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Islam y socialismo: la posibilidad de caminar juntos

17/05/1997 - Autor: Colectivo Islam y Progreso - Fuente: Verde Islam
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El Colectivo "Islam y Progreso" (Al Islam wa At Taqaddum) nace de la voluntad de unos musulmanes españoles, que en la década de los 90 se integran en la lucha política en partidos de Izquierda desde sus creencias islámicas, con el deseo de mostrar cómo el Islam puede ofrecer nuevos caminos para el desarrollo de la Izquierda y alentar su compromiso con la emancipación humana desde su fe en el mensaje que nos transmite el profeta Muhammad, sobre él la bendición y la paz. Los miembros de este colectivo consideran que su esfuerzo – iýtihad – se encuadra dentro de la obligación de todo musulmán por entender el mensaje islámico y descubrir la faz de Dios "allá donde quiera que volváis vuestros rostros".

Fruto de su compromiso con estos valores es este artículo que nos envían y al que damos gustasamente publicidad.Y Allah sabe más del asunto.

 

Introducción

Consideramos de excepcional importancia la invitación a participar en este interesante foro de los musulmanes españoles, iniciativa, que dicho sea de paso, nos alegra profundamente y a la que auguramos el éxito que su excelente intención merece y agradecemos la llamada a compartir con todos vosotros una necesaria reflexión sobre el Islam y el Socialismo dentro del deber de hacer, desde una apuesta de transformación, acopio de conocimientos, acopio de información, acopio de evidencias que el mundo nos va trayendo , movidos por la obligación del ejercicio de la indagación filosófica, de ser motor de pensamiento, porque el mundo nuevo al que aspiramos tiene que comenzar en el terreno de lo ideológico, en la formación, en lel mundo de las ideas.

Quehacer este, el de indagar, comprender, que es el fundamento del camino del Islam, según manifiesta el profeta: "Dios no ha creado nada más noble que la inteligencia y su cólera desciende sobre aquel que la desprecia". El mundo es para el musulmán un vasto libro lleno de signos (aleyas) que hablan a nuestro entendimiento y que se dirigen a "aquellos dotados de razón". Es en este foro de gentes dotadas de razón, amantes de la investigación, del análisis, y del debate donde se inserta este discurso y donde radica su excepcionalidad.

Excepcionalidad porque nos encontramos con un movimiento islámico organizado y representativo, la Comisión Islámica de España, que ha firmado en 1992, cinco siglos después de las Capitulaciones de Santa Fe que pusieron fin al último gobierno islámico en España, un Acuerdo de Cooperación con el Estado español que supone, en cierta medida, una reconciliación con nuestra propia historia, un reconocimiento de la contribución del Islam a la construcción de la cultura española y una normalización del derecho al ejercicio de la Libertad religiosa, derecho, este, consagrado como fundamental por nuestra Constitución.

Excepcionalidad porque nos encontramos también dialogando con un movimiento ideológico, el socialismo, que, desde sus fundamentos marxistas y su praxis histórica ha mantenido una actitud de rechazo a todo sistema de creencias que negase la emancipación humana de todas las alienaciones y que, de modo singular, ha criticado la religión como la ideología por antonomasia al servicio de determinados intereses de clase.

Excepcionalidad porque, siendo ya para muchos un hecho contra naturam cualquier intento de diálogo entre sistemas de ideas tan aparentemente distantes, como son el socialismo y el islam, se viene a sumar el ambiente intelectual de esta época finisecular, neoliberal y post-moderna, que desaconseja veleidades intelectuales de cualquier cariz, empresas racionales que justifiquen un camino común o que puedan poner en evidencia desde múltiples ángulos, la visión deformada y errónea de ese discurso unidimensional y enajenante que nos trata de imponer, velis nolis, el Nuevo Orden Mundial.

No se nos escapa que desde posturas dogmáticas, es decir, anquilosadas, fijas, antidialécticas, hemos de recibir, ya anatemas, ya condenas académicas por lo que se considera un intento de romper los protocolos que delimitan las cómodas posturas de cada parte, en la creencia de que el tema ya se zanjó en su momento por intelectuales o ulemas de incuestionable prestigio o por la misma lógica de los acontecimientos , por la que Islam y socialismo son dos realidades antagónicas y todo esfuerzo de articulación teórica o práctica ha de desvirtuar irremediablemente, con el mero contacto, la pureza de uno de los dos mensajes.

La conclusión a la que se llega entonces es que, pase lo que pase en el diálogo, se diga lo que se diga, no es factible conciliar las tesis que se debaten, no hay síntesis, no hay nada que hacer juntos y el diálogo estéril se transforma en justificante de todo pensamiento débil que permite dialogar sólo con la finalidad de demostrar la incapacidad de llegar a conclusiones eficientes, demostrar la magnanimidad del sistema, las virtudes democráticas de la cháchara y la inutilidad de toda resitencia.

Se nos permite estar hablando mientras reconozcamos que no tenemos nada que hacer juntos, mientras nos percatemos de las lindes infranqueables de nuestras particulares propiedades intelectuales y de la bondad del sistema que nos permite esta libertad de expresión de la que no gozaríamos – aseguran – de llevar a la práctica nuestros respectivos proyectos de sociedad.

 

Islam y socialismo

Venimos a decir, con este largo prolegómeno, que valoremos en su justa medida el paso que, de un modo resuelto, hemos dado hoy aquí, al comenzar un diálogo que la misma realidad social nos imponía y que no presupone otra cosa que la de trabajar por alcanzar unos objetivos comunes que nos acercan más de lo que a simple vista o desde la doctrina oficial e interesada, parecen separarnos.

La primera labor que nos imponemos a la hora de sentar las bases de este coloquio es la de acordar un mínimo común denominador que permita abrir un canal entre el islam y el socialismo como interlocutores interesados en decirse cosas.

Intentar definir las bases o fundamentos de ambos discursos y poner de manifiesto lo prescincible, lo somero, lo que está sujeto a transacción y a trueque con tal de mejorar la comprensión del sentido que encierra la propuesta del otro.

Una tarea de análisis de los hechos, de las fuentes, de la genealogía de nuestras convicciones y nuestros criterios que nos exponga a una dialéctica permanente con nuestros dogmas y actitudes sociales.Como dice Lenin "la verdad es revolucionaria" y esa verdad es la que debe poner en cuestión, revolucionar todo lo que impide alcanzarla.

Partimos de la base de que tanto las ideas del islam como las del socialismo, expresadas por diversos portavoces a lo largo de la historia, comparten unas características comunes: ambas pretenden fundamentarse en criterios de verdad, ambas se proponen como lo mejor para el ser humano y las dos desean que este ser humano viva en toda su plenitud y desarrolle sus potencialidades humanas con la consecución del mayor bienestar social y personal que se pueda lograr.

Que bajo el nombre del Islam o del Socialismo se propongan teorías de todo tipo no debe arredrarnos en el proceso, al contrario, debe ser acicate para denunciar todos los fraudes y proponer con mayor decisión el mensaje correcto.

Y aunque para muchos religión sea sinónimo de ideología, en el sentido peyorativo del término, e irreconciliable con el discurso científico, es posible replantearse los contenidos de conceptos como Religión o Ciencia, a la luz de las nuevas perspectivas que la Ciencia misma y la Hermenéutica religiosa nos ofrecen. No sólamente es posible, sino necesario, si queremos transformar el mundo que nos rodea.

El socialismo, tal como lo entendieron Marx, Engels y otros, se convierte en algo posible desde el momento en que es científico, puesto que todo lo científico, todo lo que se puede conocer racionalmente, por seguir a Hegel, es real o puede hacerse realidad.

Con Marx el ideal socialista se vuelve ciencia y como tal, proyecto concreto, empírico, sujeto al método científico y abierto a su desarrollo.

Y esto es fundamentalmente lo que confiere al marxismo su carácter antidogmático, dinámico y revolucionario: su imposiblidad de cerrar el discurso, de acatar sin más lo que viene dado, de renunciar a la utopía como posiblidad de mejorar lo existente y perfeccionar lo conocido.

Este es el sentido del socialismo científico. La Economía Política, el Materialismo Histórico y el Materialismo Dialéctico, como todos los casos concretos, experiencias, revoluciones y movimientos, son instrumentos que han intentado e intentan hacer realidad ese presupuesto:una sociedad racionalmente justa, un hombre emancipado.

En cuanto este ideal es la meta de todo el movimiento y que el camino para llegar hasta ella debe continuamente desbrozarse bajo las directrices de la razón, la ciencia y los nuevos conocimientos humanos, el marxismo es sólo el comienzo, la prehistoria, de lo que la Ciencia se encargará de ir acreditando y descubriendo en el transcurso de la historia.

 

El socialismo científico

Aquí es donde el socialismo científico, puesto que se fundamenta sobre la voluntad de objetividad o sinceridad de sus intenciones, muestra toda su grandeza.

El significado positivo que encerraba el concepto de Ciencia en el siglo XIX se ha ido enriqueciendo sin cesar desde entonces con el reconocimiento de que cada modelo científico "verdadero" tenía sus propios límites y su propia subjetividad sobre todo con la asunción de teorías que han superado el anterior paradigma positivista y han abierto posiblidades impensables hasta entonces en el diálogo entre mística y física, entre religión y ciencia.

Este nuevo paradigma científico entra en la historia a partir de la aparición de las geometrías no euclidianas, del descubrimiento de la ley de entropía, de la teoría de los quanta, de la relatividad, y de la complementariedad. Este último principio formulado en 1927 por el gran físico Niels Bohr, cuestiona los dos pilares en los que apoyaba la pretendida supremacía de la ciencia de la Modernidad, a saber:

La idea de la descripción objetiva de la naturaleza, libre de valoraciones y la exigencia de la idea clara y distinta.

La pretensión cartesiana de la exactitud y la autosuficiencia de las proposiciones matemáticas como fundamento de todo sistema verdadero iba a recibir, cuarenta años después, una severa crítica con la formulación del teorema de Gödel, según el cual los sistemas formales son incompletos y no pueden fundarse a sí mismos, lo que exige el aceptar como válidos principios no demostrables o no decidibles.

Este cambio de paradigma permite la superación de las diferentes disyuntivas en las que se ha movido el pensar moderno europeo, en temas tan transcendentales como experiencia religiosa contra saber científico, individuo contra sociedad, u Occidente contra Oriente.

A nadie se le escapa que esta nueva perspectiva, esta Nueva Era, haya sido aprovechada también sutilmente por la ideología política y religiosa dominante para consolidar su poder de mixtificación, como lo demuestra todo ese movimiento religiososo que, atrincherándose cada vez más en sus verdades innegociables, trata de justificar sus posiciones de dominación bajo el lema de: "La Biblia tenía razón" o consignas similares.Así, paradójicamente, la Ciencia vendría a reforzar sus creencias religiosas necesitadas de nuevo soporte discursivo sin variar un ápice sus aspectos supérfluos o mixtificadores. O como todo el movimiento filosófico postestructuralista que con Barthes, Baudrillard, Deleuze, Derrida, Foucault o Lyotard entre otros , pretenden acabar con toda pretensión de verdad, disolviendo la verdad en el texto, o lo que es lo mismo, negando la realidad en el proceso interminable de la hermenéutica y a la persona de carne y hueso en un indifinido número de máscaras. La Verdad, que hasta el momento justificaba toda búsqueda religiosa o científica, se convierte ahora en una mera convención, en mero simulacro, en un discurso más entre otros de los que ofrece el supermercado de valores.

Ese pesimismo en relación a la ciencia vendría justificado – afirman – por los resultados concretos a que ha conducido a la humanidad: el genocidio nazi, perpretado con pretensiones y métodos científicos por una de las naciones más cultas de la culta Europa, Nagasaki e Hiroshima como fruto de la ciencia al servicio de la democracia por antonomasia, la de los Estados Unidos de América, la catástrofe ecológica permanente, de Chernobil al agujero de ozono, la deforestación, la degradación de las condiciones de vida de la mayoría de la humanidad, los exterminios masivos, el control de los medios de comnicación y la propaganda alienante y toda una retahíla de pruebas del fracaso evidente de la Modernidad.

Y como medicina para esta visión cansada del mundo: el nihilismo, el cinismo, el juego evasivo,o en el peor de los casos el cotidiano fútbol, la ficción, la realidad virtual, la teleraña que atrapa en su irrealidad toda propuesta de transformación y rebeldía.

Retomando el hilo argumental donde lo dejamos antes del excurso, volvemos a la tesis del cambio de paradigma científico que se había gestado y desarrollado a la par de lo que se ha dado en llamar la Modernidad y que era deudor de su propio estadio de desarrollo ciéntifico y social, para poder entender el punto de vista de muchos musulmanes ante la Modernidad. Porque es en gran parte esta visión de los caminos que se bifurcan al llegar a la Modernidad la que impide o ha impedido durante mucho tiempo entenderse.

 

Islam y modernidad

Es cierto que el Islam sufre el impacto de la Modernidad indirectamente,desde fuera, debido a que desde el siglo XV hasta el XX, los países musulmanes entran en una etapa de decadencia económica y política, caen bajo las garras del colonialismo primero y del imperialismo después y sólo recientemente son expuestos a las consecuencias de la Modernidad occidental del modo menos apropiado para valorar sus ventajas por encima de sus inconvenientes. Modernidad ha sido, para muchos musulmanes sometidos al colonialismo europeo, sinónimo de ideología colonialista con todas sus secuelas posteriores y sus fracturas sociales que han destrozado el viejo orden tradicional sustituyéndolo por un sistema económico, social y político periférico, vasallo de intereses supranacionales y enormemente corrosivo.

Los países colonizadores justificaron su conquista y explotación del mundo islámico con excusas civilizadoras contra la barbarie islámica, por interés nacional frente a la competencia de potencias vecinas y en nombre del Progreso imparable que la Modernidad europea hacía llegar a todos los rincones del orbe.

Una vez liquidadas las últimas resistencias, la colonización pasó a organizar los países islámicos con un plan concreto: mantener el dominio a toda costa, aun bajo la apariencia de la descolonización. Para ello las potencias coloniales mantuvieron y mantienen las estructuras econonómicas dependientes de sus intereses, formaron una casta de capataces a los que colocaron en una situación privilegiada de poder, impusieron su lengua en la administración, la educación y la cultura, introdujeron los gustos occidentales en la estética y las artes y lograron injertar el complejo de la inferioridad de la cultura islámica frente a la cultura supuestamente superior de la que los occidentales hacían gala.

Y por otra parte, forjaron y propagaron una visión del islam a la medida de sus aspiraciones.

Kevin Robins lo escribió en un artículo para "Marxism Today" basado en la tremenda acusación de Edward Said contra la manera con que las percepciones europeas y estadounidense del "Oriente" han construido una imagen estereotipada de la mentalidad islámica –irracional, despótica, pérfida, impredeciblemente violenta...– como envoltorio para sus presuntuosas formas superiores de razón "universal". Esta denuncia de que aquellos que están fuera de la tradición occidental son incapaces de razonar y por lo tanto, son inferiores, es una crítica de tal tradición en su forma imperialista y etnocéntrica. Académicos, diplomáticos, estrategas militares y "expertos en cualquier cosa "han coincidido durante siglos en producir este discurso hegemónico que puede, llegada la ocasión, ser utilizado para generar una campaña de propaganda creciente de sentimientos racistas y de histeria antimusulmana.

En palabras de Robins: "En su afan de apropiarse del mundo, Occidente aprendió a definir su propia unicidad contra el Otro, contra la No-Europa". Si la realidad ha consistido siempre en el conflicto y en la desunión, la construcción de un Oriente imaginario, era, sin embargo, un espejo en el que Europa, y luego los Estados Unidos, podían ver reflejada su propia supremacía...Lo fundamental para su diferencia y para su inherente superioridad parecía ser el principio de la racionalidad (...) La Modernidad se define contra la Pre-Modernidad, la razón contra la irracionalidad y la superstición y esta línea divisoria es situada en una geografía simbólica que contrapone a Occidente y a su Oriente. Su Oriente, porque si Occidente no existiera, Oriente tampoco podría existir (...) Y la existencia y la identidad que le ha concedido consiste en el déficit y en la inferioridad ".

La verdad de dichas afirmaciones es evidente para cualquuiera que haya leído la descripción que hace Said, en libros como "Orientalismo" y "Ocultando el Islam" de las múltiples conexiones tortuosas entre la historia de la investigación occidental académica "seria" en este terreno y del uso que de este trabajo han hecho los gobiernos, los estrategas militares y los ideólogos de distintas tendencias, deseosos de explotar ese fácil repertorio de estereotipos sobre el carácter y cultura de los musumanes.

De tal modo que, prosigue Robins, "la cultura oriental será una cultura subalterna, concebida a través del proceso de sometimiento y de subordinación a la cultura universal.Y será una cultura definida por sus carencias, carencias de modernidad, racionalidad y universalidad. Su otredad es definida en términos de atraso, irracionalidad y del particularismo de sus valores".

Y a esta actitud se le da una vuelta de tuerca patológica cuando la cultura subalterna muestra signos de producir sus propias tendencias modernizadoras, su propia tecnología de alta calidad u otros modos de adaptación racional a las presiones de los cambios globales debido a una especie de imagen paródica, cuya amenaza puede ser desactivada mediante una agresión militar o a través de diferentes técnicas de demonización contra figuras como por ejemplo Gaddafi.

Es lo que se describe como el impensable predicamento de la Modernidad en Oriente, una situación en la que, por poner un ejemplo de actualidad, el personaje Gaddafi estaría atacando las normas que han definido la unicidad y la superioridad occidental, violando las fronteras que han definido la racionalidad y la irracionalidad .

El resultado ya nos es muy familiar: se le convierte en una amenaza a la estabilidad regional y entra en la lista de gobiernos terroristas.

 

¿Por donde empezar?

Partimos pues de dos puntos de salida diferentes: Un socialismo científico, que se forma durante la Modernidad y que se enfrenta al reto de sobrevivir a ella y un Islam que ha sufrido la Modernidad como la ideología que justifica la explotación y el sometimiento al poderío del Otro.

¿Por donde empezar? Como dijo Julio Trebolle Barrera, Director del Instituto Universitario de Ciencias de las Religiones de Madrid en el 1er Simposio Internacional sobre Comunidades Islámicas en España y en la Comunidad Europea (El Escorial, Madrid 1993): "La resolución de este conflicto pasa por la aceptación de los progresos de la Ilustración por parte de unos y el reconocimiento de los limites y quiebras de la razón moderna por parte de otros".

El dialógo debe comenzar por la parte socialista reconociendo que el paradigma de la Modernidad ha sido superado por el desarrollo de la Ciencia y la Sociedad y que por encima de este hay una voluntad de visión panóptica, global, del conocimiento científico que advierte sus propios límites pero no se resigna al escepticismo paralizante, y que demanda una visión tanto de los ojos como del corazón.

Recuperar el conocimiento basado en la simpatía y la connaturalidad con lo que se desea conocer, introduciendo la dimensión del Tú, frente al puro objetalismo de la Modernidad. Como afirma Jesús Ballesteros, en su libro " Postmodernidad: Decadencia o Resistencia": "Es necesario amar para juzgar rectamente".

Reconocer esto y mantener la Utopía, la rebeldía, la pasión por transformar la realidad es seguir proponiendo una alternativa al neopragmatismo enervante, una opción de resistencia ante el derrotismo que los nuevos amos quieren a toda costa vendernos.

Por parte islámica, tomar de la Modernidad todo lo que ha servido y sirve al hombre, mantener el discurso religioso con un criterio emancipador, por el cual ninguna opresión, mental o social, discriminación, esclavitud o hábito alienante podrá mantenerse. Discurso de liberación, de plenitud humana, física y espiritual.

Dios no puede convertirse en una excusa para mantener sistemas sociales injustos o comportamientos que no sean fruto de la libertad , la solidariad o el amor.

Entender que el Misterio que se revela necesita de recipientes cada vez más anchos, más profundos y más capaces.Recuperar la hermeneútica creativa, hacer Ciencia como quien hace Camino y no temer a los desvelamientos de los efectos del Viaje.

 

Comenzar un diálogo

Con estos presupuestos podemos lograr un marco adecuado donde el diálogo comience.

La tradición islámica posee por si misma las virtudes necesarias para entablar las relaciones oportunas con todo pensamiento científico y especialmente el socialismo.

Seria prolijo enumerar los puntos de contacto en los que una hermeútica consensuada podría dar excelentes frutos. Elegiremos dos fundamentales, a modo de ejemplo, por ser piedras angulares en la construcción de la futura sociedad socialista e islámica: la prohibición del préstamo con interés, llamado en el lenguaje técnico del islam "riba" y la democracia directa, conocida en islam como "Shura ".

El derecho islámico común se refiere a la "riba" en términos de "bonificación o interés que ha de pagar el beneficiario de un préstamo al prestamista, junto con el capital principal, como condición para que este le conceda el préstamo o para que se extienda su plazo de devolución".

En este sentido el término se traduce también como "usura" y es la traducción que impera habitualmente.Sin embargo nada impide traducirlo también como "plusvalía" en el sentido admitido en el pensamiento marxista, en cuanto el beneficio del trabajo del que se apropia el capitalista, es visto como intereses que el prestamista gana a costa de la necesidad ajena. Es decir, el capitalista se asimila al prestamista en cuanto que ofrece un préstamo o trabajo por el que, el trabajador, está obligado a devolverle de antemano más de lo que este ha prestado.

Ese beneficio o aumento de capital sería "riba". Por supuesto que esta interpretación no es la más aceptada entre los estudiosos de la Economía Islámica pero eso no quita validez a la argumentación.

Esta interpretación y otras en el mismo sentido, reciben un fuerte apoyo dentro de corrientes políticas islámicas que han intentado desde hace tiempo consensuar el socialismo con el islam, como por ejemplo, la Revolución libia de 1969.

En el Libro Verde, se encuentran las bases para desarrollar una teoría y práxis revolucionaria desde una plataforma cultural propia, sin que por ello se agote todas sus posiblidades.

 

Ejemplos concretos

En apoyo al concepto de "riba" como plusvalía y su consecuente prohibición, es significativo el capítulo referente al "Socialismo" donde se condena tajantemente el salario en estos términos: "Los trabajadores perciben un salario porque han efectuado una operación de producción a cuentas de un tercero que les paga con esa finalidad. No tienen derecho al usufructo de su producción y han sido obligados a renunciar a él mediante el salario Sin embargo, la regla justa es la siguiente: El que produce, dispone de su producción. Aunque se aporten todas las mejoras posibles al salario, el asalariado sigue siendo una clase de esclavo de un amo que le paga, o mejor, un esclavo temporal y esta esclavitud está basada en el hecho de que realiza un trabajo a cuenta del salario que le paga un patrón, un individuo o un gobierno".

 

Y prosigue:

"La solución final para este problema consiste en abolir la clase asalariada mediante la liberación de la servidumbre a que el salario la somete"..."El reintegro del beneficio del trabajo constituye una necesidad esencial. No puede, pues, en la sociedad socialista convertirse en un salario como tampoco en una limosna. No hay asalariados en la sociedad socialista, hay asociados: el beneficio pertenece al trabajador y lo emplea como cree conveniente en satisfacer sus necesidades.Es su parte que se le reintegra de una producción de la que él es un elemento indispensable.No es un salario pagado en contrapartida por una producción hecha a un tercero".

La prohibición de la "riba" está basado en la idea de que la economía debe estar al servicio de las necesidades naturales del hombre y que estas deben estar sujetas al arbritrio de la razón, la conservación de las riquezas, la moralidad y el disfrute consciente de las cosas.

Todo lo que implique aumento innecesario a costa del perjuicio a los miembros de la comunidad se considera ilícito.

"Admitir el interés, -dice el Libro Verde- equivale a admitir la explotación ".

Y en el mismo tono se habla de la propiedad y de su uso, con una concepción solidaria de la persona, que ha sido ya advertida por la mayor parte del derecho consuetudinario de los pueblos pre-modernos. Es lo que llama Gaddafi el ´Urf, el derecho consetudianrio como base natural que garantiza el derecho a la vida, al alimento, al vestido, a la vivienda y exige la propiedad comunal de la tierra o al menos excluye su disponibilidad ilimitada.Es lo que ocurre, por ejemplo, en la mentalidad del hombre africano, tal como recuerda Leopold Sedar Senghor: "En Africa negra no existe el derecho posesivo. Existe sólo el derecho de uso, la propiedad usufructaria. El dominio eminente de la tierra no corresponde al hombre. Las tierras son inalienables, porque no se puede enajenar lo que no nos pertenece".

En el Libro Verde se recoge esta visión:

"La tierra no es propiedad de nadie". El agricultor tiene derecho a explotarla sin emplear a otra persona, asalariada o no, para trabajar la tierra. El hombre tiene derecho a su propia casa que puede pasar en herencia a su herederos pero no puede alquilarla a otros así como no puede construir una casa sino es para su propia necesidad y la de sus herederos. Lo mismo sucede con los medios de transporte personales.Se puede tener un vehículo pero nadie puede alquilar o poseer vehiculos de alquiler ".

Esos principios tradiciones son para Gaddafi asumidos por la Religión, como mensaje universal y natural.Esta Ley natural que está por encima del derecho patrimonial o del mercado. Ley natural que prima los derechos más elevados de la personalidad, el derecho a la vida, a la integridad física, a la libertad, al honor y que quedan imperfectamente protegidos por el derecho privado. Este Derecho Natural que propone Gaddafi comporta la superación del patrimonialismo y de la su reverso, el voluntarismo.

Efectivamente, al dejar de basar el derecho en la voluntad y en la capacidad de disposición, logran tener acceso a los derechos los niños o los incapacitados.

Todos los seres humanos, sin excepción, tienen por tanto derechos, en el sentido fuerte, como pretensiones ejercibles judicialmente, pese a que puedan no tener todavía o no tener ya, voluntad.

Como dice en el Libro Verde: "Los incapacitados o deficientes tienen el mismo derecho a la misma parte de riqueza que los otros miembros de la sociedad."

Como se ve, la aplicación de estos principios se apoyan en unos fundamentos religiosos que coinciden en su mayor parte con los objetivos del socialismo científico pero que carecen de toda conceptualización marxista. El ideal de todo diálogo entre Socialismo e Islam es el de descubrir los valores comunes que ambos sistemas pueden contener y desarrollar práxis concretas, estrategias con fines comunes.

Otro concepto totalmente islámico es el de Shura, que puede traducirse como "consejo participativo" y hace referencia a la sistema de gobierno islámico en donde la participación en la toma de decisiones consensuadas es directa. Estos consejos o shuras han sido una constante en todas las teorías socialistas de organización social. El grito de "Todo el poder para los Consejos" suena familiar al musulmán que lo quiera entender. Según esto, en la Gran Carta Verde de los Derechos del Hombre de la Era Yamahirí se puede leer:

"La democracia es el poder popular y no la expresión popular.Los miembros de la sociedad yamahirí declaran que el poder es del pueblo que lo ejerce directamente, sin intermediario ni representante en el seno de los Cogresos populares y los Comités populares"

A la vez, como expresa el Libro Verde: " El Pueblo es el aparato de Gobierno y el pueblo su propio censor".

Objetivo este que coincide totalmente con el ideal socialista.

He extraído estos dos ejemplos de la tradición islámica para ilustrar las posibilidades que un trabajo hermeneútico consciente y respetuoso del espíritu primigenio del islam puede dar de sí. El hecho de que aluda al Libro Verde como prueba de que esta hermenéutica se ha hecho, se sigue haciendo y se hará en un futuro dentro de la tradición islámica es revelador de su dinamismo y de lo que todavía queda por hacer.

Evidentemente el socialismo científico ha tenido desarrollos diversos en función de la realidad concreta de cada país donde se ha aplicado y seguirá teniéndolos. El Islam aparece también como un vasto océano de posiblidades creativas.

Medios hay para medir nuestra capacidad de colaboración.Sólo es menester entender la necesidad de iniciar el proyecto,dejar de lado prejuicios seculares y ponerse manos a la obra. Es eso lo que desde el grupo de trabajo "Islam y Progreso", constituído enteramente por musulmanes hemos decidido proponer a toda la sociedad. Desde nuestra posición privilegiada, a caballo entre dos modos de sentir y conceptualizar las mismas inquietudes que resumen nuestra lucha común, creemos necesaria una labor más acertada, cercana y eficiente en el campo de las relaciones con el Islam.Y no sólo por que hay hoy en la Unión Europea 15 millones de musulmanes que justifiquen ese cometido y que dentro de una generación doblen su número, sino por que el diálogo Norte-Sur, Centro-Periferia, Occidente-Tercer Mundo, Fortaleza Europea-Emigración Modernidad e Islam, seres humanos con seres humanos en definitiva, se hace ineludible ahora más que nunca.

 

Una última reflexión

Aceptando las anteriores premisas cabe hacer la siguiente reflexión:

¿Va a ser capaz la sociedad española de la Europa de Mastricht de llevar a cabo estas buenas intenciones?. Si no luchamos unidos, con mejores medios y más imaginación, nuestra opinión es que no.

Mastricht representa la consolidación de una Europa neoliberal y postmoderna, que se resite a perder mercados en sus viejos ámbitos de influencia. No hay diálogo verdadero con el Sur. De lo que se trata es de establecer una zona de libre comercio en el Mediterráneo. Es decir, acaparar la región natural de influencia europea sin dejar demasiado poder a los competidores, concretamene a los Estados Unidos.Ahí radica el verdadero interés de la Europa de Mastricht por el Islam.

En segundo lugar el verdadero objetivo de este pseudodiálogo impuesto por el capital económico e intelectual europeo (y aquí la Masonería juega su papel) es sacar rendimiento -sobre todo en votos- a los millones de musulmanes que viven en Europa creando las condiciones para que surja un Islam a la Europea, desligado de los países musulmanes y controlado por los gobiernos europeos. Nada de quinta columna.

Por otra parte, los países musulmanes y no musulmanes que no se someten a este reparto de mercado son sistemáticamente aislados y sometidos a todo tipo de arbitrariedades en nombre de la democracia y de la defensa de los valores occidentales.

El dilema está –dicen– entre Mastricht o la pérdida de competitividad, entre mantener el estatus de potencia económica o someterse ya totalmente a los Estados Unidos.

Y como para reforzar esa triste disyuntiva muestran toda un escaparate de intelectuales eminentes que se encargan de convencernos de que hagamos lo que hagamos, digamos lo que digamos, al final sólo vence el más fuerte. La verdad es la razón del más poderoso. La verdad no es consistente, es sólo otro discurso que se consensua o se impone. Lo mismo da, nos quieren hacer creer, si se asesina, se entierra en cal viva, se roba, o se destruye el Estado de Derecho. Si las urnas te lo perdonan, quedas absuelto. Las urnas o la televisión o las encuestas.

Esa enfermedad postmoderna que afecta a también a personas y partidos que se reclaman de izquierda, se llama cinismo.

Es, como dice, Peter Sloterdijk en su libro "Crítica de la razón cínica " una falsa conciencia ilustrada, modernizada e infeliz, que ha trabajdo al mismo tiempo con éxito y en vano para lograr dicha ilustración. Ha aprendido sus lecciones en la Ilustración, pero no las ha puesto en práctica, pues probablemente no era capaz. Satisfecha y miserable a la vez, esa conciencia ya no se siente afectada por ninguna crítica ideológica: su falsedad se encuentra ya reflexivamente protegida...se sabe a sí misma sin ilusiones y también sabe que ha sido empujada a esto por " la fuerza de las cosas ". De este modo, lo que en lógica se considera una paradoja y en literatura un chiste, aparece en la realidad como asuntos corrientes del día. De esta manera surge una nueva actitud de conciencia hacia la "objetividad"... Con la pérdida de esperanzas se inflitra la apatía de los egoismos."

 

¿Qué hacer?

Luchar desde una posición firme de denuncia, concienciación y alianzas con las fuerzas sociales. Hacer sitio en la pancarta a colectivos diversos que compartan la resistencia al aparato ideológico del capitalismo neoliberal.

Ese ha sido el objetivo del socialismo y debe seguir siéndolo. Y aquí el islam tiene mucho que decir. Porque optar por el islam es optar por una comunidad que hace frente a la tiranía del Pensamiento Único y el Capitalismo salvaje que nos conduce a la deshumanización y al fracaso del proyecto humano. Porque hoy ser musulmán es ser esperanza de cambio, de progreso, de Ciencia, de triunfo del amor sobre el egoismo y de hermandad sobre el individualismo insolidario. El islam como signo de la presencia del Misericordioso entre los hombres.

Nos gustaría acabar haciendo una llamadaa los colectivos socialistas e islámicos a colaborar en proyectos concretos: ¿Porqué no mediante Congresos? ¿Por qué no con publicaciones y traducciones? ¿Por qué no un con equipos que investiguen, reúnan información, organicen encuentros, mantengan contactos entre ambas partes?. Allah sabe más del asunto.

El reto merece la pena y los resultados son prometedores. Si esta aportación ha servido para convencer a alguno de la necesidad de ponerse en marcha, damos por buena cualquier crítica que a buen seguro se merecen estas páginas.

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