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Umar Ibn Ḥafṣūn: Un juego de tronos andalusí

10/05/2016 - Autor: Antonio de Diego Gonzalez - Fuente: Littafai. Narrativas sobre Islam y África
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Umar Ibn Ḥafṣūn

MARTÍNEZ ENAMORADO, Virgilio: ‘Umar ibn Hafsun. De la rebeldía a la construcción de la Dawla. Estudios en torno al rebelde de al- Andalus (880-928). Cuadernos de la Cátedra “Ibn Khaldun” de Estudios de Medio Oriente y África del Norte, nº 5. Editorial Universidad de Costa Rica, Costa Rica, 2012. XXIV, 223 pp.

La historiografía sobre al-Andalus es un terreno fértil. Desde los planteamientos árabes clásicos hasta los occidentales contemporáneos, la historia de al-Andalus sigue siendo un desafío epistemológico para todo historiador. Como ocurre en todos los temas donde se ponen en juego identidades y sensibilidades, la historia andalusí es un tema delicado donde las nuevas propuestas y metodologías suelen acabar en fuertes críticos.

Portadas final libro Ibn Hafsun (1)

Como hemos dicho, esto se debe a una serie de problemas epistemológicos que en muchas veces los historiadores dan por supuestos generando un bloqueo de la realidad. En el caso de las identidades es evidente y para muchos se produce una verdadera angustia al ver que al-Andalus no casa con teorías historiográficas repetidas hasta la saciedad.

El primero de estos problemas es el de las esencias encontradas. Al-Andalus es un espacio simbólico muy valioso, conformado en torno opuestos culturalmente hasta tal punto que incide en la vida intelectual española de una forma desmedida. El debate entre conquista y no-conquista del 711, la identidad cultural de los andalusíes o el tema morisco son problemas que no se terminan de resolver. Lo que late en el fondo son esos problemas epistemológicos derivados del dogmatismo de la modernidad hacia la VERDAD y la CIENCIA.

La historia no ha sido menos y en el tema de al-Andalus la ciencia se esmeró en realizar una tarea de encubrimiento epistemológico. Lo “otro”, entendido como lo radicalmente distinto, queda excluido de la realidad y se procede a su captura y colapso epistémico. Así es lógico que haya algunas propuestas que intenten romanizar y visigotizar lo andalusí en un intento de enfatizar un “nosotros” esencial frente a aquellos que intentan guardar las esencias patrias, el ser español y afirman a Pelayo como el gran rebelde, garante de las esencias puras frente al “extranjero” árabe. Lo cierto es que estas posiciones en muchos casos no son capaces de explicar que pasa con los otros “otros”. Por eso, para muchos arabistas y medievalistas todo se reduce a un “Árabes vs. Españoles” y como podrá suponer el lector las cosas —por lo menos desde que aparecieron Foucault y Derrida— no suelen ser así. En el caso de al-Andalus, tras un análisis profundo de la realidad social, nos damos cuenta que no hubo fractura sino continuidad tanto en el principio como en el fin. Tampoco hubo una singularidad, ni al-Andalus supuso ninguna excepción en la historia del mundo islámico, más bien esta realidad solo puede entenderse desde la realidad norte-africana. Una realidad social donde prima lo tribal, lo descentralizado y las identidades superpuestas y barnizadas de Islam.

Esta postura es la que sugiere Virgilio Martínez Enamorado en su libro 'Umar Ibn Ḥafṣūn. De la rebeldía a la construcción de la Dawla (2012). A través de cinco capítulos heterodoxos Martínez Enamorado es capaz de trazar no solo la biografía de Ibn Ḥafṣūn, sino una nueva propuesta para entender al-Andalus.

El personaje de Ibn Ḥafṣūn ha sido analizado desde diversas perspectivas. Partiendo del hecho histórico de su rebelión contra los omeyas de Córdoba y el establecimiento de Bobastro, están desde los que le denostan y le consideran traidor (la historiografía arabófona) hasta aquellos que ven en él un héroe esencialmente español por raza, religión o política (cierta parte de la historiografía española desde Simonet en adelante) comparable a Viriato y los “héroes” de Numancia. Estos segundos van unidos con la idea de resistencia que culmina con una reconquista no solo militar sino de valores y “verdades” esenciales. Algo que llevará, gracias a los planteamientos intelectuales de la modernidad temprana española, a justificar con toda legitimidad el genocidio de judíos y moriscos.

Sin embargo, Martínez Enamorado se sale de esta dinámica y se propone algo un poco más allá. Ibn Ḥafṣūn no sería ese héroe en el cual se reactivan las esencias, un disidente de la antigua nobleza visigoda y cristiana, sino un hijo de su tiempo que sabe jugar con las identidades según el momento. Ibn Ḥafṣūn supo identificar y oscilar según le convino en cada momento. Algo que no es tan extraño en el Magreb, si por ejemplo seguimos la historia de las tribus beréberes propuesta cuatro siglo después por Ibn Jaldūn. En el fondo —como intenta explicar Martínez Enamorado— Ibn Ḥafṣūn fue producto de las propagandas y proyectos políticos de unos y otros que se convirtieron en un “nosotros” frente a un “ellos” (el emirato cordobés).

El autor propone cuestionar, con el beneplacito de Miquel Barceló, los relatos cronísticos y tratarlos como relatos, aplicando ciertamente la navaja de Ockham, y se inclina por juzgarlo como a los beréberes del Magreb en tema político, con los cuales Ibn Ḥafṣūn pactó en su intento de plantar cara al emirato cordobés. Quizás en este punto Martínez Enamorado nos propone una serie de identidades móviles, más prosaicas que las esencias nacionales que le llevaba a ser un miembro “retornado” de la aristocracia visigótica. Para desmontar este punto, el autor tiene que analizar críticamente el ya clásico enfoque de Manuel Acién y su interpretación materialista del asunto ḥafṣūni. Martínez Enamorado lo ve mucho más simple, no se trata tanto de un feudalismo sino de una adaptación a las identidades de su entorno. No se trata de nobleza, sino de una serie de recursos usando engrandecimiento, identidades múltiples e intereses políticos. Uno de los argumentos que Martínez Enamorado pronuncia con más fuerza es que Ibn Ḥafṣūn no era un señor feudal visigodo, sino alguien que supo usar los elementos de su entorno para alzarse contra el proyecto de ʿAbd al-Raḥmān III. Para ello el autor analiza el gentilicio y ve como su nombre es el producto de un engrandecimiento, contemplando la posibilidad de que Ibn Ḥafṣūn fuese de origen beréber. Es más el autor cita al-Wansharīshi cuando explica que Ḥafṣūn no tenía propiedades cuando inició la revuelta… ¿Es decir un noble terrateniente sin propiedades?

Del mismo modo podemos hablar de su conversión al cristianismo, la cual no sería tan única y primordial, sino que podríamos entenderla como una forma de llamar la atención frente al poder omeya. Un “mozarabismo” con el que intenta ganar las amistades de muchos cristianos que estarían encantados de tener a uno de los suyos frente a Córdoba. Pero claro, también estaría ahí su conversión al shīʿismo como un recurso de búsqueda de legitimidad y apoyo de los fatimíes. Y esto lo deja caer el autor con una nueva y documentada interpretación sobre la presencia de embajadores Fatimíes en Bobastro. La consecuencia sería que Ibn Ḥafṣūn estuvo siempre realizando un intenso “juego de tronos” con Córdoba, que era quien ese momento dispensaba las identidades tanto reales como ficticias. Lo cierto es que Ibn Ḥafṣūn siempre pretendió su dawla, un estado propio al margen del califato donde enfatizar su poder. Un asunto mucho más prosaico, y creíble, que una conciencia esencial que le llevaría a cambiar al heroísmo. El autor deja claro que las identidades son tan frágiles que se puede pasar del sunnismo al cristianismo y por último al shīʿismo sin mayores consecuencias identitarias y sin traumas culturales.

Huelga decir que el trabajo de Martínez Enamorado tiene, además de un consistente uso de las fuentes primarias, una solida base arqueológica que el propio autor ha trabajado y que aportan argumentos empíricos a su discurso a lo largo de la obra. Lo cual es una perspectiva nueva del personaje y de su contexto material.

Puede ser que el aporte más importante de esta obra no sea acerca de Ibn Ḥafṣūn, sino en nuestra opinión sobre la metodología empleada. Primero el hecho de que Martínez Enamorado no se conforme con una lectura superficial sino que indague en cada una de las diferentes fuentes y lo complemente con la arqueología. Segundo que el autor destierre conceptos como identidades solidas o que hable de la confrontación entre lo visigodo y lo árabe, hasta tal punto que en el libro se pone en entre dicho dando paso a beréberes, mozárabes y muladíes como identidades independientes. Tercero que el autor vea a Ibn Ḥafṣūn como un hijo de su tiempo totalmente normalizado y sin ninguna extrañeza, lo mismo que el “juego de tronos” que se trae con el entonces emirato cordobés.

Estas propuestas de Martínez Enamorado abren un camino y una forma distinta de ver al-Andalus no como continuidad o fractura de lo esencial, sino como una continuidad cultural con nuevas influencias (beréberes, sharqīes, etc.) que van modelando identidades que nunca acaban de cuajar. Y esto quizás es lo más interesante, puesto que sino hay una identidad cuajada no podemos hablar de lo andalusí como realidad sino como múltiples realidades. De esta forma la historia deja de ser hegeliana y teleológica para convertirse en polifónica y dinámica. La propuesta de Martínez Enamorado podría servirnos para muchos personajes polémicos andalusíes, y debería aplicarse en esta línea. Y si en lugar de ensimismarnos románticamente con Córdoba y Granada mirásemos a al-Andalus desde “el sur”, quizás descubriríamos que aquellas migraciones de “otros” no corrompieron su pureza —pureza que por otra parte nunca existió— sino que son el germen de la tan preciada interculturalidad.

Antonio de Diego González es investigador PIF en la Universidad de Sevilla donde trabaja sobre África e Islam.

Este trabajo fue publicado en el blog Littafai. Narrativas sobre Islam y África


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