webislam

Viernes 29 Mayo 2020 | Al-Yuma 06 Shawwal 1441
2433 usuarios en linea | Español · English · عربي

WebIslam.com

» Artículos

?=0

Salman al-Farsi, el Sahabi fiel del Profeta y su Familia

14/11/2016 - Autor: Yibril ibn al-Waqt - Fuente: Weblog Tashayyu
  • 9me gusta o estoy de acuerdo
  • Compartir en meneame
  • Compartir en facebook
  • Descargar PDF
  • Imprimir
  • Envia a un amigo
  • Estadisticas de la publicación


Salman al-Farsi, el fiel devoto del Santo Profeta y su Ahlul-Bayt.

Abû Abdallâh Salmân al-Farsî (ra), fue uno de los principales sahâba (compañeros) más leales del Profeta Muhammad (saww), nacido en el año 568 de nuestra era, en un pequeño pueblo persa llamado Jiyye, de la región de Fars. Perteneció a una familia de sacerdotes mazdeístas, llevado al cristianismo a una edad temprana por una pronunciada vocación ascética y luego, como uno de los tres primeros sâbiqûn (conversos) extranjeros al Islam, junto con el griego Suhayb y el abisinio Bilal, tras haber oído hablar de la venida de un Profeta. Salmân buscó al Profeta prometido, va de maestro en maestro, y de ciudad en ciudad, exponiéndose al exilio y a la esclavitud y después de pasar por muchas dificultades, fue capturado y llevado a Medina. No solamente para encontrar una regla de vida más estricta y el monoteísmo más riguroso buscado por los otros hanîf (creyentes en la unicidad divina), sino para reunirse con un Enviado de Al-lâh que le ha sido descrito, y que acabó por encontrar en el Santo Profeta. Se dice que el Profeta Muhammad (saww) lo compró, lo liberó y lo consideró como parte de su Ahlul-Bayt. Admitido en su intimidad, Salmân le aconseja en la batalla del Foso, y seguirá siendo, tras la muerte del Santo Profeta, el amigo fiel de su familia, y el defensor de sus derechos legítimos e ignorados, hasta su muerte en Mesopotamia, en Madain. Salmân al-Farsî (ra) fiel seguidor de Mawlana Imam Alî (as) y huŷŷa (garante) principal, a lo que el Imam llamó como el Luqmân al-Hakim (Luqmân el sabio), en referencia a un hombre sabio en el Sagrado Corán conocido por sus sentencias de sabiduría.

Si alguien quiere ver el real espíritu del Islam, se encontrará en la vida misma, el carácter y los actos de tales renombrados sahâba del Santo Profeta como Salmân al-Farsî (ra), Abû Dharr al-Ghiffarî (ra), Ammar ibn al-Yasir (ra), Uwais al-Qarni (ra) y Bilal (ra). La mayoría cambiaría su valoración del espíritu del Islam si se contemplara en las vidas austeras, puras y santificadas de estos últimos compañeros. Abû Yuhaifa narró que el Profeta Muhammad (saww) hizo un lazo de hermandad entre Salmân y Abû Dharr. Salmân visitó un día a Abû Dharr y encontró a su esposa Umm Dharr vestida con ropas raídas y le preguntó por qué estaba en ese estado. Ella respondió, «Tu hermano Abû Dharr no está interesado en los lujos de este mundo.» Mientras tanto, Abû Dharr se acercó y preparó una comida para Salmân. Salmân pidió a Abû Dharr que comiera con él, pero Abû Dharr dijo, «Estoy ayunando.» Salmân dijo: «Yo no comeré al menos que usted coma.» Así Abû Dharr comió con Salmân. Cuando era de noche y una parte de la noche había transcurrido, Abû Dharr se levantó para ofrecer la oración de la noche, pero Salmân le dijo que durmiera y Abû Dharr durmió. Después de algunas horas Abû Dharr nuevamente se levantó, pero Salmân le dijo que durmiera. Cuando llegó las últimas horas de la noche, Salmân le dijo que se levantara y ambos ofrecieron la oración. Salmân le dijo a Abû Dharr: «Tu Señor tiene derecho sobre ti, tu alma tiene derecho sobre ti, y tu familia tiene derecho sobre ti; por lo que debes dar los derechos de todos aquellos quienes tienen derecho sobre ti.» Abû Dharr se acercó al Profeta Muhammad (saww) y le narró toda la historia. El Santo Profeta dijo: «Salmân ha dicho la verdad.»

La frase «Salmân minnâ Ahlul-Bayt»

La intimidad de Salmân al-Farsî (ra) con el Profeta Muhammad (saww), mientras vivió y con los suyos, está basada, al margen de historias sin ningún alcance, sobre este hadith (narración): «Salmân minnâ Ahlul-Bayt» (Salman es de los nuestros, Gente de la Casa), que la tradición islámica hace pronunciar al Santo Profeta en el año 5 de la hégira lunar (626 de nuestra era), durante la batalla del Foso. El Santo Profeta habría zanjado el debate entre los Muhâyir (emigrantes) y los Ansâr (auxiliares) que se disputaban a Salmân. Las fuentes narran que durante la batalla del Foso, uno de los Muhâyir declaró: «Salmân es uno de nosotros, Muhâyirin», pero esto fue cuestionado por los musulmanes de Medina conocidos como los Ansâr. Una fuerte controversia se inició entre los dos grupos, cada uno de ellos afirmando que Salmân pertenecía a su grupo. El Profeta Muhammad (saww) llegó a la escena y escuchó el argumento. Sonrió por las reivindicaciones entre ellos, y pronto puso fin a sus razonamientos diciendo: «Salman no es Muhâyir ni Ansâr. Salmân es de los nuestros, Ahlul-Bayt

Ahora bien, esta frase está fundada en un relato único, de un râwî (rapsoda tradicionista) sunni medinés, Kazîr ibn Abdallâh ibn Amr ibn Awf al-Yashkûri, y que es débilmente admitido por Ibn Hishâm. El motivo aducido por Kazîr es insuficiente, y es un pretexto imaginado para agotar el sentido de esta célebre sentencia. Efectivamente, si nos tomamos la molestia de reunir las más antiguas citas de la tradición, se constata que esta frase está tomada de otra más larga que resume los caracteres de Salmân en cuatro parágrafos; frase que no pudo ser pronunciada sino después de la muerte de Salmân, y puesta en boca de Mawlana Imam Alî ibn Abî Tâlib (as): «Salmân es de los nuestros, Gente de la Casa; que él sea para vosotros como el sabio Luqmân; conoce la ciencia primera y segunda; y el Paraíso suspira por él cinco veces al día.»

La sentencia adquiere aquí su plena fuerza: Se trata de valorar lo que Salmân al-Farsî (ra) había realizado; esto es, un escrito de directrices de predicciones conservadas bajo su nombre, o en cierta tradición exegética oral. Bajo esta forma compleja, esta sentencia figura ya en los sunnis Dahkâk ibn Musâhim al-Hilâlî, Abû Harb, Yuraish y Abûl-Bajtarî. Sin hablar de los shiíes como al-Surâra, Hafiz e Ibrahim al-Thaqafî y de ismailíes como al-Mufaddal y al-Barqî; todos los cuales dicen haberla recibido de al-Asbaih y de al-Hariz. Y cada una de estas variantes está teñida de una intención y de unos alcances teológicos. Por ejemplo, según al-Hariz y al-Mufaddal: «Salmân es de los nuestros, gentes de la Casa; es un mar inagotable y su tesoro inexpugnable; conoce la ciencia primera del tanzîl de Muhammad y segunda del tawil de Alî; y el Paraíso suspira por él cinco veces al día.» Según el shayj al-Mufid, al-Barqî reemplaza finalmente la alusión a Luqmân por una paráfrasis, probablemente Jattâbi: «Salman es de los nuestros, gentes de la Casa; Salsal, fuente de donde brota la sabiduría, dispensadora de la prueba; conoce la ciencia primera y segunda; y el Paraíso suspira por él cinco veces al día.»

Pero la heresiografía nos suministra, de manera autónoma, una presunción muy curiosa. Desde el año 128 de la hégira lunar (745 de nuestra era), la fórmula anta minnâ Ahlul-Bayt (tu eres de los nuestros, Gente de la Casa), que declaraba la adopción muhammadí de Salmân al-Farsî (ra), había adquirido un valor ritual lo suficientemente incontestable como para que el pretendiente abasida Ibrahim lo utilizase de forma solemne, al investir al célebre Abû Muslim, su mawlâ, por encima de toda la jerarquía iniciática de sus guardianes, con una plena delegación de sus poderes personales, a fin de que desencadenase en su propio nombre la insurrección legitimista en Jurasán el día de la finalización del ayuno. Será esta delegación la que más tarde autorizaría a Abû Muslim a reivindicar, no exactamente el imamato, sino el papel de la letra Sîn. Y este papel supremo del Sîn, de demiurgo inspirado, fue el que reivindicó en Kufa, Abûl-Jattâb, en el año 38 de la hégira lunar (658 de nuestra era), el afamado mawlâ Banî Hâshim, diciendo que le había sido reconocido por Mawlana Imam Yafar al-Sâdiq (as), retomando otra fórmula consagradora y enteramente gnóstica, de la que se había servido el Santo Profeta para Salmân; los jattabíes repudiaban la idea carnal de la predestinación de los seguidores del Imam  Alî como tales, y profesando que sólo cuenta la elección divina por adopción espiritual, denominaban a Salmân, ibn al-Islam, y a su sucesor Abûl-Jattâb, Abû Ismâil (padre de Ismâil ibn Yafar).

Las tradiciones sobre la muerte de Salmân al-Farsî

Ibn Abdul-Barr nos ofrece, siguiendo a al-Shabi, la siguiente información: «Salmân murió en Madain, en una ulayya (habitación pobre), que pertenecía a Abû Qurra.» Este detalle preciso puede ser auténtico. Abû Qurra al-Kindi, qadi (juez) de Kufa en el año 17 de la hégira lunar (639 de nuestra era), nos ha dejado a través de su hijo Amr, una serie de datos sobre Salmân que constituyen la principal fuente kindî, denominada de los al-Abî Qurra.

Se desconoce la fecha exacta de la muerte de Salmân al-Farsî (ra), al-Waqidî e ibn al-Sad dicen que fue al final del califato de Umar (ra) o bajo el califato de Uthmân (ra). Sin embargo, ibn al-Shayba dice que Salmân se había instalado en Kufa bajo el califato de Uthmân. En el siglo III de la hégira lunar (siglo IX de nuestra era), los compiladores de los hadith sunníes fijaron la fecha en el año 36 de la hégira lunar (656 de nuestra era), porque su presencia en la derrota de Balanyar ofrece un límite a partir del cual comienza un plazo. Algunos adelantaron su muerte al año 33 de la hégira lunar (año 654 de nuestra era), porque ibn al-Masûd, le habría asistido durante su agonía, junto con Saad ibn al-Malik. Remitiéndonos a las fuentes, se constata que las últimas indicaciones cronológicas referidas a Salmân son de los años 14 al 17 de la hégira lunar (636-639 de nuestra era). Pero vemos que Salmân, efectivamente parece haber venido a Iraq durante estos años. Muâdh ibn al-Jabal, que murió en el año 18 de la hégira lunar (640 de nuestra era), cita a Salmân como todavía vivo. Por lo tanto Salmân murió y fue enterrado en Madain durante el califato de Mawlana Imam Alî (as), entre el año 20 y 28 de la hégira lunar (642-652 de nuestra era), a los 87 años de su edad.

Los relatos sobre su muerte son enigmáticos: Salmân al-Farsî (ra) hizo expandir un poco de perfume de almizcle, saludó a los Ahlul-Qubûr (fallecidos), y pidió quedarse solo, con todas las puertas abiertas. Ahí se detienen las versiones sunnis. Pero la antigua tradición shiíe, precisa que no se trata de ángeles, sino de Mawlana Imam Alî (as) que habría sido transportado milagrosamente desde Medina para asistirle. Al margen de estas probabilidades a favor de la muerte de Salman en Madain, los cronistas no precisan nada sobre la llegada de Salmân a Iraq, ni sobre su vida en Madain, tras la partida de Medina. Pero la crítica de las isnâd (cadenas de transmisión) que se remontan a Salmân, no sólo ayuda a clasificar los hadith por grupos, cuando su contenido lo confirma, sino que también los hace converger, en los círculos de Kufa, a tres o cuatro fuentes principales.

El papel histórico de Salmân al lado del Santo Profeta

Desde el siglo II de la hégira lunar (siglo VIII de nuestra era) existen dos fórmulas salmanianas, de adopción muhammadí y de consagración iniciática, cuyo valor de rito solemne atestigua la influencia espiritual que había ejercido la amistad de Salmân sobre el estado mental del Santo Profeta.

Se sabe en los versículos coránicos que el Profeta Muhammad (saww) era incitado a comparar las inspiraciones recibidas con los datos escriturarios judíos y cristianos: «Y si tienes dudas sobre aquello que hicimos descender para ti, pregunta a quienes leen la Escritura desde antes que tú. Ciertamente, ha venido a ti la Verdad procedente de tu Señor, no seas, pues, de los escépticos» (Suratu Yûnus 10, ayât 94). «Y quienes no creen dicen: Tú no eres un Mensajero. Di: Es suficiente Al-lâh y los que tienen el conocimiento de la Escritura Sagrada como testigos entre vosotros y yo» (Suratur-Raad 13, ayât 43). Y si se buscan en los tafsîr (comentario) los nombres de sus guías en esta exégesis sólo se hallan a Salmân, lo que es mucho más sugerente.

Entre los shiíes comenzó el tawil (hermenéutica espiritual) y en Iraq, sobre todo en Kufa, nació la ciencia islámica del tafsîr (comentario). Y tras el tafsîr atribuido a Ibn Abbâs (ra), encontramos, en cinco recensiones, el de Dahhâk ibn al-Musâhim. Dahhâk admite la adopción muhammadí de Salmân y glosa el Sagrado Corán, identificando al ayamî, al «maestro no árabe» de Muhammad, con Salmân. Dahhâk pensaba que Salmân había ayudado al Profeta a ser consciente de los antecedentes escriturarios de sus revelaciones. Lo que históricamente es muy posible. En este caso Salmân habría asistido a la génesis misma del originario tawil, del que el Sagrado Corán contiene inicios tan dignos de interés para quien piense que el Santo Profeta, al relatarlos, creía participar personalmente en los casos ejemplares de conciencia de los profetas anteriores, como está esbozado en los versículos coránicos: «Di: ¿Habéis visto aquello que invocáis en lugar de Al-lâh? Mostradme lo que ellos han creado de la Tierra. ¿Tienen alguna participación en los cielos? Traedme una Escritura anterior a ésta o algún vestigio de conocimiento si es que sois sinceros. Y ¿Quién está más extraviado que quien invoca en lugar de Al-lâh a quien no le responderá hasta el Día de la Resurrección y que no presta atención a sus invocaciones? Y que, cuando los seres humanos sean sacados, serán enemigos para ellos y rechazarán su adoración. Y cuando les son recitados Nuestros versículos claros, aquellos que no creen dicen de la verdad cuando llega a ellos: Esto es magia evidente o dicen: Él lo ha inventado. Di: Si yo hubiera inventado no podríais hacer nada por mi ante Al-lâh. Él es quien mejor sabe lo que difundís sobre él. Él es suficiente testigo entre mi y vosotros y Él es el perdonador, el clementísimo con los creyentes. Di: Yo no soy el primer mensajero que ha venido y no sé lo que se hará conmigo ni con vosotros. Sólo sigo lo que me ha sido revelado y sólo soy un amonestador claro. Di: ¿Habéis visto si acaso procede de Al-lâh y vosotros no creéis en él y un testigo de los hijos de Israel da testimonio de algo semejante y cree en ello mientras vosotros os mostráis altivos ante ello? En verdad, Al-lâh no guía a la gente opresora» (Suratul-Ahqâf 46, ayâts 4-10).

¿No habría sido Salmân, algo más que esto para el Santo Profeta? Los ismailíes lo contestaron muy pronto, diciendo que en realidad, había sido Salmân al-Farsî (ra) quien había hecho recordar al Santo Profeta todo el Corán y que el ángel Yibril (as) no era sino el nombre convencional que esta misión divina había valido a Salmân. Según los ismailíes, la revelación coránica tiene ciertamente una fuente divina. Los ismailíes son musulmanes con un enfoque particular del wahy (revelación indirecta), según lo cual dictado por el ángel invisible es reemplazado por la iniciación, de alma a alma, comunicada al Santo Profeta, por mandato divino, por su compañero. Los hadith invocados y su teoría se acogen a las especulaciones gnósticas sobre la letra Sîn.

Según una fuente sunni anónima de ibn al-Ishaq, al llegar a Medina, Salmân al-Farsî (ra) es uno de los dieciséis compañeros admitidos a participar en el rito de la fraternización, uno de los diecisiete mawla del Profeta Muhammad (saww). Lo que plantea la tan interesante cuestión de la Sadaqat al-Nabî (limosna del Profeta), de la lista de los jardines cercados, de los que vivía toda la gente de la Casa del Profeta en Medina, y de los nombres de los beneficiarios; es del Hâyit Maizab de donde provenían los plantones de palmera que pagaron con oro el rescate de Salmân. Finalmente, Salmân ocupa el segundo puesto en la lista de los treinta y cuatro Ahlul-Suffa (gente del pórtico), compilada en el siglo IV de la hégira lunar por el historiador del sufismo al-Sulamî; pero la mayor parte de los autores sufíes evitan citarla, aunque se trate de uno de los principales ascetas de entre los Sahâba.

Según los shiíes, Salmân al-Farsî (ra) fue escogido por el Profeta Muhammad (saww) como uno de sus catorce nuyabâ (príncipes espirituales). Asimismo, fue proclamado como uno de los cuatro compañeros junto con Mawlana Imam Alî (as), Abû Dharr (ra) y Miqdâd (ra), al que Al-lâh ordenó a Muhammad fuese su preferido, el tercero de los tres elegidos «que el Paraíso desea», tras el Imam Alî (as) y Ammâr. Salmân es también, el primero de los tres hawârîyûn (discípulos) del Santo Profeta junto con Miqdâd y Abû Dharr, fue su confidente, su consejero privado y al que su excepcional adopción designaba para ejercer el mismo papel tras la muerte de aquél, cerca de su heredero legítimo, Mawlana Imam Alî (as), a quien el Santo Profeta le había hecho jurar fidelidad en privado, junto con otros cinco compañeros. Se hace una repetición de la ceremonia pública del Ghadîr Jumm que apunta al mismo fin. Los ismailíes allanan la dificultad haciendo del Ghadîr una ceremonia de abdicación «aquí y ahora.»

¿En qué se transforma el papel de Salmân al-Farsî (ra) tras la muerte del Profeta Muhammad (saww)? Para los shiíes, la misión de Salmân era la del Consejero privilegiado legado por el Santo Profeta al Imam Alî (as), que ha de enseñar a los musulmanes a reconocer en este último al Imam legítimo, de modo secreto, iniciando a los creyentes en el grupo que nace y públicamente, denunciando la usurpación cometida. Es uno de los siete fieles que protestaron, con los que Mawlana Imam Alî (as) enterrará a Fâtima al-Zahra (as), uno de los cuatro arkân dispuestos a desenvainar la espada, uno de los tres que efectivamente la desenvainaron junto con Miqdâd y Subair y el primero de todos ellos en dignidad en relación a los Asbâb al-Qâyim (las fuentes de la vida espiritual del resurrector).

El gnosticismo shiíe sobre la letra coránica Sîn

Los shiíes, al meditar sobre la misión de Salmân al-Farsî (ra), dan por sentado que el carácter del tawîl, que nos abre el sentido de las escrituras, es distinto del espíritu que dictó el texto revelado al Santo Profeta, que es superior a él, y es el Rûh al-Amr coránico, especie de emanación divina que va llevando a cabo con medida todos los secretos designios de Al-lâh. Salmân es uno de los instrumentos para ello, una de las causas instrumentales, tanto cerca del Santo Profeta como de Mawlana Imam Alî (as). Este Rûh, ejecutor de las decisiones divinas, explica por sí mismo las normas permanentes de aquellos a quienes Al-lâh escoge como sus instrumentos. Mientras que el empleo del tanzîl sólo permite combatir la rebelión de los impíos, el espíritu de exégesis permite el discernimiento de la hipocresía de los perversos y el secreto de los corazones, identificando en cada generación, a los que personifican a los protagonistas inmutables del drama humano de la obediencia a Al-lâh, de aquellos que aceptan al Imam legítimo y de quienes lo rechazan, de ciclo en ciclo. Después del año 150 de la hégira lunar (766 de nuestra era), los ismailíes, dicen: El primer fiel fue en el origen, el Rûh al-Amr, identificado con el ángel Yibril, y en vida del Imam Alî fue Salmân, el segundo es Miqdâd y el tercero Abû Dharr. Así desde el comienzo del siglo II de la hégira lunar, la personalidad histórica de Salmân es absorbida en el prototipo divino que personificó un momento, y que en lo sucesivo se denominara Salsal, por su inicial, el Sîn. Fue Abûl-Jattâb al-Asadî el que, en este momento, comprendió en todo su alcance la misión del Sîn, pues no lo identificó de plano con el Rûh santificante, sino que lo une a él de modo gradual mediante un proceso de asunción espiritual, y lo eleva así, a la deificación, por encima del Imam, del que se hace una pentada: Muhammad, Alî, Fâtima, Hasan y Husayn. En esto se reconoce a los Cinco de la Mubâhala.

Salman al-Farsî (ra) tuvo una copia escrita del Sagrado Corán y tradujo parte del Libro sagrado al persa, convirtiéndose así en la primera persona en interpretar y traducir el Corán a una lengua extranjera. Desde entonces, Salmân adquiere en la gnosis shiíe su aspecto definitivo. Salmân es el eslabón perdido indispensable entre el Santo Profeta y el Imam Alî. Y toda la ingeniosidad de los pensadores ismailíes se ejercitará en formular las relaciones recíprocas de los tres prototipos espirituales correspondientes a estas tres personalidades históricas: Ayn (Alî), Mîm (Muhammad), y Sîn (Salmân). Recordemos en primer lugar, que contrariamente a las acusaciones de los heresiógrafos sunnis, jamás ningún grupo shiíe ha pretendido que ninguno de estos tres arquetipos pudiera ser, en esencia, Al-lâh. Para todos los ismailíes, Al-lâh, absolutamente inefable, es incognoscible en sí; únicamente se trata de una deificación por participación, un modo de participación distinto según el arquetipo preferido por cada grupo.

El Ayn, prototipo de Mawlana Imam Alî (as), ocupa el centro, inmóvil, sâmit (silencioso), misterioso e inminente como el mandato divino. Preside, de modo permanente, el universo bajo la forma, generalmente única, pero con frecuencia quíntuple, de un Guía de derecho divino. Es el signo que sitúa Al-lâh en el centro de la comunidad; enigmática pantalla que descubre y revela una presencia invisible. Es la raíz permanente de la vocación al imamato, su germen divino e inmortal, la carne hereditaria de la raza elegida para el imamato. Germen que atraviesa las generaciones, transmitido de varón a varón. Para morir como buen creyente musulmán es necesario reconocerlo y amarlo en estas apariciones intermitentes, periódicas como el retorno del Creciente, el único que pauta los actos canónicos: salât (oración), sawm (ayuno), zakât (caridad), haŷŷ (peregrinación), y yihâd (esfuerzo); proclamado como tal por la obediencia y la interpretación. Su acción divina sobre la comunidad islámica, según los anîya, es una ocultación milagrosa de la persona del Imam, invisiblemente no transfigurada para representar la autoridad suprema de Al-lâh, el Ayn. Entonces el Ayn introduce la locución creadora del Mîm en la dicción inmaterial del Sîn, cuyas órdenes él mismo inspira a los iniciados.

El Mîm, prototipo del Profeta Muhammad (saww), es cambiante y nâtiq (enunciador). Su predicación pública promulga victoriosamente las decisiones divinas. Designa, pues y denomina la personificación sea única o bien quíntuple del Ayn. Es el Hiyâb al-Ism (velo del nombre), de la inefabilidad, de la predicación exotérica de la ciencia, bajo el que los fieles invocan a Al-lâh. Como la fórmula de ciencia que evoca la idea por el espíritu sin intervenir en su comprensión, el Mîm es una barrera amurallada que hay que franquear, porque ella encubre. Su acción divina sobre la comunidad musulmana, según los mimîya, es la explicación gradual, el crecimiento, por su propia virtud, de un Enunciador de la Ley, el Mîm, materialización del Rûh, que imprime sus mandatos en la pura receptividad del Ayn y hace que se organice el Universo a través de personificaciones subalternas como el Sîn.

El Sîn, prototipo especial de Salmân al-Farsî (ra), es el instrumento de la iniciación e imanta hacia los consejos divinos por persuasión, como la llamada del muecín rememora la plegaria en el corazón. Es el Bâb (umbral) donde penetra la luz iluminadora, donde el creyente se reúne con la Presencia, y realiza la obra divina e insufla el Rûh (espíritu) engendrando los cuerpos e iniciando a las almas. Es la potencia que otorga la vida. Su acción divina sobre la comunidad islámica, según los sînîya, la penetración del Rûh, emanación divina que inspira al Sîn, y por su mediación, es iluminante y santificante, y de modo gradual, eleva hasta el estado luminoso «angélico» a todas las almas fieles, incluso al Ayn y al Mîm. El alma alcanza la salvación cuando se llega a la etapa de Salmân.

Conclusión

No es imposible pensar que el Profeta Muhammad (saww), al lado de sus grandes colaboradores políticos, de tantos adheridos interesados y sospechosos, tuviese más cerca de su corazón que las intrigas de sus esposas, algunas firmes amistades; y que después de la noble Jadîya (as) y de su hijo adoptivo Zayd (ra), estuviesen sus devotos compañeros Hudhayfa al-Yamani (ra) y Salmân al-Farsî (ra). Quien, junto a la fe enérgica del Santo Profeta en su genealogía abrahámica y en su vocación de advertidor, tuvo el deseo de justicia de un asceta que esperaba ansiosamente la victoria de un Qâim, de un Juez guiado por el Espíritu, y que finalmente extirparía la simonía y penetraría los corazones hipócritas.

En un día memorable, de acuerdo a la tradición shiíe, Salmân al-Farsî (ra) asistió a la Mubâhala (ordalía) el 4 de shawwal del año 10 de la hégira lunar (3 de enero del año 632 de la hégira lunar) en Medina, en el cementerio de al-Baqî. Cerca de la «duna roja», el Santo Profeta, frente a los enviados cristianos de los Belhariz de Nashrân, les había emplazado a un juicio divino, estipulado en el versículo coránico conocido como el Ayâtul-Mubâhila: «Por tanto, a quien te discuta sobre ello, después del conocimiento que ha venido a ti, dile: ¡Venid! ¡Llamemos a nuestros hijos y a los vuestros, a nuestras mujeres y a la vuestras y a nosotros mismos y a vosotros mismos y supliquemos el juicio de Al-lâh y que la maldición de Al-lâh caiga sobre los mentirosos!» (Suratu Âle Imrân 3, ayât 61). Para esta ordalía, el Profeta Muhammad (saww) reunió a los suyos, los «Cinco, a los que cubrió con su manto», sus dos nietos Hasan y Husayn, su hija Fâtima y su yerno Alî, rehenes de su fe en su misión profética. En lo sucesivo, el afecto que algunos fieles compañeros del Profeta profesaban por los Cinco se transformó y se tornó en un amor devocional; veneraron a la descendencia del Imam Alî, porque su parentesco carnal, se había transfigurado por una sustitución judicial solemne, transfiriendo en ellos toda su esperanza de justicia cuando murió el Santo Profeta; los demás, frente a ellos, les odiaron, transfiriendo sobre los descendientes de la familia del Profeta su venganza, el mâqrîsî de sus muertos paganos caídos en Badr por orden del Santo Profeta y a manos del Imam Alî. Cuando se produjo la prematura desaparición del Santo Profeta, el asam musiba (la gran catástrofe) de los antiguos epitafios funerarios, Salmân tuvo que precisar y afirmar sus convicciones, inaugurando en Iraq entre los Abdalqays el movimiento legitimista, mucho antes de Abû Dharr y Ammar. Mawlana Imam Alî (as), sólo de manera gradual fue haciéndose consciente del trágico destino que esta sustitución judicial del Santo Profeta le reservaba en la comunidad musulmana. Únicamente adopta una actitud de guía de derecho divino, ante los rebeldes jariyíes, que le asesinan en el año Mîm, año 40 de la hégira lunar (661 de nuestra era). Ya más conscientemente, su segundo hijo, Mawlana Imam Husayn (as), asumirá todo este destino, dispuesto a dejarse matar por la justicia en Karbala en el año Sîn, año 60 de la hégira lunar (680 de nuestra era).

Salmân al-Farsî (ra) había muerto antes que ellos, pero en el Islam, este deseo de justicia temporal, que él había sembrado y que se convirtió en el shiísmo, se transformará también en sed de vida eterna. En Salmân se reencuentran, remontándose a los orígenes, la adhesión shiíe a la causa legítima y al Mahdî-Qaim esperado, y al sufismo de las vocaciones místicas. Mejor que a ningún otro se aplica a este extranjero, llegado al Islam de tan lejos, el célebre dicho de Mawlana Imam Yafar al-Sâdiq (as), que se convirtió más tarde entre los musulmanes en un hadith: «El Islam comenzó expatriado (en Medina), y volverá a ser de nuevo exiliado (en Kufa), tal como había comenzado y bienaventurados aquellos miembros de la comunidad de Muhammad que se expatríen (para encontrar al Qâim).» Llamada shiíe al heroísmo temporal, que el sufí al-Muhasîbî comenta espiritualmente así: «Y bienaventurados aquellos miembros de la comunidad de Muhammad que se aíslen para ofrecer culto tan sólo a Al-lâh único.»


Anuncios


play
play
play
play
play
play
play
play

 

 

Junta Islámica
https://www.webislam.co/articulos/112150-salman_alfarsi_el_sahabi_fiel_del_profeta_y_su_familia.html