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Jornada de Introducción a la Economía Islámica

15/12/1996 - Autor: CDPI - Fuente: Verde Islam 5
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La economía es una de las facetas que inciden de manera más evidente en la vida social y cultural de los pueblos. El Neoliberalismo económico, paradigma que hoy se aplica de manera intensa y creciente en el diseño político internacional, es un modelo teórico “científico” desvinculado de cualquier condicionamiento ético o filosófico. Aunque en sus orígenes el Capitalismo sufrió diversas lecturas, desde el pensamiento cristiano europeo, planteándose entonces cuestiones en las que aún se vinculaban la economía y la moral, progresivamente la Ciencia Económica, como el resto de los saberes, fue adquiriendo una autonomía teórica y formal que, por una parte ha favorecido su desarrollo específico, pero que al mismo tiempo la ha desvinculado de un modelo integrado de conocimiento. Los nuevos teóricos del Capitalismo, los neoliberales o neoclásicos, realizan hoy su autocrítica y participan del espíritu revisionista que caracteriza a nuestro tiempo. Les interesan entonces otros modelos, otras experiencias históricas del hecho económico, que les permitan extender el análisis y ayuden a revisar en profundidad el modelo propio. La “Jornada de Introducción a la Economía Islámica” es una muestra más de esa necesidad que siente hoy el pensamiento occidental de mirar hacia otro sitio, de encontrar referencias.

Entre los asistentes a la Jornada, se encontraban el Doctor Kurshi Ahmed, de la Islamic Foundation, el señor Muhammad Ali Bujari, Director del Centro Cultural Islámico de Madrid, el Doctor Alejandro Lorca, catedrático de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid, el Doctor Abdulhamid Temsamani, Presidente de la Asociación de la Prensa del Norte de África y el señor Ahmad Subh, encargado del Departamento Bancario de Aresbank Madrid.

El encuentro fue presentado y coordinado por Don José Collado, profesor encargado del Área de Economía de la UNED, quien expresó el hecho paradójico de la escasa actividad académica y la falta de un interés continuado por los temas islámicos en un país como España, que tanto debe al Islam en el proceso de formación de su identidad y de su historia. Terminó su intervención presentando al Dr. Kurshi Ahmed, situando su trabajo en el contexto de la Teoría Económica Contemporánea. Una Teoría cada vez más necesitada de revisión y de constraste debido a los cambios profundos que viven las sociedades de este fin de milenio.


El Islam y el cambio económico

A continuación, el Dr. Ahmed desarrolló el tema “El Islam y el cambio económico”, título homónimo del libro que publicó en colaboración con el Doctor Umar Chapra. Comenzó su intervención constatando la tendencia hacia un modelo global que se detecta en todas las estrategias económicas e hizo una amplia descripción de la realidad islámica contemporánea que podríamos resumir así:
Los 1.450 millones de musulmanes, que suponen un quinto de la población mundial, se hallan hoy repartidos por todo el planeta, principalmente en África, Asia y a lo largo de las más importantes rutas comerciales. Los principales sistemas socioeconómicos del siglo XX, Capitalismo y Socialismo, han afectado a las sociedades islámicas de manera distinta en cada caso. Suele creerse que la caída del Muro de Berlín ha sido el final del Comunismo, pero la visión no puede ser tan simplista. Las ideas socialistas siguen aún vigentes en muchos aspectos. Así, los musulmanes dicen que, en general, el Capitalismo ha sido más duro con ellos en tanto que el Socialismo, en ciertos aspectos, ha tenido más en cuenta las necesidades humanas.

En cualquier caso, los economistas musulmanes piensan que existen alternativas sin necesidad de idealizar el Socialismo. En favor del Capitalismo argumentan el hecho de haber tenido en cuenta la libertad humana, factor que fue minimizado por la ideología comunista, pero a nivel de resolución de problemas y atención de necesidades, el Socialismo ha cumplido más objetivos como sistema en aquellos países de mayoría musulmana que, en el pasado, asumieron sus planteamientos.
En el desarrollo del modelo capitalista, la Economía se separa de la Ética, al igual que la Ciencia o la Filosofía. El único fin es el Mercado. Ello da lugar a que el sistema asuma hoy, sin problemas de índole moral, que entre el 10 y el 40 por ciento de la humanidad viva en la pobreza y que aumente la tendencia a la concentración del capital en muy pocas manos.

Kurshi Ahmad ofreció una serie de datos:
En los últimos 50 años, en EEUU, la inflación se ha multiplicado por cuatro. En el Reino Unido, por tres. La evolución del modelo capitalista en la actualidad, tras el final de la Guerra Fría, se caracteriza por la acentuación de las diferencias entre ricos y pobres. La cifra actual de estos últimos ronda hoy los dos mil millones de personas. El país más rico de la tierra, EEUU, es también el que tiene la deuda más elevada. La creciente desigualdad es, y será cada vez más, una fuente de problemas de todo tipo. Para el Dr. Ahmad, como para muchos economistas musulmanes, es un deber moral explicar a las comunidades la situación que se está produciendo en la actualidad, dar una información exhaustiva y comprensible del modelo de economía y sociedad que se está consolidando.

Suele pensarse que sólo existe un modelo económico, el europeo, que es el que se exporta e impone al resto del mundo. En todos los rincones del planeta el modelo a imponer habrá de ser el mismo: un modelo que implica crisis, desigualdad, crimen y pobreza. Pero no basta con exponer el problema sino que habrán de aportarse soluciones. Es ahí, en la búsqueda de alternativas, donde el modelo islámico podría efectivamente solucionar muchas cuestiones de índole global, aunque para ello habrían de tenerse en cuenta, en los planteamientos económicos, aspectos sociales, éticos, etc, que en la mayoría de los casos hoy no se tienen en cuenta.

El Islam considera, por el contrario, que la economía debe tener una dimensión moral, pues lo material y lo espiritual son importantes en la misma medida. Islam dice que somos parte de la Creación, que el Universo es Uno, que la Conciencia es Única y que debemos respetar a Dios a través de sus religiones. A diferencia de otros sistemas y concepciones trascendentales, en el Islam son importantes los aspectos materiales de la vida; el Islam no niega la vida, pero los seres humanos hemos de aprender a convivir, a compartir desde el ejercicio de nuestros derechos individuales, pues cada cual será juzgado solo, por la responsabilidad exclusiva de sus propios actos.

En el Islam existe el derecho a la propiedad privada, a disfrutarla, venderla, etc., pero no existe el derecho a destruirla porque en última y primera instancia todo pertenece a Dios. Así pues, los musulmanes no pueden hacer uso de los bienes para defraudar o especular ni practicar el despilfarro. En esa consideración de cualidad sagrada y moral de la propiedad es donde reside una de las diferencias entre el Islam y el modelo capitalista. En Islam existe lo haram y lo halal, lo lícito y lo ilícito; hay un filtro moral que se aplica a todas las esferas vitales y, por tanto, también a la vida económica.

Además del sector privado, ampliamente contemplado en la concepción económica islámica, existe asimismo un sector público que se encarga de proveer los servicios que no pueden generarse desde el primero. Frente a los planteamientos del socialismo, que no cree en la capacidad individual, el Islam dice que sí existe esa capacidad, pero que el Estado puede intervenir para asegurar que se cumplan y se observen las reglas.

Las gentes han de pagar una parte de las ganancias para equilibrar al sector de la población más desfavorecido. En la sociedad islámica, los pobres han de poder disfrutar de los bienes básicos. Se concibe la pobreza pero no se admite la indigencia. Así, la educación debe ser gratuita y correr a cargo de la comunidad. La solidaridad social es una condición del sistema. Cada uno debe ganarse la vida, pero existen diferencias entre los seres humanos: hay individuos con menos capacidad que otros, con menos recursos personales. La sociedad en su conjunto ha de asumir este hecho y soportarlo, redistribuyendo los recursos, no en concepto de caridad, sino como consecuencia del derecho. Entre los mecanismos de redistribución de la riqueza que existen en Islam, Kurshi Ahmad citó el Zakat, ese impuesto obligatorio sobre la riqueza anual acumulada —un 2’5% entre la mayoría sunni— que es una garantía contra la indigencia, un instrumento de equilibrio económico.

En Islam se prohibe la Riba —préstamo con interés— porque se considera una forma de explotación que sólo protege al capital. Existen otras fórmulas islámicas de préstamo como la de participación del prestamista en los beneficios de la empresa, según diversas fórmulas, compartiendo también los riesgos. Islam ha optado siempre por el desarrollo de la justicia social, y se ha comprobado cómo ésta incentiva la producción.

Podemos considerar la Economía Islámica como un acercamiento a los problemas globales y a sus soluciones. Este tipo de economía está a favor de la tecnología. Prueba de ello es el enorme desarrollo tecnológico que se produce siempre que ha llegado a establecerse con amplitud una sociedad islámica, según sabemos por la Historia. En la Historia de España tenemos uno de los mejores ejemplos de ello.
Hoy en día existen muchos economistas occidentales que están profundamente interesados en la Economía Islámica. Tal vez se deba a que se empieza a considerar con cierta urgencia la necesidad de moralizar la vida económica. En ese sentido —según dijo el Doctor Ahmed— la aplicación de la Economía Islámica beneficiará tanto a los musulmanes como a los no musulmanes.

Por otra parte, la sociedad islámica contemporánea quiere reencontrar su identidad, perdida tras un largo período de decadencia y colonización. Los musulmanes necesitan reconstruir sus países, sus sociedades, retomar de una manera clara su forma de vida. En general, la mayoría de las sociedades contemporáneas quieren redescubrir el espíritu, tras una etapa de profunda desacralización de la experiencia humana en el mundo, de pérdida de referencias y valores.

Por un lado, el Islam está preocupado por el problema de la educación y por la definición del concepto de calidad de vida. Por otro, Occidente quiere ejercer un control de la población, manteniendo con ello la vigencia de los principios malthusianos. Se dice que hay actualmente unos seis mil millones de habitantes en el planeta. Ello quiere decir que habrá que desarrollar la agricultura, la industria y la cultura en función de las necesidades de esa población. Sin embargo, el enorme y acelerado desarrollo de la tecnología sugiere consecuencias imprevisibles. En cualquier caso, en el Islam se acepta que nada podemos saber sobre el futuro. Hay quienes piensan que el desarrollo de la tecnología resolverá las necesidades de un planeta superpoblado. En cualquier caso, la dimensión del desarrollo tecnológico hace difícil cualquier pronóstico, ya que los medios se transforman a un ritmo tal que los convierte en factor poco fiable.

En el análisis económico que se hace desde el pensamiento islámico no se considera que existan razones reales para que haya de producirse necesaria e inevitablemente una crisis económica. Si se produce, será debido a un funcionamiento incorrecto de la actividad económica o a un mal uso de los recursos. Según la concepción islámica, un gobierno no puede imponer a los individuos el número de hijos que habrá de tener, porque estaría en contradicción con el principio de libertad individual implícito en la concepción islámica del ser humano.

Tras hacer un análisis en profundidad de la falta de criterios científicos de los planteamientos malthusianos, Kurshi Ahmad advirtió que esas ideas están sufriendo un proceso de revitalización en el seno de las nuevas concepciones neoliberales, y acabó su exposición asegurando que más allá de la propaganda negativa sobre el Islam, es necesario en nuestro tiempo tratar de entender sus aspectos positivos y el beneficio que aportarían a un sistema que se declara abiertamente en crisis.


Tradición

A continuación intervino el profesor Ali Bujari, director del Centro Cultural Islámico de Madrid, sede de la Jornada. Bujari hizo referencia al Corán, como Texto Constitucional que recoge los principios básicos por los que ha de regirse toda sociedad islámica, contrastados con la Tradición —Sunnah—. La economía es parte de la religión porque Islam es un sistema integral. Según Ali Bujari, las pautas para la actividad económica que el Islam propone serían:

Las características del sistema económico islámico lo sitúan, en cuanto a sus mecanismos de funcionamiento, en un terreno intermedio entre los planteamientos del Capitalismo y el Socialismo. La existencia de un criterio moral implica la consideración de lícito/ilícito, halal/haram, según los principios de la Ley —Sharíah—. Así por ejemplo, el comercio es lícito dentro de las innumerables modalidades de intercambio que se contemplan en la Shariah.

Algunos de los procedimientos que se usan o se toleran en el sistema liberal capitalista son ilícitos en la concepción económica del Islam. Entre ellos estarían el monopolio, la usura —Riba—, la especulación sobre operaciones inciertas, el juego, etc. En otros casos existe coincidencia en considerar ilegales algunas prácticas, como la falsificación o el fraude. La usura es considerada ilícita—haram—debido a los males sociales que produce, sobre todo la corrupción de la confianza entre las personas que genera su práctica. Hemos de tener en cuenta que en la vida cotidiana de los musulmanes, la mutua confianza es un hecho que se protege y alienta, y su ruptura se considera un acto lesivo para la comunidad.

Los restantes aspectos tratados por Bujari, sobre el modelo económico islámico, vinieron a repetir en lo fundamental lo ya dicho por el Dr. Kurshi Ahmad.
Tras un descanso, la Jornada reanudó su actividad con la intervención del Dr. Abdel Hamid Temsamani Chebaguda, Presidente de la Asociación de la Prensa del Norte de África. Trató el tema del papel de la mujer en la economía islámica. (Los contenidos de esta conferencia nos han sido íntegramente facilitados por D. José Collado, Director del Area de Economía de la UNED, por lo que vamos a publicarlos textualmente como colaboración de esta Universidad en Verde Islam, anexos al final de esta crónica de la Jornada).


Banca islámica

La sesión matinal finalizó con la intervención del Dr. Abdelkader Chachi, Coordinador de la Islamic Economics Unit, del Reino Unido, quien disertó sobre el tema: “Peculiaridades del Sistema Bancario Islámico.”

Como introducción, el profesor Chachi señaló que la primera característica diferenciadora del sistema bancario islámico es la ausencia del interés —Riba— como fórmula de préstamo, añadiendo que existen otras fórmulas como la de coparticipación en riesgos y beneficios.

Hasta no hace mucho tiempo, el interés bancario ha sido considerado como práctica moralmente condenable tanto en Europa como en otras sociedades. La misma Iglesia Católica hasta pocos años y el Cristianismo en general consideraron un mal social la práctica de la usura. En Occidente, para justificar su legalización, surgieron determinados planteamientos economicistas que trataban de enfatizar teóricamente aspectos positivos. Hoy en día, los teólogos cristianos están pensando en la posibilidad de revisar sus criterios sobre el Riba, tal vez condenándolo, tal vez haciéndolo aparecer como causa del creciente desempleo. El Brahmanismo de la India condena asimismo esta práctica económica. El Corán la prohibe clara y taxativamente.

Por otro lado, el Islam trata de proteger al ser humano tanto como a la comunidad. La protección de los más débiles se realiza mediante mecanismos de redistribución de la riqueza, como es la aplicación del Zakat. Este sistema puede dar la impresión de que hace disminuir el capital, pero esto no es así, ya que revierte en bien de la comunidad, que se ve así dotada de mecanismos que atienden a la calidad de vida general.

El Corán prohibe la usura y recomienda la caridad como fórmulas para alcanzar la prosperidad. En Islam se considera la Riba una de los mayores faltas que puede cometer un ser humano sobre otro, hasta el punto de que en algunos hadices su gravedad es señalada como superior a crímenes de más evidente apariencia, como el asesinato. ¿Qué es lo que convierte a esta práctica en algo tan negativo para el ser humano? En un sistema basado en el interés, los económicamente poderosos pueden desarrollarse porque tienen reservas, mientras que los débiles han de acudir irremediablemente al banco. En el contexto de la usura, el único fin de los bancos es el aumento de su capital, mientras que en un sistema islámico se comparten tanto los beneficios como las pérdidas, prohibiéndose el dinero como medio para ganar más dinero. Se regula así la ética del mercado, las condiciones de compraventa y contratación.

En la estructuración de la empresa islámica se acuerdan, mediante diversas fórmulas, las condiciones contractuales, existiendo la posibilidad de asociación mercantil: compraventa conjunta, proindivisos en la herencia, etc.

En toda sociedad moderna, el sistema bancario moviliza la actividad económica. Los bancos prestan el dinero para dinamizar la actividad y prestan asimismo servicios. Los más frecuentes son: depósito de dinero contra cheque, cambio de moneda, etc. El banco siempre quiere maximizar sus márgenes de beneficio.
Durante este siglo se creó una red de bancos, agrupados alrededor de un banco mayor, normalmente de los llamados Bancos Centrales —en nuestro país sería el Banco de España— que tienen como misión ejercer un control sobre las transacciones, las reservas. etc. Este banco, además, tiene la capacidad de imprimir y emitir moneda.

En el caso de la Banca Islámica, también existe una estructura de ese tipo, donde el Banco Central Islámico sería, además de supervisor de los mecanismos financieros, controlador del crédito y emisor de moneda. Ha de ser una institución lo suficientemente elástica como para permitir al mismo tiempo el incremento del negocio y controlar la economía pública estatal sin practicar la riba —préstamo con interés— ni cobrar por el cambio de moneda. Entre sus funciones estarían la de asesorar al gobierno sobre las formas de financiación pública, controlar las reservas del Estado y diseñar su distribución, defender los intereses de las economías nacionales en el concierto económico internacional, proteger a los demás bancos, previendo su posible colapso, ayudar a las instituciones financieras y comprar participaciones de otros bancos.

Así pues, según siguió diciendo el Dr. AbdelKáder Chachi, el banco islámico puede ofrecer diferentes servicios. Entre ellos estarían: dirección y asesoramiento, cambio de divisas, bonos convertibles y acciones. También servicios a los demás bancos, como por ejemplo a los bancos de depósito.

Entre las modalidades contractuales de préstamo que se contemplan en el Sistema Bancario Islámico, las principales serían:

En el caso de que alguien se viera obligado por cualquier circunstancia a recibir un beneficio, fruto del Riba, tiene la obligación de destinarlo como sádaka —obras de caridad.

La intervención del Dr. Chachi cerró la sesión de la mañana, tras la que se ofreció un lunch a base de cwarman y refrescos en las dependencias del Centro Cultural.


Tratamiento del interés

Por la tarde, abrió la sesión el Sr. Ahmad Subh, manager correspondent del departamento Bancario de Aresbank Madrid, desarrollando el tema: “El tratamiento del interés en los bancos islámicos”. Comenzó su intervención agradeciendo a las instituciones organizadoras la oportunidad de un encuentro de esta naturaleza e inició los contenidos de su ponencia hablando de las cualidades del sistema de vida islámico. Redundó sobre aspectos que habían sido desarrollados por los anteriores conferenciantes, recalcando la naturaleza integral de la experiencia islámica y sus múltiples dimensiones y aspectos que afectan a la mayor parte de las actividades humanas. Dijo también que en el Islam es de vital importancia la intencionalidad de las acciones y que cada individuo será juzgado por Dios según sus intenciones, sin descuidar los efectos que dichas acciones e intenciones tienen sobre la comunidad.

Citó, enumerándolas por orden, las fuentes jurídicas islámicas:

Centrándose en el tema de su disertación dijo que Al-Riba —la usura--- en el idioma árabe quiere decir "incremento que se produce en un bien o en una cosa". Económicamente significa el incremento acordado entre prestatario y prestamista que se añade al capital prestado al aplazar su amortización — pago--- bien sea satisfaciéndolo al inicio de la vida del préstamo o al final de la misma, y fuese lo que fuese dicho incremento o el uso aplicado al monto del préstamo, o el resultado obtenido, ganancia o pérdida.

Al Riba, como práctica, era conocida y ejercitada en las antiguas sociedades, pero al mismo tiempo, criticada e incluso prohibida, como ocurría por ejemplo en Grecia. Las religiones monoteístas, en general, han prohibido esta práctica. Y el Islam la prohibió de forma taxativa. Dice el Corán, en el Surat Al-Baqara:
"¡Creyentes! ¡Temed a Dios! ¡Y renunciad a los provechos pendientes de la usura, si es que sois creyentes!

Si no lo hacéis así, podéis esperar guerra de Dios y Su Enviado. Pero si os arrepentís, tendréis vuestro capital, no siendo injustos ni siendo tratados injustamente.

Si está en un apuro, concededle un respiro hasta que se alivie su situación. Y aún sería mejor para vosotros que le condonarais la deuda. Si supiérais..."

(Corán, 2:278, 280)


A pesar de esta prohibición, los investigadores islámicos tuvieron ciertas dudas sobre el porcentaje del incremento de capital que habría de ser considerado como Riba. Como ejemplo tenemos las reflexiones de AbdulAziz Tawish, quien considera la existencia de Riba cuando el porcentaje sube al 100%. Algunos, como Sheij Mohd Rashin Ridha, no consideran Riba el incremento aplicado al primer préstamo y sí al de los siguientes. Otros consideran Riba el incremento aplicado al préstamo destinado al consumo pero no aquel que se aplica a actividades productivas, como dice el Dr. Dawalib.

El Islam considera Riba el incremento aplicado sobre la compraventa de géneros idénticos, oro por oro, plata por plata. Trigo, cebada. dátiles y sal. En el caso de compraventa de géneros similares, por ejemplo oro por plata, obliga:

En el Islam, la fuente principal de legislación es el Texto Coránico. La gobernabilidad del poder ejecutivo recibe su legitimidad en tanto en cuanto observe y aplique la Ley Divina —Sharia— contenida en la Revelación. Siendo la convivencia y la solidaridad las metas que el Islam pretende establecer en la comunidad, resultaría contradictorio consentir la injusticia entre sus miembros, permitiendo que alguien se aproveche de la necesidad de un individuo o colectivo, haciéndole pagar un incremento —Riba— sobre el capital prestado que, en principio ha sido tomado para cubrir dicha necesidad.

Llegamos así a la pregunta esencial de esta ponencia:
¿Son Riba los intereses bancarios, y por consiguiente están prohibidos en el Islam? A la luz de lo expuesto anteriormente, podemos decir: sí, porque se produce un incremento preestablecido sobre la cantidad a pagar por el uso de un capital, ya sea para compra o negocio. Pero permítanme aplazar mi respuesta personal y modesta opinión hasta la conclusión final de esta ponencia —dijo en ese momento de su intervención el Sr. Subh— para enumerar algunas de las alternativas practicables que ofrece la economía islámica, y que son las siguientes:
(Dichas modalidades, ya habían sido reseñadas y descritas perfectamente en la ponencia del Dr. Abdulkáder Chachi, por lo que ahora sólo las enumeraremos. Desarrollaremos tan sólo aquí la última, que no había sido tenida en cuenta por el ponente anterior) Al Mudaraba, al Musharaka, al Murabaha y Baie Al Salam. Esta última consiste en la compraventa de futuro —por ejemplo de una cosecha agrícola— pagando anticipadamente el precio acordado.

Vemos así que en la Banca islámica existen otras modalidades de préstamo, como se ha mencionado en la intervención anterior, que implican distintas operaciones comerciales islámicas, como la compra de una futura cosecha o la compra por alquiler (el actual sistema de lising).

En ese momento, ante la sorpresa de gran parte de los asistentes a las jornadas, y en contradicción con lo que acababa de afirmar, el señor Subh dijo tener serias dudas personales sobre el carácter de Riba de los actuales interesas bancarios.
Tras estas palabras, parte considerable del auditorio mostró una evidente desaprobación por asistir a una exposición tan contradictoria de un tema crucial dentro de la Jornada.


Aspectos de la economía islámica

Tras una pausa, y alterando el orden programado, la Jornada se cerró con la intervención del profesor Doctor D. Alejandro Lorca, Catedrático de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid, que desarrolló la ponencia: "Aspectos destacados de la Economía Islámica".

Comenzó el profesor Lorca hablando de las diferencias entre los modelos culturales islámicos y occidentales asegurando que en Islam, los aspectos materiales y espirituales se encuentran muy unidos. Por contra, en el pensamiento laico existe una separación secular entre lo sagrado y lo profano. Esto hace que los economistas occidentales se preocupen sólo de los aspectos cuantificables. La Economía se convierte así en una ciencia positiva. Una ciencia que atiende a lo que es. El sistema islámico se preocupa por lo que debería ser, en este caso de cómo debiera ser la economía ideal. Trata aspectos sociales, trascendentes y religiosos.

En Occidente, los economistas neoclásicos se preocupan tan sólo de los problemas económicos como la inflación, el precio, la renta, el PIB, realidades cuantificables; y esa ha sido, tal vez, una de las razones de sus éxitos. La Teoría Neoclásica ha sido capaz de introducir las matemáticas, aplicando fórmulas. Sin embargo, esta concepción tiene la limitación de que no hace referencia a ninguna variable social. No hay en ella lugar para los valores. Estos están ubicados en otros lugares de la Ciencia, son variables exógenas, mientras que en el sistema islámico, estas variables están dentro del propio sistema económico. En Occidente, podemos superponer al modelo económico distintos valores exteriores a él, como el programa de un partido político, la Doctrina Social de la Iglesia u otros parecidos. Esta diferencia implica funcionamientos diferentes en la dinámica económica.
La definición general de Sistema Económico está basada en el concepto de escasez. Como los recursos son siempre limitados, un sistema puede producir bienes que también lo son. Sin embargo, los deseos de consumo son ilimitados. Aparece el concepto de escasez cuando el mercado impone un precio.

En todo sistema económico hay que decidir qué producir, qué consumir, cómo hacerlo, con qué medios y para quien se produce. A estas cuestiones trata de responder todo paradigma económico. En el sistema liberalcapitalista estos problemas ha de resolverlos el mercado, que se convierte en el mecanismo regulador del sistema. Economía de Mercado en lo económico y Democracia Liberal en lo político son hoy los modelos que componen la vida socioeconómica del mundo occidental.

El sistema islámico acepta también el funcionamiento del mercado, pero de una forma distinta. En un zoco del Magreb no están puestos los precios sobre los productos. Existe una confianza entre comprador y vendedor, lo que dota a las transacciones económicas de una cualidad especial. Los valores morales implícitos en el Islam limitan los deseos de consumo, Podemos hablar así de que existe en ese sistema un concepto distinto de lo que es el consumo y un grado distinto de la importancia de éste en la dinámica económica general. Precisamente en la Teoría General del Consumo es donde quizás pueda producirse un mayor debate entre los dos modelos, por la diferente concepción que ambos tienen de esta realidad económica.

En el modelo occidental se considera la naturaleza como imperfecta. Hay algo que siempre anda mal. No puede satisfacer jamás, por muchos bienes que se produzcan, ese ilimitado deseo de consumo. En el Islam, se considera que el error está en el ser humano. Este ha de cuidar de la Creación —de la Naturaleza. Si algo falla, si la Naturaleza no responde es a causa de que el hombre no ha hecho un uso correcto de ella.

En Occidente, el individuo se considera un bien en sí mismo, mientras que en el Islam existe el concepto de Ummah —comunidad— que implica un bien colectivo.
El profesor Lorca terminó su exposición diciendo que en un mercado globalizado, como el que se quiere construir hoy, es muy difícil que convivan dos sistemas económicos tan contrarios, uno que contempla el uso del interés bancario y otro que lo proscribe. Para solventar esos escollos, los bancos islámicos actuales sustituyen el concepto de interés por otros conceptos que, finalmente, vienen a cumplir la misma función dentro del sistema global.

(Terminada su intervención y tras una animada sesión de interpelaciones y preguntas del público se dio por concluido el encuentro, cuya valoración general consideramos positiva, a pesar de alguna deficiencias en la organización, entre ellas la mala calidad de la traducción simultánea, que obligó a que parte del debate con el público hubiera de realizarse en inglés. Pensamos que un evento de esta naturaleza, con la necesidad de información existente y con el poder de convocatoria que comporta, justificaría, por parte de los organizadores, una mayor atención a estos aspectos de índole técnica que favorecen el cumplimiento de los objetivos de la actividad).

Bibliografía:
CHAPRA, UMER. "Islam and the Economic challenge". The Islamic Foundation. London.


 

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