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Ibn´Arabi o la búsqueda del azufre rojo

ADDAS, Claude. Traducción de Alfonso Carmona. Editora Regional de Murcia. Diciembre 1996

15/09/1997 - Autor: Sabora Uribe - Fuente: Verde Islam 7
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El diseño de cubierta de este volumen es un buen preludio de los tesoros que encierran sus páginas, de las que sólo con dificultad podremos alejarnos una vez adentrados en ellas.

Hay libros que se hacen con rigor y otros, sin perder esta cualidad, expresan la profundidad de comprensión y el cabal conocimiento que confiere el amor.

Aunando ambas cosas tenemos una obra apasionada, deliberadamente minuciosa, que aborda con sumo cuidado los aspectos esenciales que aparecen destacados sobre un fondo de cuestiones señaladas de modo más somero. En un fresco gigantesco vemos los avatares históricos —cruzadas, reconquista— las autoridades políticas y religiosas de la época (siglos XII y XIII), la organización social de la comunidad musulmana, el quién era quién por entonces, las madrasas, las escuelas, el poder de los alfaquíes, la relevancia de las cofradías sufíes y sus maestros, la importancia de la institución del mecenazgo, etc.; al mismo tiempo asistimos a un misterio que nos sobrecoge el ánimo: la asunción por parte de un hombre de su especial destino espiritual y de la responsabilidad que le incumbe en la transmisión del conocimiento que posee a otros seres humanos para ayudarles a avanzar en la senda del espíritu. Renueva, refresca lo que constituía ya una tradición dentro del orbe musulmán. En efecto, no subterránea sino explícita y sobrepuesta a la política, a las intrigas del poder y la falsa gloria, discurre una corriente de saber muy particular: aquel que sabe tiene la certeza interna e inmediata de lo que percibe porque se encuentra en la misma estación —de conciencia— del objeto percibido.

Aquí se habla de la Unicidad del Ser y de la Misericordia de la que surge el mundo, aquí se recuerdan Sus Nombres, se habla de comprensión y flexibilidad hacia el común de las gentes y firmeza implacable para quien emprende el camino de la superación personal. Se señalan silencio, soledad, ayuno y vigilia como piezas clave de la formación del carácter, aquí los verdaderos maestros se reconocen y se entienden. Se habla de la shahada como fórmula idónea para practicar el recuerdo de Allah que convertirá el corazón del creyente en una mezquita permanentemente visitada. Queda claro por qué los viajes forman parte del aprendizaje. Por qué somos peregrinos que recorremos el mundo tras Sus huellas.

Vemos además el alma inmensa de un hombre dotado de extraordinario intelecto que no soslaya ninguna de sus percepciones hasta conseguir estructurar todas sus intuiciones y visiones en un todo con sentido para él y para otros muchos. Asciende hasta alturas abismales, donde recoge la herencia de los Profetas y regresa al mundo sensible y cotidiano, una parte de la realidad que se manifiesta en función de la espiritualidad y el amor, que la recorren como la sangre de un organismo vivo.

Locura llegaron a decir algunos, grandeza y generosidad al decir de otros. El estricto cumplimiento de la Ley, el atenerse de preferencia a las palabras del Corán, su estilo de vida modesto e irreprochable —”alejáos de la puerta del sultán”— el rechazo de las extravagancias de algunos sufíes, el esfuerzo por mantenerse en estado de pureza avalan esta última opinión y la corrobora la creación de una escuela de pensamiento que tiene como propósito final la transformación interna y que ha extendido sus enseñanzas por Oriente y Occidente y a través de los siglos hasta nuestros días, sin que haya perdido frescura ni vigencia. Aún queda mucho por explorar en las profundidades del Sheij al-Akbar, el mayor de los maestros, bajo cuya mirada quisiéramos estar un día, cuando cumpla la promesa de interceder por cuantos estén al alcance de su vista.

La existencia de Muhámmad M. al-´Arabi y el que este libro haya llegado ahora a nuestras manos, gracias al hermano Mehdi, peregrino también de las caravanas del Amor, conforme a su propio decir, es un signo más de la infinita Misericordia que sustenta los mundos.


 

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