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III. La Globalización debe ser el ágora de las nuevas-correctas relaciones entre todos los pueblos y culturas de la Tierra

Extraído del ensayo Trascendiendo la condición humana

16/12/2016 - Autor: Esteban Díaz - Fuente: www.estebandiaz.es
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Incorporamos, además, en ese contexto, la noción de “complementariedad cultural”.

III.  La Globalización debe ser el ágora de las nuevas-correctas relaciones entre todos los pueblos y culturas de la Tierra, y no debe confundirse con la “Mundialización de la economía de mercado” como fundamento de la colonización del Planeta por el capitalismo trans-neoliberal.

14. El contexto socio/político/económico desde donde nos hemos permitido reflexionar acerca de “la condición humana” no es otro que el que nosotros hemos denominado “Mundialización de la economía del mercado”, en la que el sistema capitalista se ha desarrollado en sucesivas etapas desde mediados del Siglo XX, como hemos explicando en nuestros trabajos sobre el nuevo paradigma social no mecanicista, que denominamos el Humanismo Global, cuyos valores, lenta pero gradualmente, van sustituyendo al viejo Gran Paradigma de Occidente o paradigma mecanicista.3

Si se ha establecido consensualmente que aquello que ha sido denominado “Globalización” es la etapa de “Mundialización de la economía de mercado” en la cual el capitalismo se ha desarrollado -sin serios obstáculos- con más solvencia y descaro en las décadas de los años ochenta y noventa del pasado siglo, es porque todos los ámbitos en los que se desenvuelve el colectivo humano han sido captados por quienes detentaban, en esas décadas, el poder económico, sojuzgando el poder político de los países que participaban de la economía capitalista mundializada, como aquéllos que se adscribieron más tarde, una vez que se desvincularon del control soviético a partir del periodo en que Mijail Gorbchov promovía la glásnost y perestroika (1985-1991). Sin el oponente comunista, al sistema capitalista mundializado  le fue más fácil consolidar su imperio desde donde generar y “movilizar” las sucesiva etapas en las que se desenvolvería con la rapidez con la que la ciencia y la tecnología avanzaban, sabiéndose que el nuevo orden del mundo estaría estrechamente vinculado al progreso de determinadas áreas de una ciencia, que desarrollaba una tecnología altamente sofisticada. El progreso científico-tecnológico ya estaba marcando, por entonces, los espacios en los que se desarrollaría la industria y el comercio del Siglo XXI. Que aquellos que hoy tienen el poder absoluto del dinero y del mercado, es decir, de la política económica y monetaria que rige la dinámica económica y el progreso del mundo globalizado, eran quienes movilizaban ya entonces estructuras de poder económico para seguir instalados en el poder absoluto que ya dominaban, nadie lo pone en duda.

Con el derrumbe del sistema comunista el poder económico exigía, pues, justamente un nuevo orden mundial, ocasión que el capitalismo no desaprovechará para ir “anexionándose” progresivamente las naciones que lograban liberarse del férreo yugo soviético. Se inauguraba, pues, una nueva etapa en el último tercio del Siglo XX de paulatina colonización del mundo -que comenzaba a “sentirse” y “saberse” y “experimentarse” global- por la ideología capitalista, que lograba superponer sus valores mercantilistas sobre todas las naciones, pueblos y culturas que “colonizaba”, desdibujando primero sus valores culturales, para luego arrasar sus culturas, permaneciendo, entonces, como valores vigentes los valores “de prestigio” de la ideología capitalista que ya habían asumido las naciones del Occidente euromericano.

Valores materiales, pero que fueron creídos y valorados como valores de prestigio, de influencia, de dominio y de poder, que, junto a la lengua inglesa, que vehicularía esos valores del capitalismo de mercado, lograrán imponerse sobre la faz de la Tierra en la última década del Siglo XX. No obstante, al finalizar la década de los noventa, un nuevo contratiempo le sobrevino al “sistema” capitalista: la emergencia en el tejido social de colectivos posicionados en un amplio abanico de la izquierda no institucionalizada, que mostrarían su protesta y disconformidad con la política económica que la OCM venía imponiendo a la totalidad del planeta. Sumados a los países emergentes, dieron la batalla en Diciembre de 1999, en la Cumbre del Comercio Mundial (o Ronda del Milenio, como se le denominó en los medios) de la OCM que se celebraba en Seatle. En síntesis exponemos lo que ampliamente expusimos en otros trabajos Ver NOTA 3: Dada la actividad desarrollada en foros y protestas callejeras y la fuerza que demostró ante la imposibilidad de la OCM de silenciar su voz en los medios de todo el mundo, la denominada Cumbre Alterativa a la Ronda del Milenio obligó a la Cumbre del Comercio Mundial a prestar atención a sus demandas y a dialogar ante tamaño desafío de los países emergentes y de los colectivos sociales que se allegaron a Seatle de todos los rincones del mundo. Tal fue el fracaso de la Cumbre de la OCM de Seattle que el Director general del Fondo Monetario Internacional, Michel Camdessus, en la Conferencia  de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, celebrada en Bangkok el 13 de Febrero del año 2000, expresó la necesidad de construir un “nuevo orden” que asegurara un mundo más igualitario. La protesta de la Cumbre alternativa de Seattle no sólo fue el acontecimiento en el que se lograba “destapar la cara fea de la liberalización mundial del comercio”; denunciaba, además, “el secretismo con que opera la OMC, la explotación de la mano de obra barata y el medio ambiente, y la intromisión en los derechos soberanos, en aras a una mayor reducción de las barreras en beneficio de los ricos y a costa de los pobres. Protesta también contra el ‘imperialismo moral’ del sistema de sanciones que Occidente pretende imponer al resto del planeta”, escribía Rosa Townsend en los medios internacionales.4

En este contexto radicalizado, creímos importante desvincular los términos “Globalización” y “Globalidad” como el ágora o el ámbito de encuentro de todas las naciones, pueblos y culturas en donde se respetara la singularidad de sus tradiciones y de sus culturas. Hablamos entonces de la “Globalización” como un espacio de convivencia de las dos grandes regiones del globo terrestre, guiadas por sus respectivas visiones del mundo: Oriente, desde su cosmovisión de unidad, y Occidente, desde la visión dual del mundo, convergiendo en sus tradiciones civilizatorias y culturales en sus versiones humanísticas. Un ágora en el que se dialogara desde la libertad y el respeto a los valores que representaban tales visiones del mundo, que, por demás, habían definido las culturas desarrolladas en esas dos vasta regiones del Planeta, en donde a lo largo de la evolución humana, conocida en su historia, se han desenvuelto valiosísimas y diversas civilizaciones y culturas. Encuentro y diálogo. Diálogo y tolerancia. Tolerancia  y respeto. Respeto e integración. Integración y cooperación. En fraterna unidad. Como nos recordaba el sabio hindú Vivekananda a finales del Siglo XIX en su primer viaje a los EE. UU. Porque el Siglo XXI será un tiempo de construcción de un mundo global en unidad o no será.

15. Incorporamos, además, en ese contexto, la noción de “complementariedad cultural”, significando ese encuentro al que aludimos de Oriente y de Occidente, en igualdad y respeto por las tradiciones de sus culturas milenarias que llegaban a nosotros espontáneamente hasta la siniestra etapa del colonialismo europeo de esas culturas de Oriente y de otras más recientes, como las africanas. El colonialismo del Siglo XIX, al que nos referimos, qué duda cabe que fue la consecuencia del otro colonialismo anterior, el de la Europa del comienzo de la Edad Moderna, que bien podría decirse que inauguraba el mundo global del primer mercantilismo, con la incorporación de las riquezas de las Indias Occidentales al desarrollo y progreso del capitalismo de la primera modernidad, mecanicista, en el ámbito de las naciones colonizadoras. Colonialismo, el de la Edad Moderna, que permitió a la Europa de entonces salir de la Edad Media, gracias a las riquezas obtenidas del expolio de los pueblos Amerindios que colonizaron, arrasando sus culturas entonces.

Así, reservamos la noción de “Globalización” -que hasta la fecha ha definido la expansión global del capitalismo- para dotar a este término de la idea que exprese la arquitectura que encierra cuanto de “nueva Cultura” han venido generando los nuevos paradigmas no mecanicistas, en ciencia, en pensamiento y en conciencia social, nunca beligerante, surgidos como superación de la visión dual del mundo que sostenía el andamiaje del Gran Paradigma de Occidente. Indudablemente estos nuevos paradigmas han generado, en pensamiento y en ciencia, un corte epistemológico respecto del viejo paradigma mecanicista o Gran Paradigma de Occidente (que no se produjo con el marxismo, al elaborar su discurso en el seno de la visión del mundo de dualidad, en la misma matriz en la que se originó el capitalismo, pues de él surgió). Tal ruptura fue posible en la medida en que la “nueva Cultura”, que en ellos -los nuevos paradigmas- se gesta, pues de ellos deviene, tiene como base una visión del mundo de unidad en la que, ya en los últimos años del Siglo XIX, el sabio hindú Vivekananda pedía que desarrollaran sus trabajos de investigación a los intelectuales y científicos occidentales, con motivo de su intervención en el Parlamento de las Religiones, reunido en Chicago, en 1893, con motivo de la Exposición Universal. Asimismo, el joven sabio hindú demandaba la colaboración entre Oriente y Occidente. Su éxito fue inmediato, siendo aclamado por todos los asistentes. Vivekananda emprendió, entonces, una amplia gira de conferencias por los Estados Unidos, Inglaterra y Suiza. Tal vez la suya fue la primera vez en la que se expresó la necesidad de trascender el modelo de saber humano basado en la visión dual.

En los meses en los que permaneció en Occidente, viajando por EE. UU y Europa, propuso un fértil pacto: Occidente aportaría a Oriente su técnica superior y Oriente le revelaría los secretos de la espiritualidad, reunificando materia y espíritu, síntesis o complementariedad, que posteriormente supieron seguir, con deslumbrantes resultados en el terreno de las ciencias duras y de la ciencias blandas, y en el terreno de la epistemología, los denominados nuevos paradigmas, con propuestas tan sugestivas como productivas, tales las aportadas por Ken Wilber, o pensadores y científicos adscritos al pensamiento sistemático y constructivista. Pero Vivekananda comunicó algo más hondo y vital que trascendió a las conciencias más sensibles del ámbito de la ciencia y de las disciplinas humanísticas y sociales: la idea de una Humanidad unida, sin fronteras, con conciencia de hermandad, sin exclusiones, como base de un modelo de sociedad humana establecida en virtud del principio axial que organizaría el tejido social humano que él preveía global en un corto plazo de tiempo, y que anhelaba declarar con su visita a Occidente: el principio de unidad, que asumiría, muy pronto, en las primeras decenas del Siglo XX, un sector importante de la comunidad científica, generando el paradigma de la física moderna, que revolucionó el saber humano al acercar sus descubrimientos a las tradiciones de sabiduría oriental y a la filosofía occidental que tenía como principio la indagación sobre lo Uno Absoluto y su manifestación en la diversidad de la Creación, la Philosophia Perennis, que rastreaba la relación entre el Ser y la apariencia. La propuesta de Vivekanda se vio reflejada en Occidente en una conciencia que declaraba una Cultura resultante de la síntesis y de la complementariedad de las tradiciones de Oriente y de Occidente. Carl Jung, David Bohm, Alan Watts, Abraham Maslow, Theodore Roszak, Fritjof Capra, Ken Wilber, Humberto Maturana, Francisco Varela, Peter Russell, Renée Weber, Michael Talbot, J. Lovelock, Rupert Sheldrake, entre muchos otros, son ejemplo en ciencia y pensamiento de la complementariedad cultural a la que nos referimos.

16. Al mismo tiempo que se desarrollaban los nuevos paradigmas en ciencia y en pensamiento, el liberalismo iniciaba la veloz carrera hacia la Mundialización de la economía del mercado, superponiendo los valores del capitalismo sobre los valores de las culturas nativas colonizadas. Pues “colonizar” el mundo ha sido el resultado de la expansión del capitalismo por todos los rincones del Planeta.

El Siglo XX refleja, en todo su recorrido, cómo el liberalismo económico, que promovía la ideología del capitalismo, fue progresivamente adentrándose en todos las naciones que territorializaban la faz de la Tierra, destruyendo sus culturas, sus tradiciones, sus singularidades como pueblos, sus valores ancestrales. Mundializar la economía de mercado ha sido, pues, el objetivo principal del capitalismo como estrategia para colonizar y dominar la vida planetaria. El capitalismo ha aceptado, para su expansión arrolladora, la noción de “Globalización”, con la que identifica el “sistema” económico, de lo macro y de lo microeconómico, y con ello, abiertamente, y sin escrúpulos, envuelve el paquete de “valores” que promueven la ideología que sustenta al “sistema” y los hace “confundir” con los valores del Occidente y los de Oriente. Nada tenía Oriente, a principios del Siglo XX, que lo relacionara con los valores de Occidente, y aún menos con el liberalismo con el que el Siglo pasado invadía todo el Occidente. Ya en esa solapada “invasión”, gracias al desarrollo especialmente de la industria armamentística, los valores de Occidente comenzaban a ser sustituidos por los valores del capitalismo mercantilista, con los que divulgaba y se adentraba en las conciencias de los ciudadanos de nuestra cultura occidental. Progresivamente, Occidente fue perdiendo su identidad al identificarse con los valores del capitalismo liberal del mercado.

El final de la Segunda Gran Guerra fue el periodo de la reconstrucción de la vieja Europa. Y se hizo aceleradamente gracias a la maquinaria de implantación de la economía de mercado junto a los valores que la definían sobre lo que escasamente de valores occidentales aún permanecían en las mentes y en las vidas de los pueblos que todavía sentían sobre sus carnes el horror de la guerra. El entusiasmo por construir lo destruido a golpe de los valores que imponía el capitalismo fue cavando la tumba de cuanto aún quedaba de Occidente. Los años sesenta fueron decisivos para el asentamiento sobre la América anglosajona y la vieja Europa de los valores mercantilistas. La Mundialización de la economía del mercado comenzaba a radicarse en los países que serían el motor y el modelo del capitalismo cuando se comienza a diseñar los “Estados del bienestar”.

¿Qué ha significado “superponer/implantar” los valores del mercado y del consumo que definen al “sistema” y con los que se difunden (y confunden), colonizando cada rincón de la “aldea global”, valores cada vez más atractivos para la población global (“cantos de sirena”, los llamaría Homero), ya que en la medida en que se van incorporando al mercado/consumo más se adentran y se identifican los seres humanos en/con la ideología/valores del “sistema”, alienándose, qué duda cabe, ajenándose de sí mismos, olvidando qué significado tiene el “valor de lo humano”? Es una sutil captación -en su inicio- de las voluntades de los seres humanos, fraguada y llevada a cabo mediante un mecanismo propagandístico/publicitario tan poderoso, en cuanto a medios económicos empleados se refiere, como a la sutilmente ingeniosa industria propagandística utilizada -el arte y la tecnología puestos al servicio de tan deshumanizadora maquinación publicitaria-, que el ser humano, ente individual y colectivo, no ha tenido tiempo ni motivación para conocer la naturaleza de tan brutal, extensa y sutil propaganda deshumanizadora que fue urdiéndose sobre su vida y destino; como tampoco se le ha concedido tiempo para pensar en qué entidad desprovista de valores humanos se estaba convirtiendo, pues los tiempos con los que operan los mecanismos propagandísticos son tan acelerados y efectivos, que la mente humana no puede digerir cuanto se le ofrece para su consumo, convirtiéndola -a la mente, al hombre global del capitalismo trans-neoliberal, etapa en la que hoy nos movemos, pues transversa todos los ámbitos de la vida humana-, en una pieza del engranaje más del mecanismo productivo/consumidor del “sistema”. Jamás el ser humano ha tenido “tan poca libertad de hacer libremente”, porque “cuanto hace le viene dado”, o “condicionado”/impuesto/exigido por el “sistema”. Tampoco tiene la posibilidad de optar “libremente” por conocer qué en verdad es el ser humano, en cuya naturaleza no se reconoce, y cuya realidad ha olvidado. Todo lo que “vive” le viene impuesto desde la “idea” que asume (inconscientemente) de ser un adicto al/del “sistema” ideológico y del consumo al que está constantemente impulsado y estimulado para vivir en él, para él y por él, más allá de sus necesidades básicas, sea lo consumido alimento biológico o lo que llaman “cultura”. ¿Podrá el ser humano deshacerse individual y colectivamente de “la condición humana”, trascenderla porque haya logrado descifrar el aforismo antiguo “conócete a ti mismo"?

Notas

3 Díaz, Esteban,
___En los Albores del Siglo XXI. Reflexiones sobre el nuevo paradigma social no mecanicista: el humanismo global, Tiger Moon Productions, Bangalore, India, 2011 (segunda edición).
___Cambiar el Mundo: humanizando la Globalización, AMAZON KDP (ebook).
___Globalización, una nueva lectura. Construyendo un mundo nuevo, AMAZON KDP (ebook).
ROSZAK, Teodhore,
___El nacimiento de una contracultura. Reflexiones sobre la sociedad tecnocrática y su oposición juvenil, Kairós, Barcelona, 1969.
___Persona/Planeta. Hacia un nuevo paradigma ecológico, Kairós, Barcelona, 1985.
CAPRA, Fritjof, El Punto Crucial. Ciencia, sociedad y cultura nacientes, Integral, Barcelona, 1990.
WILBER, Ken,
___El espectro de la conciencia, Kairós, Barcelona, 1990.
___La conciencia sin fronteras. Aproximaciones de Oriente y Occidente al crecimiento personal, Kairós, Barcelona, 1993.
4 TOWSEND, Rosa, “La Cumbre Alternativa de Seatle”, EL PAÍS, domingo, 28 de Noviembre, de 1999.

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