunque a la postre adopte una posición más bien pasiva como ha quedado dicho.

Fátima Mernissi, en otra de sus obras publicadas, no disimula su contrariedad ante el empecinamiento de Occidente de anclar la imagen de la mujer musulmana en la época de los harenes. Cuenta Mernissi que en contra de su voluntad, a las portadas de sus libros publicados por editoriales francesas y alemanas "se empeñan en ponerles un velo". Continúa contando Mernissi que "Cuando protesto, me responden que eso vende más, aunque el contenido contradiga esa imagen."
No le falta razón a Mernissi, cuando aludiendo a la obsesión de Occidente por los velos, los harenes y demás referencias exóticas dice:
"Ya es hora de quitar el velo a las mujeres de las portadas de los libros que se venden en Occidente. El arcaísmo no reside únicamente del otro lado del Mediterráneo". 31

En Irán, paradigma del ‘integrismo islámico’ según Occidente, se da el caso de que la mujer musulmana empezó a preocupar seriamente a las autoridades iraníes cuando en 1986, el 19 % del personal docente de las universidades eran mujeres, cuando curiosamente, en ese mismo año dicha tasa en Alemania Federal apenas rebasaba el 17 %. En Egipto el porcentaje de profesoras universitarias en 1986 era del 28 %, superior al de los EE.UU., el 24 % en 1980, y al de Francia 23 % en 1987.32

Este esfuerzo imparable de la mujer musulmana para situarse donde merece, ha hecho y hace que los sectores más reaccionarios —los ‘integristas’, aunque no sean éstos los únicos, como ya he señalado— extremen los impedimentos para frenar las aspiraciones de las mujeres. Pero esta batalla ha estado y está dirigida principalmente contra las mujeres que alcanzan una concienciación ‘preocupante’; de ahí que se apunte obsesivamente contra la mujer de clase media que ha podido acceder a la enseñanza, a la cultura, al trabajo, etc.

"El enemigo con el que hay que acabar no es el proletariado femenino, mal pagado y sin protección sindical..." 33

Ese proletariado no interesa ni a la oposición, ni a los regímenes que invocan lo sagrado. Su preocupación es la mujer "que goza y ejerce todos los privilegios visibles de la modernidad."

Si bien la constante principal de los ‘integrismos’, es la de monopolizar lo sagrado, o el hablar en nombre de Dios, actualmente se observa claramente en las sociedades islámicas cómo la mujer reivindica también el derecho a Dios, a la memoria histórica.

Aclara Fátima Mernissi que la liberación de la mujer "pasa por una relectura del pasado y por una reapropiación de todo lo que ha estructurado nuestra civilización. La mezquita y el Corán pertenecen a las mujeres tanto como los satélites que giran en el cielo. Tenemos derecho a todas esas riquezas para construir nuestra identidad moderna. Reducir a las mujeres islamistas a ser observadoras obedientes es desconocer la dinámica de la rebeldía religiosa." 34

Es posible que para una mentalidad occidental, excesivamente esquematizada en lo referido al mundo musulmán y el Islam, estas reflexiones le puedan ser chocantes, pero ahí están los resultados de un interesante simposium de mujeres musulmanas celebrado en Helsinki en octubre de 1990 para analizar "la identidad política y las mujeres." 35

Según estas feministas —de Irán, Argelia, Pakistán, Nigeria, Túnez, Marruecos, etc.— incluso en las filas de los islamistas, la contestación femenina empieza a obtener resultados.

Pero lógicamente las inquietudes feministas de la mujer musulmana no se han manifestado solamente en un determinado ámbito político, e incluso se puede decir que han existido distintas organizaciones feministas enfrentadas entre sí.
Las feministas que se han organizado desde la ortodoxia islámica han sido críticadas por las feministas que han canalizado sus reivindicaciones políticas en el ámbito de la izquierda y viceversa. Omar Kahhala dedicó gran parte de su obra en cuatro volúmenes titulada Mujeres célebres en el mundo musulmán 36, a demostrar el gran nivel alcanzado en muchos momentos históricos por el feminismo musulmán.

En este sentido abunda Mernissi al decir que: "...mujeres sabias existieron siempre en el mundo musulmán, sobre todo, las pertenecientes a las clases superiores, que solían especializarse en el estudio y la enseñanza de los textos religiosos, como las muhaddizat (expertas en el hadiz)." 37


La mujer y el hiyab —velo— en el Islam

Quizás de la costumbre de la mujer musulmana de llevar el velo, sea de donde provenga buena parte de la irritación que padece Occidente con respecto al Islam.
Que los hombres se adhieran al Islam y sean proclives al ‘fanatismo’ entra en los cánones de la lógica imperante, pero que las mujeres después de estar tan "discriminadas y humilladas" opten por profesar la ortodoxia musulmana voluntariamente, es algo que no sólo se hace increíble e indigerible, sino que se rechaza de plano. Sin embargo, François Burgat dice al respecto que esta imagen que tiene Occidente "es tan simplista como alejada de la realidad, pues pasa por alto la adhesión consciente y deliberada de millones de mujeres a la doctrina islámica." 38

Claro que eso no quiere decir que el sentir de la mujer musulmana sea uno y unánime. Por ello y con razón, Burgat divide a las mujeres musulmanas en dos grandes grupos: las ‘tradicionales’ y las ‘modernas’ si bien este último a su vez lo divide en ‘islamistas y antiislamistas’.

El grupo de las mujeres ‘tradicionalistas’ se denomina así "sobre todo por haber tenido un acceso limitado a la educación", principalmente viven en zonas rurales.

La vuelta voluntaria de gran parte de las mujeres musulmanas a llevar el hiyab es otra de las actitudes que desde Occidente no se sabe asimilar. Contrariamente a lo que se piensa, el retorno a esta vestimenta lo hacen las mujeres en la gran mayoría de los casos por convicción propia, por "decisiones intelectuales, sociales y políticas".

Sin embargo a ojos de Occidente estas mujeres son simplemente "víctimas de la violencia machista de los islamistas", cuando en verdad son víctimas de la violencia del Estado al imponerles un ‘laicismo’ a toda costa. Es lo que ha venido ocurriendo en Túnez, Egipto y Argelia.

Por muy paradójico que nos pueda parecer, el hiyab o velo, para las musulmanas que lo usan, en vez de significarles un modo de reclusión, contrariamente a esto, piensan que es una manera de liberación.

En 1994 Yeghida Imache e Inés Nour publicaron una investigación muy interesante 39 en la que llegan a la conclusión de que las mujeres con hiyab en relación a las que no lo llevan tienen las mismas aspiraciones: "el 91 % de las que llevan velo y el 96 % de las que no lo llevan quieren ejercer una profesión al terminar sus estudios, el 44 % de cada grupo considera que las mujeres pueden hacer cualquier trabajo, incluyendo los asalariados, el 96 % de las con velo y el 75 % de las sin velo declaran que hay trabajos femeninos, el 49 % de las con velo y el 66 % de las sin velo creen que ambos sexos deben recibir la misma educación, y el 71 % de las unas y el 96 % de las otras una instrucción del mismo tipo, mientras que el 84 % y el 96 % respectivamente están de acuerdo con las actividades deportivas femeninas."

Cuando en 1994 el Ministro francés de Educación hacía unas declaraciones a los medios de comunicación en las que afirmaba que el velo, además de ser una distinción religiosa, era un "signo de la sumisión de la mujer que simboliza la desigualdad de los sexos y el encierro de la mujer" 40, demostraba con ello, una vez más, el desconocimiento que tenían y tienen los mandatarios políticos de un país que, paradójicamente, ha tenido una especial relación con el mundo musulmán y que además cuenta con mas de cuatro millones de musulmanes en su territorio.

Fariba Adelkhah aclara que "el hiyab, desde luego, es el símbolo del rechazo a una modernidad importada e impuesta, pero tiene muchos otros significados"41 vinculados a una particular percepción de la vida, distinta, pero no excluyente.
"Sin embargo —se lamenta Francois Burgat— el grupo de las feministas antiislamistas, minoritario en número, es el interlocutor más familiar del observador occidental. Incluso constituye su principal fuente (y a veces la única)"42 para analizar y justificar determinados comportamientos sociopolíticos de la mujer en sociedades musulmanas.

En la mayoría de las ocasiones, cuando desde Occidente se articula un discurso que pretende hablar de los derechos de la mujer musulmana, es casi inevitable derivar hacia temas referidos al velo, la poligamia y otros tantos temas recurrentes usados para descalificar al oponente. Pero en buena lógica, lo importante no es velo sí o velo no, siempre y cuando sea una decisión libre y personal la de llevar o no llevar velo. Lo fundamental es centrar la discusión y el debate en los derechos laborales, en los derechos sociales en general, educativos, en las libertades públicas, etc, que debe tener también la mujer en una sociedad justa e igualitaria.

Cada sociedad tiene sus propios parámetros culturales y sociohistóricos y desde una posición progresista y solidaria el límite debe situarse en los extremos que imponen los derechos referidos. Por ello, en un esfuerzo de convicción, Burgat pide al lector occidental: "debe creerme si le digo que nadie ha obligado a las mujeres de esta generación (de los años setenta y ochenta) a llevar el velo, y todas las que lo llevan lo hacen de manera completamente deliberada."43


La poligamia en el Islam

Podemos decir que los tres pilares fundamentales que dan cohesión social a la comunidad musulmana son la religión, la familia y la comunidad. La poligamia —probablemente una práctica que choca con estos valores que dan orientación social al Islam— es también una tradición anclada en la sociedad patriarcal preislámica que el Islam en su tiempo regularizó con reglas muy estrictas que hacían esta práctica si no imposible, objetivamente muy difícil de cumplir.

Su abolición total en aquellos tiempos hubiera significado abocar a las sociedades de entonces a fuertes y peligrosas convulsiones sociales dado el arraigo de la práctica de la poligamia. Por esta razón el Islam no prohibe la poligamia y el repudio, sino que los regula y les pone trabas, además de desaconsejarlos. El repudio es definido en el Corán como "el acto lícito más odiado por Dios"; con respecto a la poligamia se afirma que debe existir un tratamiento equitativo en todos los sentidos por parte del marido hacia sus mujeres, "Lo que se sabe, es imposible lo que en pura lógica viene a significar, por ende, la imposibilidad de esta práctica. A ello se añadiría el comportamiento feminista del Profeta y de sus mujeres, llegando una de ellas incluso a participar en política" 44

Bien es verdad que otra cosa distinta es lo que hacen, antojadizamente, muchos musulmanes en las sociedades que habitan. Aunque sin exagerar: "Entre 3 y 5 % de los hombres casados en el mundo árabe son polígamos. En Túnez y Argelia suponen menos del 1%, en Egipto eran el 1% en 1970. En Kuwait y Emiratos Árabes Unidos el índice es mayor: el 12 y 6% respectivamente en í975." 45

Pretender anteponer toda esta realidad a la manipulación burda que han hecho muchos musulmanes del Islam, les ha supuesto a no pocos intelectuales si no graves consecuencias, sí al menos especial preocupación, por las severas críticas de los radicales. A Fátima Mernissi en 1989 le fue prohibida en Marruecos, por las ‘autoridades religiosas’ la publicación de su libro El harén político. Preguntada Mernissi en una entrevista publicada en el diario madrileño El País sobre las causas de esa censura a su libro, contesta:
"Lo que yo digo en ese libro a las autoridades religiosas es lo siguiente: cuando decís que el Islam está contra la mujer, contra mi dignidad, ¿de qué Islam habláis? ¿Habláis del Islam de Muhammad o del que le siguió? Lo que pruebo es que tenemos datos para afirmar que Muhammad no detestaba a las mujeres, no las humillaba. Si los reaccionarios en el mundo musulmán quieren agredir a la mujer, que lo hagan directamente, que no busquen excusas en el Profeta."46

En definitiva, y para concluir este apartado, sería oportuno plantearnos algunas conclusiones finales en este capítulo, pero principalmente una, tal cual la formula Burgat: "podemos preguntarnos si las prácticas discriminatorias más emblemáticas atribuidas a la reislamización no serán, en realidad, el producto de una situación sociohistórica particular de las apropiaciones de cultura y la religión musulmanas, y no la esencia de dicha cultura. En el análisis hay que separar, en la medida de lo posible, tradición de religión."47

Posiblemente en esta reflexión final podamos encontrar muchas de las claves que nos pueden orientar hacia una mejor comprensión de la realidad de determinadas actitudes y comportamientos en las sociedades islámicas.


NOTAS

21. VARIOS AUTORES. "La mujer marroquí, entre la tradición y la modernidad". Nº 7 de Pliegos de encuentro islamo-cristano. Darek-nyumba, Madrid 1985.

22. VARIOS AUTORES. "Al encuentro de Averroes". Edición de Andrés Martinez Lorca.. Editorial Trotta, 1993.

23. idem.

24. MARTÍN MUÑOZ, Gema, y otros autores. "El Islam y el Mundo árabe". Guía didáctica para profesores y formadores. Edic. Mundo árabe e Islam. Agencia Española de Cooperación Internacional, p. 252, Madrid, 1996.

25. Idem, p. 252.

26. Idem, p. 248.

27. BURGAT, François. "El Islamismo cara a cara". Ed. Bellaterra, Barcelona 1996.

28. MERNISSI, Fátima. "El poder olvidado. Las mujeres ante un IsIam en cambio". Ed. Icaria y Antrazyt, Barcelona. 1993, pp.193 y 194.

29. Mernissi, Fátima o. c. p. 198.

30. Idem, p.198.

31. MERNISSI, Fátima. "El miedo a la modernidad, Islam y democracia". Ed. del Oriente y del Mediterráneo, Madrid 1992, p 216.

32. Annuaire statistique de LUNESCO, Paris, 1989.

33. MERNISSI, Fátima. "El miedo a la modernidad, Islam y democracia". o. c., p.216.

34. Idem. o. c., p.220.

35. World lnstitute for Development, Centro de investigación de la Universidad de las Naciones, Helsinki.

36. "33 Alam an-Nissa fi-l-alam-arabi wa-l-Islami", Beirut, Muassasat ar-Risala, 1982.

37. MERNISSI, Fátima. "El miedo a la modernidad, Islam y Democracia", Ed. del Oriente y del Mediterráneo, Madrid 1992, p. 224.

38. BURGAT, Francois. "El islamismo cara a cara". Ediciones Bellaterra , Barcelona, 1996, p.231.

39. IMACHE, Yehida y NOUR, Inés. "Algériennes entre Islam et islamisme". Edisud, Aix-en-Provence,1994.

40. Le Monde, 13 de septiembre de 1994.

41. "Logique étatique et pratiques populaires: la polysémie du hiyab chez les femmes islamiques en Irán", Les Cahiers du CEMOTI, 10 (1990).

42. BURGAT, F., o. c. p. 238.

43. BURGAT, Francois. o. c. p. 244.

44. "El Islam y el mundo árabe", Guía didáctica para profesores y formadores, p. 251.

45. Idem. p. 255.

46. El País. 31 de Octubre de 1989.

47. BURGAT, F. o. c. p. 241.


 

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