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El Islam en los Países Bajos: el Derecho Constitucional y las Organizaciones Islámicas

Traducción de Latifa Escudero

15/03/1997 - Autor: W.A.R. Shadid & P. S. Van Koningsveld - Fuente: Verde Islam 6
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Introducción

La situación del Islam en la política y en la legislación del Estado holandés durante la época colonial difiere enormemente de la que tiene en la actualidad. Durante ese período, el alcance de la Constitución Holandesa y de las estructuras legales y políticas derivadas de ella, se restringía exclusivamente al territorio de los Países Bajos.

Las colonias holandesas y sus habitantes musulmanes eran gobernados por un sistema legal y político totalmente diferente, con implicaciones importantes en el estatuto de la infraestructura islámica y el reconocimiento del Derecho Islámico de Familia.

Tras la retirada de los holandeses de sus antiguas colonias y coincidiendo con la llegada de inmigrantes musulmanes a los Países Bajos, los abogados y políticos holandeses se ven obligados a reconsiderar la situación del Islam, traduciendo para el caso islámico exactamente los mismos principios constitucionales que se aplican a cualquier otra religión o filosofía de vida seguida por los habitantes del Estado Holandés. Estos principios constitucionales, que son de importancia fundamental para una comprensión de la situación holandesa, deben ser examinados en su contexto histórico y social.

La historia de las relaciones holandesas con el mundo musulmán abarca varios siglos de dominación colonial en las antes holandesas Indias del Este (Indonesia) y Surinam. En cualquier caso, la presencia del Islam en los Países Bajos es un fenómeno principalmente postcolonial. Esto se refleja en los variados grupos de habitantes de origen musulmán, no sólo originarios de las antiguas colonias sino también de países mediterráneos, que vinieron por lo general como inmigrantes en busca de trabajo, desde finales de los años 60 en adelante. El número total de habitantes de origen musulmán en los Países Bajos se puede estimar en 400.000.

Según su origen étnico se distribuyen de la siguiente forma:

 

El Derecho Constitucional holandés y sus implicaciones en la práctica religiosa.

El principio de libertad religiosa se establece en el Artículo 6, que implica al mismo tiempo la separación entre la Iglesia y el Estado. El derecho de libertad religiosa, así como los demás derechos constitucionales, es aplicable tanto a personas individuales como a grupos. El Estado se abstiene por tanto, aunque dentro de unos límites legales, de interferir en los asuntos internos de aquellas comunidades que se basen en una religión o filosofía de vida.

En segundo lugar, el principio de no discriminación en base a la religión se recoge en el Artículo 1, que estipula un trato igualitario a los grupos religiosos. Si el Estado, por motivos de interés público, decide apoyar a determinados grupos religiosos desarrollando o manteniendo alguna de sus infraestructuras, está, por este mismo principio, obligado a hacer lo mismo con los demás grupos religiosos, tanto si se han establecido en el país recientemente como si no. Lo mismo se aplica a cualquier otra medida legal relacionada con la religión, como por ejemplo, el reconocimiento legal de las festividades religiosas.

El tercer principio constitucional es el de la libertad de educación recogido en el Artículo 7, que concede a los grupos religiosos el derecho de establecer sus propias escuelas confesionales, las cuales, si cumplen una serie de requerimientos legales --relacionados con el número de alumnos y la calidad y contenidos del programa educativo-- serán completamente subvencionadas por el Estado. Este principio es la base de la creación de escuelas islámicas en los Países Bajos.

El equilibrio y la interacción de estos tres principios constitucionales, que en gran medida definen el espacio legal de la vida religiosa en los Países Bajos, cristalizaron en el llamado sistema de pilares múltiples (o de sostenimiento). Este sistema administrativo holandés concede a los grupos religiosos el derecho a establecer, con financiación estatal, parte de su infraestructura educativa en base a sus creencias. Dicho sistema se fundó a finales del siglo XIX como resultado de una lucha ideológica entre laicos y confesionales iniciada por grupos católicos y protestantes. Aparte de escuelas confesionales de todos los niveles educativos, incluido el universitario, también se crearon otras estructuras de apoyo en distintos ámbitos de la sociedad holandesa como, por ejemplo, hospitales de carácter religioso, sindicatos y emisoras de radio. Los musulmanes tienen derecho a emplear las diversas posibilidades que les ofrece este sistema al igual que los miembros de otras religiones. La existencia de una emisora islámica holandesa subvencionada por el Estado da idea de la aplicación de la ley a nivel general.1

En cualquier caso, la libertad religiosa concedida en el Artículo 6 no es ilimitada. Dicho artículo dice:
“Toda persona tiene derecho a practicar libremente su religión o filosofía de vida, individualmente o en grupo, pero manteniendo una responsabilidad individual ante la ley.”

“La ley puede establecer una normativa concerniente al ejercicio de este derecho en el exterior de los edificios o lugares privados, a fin de proteger la salud y en interés del orden público.”

Los Países Bajos han firmado acuerdos relativos a la libertad religiosa en numerosos tratados internacionales, lo que hace que sean de obligada aplicación por parte de los tribunales holandeses. Esto se puede observar en el Artículo 9 del Tratado Europeo para la protección de los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales, así como para los Artículos 18 y 27 del tratado internacional relativo a los derechos políticos y civiles, inspirados en gran medida por la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas de 1948 (la cual por sí misma no es de obligado cumplimiento por parte de los tribunales).
Además, los holandeses firmaron la declaración de 1981 referida a la eliminación de todo tipo de intolerancia y discriminaciones basadas en la religión o en una determinada filosofía de vida. Aunque no tiene una fuerza de obligado cumplimiento por parte de los jueces holandeses, tiene, no obstante un considerable peso a la hora de interpretar la Constitución Holandesa, puesto que parte del contenido del Artículo 6 de su primer artículo fue formulado por la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Como ya se señaló anteriormente, los principios fundamentales de la Constitución Holandesa no se aplican sólo a personas, sino también a organismos. Asimismo, es de gran importancia que este derecho sea válido para todos los habitantes del territorio de los Países Bajos, inclusive para aquellos que no posean la nacionalidad holandesa. Es más, se debe distinguir entre el efecto de la aplicación vertical y la horizontal de este principio. El efecto se llama vertical cuando se refiere a la relación entre el Gobierno y el ciudadano, aunque el Gobierno actúe como una persona jurídica; por ejemplo, como contratante o como contract partner. El efecto horizontal es el que se deriva de la aplicación de los derechos fundamentales en el marco de las relaciones entre los ciudadanos. La pregunta de si los derechos fundamentales tienen un efecto horizontal y en qué grado se pueden aplicar de distinta manera según a qué artículo de la Constitución nos remitamos.

El Gobierno holandés ha enfatizado que “la libertad religiosa es de suma importancia para las relaciones entre los ciudadanos”, lo que implica que se le concede un gran efecto horizontal a este artículo. La importancia de este efecto horizontal se puede entender, por ejemplo, en la jurisprudencia holandesa relativa a las festividades islámicas, que se tratará más adelante en este estudio.

Con respecto al efecto vertical de los derechos constitucionales fundamentales, se debe distinguir, por un lado, la relación entre el Gobierno y los ciudadanos en general y, por otro, aquella relación especial que dicho Gobierno mantiene con un sector particular de la población. Esta última categoría comprende, entre otros, a los funcionarios del Estado, militares, reos y los hospitales psiquiátricos que estén bajo la jurisdicción del Estado. Contrariamente a lo que sucedía en el pasado, el Gobierno actual mantiene la postura de que los derechos fundamentales son aplicables a todos los ciudadanos, inclusive los de estas categorías especiales.

En cualquier caso, puede haber restricciones inevitables en el libre ejercicio de los derechos fundamentales, incluidos aquellos de índole religiosa. Estas restricciones deben basarse siempre en estipulaciones de la Constitución misma o de tratados internacionales que tengan una influencia decisiva en los Países Bajos. Al mismo tiempo, el Gobierno Holandés reconoce que crear dichas facilidades conlleva una especial responsabilidad, pero que a su vez son necesarias para permitir que estos grupos especiales de ciudadanos ejerzan su derecho fundamental de libertad religiosa en la mejor forma posible dentro de las circunstancias especiales en las que se encuentran. En el caso de los musulmanes esto implica, por ejemplo, la asistencia de imames en las cárceles y en las fuerzas armadas así como la introducción de distintas regulaciones que permitan a los funcionarios musulmanes visitar la mezquita los viernes y celebrar festividades islámicas. La responsabilidad especial del Gobierno hacia este grupo de ciudadanos se debe distinguir de su responsabilidad con el resto de la población general. Esto implica, por ejemplo, que no se puede solicitar del Gobierno que pague a todos los funcionarios religiosos de la población en general, aunque esté obligado a hacerlo en determinados hospitales, en las cárceles y en el Ejército.

En cualquier caso, de acuerdo con la interpretación más generalizada que se da al principio constitucional de libertad religiosa, el Gobierno está obligado a crear o facilitar algunas condiciones básicas que permitan el establecimiento de curas, rabinos, imames, etc. en las comunidades religiosas. Esto incluiría facilitar el permiso de residencia a aquellos imames que procedan del extranjero para encargarse de una mezquita-comunidad en los Países Bajos. También incluiría la financiación de los estudios religiosos superiores, permitiendo la formación de imames en los propios Países Bajos, tras el ejemplo marcado por las facultades y seminarios de teología, donde la formación de religiosos está completamente financiada por el Estado Holandés.

En la Constitución, el Derecho de Libertad Religiosa se formula como el derecho de cada uno a practicar su religión. Esto implica no sólo el derecho a la convicción interna de cada uno, sino también el derecho a comportarse externamente según esos mismos preceptos. El comportamiento externo puede tener muchas implicaciones sociales, lo que explica por qué este concepto ha sido objeto de tantas definiciones y elaboraciones. El Artículo 6 de la Declaración, sobre la eliminación de toda forma de intolerancia y discriminación basado en la religión o filosofía de vida, es de gran importancia en este sentido. Este artículo especifica que los aspectos conductuales de la libertad religiosa incluyen los siguientes actos religiosos:

  1. Oraciones, incluyendo la celebración de servicios religiosos y el establecimiento y mantenimiento de edificios para dicho propósito.
  2. Creación y mantenimiento de instituciones adecuadas para la caridad y los propósitos humanitarios.
  3. Creación, obtención y uso de los medios que sean necesarios para la observancia de los ritos y costumbres religiosas.
  4. Preparación y distribución de publicaciones relevantes y de interés.
  5. La enseñanza de la religión o creencia de cada uno.
  6. Formación, establecimiento y elección de representantes.
  7. Observancia de los días de descanso prescritos y celebración de las vacaciones y festividades.
  8. Hacer y mantener contactos con individuos y organismos sobre temas religiosos, tanto a nivel nacional como internacional.

Esta lista es de gran importancia para obtener una visión realista del efecto que produce el derecho de libertad religiosa. Se está tratando aquí con actos específicos que expresan la convicción religiosa, pero no el derecho generalizado de vivir en la práctica en concordancia con todas las normas religiosas de naturaleza social.

En relación con estas normas, la primacía de la ley civil existente es indudable. El derecho de libertad religiosa se refiere estrictamente al comportamiento religioso, es decir, la práctica directa de las creencias religiosas, en forma de charlas (sermones), servicios religiosos, ritos, costumbres y todo lo directamente relacionado con estos temas.

Aplicando este principio constitucional al Islam se podría decir que la libertad religiosa, siguiendo el modelo holandés, se refiere en particular al derecho de profesar, difundir y enseñar la creencia islámica, y crear las infraestructuras adecuadas para ello, tales como la financiación de mezquitas y nombramiento de imames. Además, incluiría el derecho a ajustarse a los deberes del Islam más relacionados con actos o ritos religiosos, como por ejemplo la realización de las oraciones diarias, las visitas semanales a las mezquitas los viernes, el ayuno durante el mes de Ramadán, el cumplimiento de los preceptos en materia de alimentación y vestimenta, y la celebración de las dos fiestas anuales: la Fiesta del fin del ayuno y la Fiesta del Cordero. Podría incluir además el derecho de realizar al menos una vez en la vida la peregrinación a la Meca (siempre que uno tenga la solvencia económica para ello), que es parte de la libertad religiosa contemplada en la Constitución Holandesa.

Sin embargo, es distinta la situación en la aplicación general de todo tipo de normas sociales que se podrían derivar del Islam, como por ejemplo las leyes islámicas concernientes a temas personales y de la familia. Además, como ya se ha visto anteriormente, el sistema holandés no ofrece una base adecuada para el reconocimiento legal de estas normas sociales de orden religioso. Esto es aplicable a todas las religiones incluyendo al cristianismo y sin exceptuar al Islam.

Aún así, los extranjeros residentes en los Países Bajos tienen posibilidad de solicitar a la Justicia holandesa que se les apliquen las leyes de sus países de origen apelando al Derecho Internacional privado; aunque esta prerrogativa se restringe sólo a ciertas situaciones como el divorcio y el reparto de las herencias. En caso de que ninguna de las partes posea la nacionalidad holandesa, a falta de acuerdo regirá la legislación holandesa. Las reglas del Derecho Internacional privado permiten la aplicación de normas legales islámicas por parte de la legislación holandesa, siempre que estas normas estén recogidas en el derecho de los países de origen.

De cualquier modo esta medida tiene un carácter temporal. Los holandeses con doble nacionalidad no pueden solicitarla, y una vez que el proceso de naturalización de residentes de origen musulmán se da por terminado, no se podrá solicitar la aplicación de esta medida. Esto no significa que determinadas normas y valores del Islam, como por ejemplo los relativos a las relaciones familiares, no puedan jugar algún papel en distintos aspectos de la Jurisprudencia y en las decisiones gubernamentales; pero hay que tener en cuenta que los principios básicos más importantes en el proceso de integración del Islam en la estructura legal de la sociedad holandesa son los derechos fundamentales de la Constitución Holandesa.

A continuación se tratará una política concreta del Gobierno dirigida a las religiones de las minorías.

 

Centros de oración y mezquitas: su desarrollo y sus funciones

El desarrollo del Islam en los Países Bajos ofrece múltiples ejemplos en los que pequeñas comunidades cuentan en su etapa inicial con una sala de oración (que a menudo no es más que una habitación destinada exclusivamente a la realización conjunta del Salat) y posteriormente se decide el traslado a un lugar más adecuado que cuente con un imam, constituyéndose así una mezquita. En los inicios de la presencia del Islam en Holanda, era frecuente que las comunidades musulmanas alquilaran locales temporalmente, destinados al culto religioso. Más tarde se encontraron soluciones más permanentes, como por ejemplo la adquisición de edificios vacíos (iglesias, colegios y viejas fábricas) o bien la construcción de nuevas instalaciones.

La información facilitada por las organizaciones islámicas existentes indica que el número de mezquitas y salas de oración existentes en Holanda es de 350 aproximadamente. Un censo realizado en la primavera de 1990 muestra que estas mezquitas están distribuidas en 128 ciudades.2 En las tres ciudades principales del país hay una concentración elevada de mezquitas, en concordancia con la distribución demográfica de los musulmanes en Holanda: 29 mezquitas en Amsterdam, 26 en Rotterdam y 21 en la Haya. La mayor parte de estas mezquitas y salas de oración se organizan en torno a un criterio étnico. Así, 134 de ellas son turcas, 104 marroquíes, 21 del Surinam, 6 pakistaníes, 4 de Java-Surinam, 2 de Las Molucas, 1 de Indonesa, 1 egipcia y 1 holandesa.

Las mezquitas y salas de oración internacionales o multiétnicas se estimaron tan sólo en torno a 18. Con pocas excepciones, estos lugares de culto multiétnicos se encontraban en pequeños pueblos o ciudades que no disponían de más de una mezquita o sala de oración. Por lo visto, a causa del limitado número de habitantes musulmanes, no se consiguió la creación de centros de una sola nacionalidad. En las ciudades en las que hay dos mezquitas o lugares de oración, normalmente se observa una separación de los musulmanes en base a su origen étnico. En otras comunidades más grandes, en ciudades con tres o más mezquitas, se observa un proceso de separación aún mayor, basada esta vez en distintos enfoques doctrinales dentro de un mismo grupo étnico. Por ejemplo, en Helmond hay dos mezquitas turcas y dos mezquitas marroquíes, cada una correspondiente a una denominación religiosa. Existe por tanto una relación entre el tamaño de la comunidad musulmana existente en una ciudad determinada y el grado en que se dispersa a la hora de crear mezquitas basándose en distinciones de carácter nacional e ideológico.

Así, a mayor número de musulmanes, más diversificado está el criterio de organización religiosa.

Paralelamente a la transformación de las salas de oración en mezquitas y de los centros multirraciales y de variada ideología en organizaciones de una sola etnia y escuela de pensamiento, hay un crecimiento en los aspectos funcionales de estas instituciones religiosas básicas en las comunidades locales. Al principio la única función de este tipo de institucionalización del Islam era la de cubrir las necesidades de asistencia religiosa en Ramadán y en otras fechas importantes del calendario islámico y, más adelante, los viernes y los demás días de la semana. El establecimiento de estos lugares de culto implicaba la creación de sedes sociales que permitieran nuevos contactos entre gente con una identidad común. La utilidad de prestar servicios religiosos colectivamente así como la necesidad de crear un entramado social basado en una misma identidad, en el marco de un entorno nuevo y no musulmán, fueron los principales factores impulsores del proceso de institucionalización.

Entre las funciones religiosas y sociales de estos lugares de culto, pronto se incluyó la de dar formación religiosa básica a los niños de las comunidades, proceso que se aceleró en cuanto las familias de emigrantes turcos y marroquíes se reunieron con sus familiares, lo que tuvo lugar desde finales de los años setenta en adelante, con motivo de la política oficial del Gobierno holandés que estableció turnos para encuentros familiares. Por otra parte, los musulmanes procedentes de antiguas colonias, como los del Surinam, llegaron ya con toda la familia y, en contraste con los trabajadores emigrantes de Marruecos y Turquía, desde el principio se establecieron en Holanda de forma permanente.

El caso de los musulmanes indostanís y javaneses del Surinam difiere enormemente del caso de los marroquíes y turcos. A saber, están más familiarizados con el idioma, las instituciones y los valores de la sociedad holandesa. Muchos de ellos, sobre todo los de origen indostaní, tienen un largo historial como comerciantes y experiencia en organizar y administrar sus propiedades. En su caso la necesidad de instituciones religiosas que proporcionen una formación básica religiosa a sus hijos se da desde el comienzo de su inmigración.

Con frecuencia, la formación religiosa inicial que facilitaba la comunidad se impartía de forma voluntaria por personas cualificadas procedentes de distintos países musulmanes que habían vivido cierto tiempo en los Países Bajos. Sin embargo, había que encontrar soluciones permanentes y con una base más sólida. Una forma eficaz de cubrir estas necesidades requiere la designación de un imam, que además de encargarse de los servicios religiosos diarios pueda ejercer de maestro de los niños.

El crecimiento de la vida comunitaria promovido por las mezquitas, no sólo durante el transcurso de los servicios religiosos sino también como resultado de la educación religiosa recibida los fines de semana o durante las vacaciones, acentuó el papel jugado por la mezquita como centro de reunión en la vida diaria de la comunidad.

En los países de origen, muchas instituciones culturalmente definidas solían existir casi siempre separadas por completo de la mezquita, pero en Holanda tales instituciones paralelas no existían. Dotar a las mezquitas holandesas con algunas de las funciones de esta infraestructura ausente no sólo fue lógico sino una solución constructiva, puesto que suponía proporcionar más material de apoyo para el mantenimiento de las mezquitas y por consiguiente de la vida de la comunidad musulmana.

Este proceso se estimuló porque el Gobierno Holandés, aunque no se hacía cargo de financiar las funciones estrictamente religiosas de las mezquitas, sí que podía subvencionar actividades de la esfera social y cultural. A su vez, esto repercutió positivamente en el desarrollo de diversas actividades en el campo educativo, deportivo y de ocio, entre otros, con el propósito de facilitar a los más jóvenes una alternativa que se alejara de patrones de conducta rechazados por el Islam, como el consumo de alcohol y de drogas.

Como resultado, los edificios destinados a mezquitas en Holanda se emplearon para celebrar fiestas y ceremonias de boda, celebraciones de la circuncisión y ceremonias funerarias, para las que no suelen utilizarse en sus países de origen. Además, en los alrededores de muchas mezquitas (sobre todo de las turcas), hay tiendas pertenecientes a las comunidades musulmanas que venden libros religiosos y productos étnicos de sus países de origen. Obviamente, estas tiendas añaden a la base social y financiera de la comunidad una vida centrada en torno a la mezquita. De forma muy limitada hasta ahora, las mezquitas ofrecen algunas facilidades para mujeres. En algunas de las mezquitas más grandes de turcos y marroquíes, así como en las dos mezquitas de la comunidad de Las Molucas, se han creado instalaciones especiales para mujeres, mientras que en algunas mezquitas indonesias y del Surinam las mujeres pueden hacer la oración en la misma sala que los hombres colocándose detrás de ellos. Asimismo, hay algunas mezquitas que han organizado cursos y clases para mujeres.


Política del Gobierno holandés sobre mezquitas

El Gobierno central ha subvencionado hasta cierto punto la creación de un determinado número de mezquitas y salas de oración. En 1975, los políticos holandeses abolieron el Boletín de Subvenciones para la Construcción de Mezquitas, que databa de 1962, como resultado del deseo de ver la completa aplicación del principio de separación entre la Iglesia y el Estado. Al mismo tiempo, hubo circuitos del Gobierno que se dieron cuenta de la creciente necesidad de centros de culto existente entre los musulmanes, los cuales, debido a su reciente llegada a Holanda, con tan sólo una excepción, no habían podido beneficiarse del Reglamento de Subvenciones que se facilitó a la Iglesia durante un prolongado periodo. En 1976 se estableció un Reglamento General relativo a la subvención de centros de oración, por el cual las comunidades musulmanas con un mínimo de mil miembros podían solicitar la subvención del 30 % de los costes de creación de una mezquita, hasta un máximo de 30.000 florines holandeses por mezquita. Este reglamento estaba limitado a un período de 5 años, finalizando en 1981, y gracias a él se subvencionaron 31 centros de culto. Otra “reglamentación temporal” se creó a comienzos de 1981 con validez hasta enero de 1984. Difería de la de 1976 en que ya no imponía la condición de que la comunidad musulmana solicitante de la ayuda fuera de un mínimo de mil miembros; a este Reglamento se acogieron 69 centros de culto. Ambas reglamentaciones estaban destinadas a “musulmanes de entre los trabajadores extranjeros”, excluyendo así, entre otros, a numerosas comunidades musulmanas del Surinam.4

Esto contrastaba con el caso de los soldados cristianos y musulmanes de Las Molucas y sus familias, procedentes de las antes holandesas Indias del Este (Indonesia), que llegaron a Holanda a instancias del Gobierno holandés tras la descolonización y con la promesa de que volverían a su país tras la creación de una República Libre en Las Molucas. Recibieron subvenciones completas para la creación de centros de culto.

El tema de la subvención de mezquitas por parte del Gobierno nacional llegó a su fin a través de dos mociones presentadas en la Cámara Baja en 1984 y 1986 por representantes del Partido Laboral (PVDA) y del Partido del Pueblo para la Libertad y la Democracia (VVD). Esto fue contestado mediante una moción de un miembro del Partido Democrático Cristiano (CDA) formulada en 1984, en la que se invitaba al Gobierno a estudiar la posibilidad de continuar la subvención de centros de culto de grupos minoritarios, respetando al mismo tiempo el principio de separación entre Iglesia y Estado. Este proyecto se rechazó y fue contestado mediante una contramoción en la que los dos partidos anteriormente mencionados argumentaron que “las obligaciones del Gobierno relativas a la religión deben limitarse a garantizar la libertad de una determinada filosofía de vida”; y también que “una política selectiva que favorezca a determinados grupos religiosos (refiriéndose a los musulmanes turcos y marroquíes) es inadmisible”.

En 1986, cuando el Ministro de Cultura propuso subvencionar la creación de edificios que pudieran usarse tanto para aspectos socioculturales como estrictamente religiosos, se consideró que tal propuesta entraba en contradicción con el principio de separación entre la Iglesia y el Estado. Pero este no fue el fin del debate.

El Comité Consultivo Hirsch Ballin —que toma el nombre de su presidente— en un informe publicado en 1988 recomendó una regulación temporal de las subvenciones de los centros de culto de grupos minoritarios. Se argumentó que estos grupos religiosos, en contraste con las iglesias establecidas, apenas habían disfrutado de algún tipo de ayuda del Estado hasta la fecha, por lo que se reclamaba un trato justo e igualitario.

El Comité estableció que no se infringía necesariamente el principio de separación entre Iglesia y Estado con esa regulación, siempre que se respetara la independencia y libertad de culto de los distintos enfoques religiosos y siempre que todas las convicciones religiosas o filosóficas fueran tratadas con igualdad.5

Hasta ahora, el Gobierno no ha puesto en práctica el consejo del Comité Hirsch Ballin.

En un discurso del 14 de septiembre de 1990, el Ministro del Interior, explicando la política del Gobierno hacia las minorías, sutilmente desoyó los consejos del Comité y recalcó que “en materia de religión y culto religioso, el Gobierno holandés evita todo tipo de participación”. Aún así, el ministro sugirió al mismo tiempo que “se tendrá en cuenta, como parte de la política municipal, la creación de lugares de culto y de otros edificios destinados a organizaciones musulmanas o hindúes; lo cual no significa que el ayuntamiento deba renunciar a su política de arrendamiento”.6

La política que proponía el Ministro en este discurso era un trato igualitario para todos los grupos religiosos, puesto que en la política municipal se contempla la necesidad de crear iglesias, así como arrendar suelos para la creación de iglesias y otros edificios religiosos.

Esta política creó algunas dificultades a la hora de construir las mezquitas, pues muchas organizaciones islámicas insistieron en comprar los terrenos en condiciones aceptables por la ley islámica. Hubo un caso con una mezquita turca en La Haya en la que se llegó a un acuerdo: se vendió el terreno con la condición de que, en caso de una futura venta, el primer comprador fuera el Estado.

Muchas autoridades locales han colaborado en la creación de centros de culto. Por ejemplo, en 1983 el Comité Waardenburg sugirió que las administraciones locales deberían poner algunas de sus instalaciones a disposición de las comunidades islámicas y permitirles establecer en ellas sus lugares de culto. Una encuesta de 1988 muestra que muchas de ellas así lo hicieron. En la mayor parte de los municipios con habitantes musulmanes, éstos alquilaron o tuvieron acceso gratuito a locales de la Administración.7

Dentro del marco de la legislación nacional, los ayuntamientos tienen libertad para diseñar sus propias políticas respecto a un gran número de temas, entre ellos el de las mezquitas y todo lo que ellas conllevan: subvención y mejora de las mezquitas, construcción de mezquitas contemplada en los planes de desarrollo municipal, solventar las protestas de los ciudadanos en relación a las mezquitas, ofrecer licencias de apertura de tiendas dentro de las mezquitas, destinadas sobre todo a la venta de libros religiosos, comida típica, artesanía, etc., llamada pública a la oración (adhan), subvención de actividades sociales y culturales no religiosas en las mezquitas y reconocimiento de las mezquitas como auténticas instituciones que deberán tener representación a nivel municipal.8

Existen diversas actitudes en la política municipal en torno a la creación y conservación de las mezquitas. Por ejemplo, cuando vencieron los decretos de subvención de mezquitas y salas de oración, Amsterdam creó independientemente el Decreto sobre abastecimiento religioso (1985-1990). Permitió a la ciudad asesorar a las comunidades en la búsqueda de locales adecuados para una mezquita, facilitando subvenciones para la mejora de mezquitas dentro de los planes de desarrollo de la ciudad o bien mejoras técnicas en los edificios, como insonorización o prevención de incendios.

Lo mismo sucedió en Rotterdam, donde tanto las salas de oración como los locales adyacentes (tiendas, etc.) se vieron libres del pago de las tasas municipales sobre suelos. Esta ciudad también subvenciona la Plataforma de Organizaciones Islámicas de Rotterdam (SPIOR), en la que tienen representación todas las comunidades sunnitas y a la que el ayuntamiento consulta en temas relacionados con las mezquitas o en materia de educación religiosa islámica en escuelas públicas.
Sin embargo, algunos ayuntamientos dan una interpretación estricta al tema de la separación entre religión y Gobierno y han tratado de no subvencionar ninguna mezquita; aunque otras ciudades, como Arnhem, dieron generosas subvenciones para la creación de una mezquita para cada grupo étnico, interfiriendo de lleno en el conflicto de intereses de las múltiples variantes religiosas intraétnicas. En muchos casos los ayuntamientos colaboraron en la búsqueda de lugares adecuados para la creación de mezquitas y evitar así problemas con el vecindario.

Un problema continuo relacionado con las mezquitas es la falta de inclusión en los planes de desarrollo municipales de terrenos destinados a la creación de mezquitas. En líneas generales, los ayuntamientos han sido poco severos a la hora de facilitar dispensas a las normas de esta política, como por ejemplo en el caso de las mezquitas que se abren sin notificación a las autoridades locales.

La ausencia de mezquitas en estos planes municipales se empleó como arma por parte de aquellos vecindarios que se oponían a su creación, proporcionándoles una base legal, lo que obligó a algunas comunidades musulmanas a retirar sus peticiones ante la presión de la opinión pública. Ha habido casos de ayuntamientos o personas físicas que han llegado a llevar a juicio estos conflictos, aunque hasta la fecha siempre se ha fallado en favor de las comunidades islámicas.

Según el veredicto de un juez de Hertogenbosch, la libertad religiosa no puede coartarse en aras de los planes de desarrollo municipales. Este veredicto se basa en la interpretación literal del Artículo 6 de la Constitución que dice así:
“La ley puede establecer una normativa concerniente al ejercicio de este derecho (refiriéndose al derecho constitucional de libertad religiosa) en el exterior de los edificios o lugares privados, en interés del orden público”. La privación de la libertad religiosa dentro de edificios adecuados a tal fin se consideró más allá del alcance de esta ley constitucional.9

En otros casos, el veredicto estipulaba que la creación de una mezquita no puede en ningún momento alterar el orden público ni implicar un deterioro de las zonas residenciales. En cualquier caso, debe quedar claro que la mayor parte de los conflictos que surgen no van a juicio.10

Normalmente, los que se oponen a la apertura de mezquitas lo hacen por el supuesto ruido que éstas causan, tanto en las llamadas a la oración diarias como en las oraciones nocturnas de Ramadan. El boletín Bill of Public Manifestations pone aquí al mismo nivel la llamada a la oración de los musulmanes con la costumbre cristiana del repiqueteo de las campanas. Ambas están permitidas, pero los ayuntamientos pueden establecer una normativa relativa a la duración y el volumen de los sonidos resultantes.

En Amsterdam, las mezquitas tienen un permiso para la llamada a la oración, solamente los viernes, de cinco minutos de duración. Las licencias individuales especifican el volumen máximo permitido en cada mezquita, en base al ruido ya existente en el vecindario y al tráfico de la zona. Lo más habitual es que los ayuntamientos concedan permisos para realizar la llamada tan sólo los viernes y en algunos casos también en las fiestas anuales. En casos excepcionales se permite realizar la llamada diariamente, con una media de entre una y tres veces al día.

Los ayuntamientos holandeses mantienen actitudes contrapuestas acerca de la subvención de actividades sociales y culturales en las mezquitas, y en el tema de su participación en la política municipal.

Algunos políticos insisten en la separación completa entre religión y Estado. Ven a las mezquitas como instituciones de las primeras generaciones de emigrantes musulmanes que tratan de socializar a las futuras generaciones (pág. 120), lo que dificultaría su integración en la sociedad. Además, las mezquitas se han visto obligadas a competir con algunas instituciones benéficas no religiosas ya existentes para los emigrantes, las cuales tienden a defender su territorio. Por otra parte, la corriente actual en la política de minorías también puede suponer un obstáculo; por ejemplo, el paso del sector blando de trabajo de beneficencia al sector duro de alojamiento, empleo y educación; la reducción de las ayudas de beneficencia destinadas a determinados grupos étnicos y a otros grupos, independientemente de su origen étnico, etc.

Por otra parte, también existe una clara tendencia hacia el reconocimiento del papel que desempeñan las organizaciones islámicas en la vida diaria de los emigrantes musulmanes. Muchos opinan que hasta que las organizaciones islámicas no tengan representación en la política municipal, las ayudas a los musulmanes no estarán resueltas. En Rotterdam, las mezquitas han sido oficialmente reconocidas como “organizaciones propias” de emigrantes, lo que ha llevado a un sutil acercamiento entre la ciudad (el ayuntamiento) y las mezquitas.
En otras ciudades como Amsterdam y Arnhem, las mezquitas intervienen en el desarrollo de políticas locales para las minorías, junto con representantes de las instituciones no religiosas para emigrantes establecidas anteriormente.

Hay un número creciente de ayuntamientos que dedican sus esfuerzos a la subvención de actividades sociales y culturales en las mezquitas, en equiparación con las ayudas concedidas a la Iglesia y a organizaciones cristianas para actividades del mismo fin. Sin embargo, aún falta bastante para que los ayuntamientos acepten totalmente el papel social y cultural que juegan las mezquitas.

 

Elección, formación y funciones principales de los líderes religiosos de las mezquitas comunitarias

Las mezquitas holandesas se suelen constituir legalmente como fundaciones (stiching) o como sociedades (vereniging) presididas por una Junta Directiva. Los miembros de la Junta se encargan de su mantenimiento y de los temas económicos. A menos que haya un acuerdo especial con el Gobierno del país de origen, el imam de la mezquita es elegido por la Junta. Las funciones de la Junta Directiva son tanto internas como externas, pero las del imam son puramente internas y están principalmente relacionadas con la difusión y aplicación de los valores de la religión islámica. La Junta se encarga de todos los asuntos que puedan surgir en torno a la mezquita y su entorno social no musulmán. En este sentido, se impone un dominio total de la lengua holandesa y amplios conocimientos de la sociedad y del Derecho holandés, por lo que los miembros de la Junta han de haber residido en los Países Bajos durante un período considerable.

Los imames normalmente proceden del extranjero, por la ausencia de hombres capacitados para tal puesto en Holanda. Las comunidades de musulmanes del Surinam suelen traer a imames de la India y Pakistán sobre todo.

Debido a la ausencia en Holanda de la infraestructura social de los países de origen, (amigos, familiares, conocidos) las funciones del imam de una mezquita comunitaria se han incrementado considerablemente. Los imames se han convertido en los guardianes de los valores culturales y religiosos de sus países de origen, al serles encomendadas múltiples tareas tales como dirigir las oración diarias en la mezquita, facilitar consejo religioso a los miembros de la comunidad, proporcionar educación religiosa básica a los niños de la comunidad, intervenir en las celebraciones, etc.

El Tribunal Superior de Los Países Bajos, en su Decreto del 30 de mayo de 1986, otorga a los imames la misma consideración legal que a los pastores y rabinos, en el sentido de que todos ellos son “personas con un puesto clerical”.11 Este decreto anulaba las afirmaciones de algunos abogados y otros especialistas, que consideraban que los imames no eran clérigos (al contrario que sus equivalentes cristianos y judíos). Fue un decreto importante al proporcionar a los imames unas oportunidades de trabajo igualitario en empleos hasta entonces no explorados: hospitales, prisiones, Ejército, etc.

Una vez que el imam es considerado clérigo, las autoridades, con su doctrina de separación religión-Estado, ya no interfieren en las disputas laborales que puedan surgir entre el imam y su comunidad, pues éstos son considerados problemas de índole “espiritual”. Esto deja al imam y a los demás clérigos de los Países Bajos desprovistos de la protección legal garantizada por la Dirección de Intercambio Laboral en los demás casos; por lo que el imam no puede acudir a la ley en caso de ser destituido. El imam tiene exactamente los mismos derechos y limitaciones legales que un sacerdote, con la diferencia de que un pastor amenazado de destitución puede acudir a determinados cuerpos de la Iglesia para que se hagan cargo del asunto, mientras que un imam no tiene acceso a dichos organismos, puesto que no hay un equivalente a ellos en las comunidades musulmanas. Por tanto, la destitución de un imam, a quien su posición de clérigo le daba el derecho a quedarse temporalmente en los Países Bajos, podía suponer su deportación inmediata, por lo que se puede decir que algunos imames se encontraban en una situación de servidumbre moderna. Otro aspecto de este problema se refleja en una política especial del Gobierno con respecto a la inmigración de imames a los Países Bajos, por lo que no resulta nada fácil para una mezquita comunitaria contar con un imam de su elección, procedente de su país de origen. En estos casos, hay que tener en cuenta el reglamento de la “Circular sobre extranjeros” B-11 nº 6.6 “Profesores de religión”, que obliga a realizar una investigación detallada de la solicitud del permiso de residencia temporal del futuro imam, que éste presenta en la embajada holandesa de su país de origen. De tramitar esta solicitud se encarga la oficina del “Registro de extranjeros locales” en el municipio de la comunidad que quiere acoger al imam. Principalmente se tienen en cuenta en la solicitud aspectos de orden público y si la llegada del imam pudiera suponer una fuente de tensiones en la comunidad local si éste es impuesto al grupo. De acuerdo con esta explicación, el único propósito de este procedimiento es proteger la libertad religiosa de las comunidades musulmanas en Holanda que buscan imames en sus países de origen.

La mayor parte de los imames que actualmente trabajan en los Países Bajos han recibido previamente una formación adecuada en sus países de origen. Sólo la comunidad musulmana indostaní del Surinam ha conseguido organizar en Holanda un curso de formación para futuros imames. La primera promoción, compuesta por cuatro estudiantes, se graduó en 1988. Muchos grupos son partidarios de la creación de algún tipo de institución educativa nacional especializada en la formación de imames. De acuerdo con la Comisión Waardenburg (1983) y con numerosos investigadores holandeses, el imam “tradicional” que se ha formado en un entorno musulmán no suele ser capaz de llevar a cabo sus funciones adecuadamente, por su falta de dominio del holandés y sus limitados conocimientos sobre la historia y la cultura de la sociedad holandesa. Su comprensión de los problemas de los miembros de la comunidad, que surgen en el día a día, especialmente de los problemas de las generaciones más jóvenes, es bastante pobre.13

Este es el mismo punto de vista que mantuvo el Partido Democrático Cristiano en el Parlamento el 17 de septiembre de 1980, en un comunicado sobre su política de minorías. Eran partidarios de que se diese formación a gente de los Países Bajos, y que fuera este grupo quien realizara las funciones espirituales necesarias.

El Ministro de Justicia sugirió que para facilitar la integración de las minorías, había que elegir a los líderes religiosos entre los grupos residentes en Holanda preferentemente. Aunque también añadió que el Gobierno holandés no facilitaría ayudas económicas directas para la creación de un centro islámico de formación religiosa. “Eso estaría en contradicción con el principio de separación entre Iglesia y Estado. Las asociaciones religiosas son responsables por sí mismas de la organización y del contenido de sus actividades, y por tanto pueden elegir a sus funcionarios libremente”.

Esto no excluye la posibilidad de que el Gobierno holandés proporcione soporte financiero, de manera indirecta, a centros de formación religiosa. Esto se viene haciendo con los centros religiosos cristianos, que están completamente subvencionados, aunque de manera indirecta, y el Estado sólo interviene en algunos aspectos formales y administrativos. Por otra parte, aunque algunos de los argumentos expuestos a favor de la captación local de imames sean totalmente válidos, da la impresión de que tienden a subestimar el valor interno e intrínseco de las funciones del imam, sobre todo en un entorno no islámico. No hay que perder de vista que los imames son los máximos exponentes de la enseñanza religiosa islámica y que los principales centros de enseñanza de esta disciplina están situados en el mundo musulmán; a estos centros se dirigen aún los musulmanes individualmente en busca de consejo sobre su fe islámica.14

Un centro o facultad en Holanda especializado en la formación de imames sólo daría resultado si se desarrollara como un centro totalmente independiente, de genuina formación religiosa islámica, y donde el conocimiento del idioma y de la cultura holandesa fueran un elemento importante, pero no lo principal, del contenido curricular.

Surge paralelamente un problema más realista, que son los nuevos puestos para imames que el Gobierno holandés va a crear en el Ejército, en hospitales y en las cárceles, a la par con los puestos que ya tienen en estas instituciones sacerdotes, pastores y rabinos.

Esta nueva categoría de imames necesitará de una formación especial para enfrentarse a este nuevo reto laboral. Esto se podría solucionar, al menos parcialmente, organizando cursos especiales destinados a los imames que haya disponibles y a los futuros imames, con el fin de familiarizarlos con la política y la sociedad holandesa y también con los aspectos psicosociales del asesoramiento espiritual. Aún así, todavía no se ha llegado a un acuerdo entre el Gobierno holandés y los musulmanes. Para conseguirlo haría falta una especie de Consejo Nacional Islámico, que representara a los musulmanes en éste y otros importantes temas a negociar con el Gobierno holandés, como por ejemplo, la distribución de las ofertas de empleo estatales para imames entre las distintas comunidades religiosas.


Organizaciones islámicas de cobertura

Aparte de las comunidades locales afiliadas a una sola mezquita, varias iniciativas han dado como resultado la creación de organizaciones nacionales de distintas etnias; como ha existido un sinfín de obstáculos de índole política e ideológica que han minado estas tentativas, ha surgido una variedad de organizaciones nacionales de cobertura en torno a cada grupo étnico. La naturaleza de estas organizaciones es variada. Algunas están estructuradas como federación; otras son meras plataformas para la discusión y consulta entre las distintas organizaciones locales y otras son cuerpos centralizados en mayor o menor medida, que influyen sobre las mezquitas locales como centros ramificados. La creación de una organización nacional distinta para cada grupo étnico sigue siendo una aspiración a conseguir.

Los retos u objetivos a los que se enfrentan las principales comunidades étnicas se tratarán a continuación con más detalle.


Comunidades de Indonesia

La Comunidad musulmana de Las Molucas que hay en Holanda, con dos mezquitas, no cuenta con una organización de cobertura propia. Lo mismo ocurre con otras tres salas de oración de musulmanes de Indonesia, donde la Asociación en Europa de Jóvenes Musulmanes Indonesios (PPME), creada en 1971, y que busca practicar “las verdaderas enseñanzas del Islam” --bajo el influjo de los ideales reformistas contemporáneos--, desempeña una gran labor coordinadora. Los que forman esta asociación son principalmente estudiantes indonesios y comerciantes con residencia temporal en los Países Bajos.


Comunidades del Surinam y de Pakistán

La diversidad étnica y religiosa de los grupos de musulmanes del Surinam se refleja en sus organizaciones de cobertura. Los musulmanes del Surinam son sobre todo indostanís (sunnitas y ahmadíes) y javaneses (sunnitas).

Las 15 pequeñas y dispersas comunidades de javaneses sunnitas poseen principalmente salas de oración no oficiales y aún no se han configurado en torno a una única organización de cobertura. Entre ellas destaca la Asociación Cultural Islámica “Roekoen Islam” en La Haya. Por otra parte, los musulmanes indostanís sunnitas, con raíces religiosas en la tradición mística Qadiriya, más concretamente en el movimiento Berelvi, engloban a 36 comunidades, 20 de las cuales cuentan con una mezquita o sala de oración.

Tres competitivas organizaciones aspiran a representarlas a nivel nacional. La más destacada hasta la fecha es la World Islamic Mission Nederland (WIMN) de Amsterdam, que reconoce a Sheij Nurani de Pakistán como su líder espiritual, y puede decirse que coordina a alrededor del 50 % de estas comunidades. Participa, junto con la STICF turca y la UMMON marroquí, en la Junta Directiva de la Fundación Islámica de Radiodifusión (IOS). La segunda organización es la Stichting Islamitische Wereldmisie (SIWM), en La Haya, que tan sólo cuenta con 2 mezquitas (incluyendo a una comunidad pakistaní) y a unas cuantas comunidades locales sin mezquita; tienen como jefe espiritual a Pir Maroof, de Bradford.
Además, nos encontramos con la Internationale Moslim Organisaite (IMO), que coordina al resto de mezquitas comunitarias y cuyo líder espiritual es Abd-al-Wahhab Siddiqui, de Inglaterra. A la vista de las ideas de Siddiqui, podría decirse que la postura místico-religiosa de la IMO es menos qadiriya que otras, y que también se basa en otros movimientos místicos, como por ejemplo los Naqshbandis.

Los indostanís, pakistaníes y musulmanes holandeses ligados al movimiento ahmadí se configuran en dos organizaciones de cobertura, de las cuales la rama Lahori, la Federation of Ahmadiyya Anjumans Isha’at Islam in Nederland (FAAIIN), es la más grande. Tiene sucursales en la mayoría de las grandes ciudades de los Países Bajos. La rama Rabwah, por otra parte, configurada como la Ahmadiyya-beweging in de Islam (El movimiento ahmadí del Islam), tiene dos mezquitas, destinadas tan solo al uso de pequeñas comunidades en algunas ciudades.

Finalmente, las cuatro mezquitas pakistaníes existentes, representantes de la tradición no mística y ortodoxa de los salafíes, no se han unido en torno a una organización de cobertura.


Comunidades de Turquía

La organización nacional turca de cobertura más antigua es la Stichting Islamitisch Centrum Nederland (SICN) (La Fundación Centro Islámico de los Países Bajos) de Utrecht, fundada en 1972. Los objetivos oficiales de esta organización son promover contactos entre los musulmanes en los Países Bajos y proporcionar educación islámica a la comunidad. Coordinando a 18 mezquitas y a 12 centros juveniles, está adscrita al movimiento de los suleimanlis, el cual tiene su sede en Colonia. Este movimiento se opone a la política oficial del Estado laico de Turquía, y no hace uso de los servicios de contratación de la Dirección de Asuntos Religiosos de Ankara. En concordancia con su tradición, en Turquía se pone un énfasis especial en la educación religiosa, especialmente en las clases de Qur’an. Unos 50 o 60 imames, muchos de ellos de forma voluntaria, participan con las comunidades de esta organización de cobertura.

La organización turca de cobertura más grande de Holanda es la Stichting Turks-Islamitische Culturele Federatie (STICF) (Fundación Turca Cultural Islámica) de Rotterdam, fundada en 1979, y que coordina a unas 96 mezquitas y a 7 centros juveniles.

Sus estatutos de 1979 marcaban como objetivos oficiales los siguientes: difundir la cultura islámica, coordinar las distintas organizaciones islámicas de Holanda y promover la eficacia de las instituciones en ella incluidas, a base de fomentar un contacto regular con los Diyanet en Ankara. Los objetivos de la STICF, tal y como se formularon en sus publicaciones, incluyen también servir a los intereses y promover la emancipación de la comunidad musulmana turca, con un énfasis especial en su identidad cultural musulmana, así como estimular la integración y la participación de esta comunidad en el conjunto de la sociedad holandesa. Ha jugado un papel pionero al formar la Islamitische Omroep Stichting (IOS) (Fundación Islámica de Radiodifusión), subvencionada por el Estado.

Inicialmente estuvo formada únicamente por esta organización de cobertura, pero amplió sus miras en 1989, cuando representantes de las organizaciones nacionales indostanís y marroquíes participaron también en su Junta Directiva. La STICF actúa en estrecha cooperación con la Islamitische Stichting Nederland (ISN) (Fundación Islámica de los Países Bajos), una organización fundada en 1982 y estrechamente ligada a la Dirección de Asuntos Religiosos de Ankara. El objetivo de esta fundación es hacerse cargo de la dirección de las mezquitas y colocar a imames profesionales, formados en instituciones del Estado en Turquía, a la disposición de las comunidades locales. A través de sus oficinas unos 75 imames “oficiales” han sido colocados en mezquitas afiliadas a la STICF.

Estos imames, que tienen la categoría de funcionarios del Estado del Gobierno turco, trabajan en Holanda con un esquema rotatorio, lo que implica que son reemplazados cada 4 años. La STICF también ha creado un Fondo para Entierros legalmente reconocido, al que las familias turcas pueden pagar contribuciones regulares y, en caso de necesidad, asegurarse así un entierro en su país de origen.
Otra organización de cobertura turca es la Nederlandse Islamitische Federatie (NIF) (Federación Islámica de los Países Bajos), a la cual están afiliadas unas 20 mezquitas comunitarias, múltiples comunidades locales sin mezquita y más de 40 organizaciones juveniles. Es una rama del movimiento turco de la oposición Milli Gorus, centrado en torno al Partido de Salvación Nacional de Erbakán. Al igual que los suleimanlis y el conocido grupo fundamentalista Kaplan, con sede en Colonia y al que se adscriben 7 mezquitas, la NIF no cuenta con imames contratados por el Gobierno turco.15


Comunidades marroquíes

La Unie van Marokkaanse Moslim Organisaties in Nederland (Ummon) (Union de Organizaciones Musulmanas Marroquíes de los Países Bajos), fundada en 1978, es la organización de cobertura a la que están afiliadas 80 mezquitas marroquíes y que actualmente emplea a 65 imames estatales. Los objetivos de la UMMON son estimular la cooperación y coordinación entre las organizaciones de mezquitas marroquíes en Holanda, apoyar a las organizaciones miembro y actuar como intermediaria con el Gobierno holandés y otros gobiernos. La educación de estos imames consiste a menudo en una formación tradicional informal de árabe e Islam, proporcionada por los imames de las mezquitas de Marruecos. La directiva de la UMMON recalca el hecho de que adopta una posición neutral en materia política. Aún así, reconoce que algunos miembros de las directivas de algunas de sus mezquitas locales son simpatizantes o pertenecen a la conocida organización monárquica de los Amicales, cuyos miembros están en estrecho contacto con la Embajada de Marruecos. En muchas de las mezquitas comunitarias afiliadas, aunque no en todas, se realiza los viernes una oración en nombre del rey de Marruecos como “Jefe de los Creyentes”.

En 1990 se creó una organización de cobertura rival de la UMMON, llamada la Nederlandse Federatie van Magribijnse Moslim Organisaties (FNMIO) (Federación Holandesa de Organizaciones Magrebíes Musulmanas), a la que están ligadas 21 mezquitas locales. Sin embargo, la relación existente entre esta fundación y las mezquitas libres autónomas permanece sin aclarar. Los objetivos oficiales de la FNMIO son promover el Islam de manera que ocupe un lugar en la sociedad holandesa equiparable al del Cristianismo y Judaísmo. A este objeto, persigue subvencionar las mezquitas magrebíes y estimular la educación islámica y la formación de imames.

La cuestión de cómo se realiza actualmente la supervisión de las mezquitas por parte del Gobierno marroquí ha sido un tema muy debatido en los Países Bajos16, incluso en la Cámara Baja. En 1985 un miembro del Partido Laborista inquirió al Gobierno para que verificara si los imames marroquíes que trabajan en los Países Bajos estaban obligados por el Ministerio Marroquí de Asuntos Religiosos a trabajar de acuerdo con las normas e instrucciones del Ministerio Marroquí, incluyendo el uso de textos religiosos oficiales y no religiosos.

El Gobierno holandés no poseía ninguna información concreta al respecto, aunque se supo que funcionarios de la Embajada Marroquí mantenían contactos con las mezquitas marroquíes. También se averiguó que proporcionaban libros para los sermones de las mezquitas, pero no hay evidencia de que los imames tuvieran la obligación de emplear estos textos.17


Creación de un Consejo Islámico nacional

Al desarrollar una política coordinada hacia las minorías, el Gobierno nacional ha creado estructuras consultivas para cada grupo étnico, que se convertirán en plataformas de discusión sobre los objetivos y la aplicación de las políticas de minorías. Las tres organizaciones de cobertura islámicas turcas más grandes, la STICF, SICN y la NIF participan, desde 1986, en la estructura consultiva de la comunidad turca (Inspraak Orgaan Turken), junto con otras cuatro organizaciones nacionales turcas no religiosas. Así, las opiniones de las principales organizaciones de cobertura islámicas turcas juegan un papel decisivo en las propuestas formuladas al Gobierno nacional en nombre de la comunidad turca. En cuanto a las organizaciones de cobertura islámicas marroquíes, la situación es más bien problemática. Ha habido intentos del Gobierno para llegar a un compromiso, en los que la organización más grande, la UMMON, se ha negado a participar, así como otras organizaciones islámicas marroquíes rivales, que también se han negado a colaborar. Su ausencia en la estructura consultiva crea dificultades obvias.

Finalmente, entre las 16 organizaciones miembro representadas en la estructura consultiva de la comunidad del Surinam, sólo figura una organización nacional de cobertura, la WIMN.

De todas formas hay que tener en cuenta que estas estructuras consultivas se encargan principalmente de aspectos no religiosos, como beneficencia, educación, empleo, alojamiento, etc. Teniendo en cuenta la doctrina constitucional de separación entre Iglesia y Estado, los aspectos exclusivamente religiosos se han de discutir únicamente con una representación nacional de las organizaciones islámicas, equiparables al ya existente entramado consultivo nacional de iglesias y sinagogas.

Por tanto, se ha tratado repetidamente de crear una organización de cobertura de base interétnica. El primero de estos ensayos, que se retrotrae a 1974, acabó en la fundación de la Federatie van Moslimorganisaties in Nederland (FOMON) Los conflictos provocados por las influencias políticas contradictorias ejercidas por los países de origen, causó su disolución en 1980. La influencia de los intereses contrapuestos de algunas de las organizaciones-madre extranjeras, de las que algunas de las organizaciones musulmanas nacionales eran simplemente ramas auxiliares, también jugaron un papel importante. Algunos de los miembros directivos de la FOMON continuaron su trabajo en el Moslim Informatie Centrum (Centro Musulmán de Información) en La Haya, que no tiene pretensiones representativas. En 1981 se hizo otro intento que culminó en la creación de la Moslim Organisaties in Nederland (MON), que también se disolvió tras cierto tiempo.

Más recientemente se adoptó una nueva iniciativa al fundarse la Islamitisch Landelijk Comite (ILC) en la que todas las organizaciones sunnitas existentes estaban representadas por uno de sus dirigentes. Este Comité se manifestó públicamente por primera vez durante el asunto Rushdie, en 1989. El Comité se presentó al Ministro del Interior como el único portavoz representativo de los musulmanes en los Países Bajos, a cuyo reconocimiento se opuso el gobierno, alegando que sólo representaba a los musulmanes sunnitas.18

Desde entonces se ha llamado la atención del Gobierno acerca de que una representación cien por cien del cuerpo de los musulmanes no sería una opción realista a la vista de las relaciones problemáticas entre los sunnitas, los ahmadíes y otros grupos reducidos…



NOTAS

1. Para más detalles sobre la influencia de este sistema de pilarización en la situación de los musulmanes en los Países Bajos, ver: W. A. Shadid y P. S. van Koningsveld, De mythe van het islamitische gevaar. Hindernissen big integratie (“El mito del peligro del Islam: Los obstáculos en su integración”). Kampen, 1992, esp. cap. 5.
2. Nico Landman, archivo de ordenador no publicado sobre las mezquitas de los Países Bajos, 1990.
3.- Minderhedennota. Tweede Kamer (“Apunte sobre minorías del Parlamento”), 1982-1983, 16102 nº 21, Den Haag: 1983, pp. 10, 107.110. (La llamada a la nota 3 no aparece en el texto original. Nota del traductor).
4. Religieuze voorzieningen voor etnische minderheden in Nederland. Rapport tevens beleidsadvies van de nietambtelijke werkgroep ad hoc (“Abastecimiento religioso de las minorías étnicas de los Países Bajos. Informe y consejo político”). Rijswiijk: 1983, p. 98; E.M.H. Hirsch Ballin, Overheid, godsdienstg en levensovertuiging. Eindrapport criteria voor steunverlening aan kerkgenootschappen en andere genootschappen op geestelijke grondslag (“Gobierno, religión y filosofía de vida. Informe final sobre el criterio de subvencionar sociedades eclesiásticas y otras organizaciones basadas en principios espirituales”). Den Haag: 1989, pp. 79-80.
5. Hirsch Ballin, Ibid., pp. 81-85.
6. En relación a la política nacional holandesa sobre mezquitas ver: W. A. Shadid and P. S. van Koningsveld, “Institutionalization and integration of Islam in The Netherlands” en The Integration of Islam and Hinduism in Western Europe, editado por W. A. Shadid and P. S. van Koningsveld. Kampen: 1991, pp 89-121.
7. Ver Nico Landman, “Muslim and Islamic Institutions in the Netherlands”, Journal Institute of Muslim Minority Affairs, XII, No. II, 1991, pp. 410-432, esp. pp. 417-419.
8. - Ver Nico Landman, Van mat tot minaret. De institutionalisering van de islam in Nederland (“Desde la alfombra de oración hasta el minarete. La institucionalización del Islam en los Países Bajos”). Amsterdam: 1992, 11.2.
9. Ver S. Rutten, Moslims in de Nederlandse rechtspraak (“Los musulmanes en la Jurisprudencia holandesa”). Kampen: 1988, pp. 139-44.
10. Para mencionar tan sólo un caso, en 1986 surgió un conflicto entre las autoridades municipales de Zwolle y la comunidad local de musulmanes del Surinam. Las autoridades no querían tener en cuenta las protestas de la comunidad en contra de su decisión de instalar una sede de la Asociación Gay de Holanda, para ser usada como club, en un local adyacente al de los musulmanes, empleado como sala de oración y como aula para la educación religiosa de niños. Después de un emotivo debate que llegó incluso a discutirse en los medios de comunicación (incluyendo la televisión), se llegó a un acuerdo. Ver, W. A. Shadid y P. S. van Koningsveld, “Gevolgen Zwols conflict tussen minderheden” (“Consecuencias del conflicto de Zwolle entre minorías”), De Nederlandse Gemeente, 1986, pp. 936-937.
11. Ver Nederlandse Jurisprudentie (“Jurisprudencia holandesa”), 1986, nº 702, pp. 2638-2643.
12. - Ver Rutten, op. cit., 1988, pp. 60-61. (La llamada a la nota 12 no aparece en el texto original. Nota del traductor).
13. Ver K. Wagtendonk, “De imams in Nederland. Waar staan zij voor?” (“Los Imames en los Países Bajos. ¿Qué representan?”) en Schriftgeleerden in de moderne islam (Dirigentes religiosos en el Islam moderno”), editado por J. G. J. ter Haar and P. S. van Koningsveld. Muiderberg: 1990.
14. Ver J. den Exter, “Vragen van Turkse moslims in Europa aan de Hoge Raad voor Geloofszaken in Ankara.” (“Preguntas de musulmanes turcos de Europa al Consejo Supremo de Asuntos Religiosos en Ankara”), Schriftgeleerdenin de moderne islam, editado por J.G.J. ter Haar y P. S. van Koningsveld. Muiderberg: 1990.
15. Ver Landman, op. cit., 1992, 5.5 y 5.6.
16. Ver W. de Wit, “Mosque-communities in Amsterdam.” Documentos de investigación; Muslims in Europe, 37, 1988, pp. 24-35, esp. p. 30.
17. Ver Tweede Kamer, 1984-1985. Aanhangsel (“El Parlamento, 1984-1985. Appendix”), nº 667 y Ver M. Rabbae, Naast de Amicales nu de Ummon. De mantelorganisaties van de Marokkaanse autoriteiten in Nederland (“Además de los Amicales ahora la UMMON. Las organizaciones tapadera de las autoridades marroquíes en los Países Bajos). Utrecht: 1993.
18. Ver W. A. Shadid and P. S. van Koningsveld (eds), Islam in Dutch Society: Current Developments and Future Prospects. Kampen: 1992, esp. pp. 124-143 (artículo de A. van Bommel); Ver también, por los mismos autores, Moslims in Nederland. Minderheden en religie in een multiculturele samenleving (“Los Musulmanes en los Países Bajos. Minorías y religiones en una sociedad multicultural”). Alphen aan de Rijn: 1990, esp. pp. 32-9.
Ver también Tweede Kamer 1990/91 (“El Parlamento 1990/91”), 20868 nº 3: “Criteria for the Subsidizing of Churches”.


(Este análisis fue publicado en inglés en el Journal of Muslim Minority Affairs, Vol. 16, No. 1, 1996)


 

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