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Qatar, nueva crisis de una vieja disputa

Arabia Saudí, potencia regional, golpea aprovechando el cambio estratégico en la Casa Blanca

16/06/2017 - Autor: Kamel Gomez El Cheij - Fuente: Webislam
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Mapa de Qatar.

Las noticias del Mundo Árabe señalan cambios de estrategias, nuevas correlaciones de fuerzas, y un panorama cada vez más cercano a un conflicto de escala mucho mayor.

La crisis de Qatar es analizada desde varias aristas. Todas tienen su parte de verdad. Algunos hacemos más hincapié en unas que en otras. Nosotros enumeramos algunas que pueden sumarse en el balance final.

Vayamos por partes. Qatar es miembro fundador del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), creado en 1981. El CCG nacía para responder a la Revolución Islámica de Irán y su posible expansión. Las petromonarquías no querían ser destronadas como el Sha. De paso, las poblaciones shiítas serían perseguidas y masacradas por ser posibles vehículos de expansión revolucionaria. La “media luna shií”, dijo otro rey, el de Jordania, era el peligro.

El CCG está compuesto por seis países: Arabia Saudí, Kuwait, Bahréin, Omán, Emiratos Árabes, y como ya señalamos, Qatar. La ofensiva saudí para aislar a Qatar, luego de la visita de Trump, partió al CCG en dos: Emiratos Árabes y Bahréin acompañan a la dinastía As-Saud. Bahréin, de mayoría shiíta, ha sido invadida por soldados saudíes para aplastar la “primavera” en ese país.

Qatar apoyó a los saudíes. No sea que la “media luna” estuviera tan cerca. Del otro lado, quedaron Omán y Kuwait. Ambos países —como Qatar— no quieren quedar atrapados en los intereses saudíes en la región. Kuwait, además, tiene una mayoría shií que obliga a la monarquía a realizar concesiones. No ven con buenos ojos que la región se incendie de sectarismo takfirí, tan necesario para el terrorismo y la utilización de este último a favor de la política del reino saudí.

Arabia Saudí, potencia regional, golpea aprovechando el cambio estratégico en la Casa Blanca. Qatar jugó muy fuerte apoyando la “primavera árabe” —excepto en Bahréin, donde había un levantamiento “taifí” o sectario según su famoso canal satelital Al Yazira, hoy bloqueado en varios países. La salida al juego de Qatar venía de la mano de Obama y la administración demócrata. Estos no confiaban en los saudíes, no tanto por su nefasto rol en el 11-S, sino más bien por sus vinculaciones petroleras, y por lo tanto, republicanas.  El Pentágono cuida esa relación. Los norteamericanos compran petróleo, para luego los saudíes comprar armamento… norteamericano.

Trump, que de lo único que entiende es de negocios, sabe que levantar la economía de EE.UU. sólo se puede hacer con más venta de armas, y por lo tanto, con más guerras. Así se escribió la historia de EE.UU: 100 millones de dólares que planean vender a los sauditas nos dan la razón. ¿Se habrá enterado Trump que la principal base norteamericana utilizada para bombardear hoy está en Qatar? Quizás hayan negociado el retorno de la misma a Arabia Saudí, como en las viejas épocas.

Pero sigamos. Decíamos que los demócratas jugaron fuerte con Qatar. No confiaban en el aliado histórico de los republicanos.  Levantaron y apoyaron a los Hermanos Musulmanes.  Desde Túnez hasta Palestina, Qatar brindó apoyo económico y colaboró con el terrorismo en Siria. Hoy se desentienden de una guerra genocida en Yemen. Quizás en este hecho encontremos la respuesta a la ira saudí contra Qatar.

La agenda de los Hermanos Musulmanes complicaba los planes del “islam saudí”, que intenta presentarse, con el wahabismo, como la doctrina oficial del mundo sunní.  Si en Egipto, Qatar con Turquía apoyaban la revuelta contra Mubarak, Arabia Saudí movilizó a sus salafíes para sostener a Mubarak. La plaza At-Tahrir ganó la pulseada. Qatar y Obama coincidían con los Hermanos Musulmanes: tenían la misma agenda. Turquía también.

Esta es la razón por la cual el Egipto de Al-Sisi se suma al bloqueo por cielo, tierra y mar a los qataríes. Egipto ha pagado todas sus deudas económicas a Qatar, pero no las saudíes. Al-Sisi se olvidó de un “pequeño” detalle: además de los más de 3000 estudiantes, en Qatar hay por lo menos entre 250 y 300 mil trabajadores egipcios. Con más de tres millones y medio de desocupados en su país, Al-Sisi ha tenido que abrir contactos con la embajada de Grecia en Doha. Tampoco Al-Sisi piensa echar a los estudiantes qataríes de Egipto, que rondan aproximadamente los veinte mil.

La invasión a Siria permitirá esconder las diferencias por un tiempo. Turcos y qataríes apoyarán a los mercenarios  inspirados –en parte- en la doctrina de la Hermandad. Del ISIS se encargará principalmente Arabia Saudí, EE.UU. e Israel. Esta tríada ya funciona a pleno. También el sionismo, que festeja el 50 aniversario de la ocupación de Jerusalén,  aplaudió la decisión saudí: en Qatar funciona la oficina política del Hamás, movimiento de resistencia islámica fuertemente vinculado a la ideología de los Hermanos. Hamás, atravesado por la “primavera árabe”, también apoyó la invasión a Siria, y mudaron su oficina de Damasco a Doha. El Pentágono y Hamás en el mismo país, ¡vaya paradoja! No obstante, la resistencia palestina está trasladándose a Teherán, para alivianar una posible causa del bloqueo. Y también, por qué no, dejar de marearse y dedicarse de pleno a la liberación de Palestina.

Se va Hamás, pero llegan los turcos, con 3000 soldados. En un claro mensaje a Arabia Saudí. También veinte mil paquistaníes. Irán observa de reojo. La política en la región cambia cada segundo. Y vaya a saber qué harán estos soldados en un futuro.

Las relaciones entre Irán y Qatar parecen ser otra de las razones del bloqueo. Más allá de las posibles declaraciones del Emir Tamim, las relaciones pendulares que mantiene Qatar con Irán son necesarias para no ser arrastrado al juego saudí. Los persas ya han enviado toneladas de alimento, para tranquilizar a la población qatarí. Hoy los iraníes tienen acceso al Mediterráneo, pasando por Iraq y Siria. Esto inquieta a la triada saudí-anglo-sionista. Y el final del mal llamado “Estado Islámico” es una realidad que se acerca. Por algo ya se habla de la fusión entre Al-Qaeda y el ISIS: la ideología la daría este último, pero el método, ya sin territorio, volvería a ser el de Al-Qaeda.

Se nos permitirá una observación final: Qatar, Egipto, Turquía, Hamás y Arabia Saudí, son todos actores regionales sunníes. Vaya esta observación dedicada a todos los que explican la región como una guerra entre suníes y shiíes, tapando los verdaderos intereses que arden en la región.


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