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Niyah (intención)

No es fácil distanciarse del todo, desapegarse de los viejos hábitos

15/07/2016 - Autor: Hashim Cabrera - Fuente: Webislam
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¿Es aséptica esa inteligencia artificial?

“Las acciones no son sino por sus intenciones y cada asunto es por la intención con que se hace. Así, quien puso su intención sincera en hacer la Hiyra por Allah y Su Mensajero, su Hiyra fue por Allah y Su Mensajero. Y quien hizo la Hiyra por algo de este mundo o por casarse con una mujer, pues su Hiyra fue por aquello con cuya intención lo hizo.” 1

(Lo relataron Al Bujari y Muslim).

Jamás podremos devolver completamente a Dios el préstamo (amâna) que nos hizo al traernos a la existencia, al crear nuestro aql, al cedernos temporalmente esa porción de de Su intelecto mediante el que podemos comprender la nada que somos, la quimérica pretensión de ser alguien distinto de lo Uno.

No es fácil distanciarse del todo, desapegarse de los viejos hábitos, pero este camino es así, un sendero de desprendimiento y de entrega, de vaciamiento progresivo hasta la extinción.

Los maestros repiten una y otra vez que sólo existe una forma de vivir la trascendencia, que el judaísmo, el cristianismo y las religiones en general son diferentes “momentos” de un modo de vida natural que siempre es el mismo, la actualización de una manera de vivir acorde a la naturaleza original del ser humano (fitrah).

El obstáculo fundamental para recobrar nuestra naturaleza original no es otro que la idolatría (shirk), que consiste en pervertir nuestra conciencia y nuestra atención dirigiéndola hacia lo irreal, hacia lo que no tiene realidad ninguna. Esa atención pervertida es una forma de adoración, porque todo en la Creación de Dios no hace otra cosa que adorarLe.

Antiguamente, la idolatría era bastante ingenua. Las gentes adoraban a las estatuas, a las piedras… pero en nuestro tiempo la idolatría es bastante más sutil y por eso mismo bastante más poderosa. Los mecanismos de distracción están por todos sitios…, las tecnologías de la comunicación hacen circular las imágenes por todo el planeta, imágenes que nos hablan de la condición humana, que nos muestras bienes y servicios, ofertas y mercados, oportunidades y señuelos.

Las redes sociales nos mantienen entretenidos con la información que no deja de circular a lo largo y ancho de continentes y mares. Y mientras nos ocupamos de las palabras y los iconos no nos ocupamos de lo más importante, que es la Realidad Única, Dios, aunque sea Dios el artífice último de todas esas redes en las que comunidades enteras son atrapadas y condicionadas.

Dan la impresión de libertad, pero la inteligencia artificial sirve a unos señores muy concretos. Existen procesadores inmensos capaces de trazar un perfil bastante fiel de los usuarios y transeúntes digitales, conociendo sus gustos, sus búsquedas, sus decisiones, sus lecturas, un perfil que acaba siendo el destinatario de una publicidad a la carta, de un recordatorio de cumpleaños, de una canción que recordamos en un aniversario particular, pero… ¿Es aséptica esa inteligencia artificial? ¿Es neutral o está mediatizada por los intereses de las grandes compañías administradoras de esas ingentes masas de metadatos?

Se nos dice que son precisamente estos gigantescos motores los que trazan las nuevas identidades, los que están homogeneizando los gustos y tendencias de miles de millones de seres humanos en todo el mundo, los artífices identitarios de la mundialización.

Hasta no hace muchos años éramos nosotros quienes seleccionábamos nuestras lecturas, quienes trazábamos el itinerario de nuestras búsquedas interiores. Ahora es una inteligencia artificial la que nos propone los senderos, los vericuetos y protocolos de nuestra información. Antes, el sello de la realidad lo estampaba la televisión, que ahora es sustituida en su labor legitimadora por las redes sociales, por la nube de metadatos que envuelve el planeta como una atmósfera exterior y cognitiva…

El salto no es ninguna tontería, implica una mutación profunda de la condición humana, un intenso oscurecimiento de la naturaleza humana original, que hace más difícil desconectar de lo aparente y volverse hacia lo Real, abandonar las dualidades esclavizadoras y regresar al Uno liberador.

Yo no sé realmente cómo puede vivirse en un entorno virtual tan convincente y omnipresente y seguir recordando a Dios de forma continuada…, no sé cómo usar esas poderosas herramientas sin sucumbir a su magia distractiva.

En los primeros tiempos del islam de Muhámmad (saws) se recomendaba a los musulmanes que visitaran los mercados al menos una vez por semana, como una manera de mantener el vínculo con la comunidad, de cultivar la vida social… Ahora es el mercado, el gran zoco global, el que irrumpe en nuestras vidas revestido de los sagrados colores el plasma, presentándonos de manera atractiva y seductora los bienes y servicios que enhebran ese mismo mercado y nos lo presentan como un medio de socialización ineludible.

¡Cuánto sufrimiento entre las imágenes de  la inmigración y de las guerras, contrastándose con los iconos de una publicidad de productos y servicios inalcanzables para la mayoría: perfumes, automóviles, playas paradisíacas, que sólo podremos alcanzar si sacrificamos en los altares de la nueva inteligencia global, en el ara del templo del Mercado.

Alhamdulillah, que nos hace conscientes de nuestra absoluta servidumbre, de la dependencia constante que de Él sufrimos las criaturas. Alhamdulillah ua shukurillah, que quiere para nosotros una honorable servidumbre (ubudîa). Alhamdulillah ua shukurillah que no nos ha abandonado y nos provee.

Astagfirullah, ¡Ya ‘Afu!, por nuestra condición olvidadiza, por nuestra errática conducta…¡Ya ‘Ali, Ya Gaffur!. Gracias por hacernos conscientes de nuestra creación, por hacer posible el conocimiento de nosotros mismos.

Nota
AN NAWAWI, Imam. Ar Riyyad as Salihin. Los Jardines de los Justos. Centro de Documentación y Publicaciones de Junta Islámica. CDPI. Almodóvar del Río. 1999. Cap 1. Sobre la Sinceridad.

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