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La sunna de la sonrisa y Rabbi al-Awwal

Editorial

20/11/2017 - Autor: Equipo WebIslam
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Sonríe, ¡es sunna!

Hoy entramos en Rabbi al-Awwal. Todo musulmán sabe que este mes es bendito porque bajo el resplandor de su luna llena nació nuestro querido Profeta (saws). Una luz en el mundo que lo cambió todo, que nos dio un modelo ético y espiritual, y que, insh’allāh, nos conducirá al más bello jardín donde disfrutaremos la eternidad.

Este es un mes para poner en práctica la sunna de la sonrisa, para ser positivos y para aprender del ejemplo profético. Un ejemplo que no se agota por más que leamos, porque se trata de una realidad viva, más allá de lo físico, una realidad que toca el alma. Ya en los tiempos en los que vivía el Mensajero (saws) el gran poeta Hassan Ibn Thabit lo describía así:

Si hablo de belleza, es a ti a quien recuerdo,
     pues como la tuya no hay tan gentil alma.
Limpio de toda mancha,
     eres lo más perfecto de la creación.

Un Muhammad (saws) enraizado en un plano no material que hace que nuestro modelo vital no solo sea un personaje histórico, sino que sea intemporal. Por eso, tantos sabios le han vuelto a ver en sueños y a quienes ha guiado para hacer un mundo mejor. Ese es nuestro día a día, hacer un mundo mejor inspirados por el ejemplo profético.

En un tiempo de olvido (ghafla), el recuerdo (dhikr) de la sunna del Mensajero (saws) es básico para sobrevivir cada día, para ser mejor y comprender que el mundo es muy difícil. La conciencia de yo para el mundo ese hace esencial para poder comprender las difusas lógicas de la realidad. Al fin y al cabo, es hacer comunidad y ayudar a que todo ser que nos rodea se sienta pleno, se sienta pacificado.

Hay quien ve esto, que acabamos de decir, como algo lejano y un tanto “marciano”. Mucha gente concentra su experiencia del islam en luchas ideológicas e imposiciones materiales, pero sin la comprensión completa de la realidad no hay nada. La comprensión completa del musulmán pasa por una profunda experiencia de la rahma (misericordia potencial) como sentido de la existencia, pero también por la asimilación y la defensa de la belleza, de la verdad y de la justicia.

Comprender la realidad exige dejarse abrumar por la diferencia y combatir a nuestro ego (nafs) cada vez que intenta que le miremos a él y no a la creación. Esa diferencia hace que en un mundo como el nuestro no podamos aspirar a irnos a la montaña, sino que, de nuevo, tomemos el ejemplo profético y construyamos sociedad: comerciemos, negociemos y vivamos con «otros» distintos a mí mismo.

El ejemplo de Muhammad (saws) en el siglo XXI debe inspirarnos a ser mejores, apartarnos de los nacionalismos, de los esencialismos y abrirnos a un mundo diverso y complejo. Ese es, sin duda, el espíritu del islam tradicional. El islam ha ganado más gente a través del comercio que subyugándolos. El islam es recordado por trasladar cultura de un lado a otro del planeta enriqueciendo a los musulmanes y a los no-musulmanes. El comercio y las caravanas de la historia islámica llevaban oro, arroz y seda, pero también llevaban libros y sabiduría. Esa es la riqueza del islam y la herencia de nuestro querido Profeta (saws).

La generación M, la de los Muslim Millenials —según lo describe Shelina Janmohammed en su libro “Generation M”—, está sabiendo derribar los muros de los “ismos” del siglo XX para revivir esta herencia islámica en el siglo XXI. Los jóvenes musulmanes están siendo capaces de retomar el espíritu del Profeta (saws) y articular su vida en: Creencia, comunidad y acción, sin renunciar a vivir en sociedades post-capitalistas del siglo XXI, añadiéndoles unos valores éticos y sociales que complementan muy bien lo que queremos ser: seres humanos con conciencia plena de la realidad, a lo que llama la tradición tener taqwa.

Y, sin duda, esto está teniendo su impacto en sociedades donde hay musulmanes contemporáneos. Por ejemplo, la presión de esta generación ha hecho que Indonesia plantee implementar más de 1000 eco-mezquitas en 2020, que a su vez están implicadas en educación medio-ambiental. O que los productos de las finanzas islámicas estén en auge como propuesta de banca ética bajo los principios del halal. Y eso, sin que falte retorno a la sociedad en forma de zakat —algo que a esta generación no le cuesta trabajo dar— en forma de mil proyectos justicia social a lo largo del mundo.

Sin embargo, nuestra joven comunidad islámica española necesita urgentemente de estas filosofías y estas acciones. Necesita del modelo muhammadiano (saws) del empresario ético y comprometido, que quiere vivir bien y quiere construir una sociedad más justa. Necesitamos que nuestros jóvenes abran la puerta a valores que les empoderen y que les hagan progresar, sin olvidar que todo eso viene de Allāh t‘ala, y que es él, el que da. Es más, necesitamos grabar a fuego la frase —atribuida a la tradición clásica islámica—: «Cuanto más agradecimiento, más abundancia». Este, debe ser un lema vital pronunciado cada día al levantarse.

La sunna de la sonrisa debe ser otro elemento central en nuestros jóvenes. Sonreír como lo hacía nuestro Profeta (saws), el buen trato con cualquiera es mucho mejor que estar “eternamente cabreados” y “contra el mundo” fijándonos solo en lo negativo y lo haram. No, nuestro deber es mejorar y ayudar a mejorar, y recordar que Allāh configura el mundo tal y como lo experienciamos. Solo si estamos en paz (salam) podremos proyectar paz a los demás e interactuar en un mundo mejor.

Y esto solo puede ser posible si amamos al Profeta (saws) y a su ejemplo (sunna) cada día, cada hora, cada minuto. Eso es bendición, es riqueza, es vida. ¿Quién va a querer una vida triste y oscura, llena de prohibiciones? Trabajemos por imitarle: aprendamos, comerciemos, enriquezcámonos, demos y recibamos en el mundo visto y en el no-visto . Construyamos un mundo mejor. No somos mejor que nadie, simplemente somos. Y Allāh estará encantado de que tomemos la senda de su amado Profeta (saws).

¡Feliz Rabbi Al-Awwal 1439!


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