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Islam y acción social: El albergue Fátima Azahara

Entrevista a Saleh Paladini

15/09/1995 - Autor: Abdennur Coca - Fuente: Verde Islam 2
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Aunque nacido en Ceuta, caballa, es más sevillano que la Giralda, la torre que Saleh tanto admira y que suele poner como símbolo de la belleza y la concordia que pueden procurar el bien hacer, el entenderse: ese alminar basado en piedras romanas y rematado graciosamente por barrocos cristianos. Recuerdo aquellas tardes del otoño violeta de Sevilla, durante 1979, en que a la hora de la oración de asr nos ibamos a rezar al Patio de los Naranjos y allá en lo alto de torre tan alta la voz de nuestro Saleh nos llamaba: ¿el primer almuédano después de seis siglos? ¿el primer adán desde entonces? En todo caso aquellas eran acciones muy extraordinarias, muy gozosas y emocionantes, muy pacíficas, serenas. La voz de Saleh, la oración en yama´a, el tiempo de la adoración, todo ello transcurría en un ámbito donde vibraban suspendidos en la luz antiguos gestos similares, rastros de voces que adoraron al Señor allí también... Estábamos en un murmullo de torrente, de brisa y de sol. No eran otros tiempos, son el tiempo del creyente, un tiempo único que se expande y envuelve y traspasa la creación. Referencias sutiles, inefables. Así que callemos.
El tema de la inmigración es arduo, complejo. Se trata de dar cobijo, lo básico. Es un nivel, primario. Se trata también de acceso a puestos de trabajo dignos y remunerados con equidad, de alcanzar un estatuto jurídico que proteja al inmigrante y a su familia. Es otro nivel, mas elevado, necesario también. Se trata de proporcionar educación pública y gratuita, de calidad, que tenga en cuenta la cultura de los alumnos, sus costumbres y creencias y que éstas se favorezcan claramente. La integración educativa, si es que quiere superar el confinamiento, tiene varios objetivos interrelacionados: por una parte, cualificar educativa, cultural y profesionalmente a los inmigrantes, ofreciéndoles posibilidades diversas, similares a las que tienen los nacionales del país; por otro lado, fomentar el sentido de solidaridad en toda la sociedad, incluidos los inmigrantes y, en tercer lugar, generar intercambios constantes e inquietos entre la cultura de la sociedad de llegada y la de salida, de modo que la migración suponga en ellas renovación, apertura, mayor solidaridad que la existente.
Aquí conviene llamar la atención sobre algunos asuntos. España es un país con un bajo nivel de inmigración, muy lejos del punto de saturación. Los inmigrantes no usurpan el puesto de trabajo del nacional: generalmente se dedican a labores que nadie quiere pero que hay que hacer. Estos son dos datos de extrema importancia que nos permiten enfrentar una política de asistencia social al inmigrante con tranquilidad, a largo plazo, un dispositivo eficaz, imaginativo, regido por valores de oro: protección de las minorías, solidaridad con los necesitados, compasión. Con pasión hay que defender una política de esta naturaleza porque mejoraremos así el carácter de nuestros compatriotas y sentaremos bases resistentes para construir provechosos negocios internacionales. El esfuerzo por conocer al otro tiene grandes recompensas en el orden práctico, de la misma manera que encastillarse en la ignorancia garantiza una cosecha de despropósitos que impedirán la comunicación dando ocasión a conflictos indeseables.
Nuestros políticos tendrían que comprender y asumir este discurso basado por igual en la compasión y en el interés, los beneficios que conlleva. Deben saber que está surgiendo una nueva sensibilidad política y que ésta supone comunicación entre las personas y entre las naciones y que no se puede ya mantener con rigor teorías eurocentristas basadas mayormente en la absorta contemplación del propio ombligo ni otras similares, fundadas en la rapiña y el odio estratégicamente administrado, mensajes negativos, degeneración en la banalidad, degeneración en el egoísmo, en el miedo a poner las propias ideas en peligro, degeneración en la soledad, en el silencio insoportable que te aturde mientras la luz se apaga... Deben saber los políticos que hay una franja social muy importante, que va en aumento y que la componen hombres y mujeres para los que conceptos como trascendencia, solidaridad, reconocimiento del otro, compromiso con la justicia, protección efectiva de las minorias, libertad, libertad de mercado, de movimiento de las personas por el ancho mundo, éstos y otros muchos nobles conceptos están en alza y los políticos deben contar con ellos a la hora de diseñar sus programas y hacerlos suyos. Pero no sólo para labrar bellos discursos sino para materializarlos en albergues, hospederías, colegios, asesoría jurídica, servicios religiosos y todo lo que un ser humano en apuros necesita. Por alguna extraña razón que a mí se me escapa , parece que los gobiernos tienen intereses en la xenofobia y el racismo, y están siempre con que viene el lobo y redactando sus textos publicitarios en este plan: contra la xenofobia. Somos iguales y tal. No, así no hay que hacer las cosas. Y me explico.
En primer lugar no tendría que haber campañas publicitarias. Con lo que éstas cuestan se pueden financiar políticas de integración efectivas que pongan las bases en la vida cotidiana, no en las fantasías publicitarias de la igualdad efectiva de los distintos seres humanos que están buscando su vida. No conviene predicar que somos iguales cuando el entramado jurídico sigue discriminando ferozmente. Si en los lugares de mayor afluencia de inmigrantes se erigen centros de acogida, dotados de medios adecuados para una integración armónica, con servicios jurídicos que encaminen a los trabajadores en pos de sus derechos, con sindicatos sensibles, solidarios con los débiles y, sobre todo, impregnados de trasnacionalismo, la efectiva igualdad empezará a ser un hecho entre nosotros y las consecuencias positivas de esta actitud crearán condiciones de paz social impensables ahora mismo. No es igual predicar que dar trigo y pan necesita el hambriento, vestido el desnudo, trabajo todos.
Éstas son las ideas con las que se maneja Saleh Paladini en Sevilla y pronto en Madrid, donde tiene previsto abrir otro Albergue. Su plan es promocionar una red de centros de acogida y sentar las bases de una nueva conciencia social: que el mundo es ancho y capaz de soportar las necesidades de los sin hogar, los que dejan sus lugares de origen para mejorar sus pobres condiciones de existencia.
En épocas recientes nuestro país tenía millones de compatriotas en la emigración. Gracias a ellos, a las divisas que mandaban a sus familias, vivían los suyos, y el Estado se beneficiaba de su ausencia (aquí no había trabajo) y se beneficiaba también enormemente por el flujo de moneda fuerte que originaban. Los países que acogían emigrantes también se beneficiaban de una mano de obra barata y capaz que elevaba la competitividad de sus industrias nacionales. Todo es beneficio en las migraciones. La migración no es un problema, insisto, es un proceso complejo que procura beneficios evidentes a los actores implicados y cuyos previsibles conflictos pueden superarse dando al inmigrante lo que en justicia le corresponde: una acogida adecuada a sus especiales circunstancias, una integración dinámica que salvaguarde su idiosincrasia y la efectiva igualdad fraguada en la vida cotidiana y establecida en disposiciones jurídicas ad hoc. De esta manera serán innecesarias las torpes campañas que, de tanto decir que somos iguales, lo que hacen es abrir zanjas insalvables entre los seres humanos.
¿Cómo y cuándo aceptaste Islam?
Acepté Islam en el otoño de 1978, en Sevilla, de la mano de musulmanes europeos que, en la ciudad de Córdoba, formaban una cerrada comunidad perteneciente a la tariqa Darkawi.
¿Por qué?
En el Islam reconocí un camino a la Unidad que me reconducía a la esencia que siempre había buscado. No fue por tanto un cambio, sino el encuentro con un referente que culturalmente ha sido ocultado y tergiversado. El Islam es el marco donde se unifican los aspectos diversos del ser humano: lo social, lo político, lo económico, lo espiritual... con una dirección de trascendencia natural y espontánea.
¿Cuál es tu actividad?
Mi actividad consiste en generar un dispositivo de asistencia social en el campo de la inmigración para resolver las demandas más básicas y urgentes de alojamiento, higiene y aseo en la ciudad de Sevilla. Se llama “Albergue Fátima Azahara” y aunque en sus comienzos fue gestionado desde la Comunidad Islámica de Sevilla-Umma, en la actualidad ha sido asumida por la asociación cristiana “Jesús Abandonado”, promoviendo con ello un diálogo práctico con la confesión religiosa mayoritaria en nuestro país. Por tanto, mi actividad va por dos vías complementarias:
a) Ejecutar el diseño de un modelo pionero de Acción Social en el ámbito de la inmigración.
b) Establecer una comunicación real y efectiva con Organizaciones No Gubernamentales (ONG) y especialmente con organizaciones cristianas de acción social.
¿Cómo se financia el Albergue Fátima Azahara?
Llevamos dos años de actividad en el Albergue y hasta la fecha se ha ido financiando con la báraka, la energía positiva de Dios. Se comenzó desde la nada, durmiendo entre cartones y buscando recursos entre los residuos que genera esta sociedad de consumo en que vivimos, y con aportaciones económicas de particulares. Todo ello debido al rechazo recibido por parte de la Administración ante nuestras propuestas.
Nos acordábamos entonces del hadiz del Profeta, que la paz y bendiciones de Allah sean sobre él: “Quien se alimenta de aquello que otros no quieren, tiene su sustento asegurado por un número de días”.
Dentro de esta filosofía de recuperación y reciclaje de residuos, hemos conseguido atender a más de mil personas en un año, con una permanencia media de quince días y una media de cincuenta personas/día.
Después de mucho batallar tenemos la confianza de ser subvencionados este año por la Junta de Andalucia.
¿Qué número aproximado de personas atiende el Albergue? ¿Quiénes acuden a él? ¿Cuáles son las causas que hacen necesario un centro de este tipo?
La capacidad del centro está calculada para treinta y cinco personas. Sin embargo, siempre estamos en torno a las cincuenta y hemos llegado a un máximo de setenta inmigrantes sin muchos problemas, por la báraka de Allah. El tercer objetivo de nuestra labor es implicar a los usuarios en el desarrollo y mantenimiento del Albergue. Con ello se consigue un coste casi nulo de personal, y despertar una conciencia de altruismo o conexión entre ellos que es el trabajo más importante y con mayor beneficio. El Albergue está abierto para todo inmigrante económico que carezca de recursos para su alojamiento, su aseo e higiene en Sevilla. Más del 70% proceden del Magreb y el 30% son extranjeros de los países del Este de Europa, portugueses y, en ocasiones, algunos españoles indigentes.
Las causas que hacen necesario un centro así, es conseguir una mayor eficacia en la atención de la marginación sin hogar, creando un dispositivo específico para inmigrantes. Objetivo del Albergue Fátima Azahara es introducir elementos de la cultura de los países de origen de nuestros usuarios. No se pretende crear un guetto. El impacto que se persigue es elevar la autoestima personal al permitir la expresión de los referentes culturales. Quien se conoce a sí mismo conoce a su Señor. Así se puede vivir en paz con uno mismo y, por tanto, con los demás. Ser pobre no es un problema, tener dificultades no es malo, procurar que los seres humanos no pierdan su capacidad de trascender es muy importante en orden a conseguir una calidad de vida alta para toda la sociedad.
En el Albergue hay un espacio que funciona como mezquita y la casa pertenece a una organización cristiana.
La causa primera de que exista el Albergue Fátima Azahara está en la ausencia de recursos de sus usuarios. Nadie debe dormir en la calle ni carecer de lo más básico.
¿Es suficiente la legislación española actual para abordar las diversas situaciones que se producen en el ámbito de la inmigración?
La legislación española en el ámbito de la inmigración responde al papel de policía fronterizo que la Unión Europea nos ha encomendado en función de nuestra posición geográfica. Por tanto, es injusta e inhumana por naturaleza.
¿Cuáles son, a tu juicio, las causas principales del auge de la inmigración?
Pienso que esto es debido al desequilibrio económico y demográfico cada vez más patente en nuestro planeta. A esto hay que añadir el dominio que los medios de comunicación otorgan a la cultura occidental, vendiéndose una imagen de felicidad según el modo de vida americano y europeo. La falta de expectativas que la juventud del tercer mundo sufre en sus países de origen la conduce, en la mayoría de los casos, al callejón sin salida de vivir en lo que ahora se llama el cuarto mundo: la pobreza en los países desarrollados. Es necesario un proceso de autoencuentro, saber quién es cada uno según su cultura original. Hay que potenciar el sentido de la palabra diversidad como fuente de riqueza a todos los niveles humanos. Dios, en Su Misericordia, ha puesto en este planeta recursos para que todos los seres puedan vivir con dignidad. Si hay carencias es por el egoísmo del ser humano, que usurpa los medios y los derechos de otros en su propio beneficio. “Quien haga el peso de un átomo de bien, lo verá; quien haga el peso de un átomo de mal, lo verá”.
¿Cómo viven los inmigrantes su encuentro con la sociedad andaluza? ¿Qué expectativas tienen?
El encuentro ofrece un abanico de posibilidades muy grande, como todo en esta vida, siendo una cuestión de medida y porcentaje lo que se puede detectar. Las migraciones conllevan encuentros entre diferentes maneras de vivir y percibir la realidad. Andalucía es fruto de las migraciones que ha visto pasar y de la asimilación de éstas. Es como la Giralda de Sevilla: una base con lápidas romanas, un fuste islámico y un remate neoclásico de barroco cristiano.
La medida esencial que incide en el encuentro actual de los emigrantes viene determinada por la arrogancia y el orgullo de los valores que la sociedad occidental de consumo potencia: el hedonismo y la insolidaridad.
El servicio más importante que se ofrece en el Albergue no es resolver las demandas de alojamiento sino poner un espejo delante de los usuarios para que busquen su imagen real, se planteen quiénes son y qué quieren... Es difícil en esta vida saber qué se quiere. Si las expectativas se cifran solamente en bienes de consumo, el Corán dice que “la vida humana se reduce a un espejismo en el desierto, lo ves, crees que hay algo, te aproximas, pero al final no hay nada. Sólo Allah”.
Nuestra gran labor está en que no se pierda el referente de la trascendencia según la diversidad que hay en nuestro planeta Tierra.
Para una gran parte de los inmigrantes, las expectativas de encontrar un buen trabajo, de formarse profesionalmente, desaparecen muy rápido. Eso conduce a la economía sumergida, a la marginación y, en gran parte, a la oscuridad. Hay que procurar evitarlo.
¿De qué clase son los principales problemas con que se encuentra el inmigrante?
El principal es conseguir una situación regularizada legalmente y, para los que lo consiguen, poder mantenerla. Por lo demás, sobrevivir, con lo que podríamos no terminar nunca, pues cada persona es un universo y las anécdotas de cada vida son como los segundos del tiempo: parece que no terminarán nunca.
¿Existe realmente un problema de xenofobia, de racismo, en la sociedad española?
Yo pienso que la sociedad no es xenófoba. No tiene razones históricas para serlo, sino todo lo contrario. Andalucía se ha enriquecido y ha encontrado su definición en ver pasar a tantos pueblos diferentes: tartesios, cartagineses, fenicios, romanos, musulmanes... La población extranjera en estos momentos es menos del 1% y con un porcentaje así tampoco se producen situaciones de tensión alarmantes. Ocurre, pues, que hablar de racismo y xenofobia en esta situación es como llamar al infortunio, como el cuento aquél de ¡que viene el lobo! Una parte importante en los procesos de educación es dar mensajes positivos. El Albergue en ese sentido es un ejemplo pionero a imitar: en una casa de una organización cristiana hay una mezquita y convivimos en armonía diferentes razas, creencias y culturas.
¿Cómo viven Islam los inmigrantes?
La mayoría de los inmigrantes, lo puedo decir con valentía, no viven el Islam. Muchos de ellos cuando llegan al Albergue sufren un choque al encontrar un musulmán español y un marco especial donde se da valor a algo que prefieren ignorar. Hay que redescubrir cuál es la utilidad práctica de ser musulmán hoy y no importa dónde.
Nada se hace si no hay un beneficio en ello. ¿Cuál es el beneficio de ser un creyente y de seguir un camino? Dependiendo de la orientación que siga la balanza en esta pregunta, así se vivirá el Islam por los inmigrantes. Pero lo más importante es que así se vivirá también por los europeos y por nosotros mismos.
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