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Suicidas antes que terroristas

El suicidio está categóricamente prohibido en el islam: el Corán lo prohibe y el Profeta lo declara ilegal.

19/06/2017 - Autor: Yusuf Cadelo - Fuente: Webislam
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Suicidas antes que terroristas
Suicidas antes que terroristas

No hay vericueto ni atajo alguno en el magisterio judaico ni cristiano que avale el suicidio; y, mucho menos, que lo glorifique. No lo había tampoco, hasta tiempo reciente, en la sociedad occidental, en la que ciertas formas de eutanasia o muerte asistida empiezan ya a contar con algún tímido beneplácito público. El islam fue tajante al respecto desde los primeros siglos. El suicidio está categóricamente prohibido en el islam: el Corán lo prohibe. El Profeta lo declara ilegal.

Desde luego no es fácil entender ni explicar lo que sucede en la mente de un musulmán que se organiza y prepara para cometer un asesinato múltiple contra hombres y mujeres inocentes, civiles, y acabar su episodio criminal inmolándose o provocando que la policía acabe con su vida abatiéndole en plena calle. Pero es interesante destacar cómo algunos predicadores radicales (que se autoproclaman musulmanes) avalan esta tipología criminal que consiste básicamente en suicidarse mientras se asesinan "enemigos".
Bibliografía hay sobrada sobre la contradicción entre la tradicción islámica (la Sunna) y el Corán y los actos criminales a los que nos referimos (cada vez, por desgracia, más frecuentes en las portadas de los medios de comunicación). Sin embargo, comienza ya a hablarse, en foros de sicología y antropología, de una "islamización del suicidio". Dicho muy rápido, el musulmán que, por encima de todo, tiene una vocación suicida se agarra a esa doctrina herética del terror para morir acompañado, alcanzar cierta gloria terrena en determinados grupos (léase DAESH, Al Qaeda...) y obtener, en lugar de un castigo escatológico por su acción, la recompensa de un lugar preeminente y eterno en el Paraíso en el que quedarán satisfechas todas sus apetencias humanas, incluso las más primarias.
Hemos asistido en los últimos años a más de un suicidio colectivo, casi siempre ligado a sectas apocalípticas o satánicas. Y también hemos conocido casos de suicidas que arrastraron a otras personas a la muerte en contra de su voluntad (hablamos de personas ajenas al islam): el piloto de German Wings es el caso más claro e impactante pero no el único de los recientes.

Hay especialistas en sicología hablando ya de que el rasgo principal del que se conduce a sí mismo a la muerte es el de suicida. Quién ejerce esa violencia contra el primer instinto natural, el de supervivencia, es, ante todo, un suicida. Todo lo otro que hace durante la ejecución de su suicidio es secundario o complementario: asesinar "enemigos", dejar pistas sobre su identidad, generar pánico... Estaríamos hablando por tanto, según estas hipótesis, de que los autores de los últimos atentados en nombre del islam en suelo europeo eran, ante todo, personas que querían suicidarse; individuos con antecedentes sicopatológicos, sociópatas que han visualizado la muerte propia como la mejor de las alternativas posibles. Habría que hablar aquí de desestructuración familiar, problemas económicos o sociales, crisis de identidad o inadaptación cultural, pero no es el caso. Hablamos de suicidas que encuentran en esa manera criminal de conducirse hacia la muerte (matando "enemigos" mientras ejecutan el suicidio) una forma de obtener la redención divina, de justificar su vida ante Dios, de garantizarse el paraíso y de recibir la corona del martirio y la glorificación pública por parte de ciertos grupos de ideología terrorista en cuya autoridad religiosa ha depositado su confianza.

Si el suicidio ha tenido siempre en la sociedad un efecto contagio (o "llamada"), aún más lo tendrá un suicidio que internacionaliza a su autor, que lo saca de su caverna anónima a los telediarios de la CNN. Las consecuencias de una acción terrorista suicida son inmediatas, empezando por la universalización de la imagen del suicida. El acto, en principio cobarde, de acabar con la vida propia se convierte, gracias al asesinato previo de "infieles" y a sesgadas interpretaciones religiosas, en un acto glorioso a ojos de eso que los medios de comunicación llaman "terrorismo yihadista".

¿Estamos ante una islamización del suicidio? Desde luego ha de entenderse "islamización" en su acepción más heterodoxa y criminal (no encuentro forma de retorcer la gramática para concluir escribir islam y terrorismo en la misma frase). Es posible. Y es posible que dicha aberración continúe o crezca mientras reciba el amparo de determinados grupos criminales que se adjudican la autoridad única y suprema para hablar en nombre de Dios. Nada nuevo en la Historia, por cierto.


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