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¿No ves que es Dios Quien hace bajar agua del cielo y que con ella vivifica la tierra muerta?

Nos sentimos perdidos en medio de un océano de signos y fenómenos, pero hemos de buscar la Causa real de todos esos mundos

22/04/2016 - Autor: Hashim Cabrera - Fuente: Webislam
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¿No ves cómo todo se transforma con una orden Suya y cómo brotan las semillas ocultas, hundidas en lo oscuro?

¿No ves que es Dios Quien hace bajar agua del cielo y que con ella vivifica la tierra muerta? ¿No ves cómo todo se transforma con una orden Suya y cómo brotan las semillas ocultas, hundidas en lo oscuro?

Así va modelando nuestra comprensión, mediante las señales que exhala Su creación, haciéndonos regresar al sendero de la Realidad, abriendo cauces a nuestra comprensión, ensanchando nuestras conciencias.

Rahma que desciende con la lluvia, agua de vida que conjura por momentos la muerte, agua de vida en el desierto de nuestras almas, instante de lucidez y alumbramiento que hace desaparecer la oscuridad de nuestras noches… ¿Cuándo comprenderemos, por fin, la razón de nuestra existencia, el sentido de nuestro decreto?

Seguramente cuando contemplemos la Realidad, cuando sintamos el nítido amparo de lo Único. Mientras tanto vivimos escindidos, transitando por un mundo ilusorio, irreal, fragmentario…

Somos buscadores más o menos conscientes, sentimos nuestra condición de seres dependientes a quienes falta la completud de lo Uno. Caminamos por el desierto de nuestras vidas tratando de agarrar el aire, el agua, la lluvia que escapa entre nuestros dedos, entre nuestras almas que viven con la pretensión quimérica de ser alguien, de disfrutar de una existencia real que nunca conseguimos agarrar del todo.

Necesitamos despertar porque antes de que nos demos cuenta nos sorprenderá el Ángel de la Muerte y entonces ya nada más podremos añadir. Hemos de despertar ahora mismo, en este mismo instante, volvernos hacia la Realidad sin esperar más, mirar a nuestro alrededor con el asombro de quien se asoma a una creación inabarcable, irrepetible, llena de elocuentes rincones y de claras señales.

Y entonces, si Dios quiere concedernos la sabiduría, nos hará regresar al mundo para ayudar a quienes aún están en él prisioneros de la ilusión del dunia, para acompañar a quienes todavía se debaten sufriendo entre las descripciones que construyen sus pequeños mundos cotidianos, sus biografías, sus sociedades, sus lenguas maternas, sus culturas…

Para ello necesitamos abandonar la hipocresía, la idolatría, la falsedad, y por eso necesitamos tanto el ijlás, la sinceridad pura en nuestro imán, pero no podemos hacerlo solos, no tenemos poder para evitar el autoengaño. Sólo Dios puede guiarnos y hacer que nuestros corazones se Le vuelvan arrepentidos, conscientes.

¿Cómo habitar en la Realidad? ¿Cómo vivir con sinceridad? ¿Cómo mirar hacia nuestra Fuente y no hacia ningún otro lugar? Sin duda que es una labor difícil que sólo algunas almas puras pueden lograr, pero esa es la única dirección de nuestro itinerario de regreso, lleguemos hasta donde lleguemos.

¡Oh Dios nuestro, háznos regresar a Ti, a la Realidad! ¡Sácanos de la quimera de la razón, del sueño de los sentidos! ¡Ilumina nuestro intelecto particular haciendo que participe del Intelecto Universal! Así, nuestras palabras y nuestros actos servirán mejor a Tu propósito que no es otro que el autoconocimiento. Creador y creación, unidad y diversidad se fundirán al fin donde ya no hay palabras, donde el pensamiento se destroza contra el muro de lo real y verdadero.

Nos sentimos perdidos en medio de un océano de signos y fenómenos, pero hemos de buscar la Causa real de todos esos mundos. Ihdinal siratal mustaquim, condúcenos por el camino correcto porque vivimos extraviados… haz que cuando digamos iaka na ‘abudua iaka nasta’im, sólo a Tí adoramos y sólo a Tí pedimos ayuda, sea verdad, sean palabras dichas desde el corazón, sinceramente… pues si son palabras verdaderas Tú nos atenderás sin duda porque Tú atiendes a quienes Te piden sinceramente.

Purifica nuestros corazones, límpialos de la herrumbre  del mundo, sácanos del shirk, de los velos e imágenes que nos atormentan, devuélvenos a nuestra primera creación, a nuestra fitrah, a ese proyecto de ser humano que fuimos cuando nos sacaste de la nada y nos hiciste ser con esa Ciencia Tuya y ese Poder que nosotros no podemos comprender. Haz que no quede en nosotros sino el asombro, la disolución de nuestros egos en el Único Yo, en el Único Creador y Actor. Háznos aceptar nuestro decreto sin oponer ninguna resistencia, confiados, como el cordero que acude manso al sacrificio.

¿No ves que es Dios, y sólo Él, Quien hace bajar agua del cielo y que con ella vivifica la tierra muerta? ¿No ves cómo todo se transforma con una orden Suya y cómo brotan las semillas ocultas, hundidas en lo oscuro? ¿No te das cuenta de cómo nos saca del claroscuro del mundo a la luz sobre luz de la Realidad. Y si te das cuenta de todo ello ¿No vas a ser agradecido?


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